azules velazqueños en Vistillas;
rompe la catedral el horizonte
y el ruido de los coches la armonía.
No sé si descansar aquí en un banco
o en la destartalada sidrería
de la plaza Gabriel Miró, o quizá
perderme un poco por la morería.
Me sabe a tiempo lento este rincón
del arrabal, sabe a melancolía:
suelo de tierra, bancos de madera,
farolas de luz débil y amarilla.
Las noches de verano se despiden,
las luces de la vega ya encendidas.
