Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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viernes, 19 de abril de 2013

"La mujer por fuerza", de Tirso de Molina

He aquí una de las más enredosas y trabadas comedias de Tirso de Molina; me alegré al ver que la programaba una pequeña compañía, durante un mes, en el teatro Fernán Gómez de Madrid. La obra es difícil de encontrar aun para lectura, de hecho tengo encomendada una edición para Clasicoshispanicos a Elena Garcés (Málaga) y alguna vez me he ocupado de ella en trabajos de crítica filológica o erudita.


La obra se ha adaptado –por J.M. Ruano de la Haza, dice el programa–, acortándola sustancialmente, sobre todo los preliminares de la intriga, y acoplándola a su representación a un escenario reducido, casi íntimo, en una de las salas pequeñas de aquel centro, rodeado el espacio escénico de público.... si el público no se hubiera limitado a completar solo una de las tribunas. Poco público, muy poco, en verdad para lo que se merece Tirso y, en cierto modo también, el esfuerzo de la compañía Maya, que ha logrado mantener argumento, intriga, comicidad, a pesar de la fragmentación radical de los aspectos originarios, de los que solo, prácticamente, se ha conservado parte del vestuario. Se trataba de adaptar un clásico, y eso es lo que han hecho con los mimbres que tenían. Curiosamente, quizá no se hayan percatado, en esta adaptación vuelven a aparecer algunos de los elementos del viejo corral de comedias, para donde sin duda Tirso imaginó  La mujer por fuerza: un público cercano, que casi toca a los actores, a unos metros; la desnudez del tablado con sus tres puertas abajo, que son las primeras sillas y la oscuridad en este caso; algún juego musical al abrir o cerrar la obra; etc. 

La mayoría de las novedades conciernen a los juegos gestuales –a veces corales– a la sordina de un guitarrista (¿Tony Madigan?) en una esquina que añade un contrapunto que guía al espectador y a la centralidad de los momentos más dramáticos, con un verso bastante bien declamado, que no pierde ni su calidad de verso ni su significado. Muchos monólogos y partes se representan gestualmente, casi histriónicamente, quizá para que el espectador lea bien la obra y no se le escapen detalles del argumento.
El aprovechamiento de la magia teatral se acusa de modo particular en la atrevida solución dada a algunas situaciones en las que dos personajes –que están en la misma escena– son representados por un mismo actor (Alex Tormo, que hace de Alberto y de Marqués, cumplidamente, el público acaba por aceptarlo), además del doble papel  de Iria Márquez y la propia protagonista, claro.
No se han sobreacentuado las escenas más o menos escabrosas que derivan de la conocida ambigüedad de Tirso al tratar papeles femeninos encarnados por damas disfrazadas –de las que se enamoran otras damas, por ejemplo–; pero sí que se han mostrado, aunque la condición varonil de Alicia Rodríguez (Finea) no se preste demasiado a esa ambigüedad, al presunto atractivo sexual que para los espectadores de la época tenían estas representaciones.
Tirso es capaz de organizar intrigas como esta, de una riqueza y una complejidad casi cinematográfica; también es uno de nuestros clásicos más olvidados. Y las nuevas ediciones –ya lo veremos– no ayudan mucho.
Bienvenida sea La mujer por fuerza.

miércoles, 10 de abril de 2013

Teatro, teatro.... con Tirso al fondo

Campus (invernal) de la UAM
Resulta muy llamativo la cantidad de seminarios, reuniones, etc. sobre todo de carácter académico que se celebran y anuncian sobre el teatro, particularmente sobre el teatro clásico español, es decir el que cruza los siglos XVI-XVII (1580-1680), cuyo interés se acentúa con esa imposibilidad para encontrar entradas, por ejemplo en los de la corte, en los más recientes al menos. 

clase de prácticas de teatro en la UAM
Reproduzco parte de una lista que se nos ha enviado desde la AISO (Asociación Internacional del Siglo de Oro), para que el interesado viaje por todo el mundo y vea y disfrute y discuta sobre la obra dramática de Lope, Tirso, Calderón y tantos otros.

En las clases de la UAM (Universidad Autónoma de Madrid), con los alumnos que cursan una asignatura con ese contenido, aprovechamos las horas de prácticas –dos a la semana– para entrar en el Peribáñez de Lope y en La dama Duende, de Calderón; y lo están haciendo muy bien. Sigue teniendo el teatro –el buen teatro– atractivo.

