Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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martes, 17 de diciembre de 2013

Madrid histórico, el escudo y sus lugares


Escudo en la puerta lateral de San Pedro el Viejo
Me gustaría no sé si matizar o corregir algunas de las noticias más difundidas sobre el escudo de Madrid, que terminan en Wikipedia –que suelo utilizar con suma desconfianza, desde que vi que me había dedicado una entrada con datos parciales, tendenciosos y, en caso, falsos.

Edificio en la C/ Concepción Jerónima,
con escudo arriba
El escudo se estiliza en efecto en un oso y un árbol, que casi siempre se ha identificado como "madroño", aunque hay quien lo niega. Como muestras viejas se ha localizado en la llamada Casa del Pastor de la Calle de Segovia, en otro edificio de la calle Concepción Jerónima, en la Fuente de la Alcachofa (del Retiro) y luego ya, modernamente, por todos lados. Los restantes elementos que se pueden ver en el escudo tienen origen y circunstancias diversas, el más evidente el de la corona imperial de siete estrellas, al conceder Carlos I a Madrid el título de "coronada e imperial".

escudo de Madrid
en la llamada "Casa del Pastor"
de la calle Segovia
Ya que hemos objetado a Wikipedia, que suele cumplir su misión, vamos a compensar y citar el párrafo en el que describe cómo el escudo se perfecciona en 1859:

En 1859 se estableció el primer escudo de la villa desde la constitución de los ayuntamientos constitucionales. Se componía de dos cuarteles y manteladura. En el cuartel la derecha, sobre campo azur, se encontraba la figura de un grifo de oro. En el de la izquierda, sobre campo de plata, un madroño sinople con frutos de gules y un oso empinado a él, lenguado de gules. El terrazado era sinople también. En la bordadura del cuartel de azur, se encontraban siete estrellas de oro de cinco puntas. En la manteladura, sobre campo de oro, se encontraba una corona cívica, concedida a la villa de Madrid por las Cortes Españolas en un decreto promulgado el 27 de diciembre de 1822, durante el trienio liberal. La corona cívica estaba formada por un trenzado en guirnalda de hojas de roble y una banda carmesí.

Maqueta de San Pedro el Viejo
en el Museo Municipal sito
en el viejo Paladio de Paredes
(en el Humilladero, Madrid)
Lo que luego se siguió matizando (en 1967 y 2004 sobre todo), aunque en esencia el origen sigue siendo el del oso, que es lo que figuraba en el estandarte –el pendón– de las gentes que provenían del concejo de Madrid (y ya consta desde el siglo XIII). La figura del oso –que estaría, en efecto, en las montañas de los alrededores de Madrid– suele apoyarse en los árboles para obtener frutos y colmenas, de modo que terminó por aparecer un árbol en el que se apoyaba, del que pendían frutos rojos, identificados como madroños, a su vez identificado como árbol de la zona. El madroño, que luego se ha plantado por doquier, es de raíz corta y débil, se lo lleva el viento con facilidad, no suele ser apto para montañas. 

  
San Pedro el Viejo visto desde el arranque de la calle
del Principe de Angloma, en la Plaza de la Paja
Puerta lateral de San Pedro el Viejo, con el escudo de Madrid (que se reproduce arriba)
Lo que quisiera enmendar o matizar son dos cosas, una artística y la otra literaria. Creo que la imagen más antigua y quizá fiel del viejo escudo de Madrid es la que se ve todavía hoy al pie de la torre de san Pedro el Viejo, en la fachada lateral derecha –según se mira a la puerta principal–. Y creo que el texto literario más fiel y antiguo sobre Madrid y su escudo es el que podemos leer en El buen plazer trobado.... de Juan Hurtado de Mendoza, cuya portada y algunos de sus emocionados versos a Madrid reproduzco. Y el poeta madrileño, antes de 1550 –todavía no ha muerto el Emperador, el libro se imprime ese año– dice bien claramente que el árbol es un madroño. Copio y reproduzco varios de sus poemas a Madrid, en uno de ellos –abajo– comenta cómo es el escudo.

