Voy a cambiar a un coche más pequeño,
–madrid no es urbe para bicicletas–
y creo que daré de baja el móvil,
dejaré de comprar toda la prensa,
anularé las suscripciones, todas,
cambiaré en las bombillas la potencia,
habrá que acostumbrarse al agua fría
y a comprar en rebajas y en ofertas;
y desde luego fuera cines, bares,
salidas por la noche, cuchufletas,
conciertos y demás vicios estúpidos
que han venido amargando la existencia;
pero será lo más duro anular
del corte inglés, sin duda, la tarjeta.