Sigue la lista de actividades teatrales a la que me refería:


Por mi parte, ando embarcado en unos cuantos textos nuevos –muy oportuna la edición de los entremeses de 1643, de la que daré cuenta mayor–, algunos de los cuales estoy reseñando, otros estoy simplemente leyendo, a todos ellos se suma los teatrales que aparecen o están a punto de aparecer en la colección de libros electrónicos clasicoshispanicos.com, que se puede ver en http://www.clasicoshispanicos.com
y de la que ofrezco algunas portadas nuevas, resultado del trabajo de dos filólogos-bibliógrafos-informáticos excepcionales –José Calvo y Carlos Fernández–:






De entre esas lecturas siempre he echado de menos ediciones correctas de Tirso de Molina, quizá el más descuidado de nuestros dramáticos de primera fila y uno de los peor editados, prácticamente ilegible las más de sus comedias. Y con el problema de la autoría en las más afamadas, como sigue pareciendo en la que ha publicado hace poco (2007) Alfredo Rodríguez López Vázquez, de El Burlador de Sevilla. En nuestra colección de clasicoshispanicos esperamos la edición de Alfonso D'Agostino, el profesor milanés.

 


De Tirso acaban de aparecer dos nuevas ediciones, las que llevan ilustración: reseñaré en otro lugar, detenidamente la de El vergonzoso en Palacio, una vergonzosa muestra más de cómo se hacen mal las cosas y cómo la RAE  aleja a Tirso del público a cambio de un fárrago de notas y una exhibición de dinero.

lunes, 1 de abril de 2013

Las clivias de San Jerónimo



El Museo de Bellas Artes de Sevilla contiene una riquísima colección de pintura religiosa del llamado barroco andaluz, en donde son mayoría los murillos y zurbaranes. El marco no puede ser mejor, un convento de la merced de descalzos, desamortizado, que nos lleva de patio en patio, hasta la nave central que era iglesia (cuya bóveda va fotografiada).


Son muchos los momento en los que el visitante puede detenerse y contemplar, despacio, un cuadro, un rincón, una escalera, un cuadro, un mosaico.... Yo he preferido hacerlo ante el san Jerónimo de Torrigiano (c. 1525), de una vigorosa modernidad, como algunas páginas de le época –por ejemplo de los hermanos Valdés– o como algunos versos de Garcilaso, en el terreno profano.  Ya Ponz lo equiparaba a los mejores trabajos de Miguel Ángel. Para seguir luego el itinerario de los patios. Y salir a la plaza que dominan enormes ficus y magnolios, con un vago sonido de músicas de la Semana Santa al fondo.



Esta entrada ha de terminar con las clivias, a las que veo que no he dado la importancia que tienen. Es una planta fácil de cultivar que puede llenar espacios y florecer –solo he visto la variedad roja– como una luminaria. No creo que hubiera clivias en tiempos de Herrera, ni cuando el Emperador consigue dominar a los comuneros (1521), ni siquiera cuando se funda el convento de la Merced.... 


Y sin embargo todos los espacios sevillanos utilizan esa planta como base sobre la que organizar jardines. Claro que tampoco se podría ver la Giralda nocturna iluminada, ni escuchar los juegos de sonidos en el parque de María Luisa.... Hay un acendramiento de los perfiles sensoriales –digamos–, para desarrollar la potencia de cada uno de estos espacios, lugares, edificios, etc. 

Clivias
Clivias en el Hospital de los Venerables
Las calles de Sevilla rebosan gente que va corriendo de un lado a otro para ver las procesiones –el museo, por cierto, está semivacío–; habrá que salir la madrugá para ver algo, quizá la procesión del Silencio, o la Macarena o pasarse por Triana. En los sitios más concurridos, sin embargo, el ayuntamiento ha puesto sillas, miles de sillas, a precios desorbitados, y ha cercado los lugares mejores –la Catedral, por ejemplo– con paneles, de manera que quien no pague no pueda ver a la Esperanza de Triana, ni a ninguna otra virgen. Curioso modo de introducir elementos mercantiles en estas celebraciones que se proclaman populares. Bueno, ya hablaremos, porque sí que fui a la "madrugá" a mezclarme con la gente.
Vamos a volver al remanso de un patio de la Merced, sobre todo ahora que acaban de publicarse tres obras de un notable mercedario, Tirso de Molina, uno de los grandes de nuestra historia literaria, escasa y mal editado, muy, muy mal editado.