Tengo que avisar que a los dos ejemplares de la edición de esta obra en la BNE se las ha arrancado el escudo y que en el digitalizado para la Biblioteca Digital Hispánica –el de Usoz– no consta, lo que puede provocar confusiones. Sus datos: Buen plazer trobado....; Alcalá de Henares, Ioan de Brocar, 1550 (BNE R.12874 y U/10734; también fue editado en facsímil por la prestigiosa colección de “La fuente que mana y corre....”, en Cieza  (BNE 1/240976).
Madroños con fruto (ayer) en El Retiro
Soneto del autor a la misma Madrid, por donde le dirige esta troba llamada Buen plazer y ofrece su musa al amor y vela en sus loores

Al buen Endymión de amor prendado
dizque cativamente enamorada
la luna y en su sueño desvelada
le amava como a prez de amor preciado.
Yo a vuestro bel Madroño coronado
y fiera en siete estrellas figurada
miro con atención aficionada
en orla azul y campo plateado.
En tanto que agradaros más merezco
y discantar del fin y fundamento
de vuestro escudo antiguo y su mejora
con un crecido amor y acatamiento
mi buen plazer trobado allá os ofrezco
en prendas de la fe que en mi alma mora.





viernes, 16 de marzo de 2012

Paseos por el Madrid histórico: San Pedro el Viejo




Quevedo sitúa las primeras escenas de uno de sus sueños, El alguacil endemoniado, en las gradas de San Pedro, probablemente las mismas gradas viejas de la fachada actual; y luego escenifica en la sacristía charlas con el licenciado Calabrés. Todo ello muy interesante, por más que una tradición –probablemente inventada por Castellano, un erudito del siglo XIX– identificaba al protagonista con un párroco de San Pedro especializado en exorcizar demonios.  Un testamento de clérigo de san Pedro he encontrado en el AHPM, el de Juan de Barreda (clérigo beneficiado, en 1586, prot. 798).
.

San Pedro había sido una de las viejas parroquias del Madrid medieval, hasta el punto de que la tradición señala que se edificó sobre alguna de las ermitas, al borde de la morería, como ahora está todavía, claro, incluso con la inclinación del terreno evidente en los terraplenes que bajan a la calle Segovia o en la calle del Nuncio, en cuyas escalinatas, en las terrazas que instalan, cuando llega el calor de agosto, los mojitos nocturnos son memorables. Se llamaba "el viejo" porque su primitivo lugar era inicialmente más pegado a las murallas y probablemente dentro, a unos cien metros de la ubicación actual; y ese viejo se convirtió en "real" cuando –también está documentado– a mediados del siglo XIV el rey favorece su nueva construcción con motivo de la toma de Almería.

La iglesia actual es del siglo XV –cabecera nervada de la nave de la epístola–, con portada renacentista de 1525. En la cabecera de la nave izquierda está la capilla de Francisco Luján (la hizo construir en 1570). También conserva incrustadas en pilares varias lápidas que recuerdan fundaciones, capillas y enterramientos. 
maqueta de San Pedro en el Museo Municipal
(Palacio de los Conde de Paredes)
Los viejos historiadores recuerdan que es la Iglesia que llamaba "a nublo": la que avisaba a los labradores que en la vega faenaban que se acercaba tormenta. Y lo hacía con una famosa campana, gigantesca, que terminó por caerse (a comienzos del s. XIX se sustituyó). Las tradiciones unidas al sonido de la campana o a las imágenes de San Pedro no faltan. He aquí una tardía (AHPM, p. 3835): ".... el domingo 18 de enero de 1643, la archicofradía del Sacramento de San Andrés sacó de  iglesia de san Pedro desta villa la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Concepción y la colocó en la iglesia de San Andrés. Y este mismo día se publicó la caída del Conde-Dique". Baena, en efecto, habla de una imagen de Nuestra Señora de la Concepción en el altar mayor; y que la imagen del Cristo de las lluvias está en una capilla pequeña al pie de la Iglesia. Añade que allí está la Venerable congregación de San Pedro de sacerdotes naturales de Madrid, que había fundado Gerónimo de Quintana en 1619; antes había estado en San Justo (hasta 1624), luego en San Miguel (hasta 1639), y luego en la capilla de los Lujanes de San Pedro; hasta que en 1668‑70 se labró su propia capilla, en el lugar que antes ocupaba el cementerio de la parroquia.   En AHPM 16568 –antes del índice– se puede ver la estampa de San Pedro Apóstol que se venera (1748) en dicha congregación. En 1561 se hacen unas andas (AHPM, p. 647, 150). Hay entierros de corregidores (en 1563, p. 322),  dotaciones y memorias de indianos (en 1570, 1583...; p. 389, p. 994). En 1587 se hacen una capilla Isabel de la Cerda (p. 422, f. 285) y su marido Francisco de Luján), capilla y enterramientos que se cuidan y prosiguen (p. 1607, 8 febrero 1591) con nuevas circunstancias, en este caso, por ejemplo porque Isabel de la Cerda no se hace cargo de los gastos en las obras de la capilla.
El Cristo de las lluvias estaba al pie de la iglesia, puede ser el que se encierra en una capilla, puede ser ese tan dramático que yo he fotografiado, no lo sé; cuando he acudido a visitarla por última vez se hallaba atiborrada de fieles que besaban a todo lo que se ponía por delante (los pies de un Nazareno, el manto de la Soledad, los pies de este Cristo....) y no era cosa de distraerle de sus devociones. Puede ampliarse la noticia en Cristóbal Marín Tovar: “La capilla del Cristo de las Luvias en la iglesia parroquial de San Pedro de Madrid” en Madrid: Revista de arte, geografía e historia; Comunidad de Madrid, 2 (1999),  587-601.

