Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

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jueves, 3 de febrero de 2011

Lectura de El Quijote


Una de las cosas que más trabajo me ha costado, bueno, que realmente no he conseguido, ha sido que mis alumnos leyeran El Quijote sin demasiados supuestos previos; quiero decir: obviamente todo el mundo lee cualquier obra desde sus circunstancias, incluyendo las educacionales y culturales: no hay otro modo de hacerlo. Lo que me resulta cada vez más arduo es conseguir que no adquieran y apliquen, al tiempo que leen, los estereotipos añadidos por la cultura postiza, o por la cultura oficial e impuesta, ya sea la que rueda sin ton ni son por los lugares comunes, ya sea la que recoge modos de interpretación simple y fácil, ya sea la que deriva de lugares comunes críticos, ya sea la que proviene de sesudos pensadores, etc. Ha resultado prácticamente imposible que chavales entre 18 y 20 años –los que se estrenaban en la facultad de letras– pudieran leer a Cervantes de manera sencilla y, por lo tanto, pudieran, si ese hubiera sido el efecto, disfrutar de la lectura, ejercer un primer movimiento interpretador sin prejuicios culturales, esto es: sin que se encauzara su lectura por los carriles señalados por la crítica. Y no es que esos carriles no sean ciertos –en casos–, ni es que no los respetemos como modos de interpretación adecuados, es que anulan la apertura del lector, controlan su espontaneidad y, al proyectarle, no le dejan ni ver ni sentir de otra manera.

Resultaba frustrante leer cómo respondían a lecturas sencillas con los clichés de la quijotización de Sancho y sanchificación de don Quijote –en este caso, además, cliché que desvirtúa la obra–; cómo ajustaban lo que les habían dicho de que don Quijote no estaba loco, que los locos somos nosotros; cómo interpretaban de modo ideal y adquirido que Cervantes luchaba por la libertad; o cómo hacian dialogar lo que no conocían –novelas de caballerías, épica culta, teatro de época....– con los pasajes que hubieron debido leer, por ahora, de manera más inmediata y fresca.
Ha sido en vano pedirles que, por ahora, no se atiborraran de prólogos, artículos, estudios y demás, que disfrutaran de los textos, una vez mínimamente ubicados y contextualizados. Con el agravante de que, en bastantes casos, han pasado más tiempo leyendo crítica que textos; y lo que es peor, ¿cuántos habrán leído solo la crítica, con el afán de señalar algo profundo, admitido, que les sirva como opinión?

Esta breve nota es una desahogo, que podría llevarnos mucho más lejos; pero que he querido dejar claramente dicho, fijado, porque sigo viendo a mi alrededor ese afán que aleja los textos del lector. Y que concede el espacio del lector a la autoridad de la cultura oficial.