Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.
Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno
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miércoles, 27 de noviembre de 2013
lunes, 15 de abril de 2013
Poeta en Nueva York y el juego de ediciones
Lo que nos está trayendo la edición de Poeta en Nueva York, de García Lorca, haría las delicias de Pierre-Marc de Biasi y los genetistas, quienes han tabulado una nueva ciencia o técnica filológica, de sentido común, que organiza los estudios en torno a la "génesis" de un texto, para lo que viene bien contar con los testimonios de los pasos que preceden a la forma definitiva del texto, se haya publicado o no. Exactamente el caso de el libro de Lorca, que significa mucho más también en otros campos, entre ellos el de cambiar el rumbo de la poesía que se estaba escribiendo; o el de desatar una tormenta rítmica que diera al traste con la vieja métrica. Todo ahí, y no todo considerado pausadamente.
En razón de su calidad, aunque también de su carácter de facsímil, yo sigo asomándome a la de Mario Hernández, que es más difícil de obtener y muy cara, desde luego. Esa edición, que se complemente con otra del mismo Mario Hernández, nos va a servir –como curiosidad– para un careo textual, quizá en nuevo post, al menos mientras termino mi análisis métrico sobre libro tan singular.
No sé muy bien por qué razón no se cita en ningún lugar la edición de María Clementa Millán (1ª de 1988, ya va por la décimo sexta, al menos) en Cátedra, que fue quien primero dispuso de lo que Anderson –y lo explica– llama el "original", quizá para defender lo que se dice en cubierta y portada "Primera edición del original...."
Las cien páginas de Millán en la introducción –que no está mal– tampoco aparecen en la bibliografía, en donde, al fin y al cabo, uno echa de menos otras ediciones curiosas, ya que se ha hecho el recorrido desde la de R. Humphries y la de la ed. Seneca (ambas de 1940). Quizá Menarini y García Posada hubieran debido aparecer también (sí se cita la tesis de 1982 de este último). Sí aparecen las posteriores, hasta la del 98 bilingüe de C. Maurer (trad. G. Simon y S. F. White), que se debe de haber reeditado, y que, según noticias indirectas, debe de estar preparando una monografía que subsane algunas cojeras evidentes. Lamentablemente no he visto la edición de Maurer, que espero obtener pronto, para terminar ese careo genético.
Las notas son descarnadamente textuales, y dejarán al lector en el aire, no digo que esté mal, pero se avisa. En realidad a mí me interesaban sobremanera porque atañen muy directamente a la versificación y disposición del poema, con repercusiones en la escansión versal y agrupaciones estróficas; pero nada de esto se resuelve con el descriptivismo del editor, que nos ha entregado una herramienta más para trabajar con tan hermoso texto.
Lorca sigue exigiendo investigación, estudio, trabajo.
| ed. de Mario Hernández, con facsímil |
Las notas son descarnadamente textuales, y dejarán al lector en el aire, no digo que esté mal, pero se avisa. En realidad a mí me interesaban sobremanera porque atañen muy directamente a la versificación y disposición del poema, con repercusiones en la escansión versal y agrupaciones estróficas; pero nada de esto se resuelve con el descriptivismo del editor, que nos ha entregado una herramienta más para trabajar con tan hermoso texto.
Lorca sigue exigiendo investigación, estudio, trabajo.
martes, 19 de junio de 2012
Llegan los hispanistas
| Lugares especiales del viejo Madrid, la Plaza de San Ildefonso |
A los lugares de investigación, a las exposiciones, a los centros documentales, están llegando los hispanistas –más tarde que las golondrinas–, fieles a su tarea, firmes en su cariño a la cultura española o en lengua españolas, lo cual no quiere decir que incondicionales valedores de lo que aquí ocurre. Suelen llegar, como es natural, coincidiendo con los finales de periodo académico, antes o después de las vacaciones largas, algunas veces para quedarse durante todas las vacaciones, compaginando las dificultades de la consulta –periódicos, manuscritos, documentos, textos, exposiciones– con el gazpacho, la horchata y las noches de teatro o de música.
| Casa tipica madrileña (en Malasaña) |
Para la semana que viene espero la llegada de un puñado de hispanistas italianos: especialistas en el romancero, en Castillejo, en poesía actual, en tonadillas....; y de franceses, que se unirán a los que ya se han adelantado y se apresuran a ver la exposición sobre Góngora, dudan sobre si ver al último Rafael, el de Prado, o los códices de Leonardo; preguntan por la cartelera y por las últimas películas españolas, pierden una tarde en las librerías y me preguntan que por qué sigue cerrada la librería Hiperión, donde se nutrían de textos actuales, pero también de su fondo árabe hispano, judeeoespañol, etc.
