Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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lunes, 26 de diciembre de 2011

Portulanos y cartas de navegación para Quevedo


Portulano de Battista Agnese, 1544






Voltius, 1592


Una de las cuestiones que no he podido dirimir de modo convincente es la de los viajes a Italia, sobre todo lo que Quevedo hizo (1613-1619) o los que se hacían entonces, durante los virreinatos de su señor el Duque de Osuna. Confieso incluso haber hecho yo un par de veces esos mismos viajes, incluso haber punteado con alfileres mapas de la época señalando los lugares que asoman en el CODOIN (la colección de documentos inéditos, que publica en unos cuatro volúmenes todos los despachos entre Sicilia/Nápoles y Madrid durante el periodo de Osuna. En algunos lugares frecuentemente citados, como Ótranto, lugar de novelas inglesas del s. XVIII, por ejemplo, he llegado hasta ver los mapas de fortificaciones a comienzos del siglo XVII (se guardan en la BNE, sala Goya). Así las cosas, pensé que el primer paso era hacerse con cartas de navegar y portulanos ('mapas de puertos') de la época. Así me explicaría por qué Quevedo baja gasta Cartagena para embarcar; o por qué otras veces prefiere el camino de los Pirineos, ¡pasando por Toulouse!; o por qué para varios días en Niza (eso se sabe por cuestiones más históricas que geográficas, desde luego).
Mapa portulano de Joan Martines (1587) 





















Relacionado con el problema de los viajes andan varios otros aspectos, a uno de ellos me gusta referirme como "lo que viene y lo que va": ¿cuándo llegaron los cuadros de la Ribera para la Colegiata de Osuna? ¿Vinieron en el barco de Quevedo? ¿Y la estatua ecuestre de P. Leone, a la que nuestro autor dedicó un soneto?.... El trasiego artístico se refina aún más cuando de todos estos objetos pasamos a los más menudos y personales: ¿Por qué hay una manuscrito en su mayor parte autógrafo de las poesías de Quevedo –sobre todo de las silvas– en la BN de Nápoles? Y esa copia –que no me dejaron ver– de un "Discurso de las privanzas", ¿qué hace en Sicilia? 
Portulano de Vasconte de Maiollo, 1535
Ahora que estoy volviéndome a plantear un "Quevedo en Italia", que será también el que expondré en próximo seminario, en Pisa, ante mis colegas italianos, todas estas cosas, entre otras muchas, se me plantean con pincel fino, pues con brocha gorda en algunos casos hube de tratarlas hace años, al completar una biografía de Quevedo. En la mayoría de los replanteamientos he podido avanzar en la investigación y el conocimiento; en otros, jóvenes colegas, investigadores locales, pesquisas posteriores, etc. me han ayudado o serán los encargados de proseguir este itinerario, que remacho ahora con los portulanos y cartas de navegación que mejor armonizan con la inquietud viajera de aquellos años. La última carta, por ejemplo, un maravilloso mapa manuscrito de la BNE creo que no se ha utilizado nunca o casi nunca. Los otros, son muestra importante que jalonan los años posteriores, hasta comienzos del siglo XVII.

Carta de navegar del siglo XVI (ms. de la BNE)





miércoles, 23 de noviembre de 2011

Mañanas en el Archivo

[A Mercedes Sánchez ("merceditas"), estas notas de investigación]


