Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.
Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno
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martes, 6 de octubre de 2015
miércoles, 24 de junio de 2015
Poesía española actual
La verdad es que he tenido suerte con los poetas actuales que más me gustan o que leo con mayor frecuencia, y que son dispares –Carlos Piera, Javier Yagüe, Rafael Juárez, Mario Hernández, Luis García Montero, María Salgado....; por alguna u otra razón los siento cerca, de mis ojos de lector y de mi vida. En la lista anterior hay cuatro que han sido alumnos míos, no hace falta que diga quiénes; otro, colega, Mario Hernández; etc. Algunos de mis viejos poetas cercanos se han ido lejos –de mis ojos, pero no de mis lecturas, como Miguel D'Ors, con quien compartí muchos años despacho en la Universidad de Granada–. En otros casos –el de Carlos Piera– mi fervor es realmente especial, hasta el punto de que me gustaría que fuera el primer poeta, digamos, actual, que asoma en Clásicos Hispánicos. Voces bien distintas son, desde luego, y como tales suenan.
He tenido la suerte de abrir con una pequeña introducción la última antología de Rafael Juárez, que es la que aquí presentó, y es una suerte porque por esa razón he paladeado –como se debe hacer– sus versos, he ido despacio por sus páginas y pensado a partir de lo que él expresaba. Una suerte. Naturalmente, recomiendo la antología.
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sábado, 18 de enero de 2014
Rafael Juárez, Andrea Luca y los maestros de la caligrafía japonesa
El lunes, al llegar a la entrada de la Biblioteca Nacional, por la mañana, me di de bruces con Rafael Juárez, que salía, y bien pronto era, de sus consultas y asuntos. Fue coincidencia feliz, porque acabo de redactar unas breves páginas sobre su antología en prensa (Una conversación en la penumbra) y porque tenía pensado visitar la exposición sobre caligrafía japonesa en una de las salas de la propia BNE, como hice inmediatamente.
La coincidencia estriba en que me sorprendió gratísimamente la exposición y acabé hechizado por la abstracción de aquellos signos que se disponían normalmente en columnas de papel y proporciones exquisitas, con una armonía de trazados que todavía me resultaron más llamativos cuando leí en las cartelas de al lado lo que decían: los más decían poemas, y los poemas por lo general eran sucintas pinceladas descriptivas de un instante o un paisaje natural, tal vez derivando hacia alguna reflexión de carácter universal. Bien se veía que se basaban el la contención, el aquilatamiento, la decantación y la pura nominación. Pues bien, acabo de enunciar algunos de los rasgos que caracterizan la poesía de Rafael Juárez, poeta anclado en el clasicismo, que modela a su sabor para que el lector capte la emoción que puede producir pasar, mirar, contemplar y nombrar. Mientras recorría aquellas salas, hechizado, escuchaba el andante de la sonata para piano en si bemol mayor, de Andrea Lucha Luchesi (1741-1801): este tipo de conjunciones no buscadas deben ocurrir muy pocas veces. Sentí de verdad no saber japonés, como tampoco sé chino ni otras lenguas a donde ha ido a refugiarse sabe dios qué cantidad de vida.
He aquí unas cuantas muestras de los maestros de la caligrafía japonesa actual:
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Ropa tendida, bandera
del corazón cotidiano
en aquel patio lejano
y en esta calle extranjera.
Patria de la lavandera,
no hay nostalgia en mi sorpresa:
los manteles de tu mesa
y las sábanas mojadas
son alegrías coladas
con ceniza que no pesa.
(De Una emoción verdadera).
Entre la niebla imagino
la humedad de los sollozos,
los álamos amarillos.
Los álamos amarillos.
Donde hay álamos hay agua
y donde hay agua, caminos.
Los caminos del otoño.
Otra mañana con niebla
estaremos juntos, solos.
(De Pasar las cosas)
viernes, 20 de abril de 2012
Actuar, crear, hacer.... La lucha por la dignidad
Hoy, por ejemplo, he acudido a un espectáculo de danza (en la RAES de Madrid) que probablemente no puede ser "el mejor", pues eran alumnos de la escuela de danza, arte dramático, etc. quienes actuaban, pero el espectáculo derrochaba interés por todos lados, sobre todo en estos tiempos de acoso a las actividades de tipo cultural o artístico que, aparentemente, no producen beneficio ni inmediato ni contable. Estaba, sin embargo, el teatro lleno de chavales y jóvenes, que salían con los ojos enrojecidos y emocionados de ver esfuerzo y logro, en lo que yo he visto, con cuatro actuaciones (clásica, española, moderna y gallega), de otros jóvenes que, como ellos, estaban poniendo ilusión y esfuerzo para crear.