| calle en el viejo Madrid (por Noviciado) |
A veces no se puede atender a todos ni estar con cada uno el tiempo que se merecen, porque además de venir y trabajar, también traen, aunque no sean muy conscientes de ello, noticias, experiencias, el aire fresco de cómo nos están mirando, qué están haciendo, qué está ocurriendo con nuestra cultura en el Reino Unido, en los Países Bajos, en el Magreb, en China.... Ayer en la Biblioteca Nacional estuve con varios: Vicente Pérez de León venía de Australia (Melbourne) con sus saberes cervantinos dispuestos a aplicarlos a nuestra colección de clásicos; Margaret Geer llegaba –es asidua– de Duque University, siempre a la sala Cervantes; ella me presentó a Melissa Machit, que trabaja sobre Guillén en Harvard; mientras hablábamos, otro fijo de la BNE, Josef Snow, definitivamente reconvertido en "Pepe Nieve", emprende tareas nuevas ahora que acaba de publicar una detallada y completa bibliografía alfonsina; por allí andaba Laura Dolfi (Parma), entre el teatro de Góngora y los autores de la Generación del 27; Estelle Garbay, venida de Toulouse, y que sigue trabajando sobre Osuna, el franciscano de los abecedarios; Faulhaber, el medievalista de California, que recoge todos los manuscritos del siglo XIII.... Y muchos que no conozco, a quienes delata su tez peculiar, su barba blanca, su ropa un matiz exótica o informal, el legajo de papeles con caracteres árabes, etc. Y eso son los madrileños, pues la gozosa invasión alcanza a otros muchos lugares (Barcelona, Sevilla, Valencia...), por no hablar de los más aventureros, los itinerantes, que se atreven con Andalucía en pleno mes de julio o que peregrinan a Santiago.
| Museo de la Biblioteca Nacional de España |
En la Biblioteca Nacional, la mayoría baja pronto a la cafetería para la comida del mediodía (¡esos horarios españoles, tan tardíos!); yo le concedí media hora de adelanto a Christopher Maurer (Boston), para juntos hacer una repaso a tareas y deberes; buen ejemplo para subrayar lo que antes decía de nuestro conocimiento sobre lo que se está haciendo: me contó por encima la exposición en la Public Libray de Nueva York, para el año próximo, sobre Lorca, con itinerario que, deduje, que al menos va a parar en Granada; edición y versión inglesa de Poeta en Nueva York.... Todo muy interesante, aunque yo más le pregunté sobre la edición de un valioso manuscrito poético de los siglos XVI-XVII en la Houghton Library de Harvard.
No hay tiempo para todo; habrá que quedar con unos y otros para terminar la charla, ajustar fechas y tareas, completar panoramas. Una editora americana de teatro clásico me pregunta por las reseñas que hubieran podido aparecer de los tres volúmenes del Diccionario Filológico de Literatura Española, en donde todo se ha almacenado cuidadosamente para poder seguir trabajando, ellos y nosotros, con ayuda de varios centenares de especialistas. Ninguna le dije. Se asombra. "¿Y cómo recibieron la noticia en periódicos, suplementos literarios, revistas profesionales?". No hubo ninguna noticia. Es algo que no existió: ni siquiera hubo una nota mínima que dijera que se había hecho, en los suplementos tipo Babelia, el del cultural del ABC, etc., por lo general plagados de largas reseñas a infumables volúmenes de extraña fonética. Más asombro.
La Biblioteca Nacional se va vaciando poco a poco hacia las siete de la tarde: juega españa al fútbol.
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sábado, 27 de noviembre de 2010
Los callos de Christopher, en el Gijón
A veces, cuando trabajo en la Biblioteca Nacional, salgo a comer al café Gijón, el de abolengo literario, que continuá siendo un sitio respetable y bullanguero, donde se almuerza razonablemente bien un menú madrileño de 12,50 euros, de los de toda la vida. Como hoy me he encontrado con mi colega y amigo bostoniano Christopher Maurer, nos hemos escapado al Gijón; yo, helado de frío, y él, a cuerpo gentil, disfrutando de los dos grados de Madrid, con sol, que se le antojaban casi casi primaverales.
