Tiempo de fresas, espárragos, potajes.... y torrijas, en Madrid, en donde era tradicional hacerlas y ahora se venden en pastelerías y panaderías, normalmente de leche; yo las he preparado de vino, porque ya no las suelo ver por ahí de vino, aunque teóricamente se sigan presentando recetas de ese tipo, ya que la torrija, que era conocida desde la Edad Media y prefería el vino (que era más barato y se conservaba mejor que la leche);
Una vez empapadas de ese almíbar, vino o mezcla, se pasa cuidadosamente cada torrija por los huevos batidos y se lleva con la espumadera a freír en aceite de oliva, que se habrá calentado con un clavo o un trocito de hierro dentro (para que el huevo no haga demasiada espuma: hay otros trucos semejantes). Si el aceite no cubre bien, se deben dar la vuelta. Se sacan sobre fuente con servilletas de papel, para pasar luego a fuente larga, que se riega con el caldo que haya sobrado de empaparlas. Nuevas pillerías: espolvorear con canela, poner una ramita de hierbabuena, aplastar en puré unas fresas para repartirlas por encima....
He hecho dos con jerez dulce y corteza de limón quemada con vainilla. Demasiado.
En la bandeja, poco cuaresmal, acompañan a un filete a la plancha (aderezado con aceite de oliva virgen y limón) y su ensalada (espinacas frescas, pera, semillas de sésamo tostado, maíz y apio agrio, con aceite de oliva y vinagre de jerez). Zumo de naranja. Y así se hace penitencia.