Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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miércoles, 11 de abril de 2012

Las mocedades del Duque de Osuna (II)

Continúo dando a conocer los originales de la Junta en la que se trataban los problemas causados por el III Duque de Osuna, Pedro Girón, antes de que marchara a Flandes (1602), de donde volvió para que poco después le nombraran Virrey de Sicilia, a donde iría dos años más tarde, como secretario, amigo y confidente Francisco de Quevedo (en 1613). Los problemas eran los de un joven arrogante, pendenciero, de vida disoluta, lo que en algunos casos llega incluso a delito, por muertes; y en otros a lances con mujeres –Osuna tenía preferencia por comediantas, inclinación que repetirá a su vuelta a Madrid después de la etapa virreinal. Las mujeres amadas y desechadas o no, con las que provocaba todo tipo de escándalos, en algunos casos terminan en conventos, en otros en bodas de conveniencia: el Duque se acordará al menos de tres hijos bastardos en su testamento.


Felipe II intervine constantemente en esos asuntos –la verdad es que lo hacía en todos– indicando procedimientos y soluciones que al comienzo pasan por la autoridad del padre, el II Duque de Osuna, que muere pronto, sin embargo, y que por lo que se lee en estos documentos pocas veces pudo llegar a controlar al impetuoso marqués de Peñafiel, Pedro Girón, su primogénito.


La documentación es muy variada. Lo que me extraña de la que reproduzco hoy, y que se lee muy bien, es que data de 1584, ¡cuando el marqués, según datos oficiales, tenía diez años! Solo se me ocurren dos cosas: o que era un hermano mayor (él queda como primogénito a la muerte de sus hermanos) o que hay algún otro dato confundido en su biografía, por ejemplo el que se suele citar de su nacimiento (574). Seguramente los historiadores solucionarán el problema y podré actualizar esta entrada entonces.

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Mientras tanto, algún otro documento posterior, como el que precede, con los asuntos que va a tratar la Junta, en 1593.
Toda la documentación de Osuna se ha manejado a través de Simancas, por lo normal, allí está el pleito con Jerónima de Salcedo, una comedianta; pero no he visto que se aluda a estas fuentes, que son de los papeles de Mateo Vázquez. De hecho Carmen Sanz, en otro trabajo por lo demás muy valioso (Edad de Oro, XIV) pasa revista a todos estos años. No sé si Sentaurens, en su conocida monografía sobre el teatro de Sevilla, los habrá tenido en cuenta. Si así fue, se perdió su constancia. Aquí están.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Felipe II y Diego Hurtado de Mendoza, a propósito de un nuevo libro

Acabo de recibir el librito de Reyes Coll Tellechea sobre Lazarillo castigado. Historia de un olvido. Muerte y resurrección de Lázaro (1559-1573-1844), publicado por Ediciones Orta (2011), que recomiendo a todos los que se hayan zambullido en la compleja historia de la trasmisión de textos –e ideas–  impresos durante el siglo XVI europeo. 
No es justo resumir en una sola frase su centenar de páginas; cierto es, sin embargo, que en muchos momentos me recordaba la vieja conferencia de Moñino –de finales de los años sesenta– sobre construcción crítica y realidad histórica, en el sentido de que los historiadores reconstruyen una realidad que no se corresponde con los datos de la época: la picaresca –por ejemplo– no triunfó cuando el siglo XVI y el XVII se dieron la mano (1599, primera parte del Guzmán de Alfarache, y a partir de ahí las restantes obras de ese género) y entonces se recobra el viejo Lazarillo (reeditado en 1602) como germen; en realidad lo que se lee hasta finales del siglo XIX es el Lazarillo “castigado”, la edición de 1572.
En ese contexto, el libro de Reyes Coll-Tellechea traza muchas idas y venidas hacia una historia complicada que suscitan en el lector inquietudes, preguntas, etc. En su momento yo objeté a la vieja tesis de Moñino, y hasta publiqué dos paginillas (en una revista checa, Philologica praguense, y en otra norteamericana, Ideologies and Literature), intentando ajustar que la recepción y banalización de la tesis de Moñino no se convirtiera en disparate. Se convirtió en disparate que adorna los gorgoritos de la academia, con pocas posibilidades de enmienda. Es verdad que la poesía del siglo XVI (y quizá también la del s. XVII) no se publica, no se imprime, habitualmente hasta mucho más tarde; pero no es verdad que el historiador actual de la literatura peninsular realice una reconstrucción crítica falsa, al ir más allá de los datos de impresión y difusión: el historiador cumple su delicada misión porque recupera cabalmente el proceso de creación poética. Es verdad que fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Cetina, Garcilaso, etc. no imprimieron sus poesías; pero sí que las escribieron, sí que las crearon en el momento y las circunstancias que el historiador dice. Y recuperar el sustrato ideológico quizá sea más importante que atenerse a la difusión impresa. Etc.
Creo que la publicación de este precioso librito se ha cruzado con la del artículo propio que descansa ya a la vista del interesado en
 http://www.edobne.com/manuscrtcao/sin-que-de-mi-nombre-quede-otra-memoria/  en donde se señalan muchas pistas documentales. Doy la referencia completa, pues, para seguir orientando la investigación.
En fin, no querría volver al Lazarillo, obrita sobre la que aun conservo documentación abundante –y preciosa–, al menos mientras Mercedes Agulló –con la que ayer hablé sobre estas cosas– vaya dando a conocer nuevos datos, algunos de los cuales, me dice, están a punto de salir. Pero sí que voy a completar la ficha de uno de los datos que cita Reyes Coll, agradeciéndome su uso, ya que yo no lo había citado antes y el investigador puede necesitarlo. En efecto, el año pasado viajé a Londres para ver, fundamentalmente, en la British Library el ms. add 28358, II, que contiene la espesa documentación provocada por el círculo de secretarios y eruditos que rodeaba a Felipe II, desde Lisboa. Zúñiga Velasco, Páez, los Dantisco.... La documentación abarca de 1582 hasta 1586, aunque las referencias cronológicas se van, como es lógico, también a los años anteriores.  Algunas son originales, firmadas por el rey, las más por sus secretarios, otras copias. Lamentablemente  la documentación es extensa y la maravillosa nueva British Library ha pensado en casi todo menos en facilitar el trabajo al humilde investigador venido de lejas tierras, pues no hay opción a obtener copia, reproducción, etc. de aquellos documentos si no se paga el sueldo de un par de meses. ¿Se habrá convertido la investigación en cosa de ricos, también? La otra opción es la de quedarse tres o cuatro días más en Londres copiando todo aquello –yo estaba, además, viendo autógrafos del padre Mariana–, lo que encarecería aun mucho más la encomienda. De manera que opté por leerlo, sacar notas y pedir la caridad a algunos de mis alumnos viajeros de que cada vez que pasaran por Londres me copiaran un par de páginas y me compraran unos calcetines en las rebajas. Muy mal. En ese precioso manuscrito, al final, hay una carta de 1645 y, antes, otro largo documento que detalla e inventaría los bienes heredados por Felipe II de Diego Hurtado de Mendoza. He utilizado ese inventario, noticias y párrafos diversos, en algunos artículos anteriores, por ejemplo, he citado la glosa al inventario que matiza que un ídolo de oro lo tomó en junio de 1576 el Rey para dársel al príncipe don Fernando (f. 77).
La parte esencial tiene veinte páginas (f. 67-86) y uno de sus párrafos, el que define la documentación, dice así: Por quanto auiendo don Diego hurtado de mendoça comendador de las casas de Calatraua de la horden de Alcantara por su testamento dexadonos por su vnico y vniuersal heredero y nos a suplicacion de sus testamentarios aceptado la herençia y nombrado por administrador de lla a Antonio graçia nuestro secretario y por su muerte a Hernando de Biruiesca mi guardajoias para que tomase qüenta a dicho secretario… por muerte del dicho… nombramos por administrador della a Juan Lopez de Velasco nuestro criado y le dimos comissión para tomar qüenta de la dicha herençia… y él la tomó a uso doña Maria de Moscoso, muger del dicho… como heredera suya en la forma siguiente....
Sigue el Cargo de bienes muebles / retratos de mármol y Xaspe que se recibieron de Antonio Graçian, y pintura, y otras cosas. La Data de los dichos bienes  va firmada en Nuestra Señora de Guadalupe a 22 de abril de 1580. Los epígrafes van enumerando: ....carga de camafeo y otras cosas / Cargo de entre piezas y chapas de oro / Cargo de Auito de oro / Cargo de ydolo de oro / cargo de retablo de otras pinturas  / cargo de bufete / Cargo de repostero y otras cosas / Cargo de sello / cargo de marauedis (que incluye todas las mandas).  El documento se fecha en Lisboa a dos de junio de 1582.
Merecería la pena que  se expusiera y publicara de modo más completo.