Venía yo del Casón del Prado, que no había visitado desde hace muchísimo tiempo –es el viejo Coliseo del Buen Retiro, que ha pasado por constantes transformaciones– a donde había ido a la caza y captura de tres documentos histórico-literarios fundamentales para mí: (1) el famoso e inencontrable retrato que Guido Boloñés, Guido Reni, hizo del III Duque de Osuna y al que Quevedo dedicó un soneto. (2) Papeles, obras dibujos, procedencias de obras de Alonso Cano, para completar mi investigación sobre el busto de arcilla o terracota de la BNE. (3) El retrato que del III Duque de Osuna hizo Bartolomé González, y del que Gabrielle Finaldi –subdirector del Prado– dio noticia en el 2004, como estante en "private collection". De las tres cosas he ido dando noticia en este cuaderno y las tres habrán de ser rematadas a no mucho más tardar.
Lo que sí que me ha impresionado y sí que quiero añadir ahora es la comodidad, acierto, calidad, etc. de la sala de lectura que me he encontrado, de la que ya tenía indicios a partir de la admirable exposición –y correspondiente página– que de la Libreria del Museo del Prado han montado en el Retiro. Invito a que se visite la güeb "marcas tipográficas," que lleva Carlos Fernández, para que el paseo sea completo; y este otro enlace:
http://marcasdeimpresor.blogspot.com/2010/10/bibliotheca-artis.html:
Madrid tiene, en estos momentos, una serie de sedes maravillosas para poder trabajar cómodamente, no solo con recursos, sino en lugares extraordinariamente atractivos para el investigador: a la propia Biblioteca Nacional, la municipal Joaquín Leguina, el Ateneo... y demás, muy conocidas, puede añadirse la del casón del Buen Retiro, en donde se trabaja bajo la cúpula que pintó Lucas Jordano, asistido por un personal competente y amable.¡ (¡muchas gracias, Yolanda!).
http://marcasdeimpresor.blogspot.com/2010/10/bibliotheca-artis.html:
En fin, después de tanto ajetreo, vuelvo al comienzo, bien se comprenderá que en el Gijón nos decidiéramos por un menú cargado y castizo. Mi colega bostoniano se pidió los "callos con garbanzos", y así, más relajados, tomé una instantánea, en la que me he decidido más por los callos y los pimientos rellenos –era mi primero– que por nuestras nobles figuras, un tanto ajadas ya.
martes, 21 de septiembre de 2010
En Boston, esa ciudad... Romance noticiero
| Collar habido con buenas maneras, de amatista, abalone, plata, cristal, jasper, peridots. |
Ayer se terminó el viaje
y tuve que regresar;
me esperan clases y clases
con un horario infernal
que los malos me pusieron
por eso de jorobar.
Dejo tierras, dejo gentes,
romances sin acabar,
revistas extravagantes,
libros, ríos, otro mar.
Dejo allí buenos amigos,
una estrella y un collar
que me traje de peridots,
agata, jasper, cristal,
abalone, plata... y más.
Y el Charles llegando a mares
en Boston, esa ciudad.
Todo esto materia es noble
de la mejor calidad
con la que se forja vida
trabada con amistad.
Con su poco de fortuna
Christopher creo vendrá
para ayudarme en las clases
pasada la navidad.
A veces de tan sencillos
los versos no dicen más,
que así son los romances
y las cosas de verdad.
Como lo del pan y el vino
de nuestro viejo refrán.
Me acuerdo hoy con nostalgia
de Boston, esa ciudad.
| El romanceador coloca el collar en lugar adecuado, y envía la foto |
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domingo, 19 de septiembre de 2010
Boston y Nueva York, atrás
Carmela Mattza me envía un par de fotos de la sesión habida en la sede el Instituo Cervantes de Nueva York, y ahí estoy yo cumpliendo mis deberes, a la izquierda del que mire la foto, mientras habla Jeremy Lawrence. Para que no quede en mi presencia, la siguiente, esta vez tomada por mí, recoge la clausura de Antonio Carreira, probablemente el mejor conocedor de la poesía española de los siglos de oro, razón por la que la Universidad española –tan perfecta siempre en sus errores– decidió prescindir de sus servicios.
De Boston recojo, nuevamente, la calma y la belleza con que el Charles discurre, sea entre prados y riberas, sea como espejo de edificios emblemáticos que suministran identidad a Boston.
En el caso de Nueva York, lo que mejor define a la ciudad es el conglomerado humano, en donde aparecen continuamente escenas dignas de recordar, tal la de ese quiosco de la calle que se anuncia como "el mejor lugar del mundo" para los sandwichs; o los quiebros del paseo que la ciudad se ha inventado al este del Village, para recuperar un camino mediante el ingenio y la mentalidad utilitaria, que no tiene por qué andar reñida con la gracia estética puesta al servicio de lo más simple.