Entre las muchas deformaciones profesionales que ya no puedo corregir está la de los archivos, particularmente los archivos históricos de protocolos, que suelen llevarte a rincones íntimos de épocas históricas diversas. Normalmente –y durante este año– hago mi recorrido de archivos los miércoles por las mañanas, día en el que no tengo clases en la universidad, y voy recopilando pacientemente las noticias, los documentos de unos cuantos temas de mi cartera profesional: Quevedo, el Conde de Villamediana, la historia de Madrid, Luisa de Carvajal.... aunque bien es verdad que con mucha frecuencia me atasco o me pierdo en los mil asuntos que aparecen por todos lados. Hay que comedirse, porque ¿cómo no ponerse a leer aquellas caprichosas cláusulas del padre fray Jerónimo de la Encarnación, que en 1635 vincula a su mayorazgo nada menos que un "pedazo de costilla de la dicha santa madre"   Teresa de Jesús? (AHPM, p. 5370). El trasiego de reliquias, a que tan aficionado era el rey Felipe (II), es extraordinario, y no afecta solo al último tercio del s. XVI. Todavía en 1632 cuando el joven infante don Carlos –el hermano de Felipe IV– agoniza en Palacio, allí le llevaron, "entre otras muchas", las imágenes de Nª Sª de Atocha –esta va siempre– la del Rosario del Convento de Santo Tomás, las de la Iglesia de las Maravillas, la de la Merced que estaba en San Ginés, así como los santos cuerpos de Francisco de Borja y San Isidro Labrador.... (AHPM, p. 3829). El estrafalario coleccionista Juan de Espina, al morir, en 1639 (AHPM, p. 7672) tuvo buen cuidado de enumerar algunos de sus bienes: guardaba, entre otras perlas, los últimos objetos que se manejaron o se vieron en la ejecución de don Rodrigo Calderón, entre ellos la cuchilla con que se le degolló: avisa que es la más grande de todas las que hay en el arca. Son curiosidades que a veces me llaman la atención por su conexión con detalles de la vida de alguno de mis temas de cartera: Quevedo, amigo de Juan de Espina, enumeró en su testamento el sudario de Santa Teresa, por ejemplo, y como es  bien sabido, narró la muerte de Rodrigo Calderón, que por otro lado era corresponsal de Luisa de Carvajal, a la que enterró en primera instancia en el convento de Portaceli de Valladolid, cuya fundación se puede seguir en p. 1615 (AHPM). Ya he publicado en este "blog" la recuperación del cuerpo, por orden directa del rey, para que se llevara a la Encarnación, donde ahora está, aunque en ese caso el documento original se encuentra en los archivos del Palacio Real, a donde también me gusta ir, los viernes, algunos viernes. En 1622 en otros documentos (AHPM, p. 4422) se trata de vender ese patronazgo, dañado, desde luego por el trágico final del marqués de Siete Iglesias. La cadena es muy complicada y se alarga continuamente.



La cosecha de cada día es tan numerosa que el investigador ha de comedirse para no perderse en la marea de la historia: ¡si resulta que Goya compró una casa en 1800! (AHPM, p. 21394) que hacía esquina a la calle del Desengaño con la calle Valverde; la placa madrileña le sitúa semiesquina a la costanilla de Santiago; y que a las espaldas de las casas que tenía Pedro Vergel –denostado por Villamediana– se levantaba el convento de las carmelitas (plaza de Santa Ana, por el nombre antiguo), cuya fuente estaba inundando aquellas viviendas (AHPM, p. 3347 y p. 4903). Por aquellos mismos años, en 1617, el Cardenal de Toledo regalaba la finca de "La Florida", riberas del Manzanares, a su sobrino el Duque de Lerma (AHPM, p. 2302), estaba en el lugar que llamaban "del molino quemado". ¿Algo que ver con La Florida actual? No sé... Demasiadas noticias. El famoso Juanelo Turriano –el que subió el agua del Tajo a Toledo– tenía un hijo "mínimo" en el convento de la Victoria (en 1602; AHPM. p. 2766), ninguna de las dos cosas le han permitido escapar de la cárcel, porque le pillaron cazando en los montes reales; quizá conoció allí a Miguel Rey, el "padre" de la mancebía, acusado de quedarse con una comisión excesiva de las prostitutas (AHPM. p. 750); que, por cierto, aunque ahora lo nieguen, también se recogían en Santa Isabel, la actual iglesia del opus, que no me han dejado ver. 
Algunas me llegan cuando ya he redactado y difundido en este blog lo que tenía antes. Por ejemplo, ese empeño del Duque de Osuna porque le enterraran en San Felipe, en los agustinos (ya hay una entrada en este blog sobre San Felipe), ¿se llevó a cabo? Porque no lo dice en el reconocimiento del codicilo (AHPM, p. 2235), cuya   "disposición" dejó de su puño y letra sin acudir a notario, ya que la enfermedad no le dejó terminar de testar, y que su hijo el Marqués de Peñafiel llevó –un par de hojas autógrafas– ante notario, en 1624. 
¿Y las placas que ahora atiborran las fachadas de Madrid? Veo la de Saavedra Fajardo cada vez que voy –todos los lunes– a la Biblioteca Nacional de España; la plaza se refiere sin duda a unos pocos años finales, cuando allí se levantaban los otros agustinos –los recoletos– para los que Quevedo escribió e imprimió por primera vez una obra, el Epítome a la vida de Sto Tomás de Villanueva. En realidad Saavedra Fajardo tuvo sus primeras casas en las afueras, en Colmenar (AHPM, p. 2712), y luego una vida muy ajetreada como diplomático.
En fin, a veces voy al archivo con algunos de mis alumnos –cuando sus ocupaciones se lo permiten– y les intento enseñar el manejo de ese precioso lugar, que en Madrid está a  espaldas del Museo del Prado, y bastante necesitado de soporte y ayuda. Cuando termino la jornada, me traigo fotocopiados algunos de los documentos que más me han interesado. Hoy lo he hecho, verbo y gracia, con el mentado testamento del duque de Osuna y con el contrato de venta del Padre Mariana de una edición de su historia de España, "en romance", en 7 de abril de 1606. Siempre me interesaron esos años del jesuita, que es cuando traba algún tipo de relación con  Quevedo. Por cierto, un poco cara esa historia (35 reales cada historia) y la letra un tanto endiablada (AHPM, p. 2435).
Todos estos sitios suelen estar semivacíos, casi desiertos, aunque en épocas de vacaciones se ve que acude algún investigador extranjero. ¿Ya no se trabaja con fuentes? Me han pedido hoy una colaboración para El Cultural de El Mundo y me lo he preguntado, porque ese viejo modo de trabajar está relacionado con procesos de digitalización que podrían vaciar archivos y bibliotecas. En otro momento seguimos.
Vamos a terminar con una nota moderna, una de las muchas referidas a ese admirable varón que fue López de Hoyos, el maestro de Cervantes, de quien todos hablan con respeto y que, al cabo, en 1576, quiere retirarse a una finca y casa cercana, a leer y meditar mirando al Manzanares.