La iglesia hoy es un verdadero disparate arquitectónico, llena de jorobas, quiebros y pegotes, en donde será difícil distinguir lo que hizo Herrera Barnuevo, que fue hacia 1660 el encargado de remodelarla, lo que luego se acometió varias veces más. Desde dentro –está encalada– se distinguen elementos arquitectónicos muy mezclados, los más interesantes, domo dije, el trenzado gótico de una bovedilla de la nave de la derecha. No pude entrar en la sacristía, en donde el diablo departió con Quevedo. Bajaba y era estrecha, o sea que sí que tenía aire de tugurio infernal.
Sin embargo, por fuera, el barrio ha recogido sus jorobas y ha enmarcado con gracia su esbelta torre de ladrillo, que se ve desde casi todos los lados. Ya no es, como antes, el lugar preferido para los enterramientos de las familias madrileñas de postín (Luján, Vargas, Castro, Luzón....), cosa que fue perdiendo según avanzaba el siglo XVII, para quedarse en eso, en parroquia de barrio, que fue acogiendo paulatinamente, después de la congregación de sacerdotes de Madrid, otras que nos traía la historia, la de la Concepción, la del Rosario, la de la Soledad.... Durante los siglos XVII y XVIII el barrio se abeata , sin duda, y San Pedro se va achicando y convirtiendo en iglesuca de cofradías de barrio, entre las cuales pervive la de la Soledad, con su nazareno, para llevarla durante Semana Santa se hace cola y se paga una cantidad penitencial. Cuando yo quise hacerlo, ya estaban todos los puestos cogidos. Vaya.
Muchísima información documental se almacena en el AHN; más dispersa está la del AHPM. En ambos casos lo que observamos es cómo venía siendo lugar preferido de enterramientos de las grandes familias rancias: en 1541 Inés de Frías se entierra en la sepultura de su marido Hernando de Luzón (prot. 119); en 1563 Juan de Vitoria se entierra en la capilla de su bisabuelo (AHPM, prot. 332); en 1585 se entierra Juan Arias de Ávila y su mujer Leonor de la Vega (prot. 995) aunque tampoco faltan los mandas y enterramientos de los indianos Gaspar Arias de Ávila, indiano de Guatemala, tiene un censo sobre una capellanía en 158 (prot. 994); la viuda de Francisco de Luján, Isabel de la Cerda, se hace capilla en 1587 (prot. 422), capilla que va a colear y unos años después terminará en pleito, porque Isabel no paga al platero Blas López (en 1591, prot. 1607).
Observo también el enterramiento de artesanos, como el alarife Juan Luis en 1572 (prot. 656); y algo más tarde de gentes de otra extracción social, como un ministril de su majestad (en 1623, prot. 3180). He detectado también el trabajo de un escultor, Vicente de Espinosa (en 1561, prot. 647), y muchísima actividad de las cofradías, cuyos libros se pueden examinar en el AHN y a través de sus actividades tomar el pulso a alguna arteria de la vida madrileña durante trescientos años.


En cuanto al escudo de la puerta sur: es uno de los primeros, de verdad antiguo (anterior a 1500, probablemente) que recoge  el escudo de Madrid y en el que se asocia el oso de los viejos pobladores y cazadores –siempre hubo osos en los monte de los alrededores de Madrid– al de los agricultores, el madroño, como arbusto también típico. La foto, con la que termino, conjuga todo: la vieja parroquia, con el escudo de Madrid, el portalón sobre la plaza en el que una mendiga –es de un país del este– pide limosna una fría mañana de marzo, esperando la salida de los fieles.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Paseos por el Madrid antiguo (I)


Me piden algunos de mis alumnos que les enseñe y les pasee por el Madrid viejo, fundamentalmente el de los Austrias; de manera que desempolvo apuntes, papeles, fotos y visitas para organizar algunos paseos que quepan en un par de horas. Ya hay cosas bastante nuevas:  el viejo y hermoso plano de Texeira ha sido reeditado cumplidamente por María Isabel Gea para organizar itinerarios; en su momento —en este mismo cuaderno, arriba– alabé la 2ª edición de esta obra, y aconsejé que se utilizara el callejero de hacia 1650, manuscrito inédito de la BNE, lo que creo que no se ha hecho. Fue transcrito por Roberto Castilla; creo que por gentileza de su autor tengo un ejemplar de la transcripción, no estoy seguro, pero siempre se puede acudir al original.