No lo he dicho a humo de pajas: de las pocas cosas que todavía defiendo: la actuación, la actividad creadora, el esfuerzo para que no nos quiten los lugares en donde podemos ser todo lo libres que se pueda ser en medio de una sociedad que promueve casi exclusivamente lo que se cuantifica (a más de algo, mejor), lo que entra en el mercado o lo que nos deja quietos, inermes, más o menos embrutecidos, incapaces de solo mirar, sin pensar, sin actuar y, cada vez más, sin imaginar.
De hecho el sordo ataque a la cultura, sobre todo si es minoritaria, difícil, si exige niveles cada vez mayores de educación y cultivo, de enseñanza, actuación, ensayo, es un ataque a la dignidad humana, un deseo poco disimulado por arrasar belleza y cercenar nuestras posibilidades de saber, comprender, pensar reflexionar. Es una manipulación, la que nos quiere inertes.
El jueves escuché recitar versos a Pablo García Baena y Rafael Juárez (en la foto), presentados por Blanca Andreu. Y por la mañana, completé uno de los paseos por el Madrid viejo –Las Calatravas–, para lo cual hube de ir a la Academia de Bellas Artes de San Fernando –ya lo explicaré. De paso vi la exposición de dibujantes de "Cuadernos para el Diálogo" (es la temporal, ahora, al lado de los grabados de Goya). Sin embargo, no me dejaron visitar el Casino y tuve problemas para visitar la exposición sobre Perec en el Círculo de Bellas Artes: tenía mucha curiosidad por ver qué pasa con los oulipianos. Otra vez será. Muchas cosas en Madrid. Menos mal que el Retiro, de camino al recital poético, me dio la magia de atardecer.
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sábado, 14 de abril de 2012
Poesía actual
Hace tiempo que no abro estas páginas a poesía actual; así que de perlas me viene vocear la clausura de este ciclo, el próximo jueves 19 por la tarde, en Madrid, pues allí leerán dos vates, de los que yo he pregonado en otro momento a través de las series de poesía actual de este blog. Vienen del sur de España, de Granada y de Córdoba respectivamente, y no hace falta que se les presente, el mayor, por lo demás, anda en todas nuestras historias literarias; del menor, Rafael Juárez, no se puede decir que "lea", a no ser las líneas del corazón y los versos de la memoria. Allí estaré.
Lo que viene en el ciclo, antes de este cierre, resulta para mí más irregular; y eso no es reproche, sino constatación de la diversidad de voces. Mi última asistencia a lectura de poemas fue en el Bukowsky, y leyeron Víctor Sierra y Segi García. Y aun el anterior fue una lectura de María Salgado –que me ha prometido su nuevo libro– en la Casa de América. ¡Cuántas voces y qué diferentes! Y sin embargo, sin embargo.... He de trazar un telón crítico-reflexivo-hurgador porque tienen mucho más en común de lo que piensan.
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| Recital de Sergio y Víctor |
| Recital de María Salgado (y de Álvaro Pombo) |
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domingo, 22 de mayo de 2011
Meditación en verso sobre libros
El título intenta recordar que son varias las veces que se ha recogido este motivo literario, que hoy día se enunciaría, de modo un poco pedante, como "metalibro" o quizá "metaversos": poesías o versos que hablan de libros y lecturas, tema infinito que empaña el quehacer de muchos autores, por ejemplo de Borges, y del que, como dije, muestras de la literatura clásica española hemos dado en este blog, de Lope, Carvajal, Rubén Darío.... Quizá se la más famosa la del soneto quevediano ("Retirado en la paz de estos desiertos...."), en donde se ajusta perfectamente la imagen del lector. Es fácil acumular otras, a veces muy bellas; o remontarse incluso a tiempos viejos y lenguas cercanas o lejanas (en este blog traduje hace muy poco un soneto de Huxley, de ese tema; y cite el Discurso del método). Sinécdoques y metonimias, por lo demás, se encargan de ampliar el campo; qué mejor ejemplo de antigüedad y metonimia al mismo tiempo que la composición de Cristóbal de Castillejo a su "péñola", es decir, al instrumento con el que escribe.