Un correo tengo en el que se me dice que sí que existen modelos orientales –chinos, vamos– en A&F; mi informante es anónimo, pero yo sospecho que es alguien de relaciones públicas de la empresa (¿serán tan buenos?) que me suministra hasta cinco nombres y algunas fotos, en su honor incluyo un par de ellas, y me reservo las chinitas para el último romance noticiero. Bienvenidas seáis Yoko Tsukuki, Devin Murakami, etc. "conmigo vais, mi corazón os lleva". ¿Que por qué se mezclan estas cosas? Yo las encuentro así, mezcladas, donde quiera que vaya. Por ejemplo, visité A&F después de perder una hora en una librería de viejo –en donde no vi nada interesante para mí, por cierto–, y antes de buscar un sitio para tomar algo. De esa variedad típica de EEUU puedo dar cuenta también en ese momento: un chino, una tailandés, un mexicano.... La foto (tomada en Boston) da cuenta de esa circunstancia, un día por cierto en el que me decidí por restaurante bostoniano para probar una sopa espesa y deliciosa que me había recomendado Ch. Maurer ("¿Clan chower?), con fondo de almejas. Buscaré la receta.
Va muy cargada la entrada.
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martes, 14 de septiembre de 2010
Libros y manuscritos antiguos en Lame Duck Books
Nos hemos encontrado hoy, Christopher Maurer y yo, en la librería LAME DUCK BOOKS, “used and rare BOOKS, manuscripts, photographs, ART and related materials”, de Cambridge (Harvard), con su dueño y librero para ver material de interés, más ahora que ha entrado en zona de “closing sale”.
Poco tiempo es el que hemos podido disfrutar de la amabilidad de Juan, el librero, que hasta nos hizo de pedestal para ese poema inédito de Guillén; pero en ese poco tiempo hemos tomado nota por encima de la riquísima colección de manuscritos y afines, casi todos de literatura moderna: Borges, Guillén, Salinas, Huidobro, Lezama Lima, Molinari, Alberti, Macedonio Fernández, Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez, Valle Inclán... con colecciones enteras de tipo documental de Cortázar, por ejemplo.
Quizá el conjunto más impresionante es el de Borges, del que debe tener unos cincuenta autógrafos –sin contar las muchas ediciones propias y ajenas, anotadas de su puño y letra; las fotografías y otro material–. Abundaban los impresos y primeras ediciones de buena parte de los novelistas hispanoamericanos, a veces dedicadas a veces con anotaciones (Onetti, Ciro Alegría, García Márquez...) Y eso por no citar cuadros, grabados, fotos... Con amable generosidad me ha dado permiso para fotografiar y difundir –informalmente, como hago– lo que quisiera en este blog; desde el que remito a su catálogo, donde de manera más profesional se podrán ver otras joyas de este librero.Está en venta todo, como dice la tarjeta publicitaria, porque se va de Cambridge. Es quizá una buena oportunidad para que Patrimonio sondee la variedad de tesoros y tesorillos de nuestra historia literaria que aquí hay y los adquiera para alguna institución. Bien sé lo de la crisis y que no debería hacer el comentario que sigue, pero quizá con el precio de un par de tanques se podria adquirir lo mejor de este fondo.
| E.E. Cummings |
Siguió la tarde, como parece natural, en el café Pamplona, cuya historia –evocación de Amado Alonso– me recordó Reyes Coll-Tellechea, con quien estuve hablando, naturalmente que sobre todo del Lazarillo y de López de Velasco. Una tormenta terminó vaciando la terraza del Pamplona.

| Levi-Strauss |
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domingo, 12 de septiembre de 2010
Revistas profesionales, la Widener
He estado todo el día trabajando con revistas profesionales en la biblioteca Widener (en Harvard), con una pausa para poder comer algo en la grata compañía de Ch. Maurer y de Teresa Guillén, de cuyos resultados, digamos, profesionales, les daré cuenta. Las condiciones de trabajo en la Widener son realmente inmejorables, y no solo por la calidad de las instalaciones, la facilidad de acceso y la riqueza de los fondos, sino también por extensiones como el poder escanear, fotocopiar, consultar simultáneamente, etc. El horario de apertura es, finalmente, tan generoso como pueda resistir el estudiante o el investigador. Pero en fin, quisiera referirme ahora, por encima, a la cuestión de las revistas profesionales, que a mí me suele gustar conocer con ella en las manos, ojeando, leyendo y curioseando, lo que es un despropósito porque –calculo– superan el millar las que se refieren estrictamente al campo de la Filología románica, y se disparan a varios millares en cuanto uno conecta con temas afines (semiótica, cine, teatro, historia de la lengua...), en donde ya es difícil controlar hasta qué punto interesa tenerlas en cuenta o no. Las revistas profesionales fueron en las décadas pasadas un avance de lo que ahora es google y semejantes: un mar sin fondo para el que hace falta un buen mapa, la brújula y una tripulación avezada. Y en eso estamos y eso es una de las cosas que vamos a ofrecer en la página web de edobne.com.