Primera hoja del contrato aludido, que arranca con la fórmula (modernizo la transcripción):

sepan cuantos esta carta de obligación / vieren como yo Luis Sánchez, im/presor de libros, vecino de la villa de Madrid obligo por esta carta que debo e me / obligo de pagar y que pagaré al padre / Joan de Mariana / de la Compañía de  / Jesús, morador de la casa de la compañía / de la ciudad de Toledo o a quien  / su poder hubiere es a saber cuatro / mil reales de plata castellanos / de a treinta y cuatro maravedíes / cada ybi..." (etc.)

Son 114 historias, a 35 reales cada una. El documento tiene tres hojas, formularias, al cabo de las cuales no consta la firma del padre Mariana.

domingo, 26 de junio de 2011

Fondos quevedianos en la Biblioteca Nacional de Nápoles


Dos perspectivas de la entrada a la BNN, desde el llamado "jardín romántico"
Museo Arqueológico Nacional
El enunciado de esta entradilla es un poco pretencioso, pues la biblioteca posee una enorme riqueza, en su mayor parte todavía sin explorar y yo lo que he hecho ha sido –en unos cuantos viajes cortos– anotar lo más importante. Como no existe un catálogo de manuscritos actualizado, quizá mis notas puedan ayudar al próximo investigador a iniciar la tarea, que yo le aconsejo que vaya cubriendo con ayuda de personas cualificadas, sea bibliotecarios de aquella institución, sea de las universitarias que allí trabajan, particularmente de Encarnación Sánchez –profesora de la universidad de Nápoles– y de su equipo de investigadores.

Interior de la Escuela de Bellas Artes
Los viejos catálogos de manuscritos, que yo he podido consultar, contienen una información impagable, pero hay que recorrerlos de modo artesanal –aunque tienen índices, también artesanales– y en muchos casos la información que suministran se ha quedado anticuada; por ejemplo, dan como inédita y desconocida una obra manuscrita de Campanella (el ms. XI.E.23, Monarchia di Spagna; p. 251 del cat., "es a credere inedito"), publicado hasta en sus ediciones de OC; claro que ya no he visto si este manuscrito se ha manejado y situado como fuente). 

Los catálogos que se enumeran ocasionalmente en mi listado no agotan el tema, son sencillamente algunos de los que he ido encontrando, así el primero de ellos:
Carlo PADIGLIONE, La Biblioteca del Museo Nazionale nella certosa di S. Martino in Napoli..., Napoli, 1876.

Patio del Conservatorio de música
Todas las referencias son a manuscritos; recuerdo que en entrada anterior he dado noticia del expurgo y noticia de impresos que ya están haciendo los investigadores napolitanos, dirigidos precisamente por Encarnación Sánchez.