miércoles, 16 de junio de 2010

Lazarillo (11): Zurita se cansa de servir a la Inquisición



La carta que reproducimos es una carta autógrafa de Jerónimo de Zurita, el historiador aragonés, amigo y confidente de don Diego Hurtado de Mendoza, que en agosto de 1579 escribe a Felipe II para pedirle que le exima de seguir trabajando para la Inquisición: "Desde que llegué a esta corte supliqué a su majestad se sirviese de mandarme descargar de la ocupación en que aquí estoy en su servicio a cabo de cuarenta y tres años que firmo en las hojas de la general Inquisición; y visto que no se tomaba resolución ninguna en tanto tiempo... he deliberado de dejarlo todo..." Firma en Madrid.
La vida y haceres de Jerónimo Zurita se pueden recuperar a partir de la copiosa documentación que dejó, buena parte de la cual recopiló su sucesor como cronista de Aragón Diego Dormer, en un libro monumental y riquísimo de noticias que, si todo funcionara bien, hubiera debido leerse ya en la red, a partir de uno de los ejemplares de la BIblioteca Nacional de España, cosa que no ocurre:

#95 Guardar 2/17645 1680
4 ejemplares disponibles en Sede de Recoletos y Sede de Alcalá

La obra se publicó nuevamente a finales del siglo xix, en Zaragoza:
http://catalogo.bne.es/uhtbin/cgisirsi/f2xJOYRdC6/BNMADRID/192914963/9

Otra mucha documentación anda dispersa, particularmente la que recoge apuntes y cartas que unos y otras se cruzaban (Uztarroz, Ambrosio de Morales, Zurita...), e irá como apéndice en mi próximo trabajo sobre don Diego; entiéndase que irá el señalamiento de dónde se encuentra esa documentación, pues para leer y filtrar los legajos de esos años desde una perspectiva, digamos, literaria, hace falta un tiempo que yo no tengo o un equipo que será difícil de formar y mantener. La carta que reproduzco ahora, la de Zurita, por ejemplo, se halla en la biblioteca-archivo Zabálburu de Madrid, en donde he contabilizado unos ochocientos documentos –en su mayoría originales– de entre los años 1550 y 1590; y me falta por hacer varios recorridos.
Por las manos y los ojos de Zurita pasaron los más de los asuntos de Inquisición que llegaban o salían del Monarca, quien tenía a Zurita como su secretario de Inquisición, aunque también es verdad que el historiador se escapaba muchas veces de esas tareas para viajar a su tierra. También estuvo Zurita involucrado en la formación del Archivo de Simancas y de la biblioteca laurentiana, como he señalado en otras noticias.