Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

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domingo, 20 de marzo de 2011

Torrijas de vino


Tiempo de fresas, espárragos, potajes.... y torrijas, en Madrid, en donde era tradicional hacerlas y ahora se venden en pastelerías y panaderías, normalmente de leche; yo las he preparado de vino, porque ya no las suelo ver por ahí de vino, aunque teóricamente se sigan presentando recetas de ese tipo, ya que la torrija, que era conocida desde la Edad Media y prefería el vino (que era más barato y se conservaba mejor que la leche); 

durante los siglos XVI-XVII se suele hablar también de "pan con vino". La torrija tiene variantes por todos lados (es muy parecida al "pain perdue" francés, por ejemplo), sobre todo en Hispanoamérica, en donde puede tomar la forma de buñuelos de pan.



Como muchas comidas populares, se emplean ingredientes simples, tomando como base el pan que sobraba y se había puesto o se iba poniendo duro. Ahora se vende "pan de torrijas" por todos lados. Mejor seguirlo haciendo con el pan de una barra que se está endureciendo, que se corta en rebanadas un poquito anchas para que empapen. 

Se debe elegir un vino tinto denso –tipo de Toro o Cariñena, también sirven los riojas–, o algo pelelón, que se endulza (en mi receta, con fructosa). Como todas las recetas, en cada momento se puede particularizar y variar ligeramente la fórmula; hay cocinillas que cometen pillerías ya en el vino (con naranja, un chorrito de ron, ponche, jerez dulce, miel....; depende de la imaginación de cada quisqui).



Una vez empapadas de ese almíbar, vino o mezcla, se pasa cuidadosamente cada torrija por los huevos batidos y se lleva con la espumadera a freír en aceite de oliva, que se habrá calentado con un clavo o un trocito de hierro dentro (para que el huevo no haga demasiada espuma: hay otros trucos semejantes). Si el aceite no cubre bien, se deben dar la vuelta. Se sacan sobre fuente con servilletas de papel, para pasar luego a fuente larga, que se riega con el caldo que haya sobrado de empaparlas. Nuevas pillerías: espolvorear con canela, poner una ramita de hierbabuena, aplastar en puré unas fresas para repartirlas por encima....

Se pueden tomar tibias o muy frías. Llenan mucho y, según dicen, engordan.
He hecho dos con jerez dulce y corteza de limón quemada con vainilla. Demasiado.
En la bandeja, poco cuaresmal, acompañan a un filete a la plancha (aderezado con aceite de oliva virgen y limón) y su ensalada (espinacas frescas, pera, semillas de sésamo tostado, maíz y apio agrio, con aceite de oliva y vinagre de jerez). Zumo de naranja. Y así se hace penitencia.