ð ACADEMIAS. Regole dell´Accademia degli oziosi..., ms. Bran- V, D. 14 
ð Arme di alcune famiglie napolitanae..., Bran., III, 6, 16.
ð AVVISI DI PARNASO. Raguaglio... sopro el movimiento dell´armi di Spagna contra el Duca di Nivers. Bran.-, V-E, 3.
ð  BARONIO, Cardenal. La polémica del Cardenal Baronio y el Cardenal Columna, en la obra del primero Tractatus de Monarchia Siciliae..., Parigi, 1609. Autentifica con su firma la carta el propio Cardenal Baronio en el el ms. l, 105. Y véase Epistola ad Regem Hispaniae, Bran.- IV, B, 13.
ð BONA, Obispo de. Copia de una carta [que] vino del Obispo de Gaeta para don Juan de la Sal, Obispo de Bona... 26 de junio de 1620... sobre la marcha del Duque de Osuna. Branc.-, 1, 113 (325).
ð CAMPANELLA, T. Discorsi a Principi d´Italia che... non debbano contradire alle Monarchia di Spagna..., Bran.-II, A, 20 (y el mismo, en español: Bran.- II, F, 5).  

Entrada y escalera al Palacio Real (la BNN forma parte del conjunto)
ð CARAFA, Decio: Relatione d´alcue cose della vita di... Card. Carrafa..., Bran.-II, C, 1.

ð CASTALDO, padre Andrés. Una de las eminencias del Nápoles virreinal, con una importante obra sobre la historia de la ciudad, era “preposito della chiesa di San Paolo Maggiore di Napoli”, y se corresponde con Osuna (ms. N 356-7 y N 160), que derivaría las cartas a Quevedo. Véanse unos Annali di Napoli en Bran.- 1, E, 9.
ð CATALUÑA: Relatione di Spagna fatta da un ambasciatore per Venetia in Madrid dal principio del regno di Filippo IV alla ribellione di Catalogna..., Bran. IV, B, 11
ð CERIMONIE. Avvertenze e formole relative al cerimoniale specialmente in Napoli al tempo degli spagnoli. Bran.- III, D.6

Detalle de la puerta del Castillo (Castil-Nuovo)
ð CERVANTES. Vita di Michele Cervantes. Bran.- III, A, 2.   

ð CUEVA, Alfonso de la: Relatione delle cose di Venetia... 1621. Bran.- IV.A.1
ð FETNIO, Horatio: Conatus initis Petri Gironis Osunae Ducis en a Regimine neapolitanae regni amoveretur..., Branc.- III, C. 14.
ð GIUSTINIANO, Benedetto. Lettera de 7 de marzo de 1614 relativa all´astrologia giudiziaria..., Bran.- V-D-14
ð Guerra tra Spagna e Savoja nel 1617. Bran.-IV.E.7
ð MESSINA. Copia d´una lettera della Beata Virgine scritta ai messinesi..., Bran., III,D, 6.
ð PAGANO, Valerio: Compromesso in nome di Parecchi nobili contra el Duca Ossuna..., carta en 2 f., Branc.-, 1, 112 (284).


ð PARLAMENTO GENERALE... Los originales ocupan siete vols. ms. de la Biblioteca. Bran.- 5-B, 4-9. Los más numerosos entre los que conciernen a Quevedo se encuentran en el vol. 7. Uno de los electos anteriores para llevar el donativo había sido el Príncipe de Esquilache. El Parlamento venía suplicando que los donativos sia l´imbasadore che l´ha d´apresentare a su M. cavaliero della piazze napolitanae,  lo que discutieron los estamentos populares para que fuera “ciudadano” y no solo “caballero”. 
El vol. 6º narra la entrada oficial del Duque de Osuna (f. 162v) el 21 de agosto de 1616. El 22, lunes, tedeum en el arzobispado. El vol. 7 (f. 147 y ss.) recoge el Parlamento extraordinario, el 4 de agosto de 1621, reunido por el Cardenal Zapata “per un servicio di 13000 docati fatto dal Baronaggio alla maestá del Re Filippo 4º, N.S.” Aunque casi siempre se decía que era en el lugar acostumbrado, a veces se señala que re reunían: “Il lunedi 3 di maggio anticipando un poco l’hora si ragunarono i ss. eleti in San Lorenzo... (f. 113v) El relevo del Cardenal Borja por el Cardenal Zapata se recoge en 132-4, el 25 de octubre de 1620. Las cuatro cartas que he recuperado de Quevedo son de 2 de 1617 y 1618, en Madrid. Su historia es bastante confusa, pues se trata de las cartas que Bustamante citaba en su Historia (en el vol. de Espasa-Calpe de la vieja Historia de España que dirigía Menéndez Pidal), y que luego, al parecer, publicó en un opúsculo (Santiago de Compostela, 1934) que yo no he visto y en el que se apoyó Astrana para copiarlas, como inéditas. Bustamante las encontró hacia 1920. Astrana nunca vio estas cartas; y yo las había buscado infructuosamente, porque los archivos que citaba Bustamante –eso me decían– se habían destruido durante la segunda guerra mundial. Curiosamente la fuente de Bustamante no son las Actas de este Parlamento, en donde tienen el carácter de originales, desde luego. En este mismo blog publicaremos los originales y su transcripción fiel (que es bastante difícil) para dar por asentado y establecido definitivamente el problema.