También se han exhumado multitud de fuentes nuevas o se han organizado de modo diferente: el archivo histórico de protocolos, el libro sobre el paradero de las fuentes documentales que publicó la UAM, esa maravillosa monografía “Madrid. Atlas histórico de la ciudad”, que tuve el honor de presentar en uno de los últimos seminarios de Edad de Oro, al lado de don Alonso Zamora Vicente; el repertorio de fuentes que existe en la sala Goya de la BNE.... Mucho, muchísimo. Ya lo iremos diciendo. Y luego está la red, con su abrumadora información, que mantiene el enigma de si lo que aparece en pantalla es información cabal, bien asentada, o procede de información falsa dada por correcta. Yo suelo utilizar, por un lado, esas fuentes documentales viejas (incluyendo el Ponz, Elías Tormo, las viejas guías...) y por otro lado determinadas fuentes modernas serias (la guía oficial de arquitectos de Madrid,), además de los anecdotarios de Répide y demás (Ramón Gómez de la Serna, Pedro Laín Entralgo....)  Sobre ellas inserto datos puntuales de obras históricas o literarias; por ejemplo comedias de Tirso y de Lope.
Todavía y por tanto, al rehacer la información que se tiene sobre una fuente (lugar, objeto artístico, hecho histórico, personaje...), aconsejo buscar siempre la primera noticia, de dónde ha partido, en qué documentación se basa, cómo se ha trasmitido. Solo con esa operación de cautela podrá uno estar seguro de no contribuir a la difusión de leyendas, invenciones, interpretaciones correctas; por ejemplo:

¿Es verdad que el craneo de Pedro el Cruel sirvió para jugar a la pelota, desenterrado de Santo Domingo el Real?
¿Dónde está el cuadro de la Inmaculada de Murillo que había en el viejo convento de Santa Isabel?
¿Es verdad que desde los balcones de la plaza de la Paja, al lado de San Andrés, el Cardenal Cisneros señaló a los cañones y dijo “esos son mis poderes”?
¿Dónde se encuentran los papeles del viejo convento benedictino de San Martín?
¿Es cierto que los restos de Velázquez están bajo el asfalto de la plaza de Ramales?
Cuando uno cena –es muy caro– en el Restaurante de la Plaza del Oriente, en la planta baja, ¿es cierto que cena en la cripta de la vieja parroquia de San Gil?
¿Dónde asesinaron a Escobedo¿ Es cierto que desde una ventana de por allí se descolgó y escapó Antonio Pérez?
¿Murió Bécquer dónde dice la placa, en la calle Claudio Coello?
¿Por qué se llama Paseo de Recoletos?
¿De verdad Gabriela Mistral vivió en una casa frente al Retiro?.....


Bueno. A muchas de estas preguntas solo se contesta por curiosidad histórica, que no sé si enriquece mucho nuestro mejor conocimiento del Madrid viejo; en su conjunto permiten reconstruir la red cambiante y múltiple del viejo Madrid.


Nuestro primer paseo nos va a llevar a la cuna de la capital, es decir, a la sede del viejo Alcázar (¿nos dejarán entrar en el Palacio Real, para husmear en el archivo y la biblioteca?; voy a pedir ayuda a algún colega), desde donde, si nos da tiempo, saldremos a la cuesta de la Vega –ojalá la luz sea la velazqueña–, para hablar de la imagen de la Virgen allí escondida y de la leyenda;  y pasearemos por donde iba la muralla (algo queda cerca de los “botellones” de la Calle del Almendro), para “desaguar” por las Cavas, hacia extramuros, la morería y la plaza de la Paja, la más antigua de Madrid, la única hasta 1619, tierra de francos, para terminar en San Pedro el Viejo –el de los Sueños de Quevedo–, el que llamaba a “nublo” a los campesinos y que, todavía, además de los restos de su torre mudéjar, conserva el escudo de Madrid.


Reservaremos el segundo paseo para los monasterios de la Encarnación  de las Descalzas, con sus alrededores.
Pediré a cada uno de los paseantes que se lea alguna de las guías o fuentes, para comprometernos todos en la tarea.
Y lo iremos contando. Bueno, contaremos lo que se pueda, porque al final del paseo, naturalmente que pediré alivio al guía con alguna tapa bien regada.