Los anaqueles de la Widener te dejan husmear, alfabéticamente, todas las revistas de todo el mundo. Por supuesto –vamos a despacharlo rápidamente– que ahí figuran las que nosotros hemos hecho o estamos publicando, por ejemplo, y en sitio de honor, VOZ Y LETRA; así como las más conocidas de nuestro campo; pero también puede uno ver cómo son las revistas filipinas sobre el humanismo, las cubanas cobre poesía cubana, la media docena de revistas sobre el siglo XVII, todo el abanico de revistas italianas sobre la cultura, las más extrañas: una revista inglesa sobre el cine español, las revistas sobre cultura popular de universidades del sur americano, etc. Y no se crean, en muchas de ellas, sorprendentemente –y no debería sorprendernos– asoma el artículo sobre el Quijote, sobre Borges (que tiene su propia revista), sobre Muñoz Molina, etc. Sumamente interesantes son las revistas sobre poesía actual, que muestran la uniformidad creadora en un momento de dispersión. Alguna universidad americana se ha especializado en poesía francesa; los franceses han profundizado en revistas teatrales de carácter internacional; hay una revista sobre la historia de la historiografía... Anodadado, feliz, desbordado estoy por esa dispersión de la que podré dar cuenta pronto –con ayuda de mis jóvenes colaboradores–: es un campo cuyo futuro no sé cuál va a ser. Nuestra última revista, on line, como tantas otras ya no está en los anaqueles de la Widener, y sin embargo, digo yo, es una revista fundamental.
Durante el breve almuerzo Teresa Guillén me prometió, porque yo se lo pedí, un juego de cartas inéditas de su padre, Jorge Guillén, para que diéramos noticia en manuscrit.cao.
El campus de Harvard, a la salida, la tarde que se iba, era espectacular: sábado por la tarde, los patios convertidos en lugar de lectura. Allí les dejo.
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viernes, 20 de agosto de 2010
Setiembre, Boston
| Las praderas del Charles, en Harvard |
Volveré a Boston este setiembre, para acudir a una reunión de expertos e investigadores que en Nueva York, unos días más tarde, van a discutir sobre mecenazgo y cultura en la España de Olivares, la de Quevedo, entre otros. He aquí el programa que me han enviado hace poco.
Pasaré sin embargo unos días antes por Boston, para completar en Harvard el listado de revistas profesionales que vamos a cualificar en nuestra web (edoBNE.com), una de las nuevas tareas de nuestro grupo de investigadores que trabaja en la BNE. Mi colega CM dará alivio al peregrino durante esos días; encontrarme con tan feliz circunstancia no es el menor acicate para el trasiego de aeropuertos que me espera, casi sin poder reciclarme del desajuste de horarios –leí este verano, en un reportaje del suplemento dominical de La Voz de Galicia, hecho a Darío Villanueva, que la RAE ha admitido, entre otras, la palabra “jetlak” (o algo así); no creo que haga falta, como el caduco “muslamen”, que la gente joven ignora; todo esto es harina de otro costal. Vuelvo al tema y a Boston. Y al trabajo sobre Quevedo.
| El Charles entre puentes |
¿Y con qué luces juega ahora Boston?
¿qué frutos secos maduró el verano?
¿cómo están en otoño los cerezos?
el hayedo de Chris ¿da sombra al prado?
que Boston se me llene de chinitas
con su timbre de inglés acicalado
que no sepan qué hacer cuando las miro
a los ojos oscuros y a los labios...
que se vayan furtivas y en rincones
curioso su mirar dejen rasgado
y que sueñen turbadas sin saberlo
como su piel se estremece en mis manos
el Charles impasible entre praderas
con los puentes del mar viene soñando
![]() |
| Hougthon Library, Harvard Muchas tareas para unos días; pero merecerá la pena, sin duda. Y siempre tendré el problema de si pasar el día charlando con colegas y amigos, paseando en la ciudad o sacando notas y apuntes de la biblioteca. |
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