Hoy traigo un ejemplo que no está en ninguna antología ni estudio, pues pertenece al último libro de Rafael Juárez (Medio siglo, Madrid: Pretextos, 2011), que escuché presentar hace poco en la librería Alberti de Madrid. No fue la última presentación –es imposible en la capital acudir a todas, ni siquiera a unas pocas–, pues el viernes pasado me escapé un rato de la Puerta del Sol, para bajar por la calle Huertas y allí en el número 40 asistir a la lectura de dos poetas argentinos, E. Dobry y D. Damoilovich, según muestra la ilustración. El telón de fondo de la presentación en esa librería –supongo que todo el mundo lo sabe, ¿o no?– tenía su qué: detrás de aquel austero muro de ladrillo Cervantes nos escuchaba. Las Trinitarias, iglesia y convento todavía en pie y vivos, aunque no se conozca el lugar concreto en la iglesia donde están los restos de Cervantes.
He aquí el soneto de Rafael Juárez:
AL ORDENAR LOS LIBROS
Al ordenar los libros nuevamente
desordeno mis días. Los prestados
o los perdidos y los arrumbados
sin leer, me socavan el presente.
Pero los libro que he leído, ausente
me hacen sentir también. Los subrayados
me inquietan y sus lomos fatigados
con las arrugas de mi propia frente.
Era tan joven cuando los buscaba
y eran tan nuevos cuando los traía
a esta meticulosa biblioteca.
Vuelvo a la inútil condición esclava
de organizar en cada estantería
mi ausencia plena y su presencia hueca.
La sinécdoque en este caso es la de biblioteca, claro.
Dicen los puristas de la crítica que no es poeta pleno quien no medita sobre su tarea y se plantea los orígenes, el alcance, las circunstancias o los fines de su quehacer. Supongo que se puede reflexionar sin verter a poesía la meditación.
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sábado, 9 de abril de 2011
jueves, 10 de junio de 2010
Poesía española actual (4): Rafael Juárez
Rafael Juárez es un poeta de inspiración controlada, tono lirico exquisito y factura poética clásica, actualizada. Cualquiera de sus libros nos muestra cumplidamente esa cuidadosa disposición que vuelca en décimas, liras, sonetos, etc. –con o sin rimas– la pincelada paisajistica, andaluza, el sentimiento controlado por el verso, los rincones de la inspiración. Es frecuente asimismo el poema leve, aparentemente sencillo, conciso, que recuerda a la lírica tradicional, también en su fragmentarismo esencialista, parquedad sintáctica y musicalidad. Sus sonetos alcanzan una lograda perfección, sin que los versos ni la lengua aparenten esfuerzo compositivo. Con uno de ellos de su último libro (Métrica y tristeza) ejemplificamos:
(De Aulaga, 1995)
Nadie me dijo
quién era yo
menos el aire
que me llevó.
Menos el aire
que me engañó
nadie me dijo
quién era yo.
(De Fábula de Fuentes, 1988)
SONETO DE LA AUSENCIA
Este arcángel de métrica y tristeza
para alcanzar mi pecho bate alas
de murmullo y penumbra por las salas
donde pasea mi padre mientras reza.
Pide por mí cuando mi vida empieza,
no quiere que le siga en sus escalas,
que prefiera al fulgor de las bengalas
el tibio cirio azul de la pureza.
Ungido con la gracia de la somnra
–no pudo ser, no podrá ser– me deja
la sensación de no entender mi vida.
Solo me llama cuando no me nombra.
Sólo lo siento cerca si se aleja.
Sólo me acuerdo de él cuando me olvida.
Me pasaría la vida
andando por noviembre
mientras que caen las hojas.
Son ejemplos ligeros,
estas muertes suaves,
Pero a quién es posible,
si pisa hojas bermejas,
morir sin darse cuenta,
vivir sin detenerse.(De Aulaga, 1995)
Nadie me dijo
quién era yo
menos el aire
que me llevó.
Menos el aire
que me engañó
nadie me dijo
quién era yo.
(De Fábula de Fuentes, 1988)
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