Cartuja de San Martín
ð Relazione di Spagna..., Bran. IV-B-13.
ð Relazione di Spagna... [en español], Bran.- IV-b-19. Otras relaciones interesantes en XI.1.6 (p. 287 del cat.)
ð Relación... dinero... galeras..., Bran.-II, C.5
ð SAL, Juan de la....V. BONA, Obispo de
ð TARSIA, Antonio de: De S Joannis Baptistae humanae salutis Prodomi Laudibus oratio Panegirica... Se trata del original del panegírico, publicado en Nápoles en 1643. Ref. 367 del Cat.
ð TURCOS. III, D, 6 // III-a 10// 1, E, 4// II, F, 2// II, a, 10// III, A, 2// VII, B, 13// II, A, 17//,  etc.

El Vesubio desde San Telmo, en primer plano, La Cartuja de San Martín
Viglieti del Duca agli Eletti.... risposta.... 1617-1620; en donde también se habla sin tapujos de la sublevación intentadas por el duque de Osuna a la llegada del Cardenal Borja.
ð ZAZZERA. Giornali..., Bran.-VI, A, 13.

Nápoles desde el castillo de San Telmo
Manuscritos de varios
ð En el ms. XI.B.31, de papeles varios, además de varias cartas procedentes de Madrid de 1644, que no he podido ver todavía, la copia del memorial que por parte del Duque de Osuna se dio a su majestad en Lisboa a 12 de julio de 1619, sobre el tiempo que gobernó en Sicilia (f. 490-5 y 496-505).
ð En el ms. xi.A.22 Cartas de Felipe II, 20 cartas, a virreyes, nobles y demás entre 1560 y 1596. ¿Alguien las ha controlado?

Almenas y cañones en Castil.Nuovo
Para que la entrada no resulte tan árida, la he adornado con algunas fotos inéditas de Nápoles, en donde "inéditas" quiere decir tomadas por mí y no empleadas en ninguna otra ocasión.




lunes, 6 de junio de 2011

Libros sobre libros, el s. XVII y la imprenta en Nápoles

No queda completo el panorama quevedesco si no doy cuenta de los libros que me han guiado en mis búsquedas bibliográficas, para el siglo XVII napolitano. Como es una tarea que felizmente ha emprendido Encarnación Sánchez –sobre el siglo XVI y el s. XVII– al frente de un equipo de investigación que se extiende más allá, creo recordar que hasta Sicilia, pues empezaré por la noticia ilustrada de su libro sobre Imprenta y cultura en la Nápoles Virreinal...., al que acompañaré de tres más, pues no se trata de dar una bibliografía. 

El de las Relazioni.... es colectivo al cuidado de Salomé Vuelta García (Olschki, 2004); y el de Leggere.... es del 2005. De un año antes es el de Encarnación Sánchez, que debe de servir de base para cualquier indagación posterior.


Su capítulo V pasa revista a los cien libros examinados en la BN de Nápoles y que se imprimieron en ese periodo; aunque no solo es eso, claro; en el capítulo siguiente se habla, por ejemplo, del manuscrito en defensa del duque. Tiene un etcétera muy largo e interesante.

lunes, 30 de mayo de 2011

Papeles viejos de los virreyes



Algunas de las búsquedas documentales me han dado resultado relativo; relativo porque cuando encuentro documentos importantes la necesaria rapidez con la que tengo que trabajar me impide profundizar en la búsqueda, que muchas veces queda señalada e incorporada a los "lugares de fuentes originales". 

En Italia me ha ocurrido varias veces; ya me pasó en la Biblioteca Nacional de Nápoles, me ha vuelto a ocurrir en el Archivo del Estado de la misma ciudad. Para la BN, espero terminar a mi vuelta del sur, en un par de días, el "señalamiento" que hace años hice de varios manuscritos importantes, que no creo que se hayan vuelto a mirar. 




Trabaja ahora en esta Biblioteca un grupo de investigadores, dirigidos por Encarnación Sánchez, que recoge los impresos del s. XVII; entre ellos, Roberto y Laura, dos jóvenes profesores (italiano y española) que me van a poder echar una mano cuando intente moverme de nuevo en el laberinto de esa biblioteca.
El señalamiento y noticia que quería dar ahora es, sin embargo, el de los fondos del inmenso Archivo del Estado, en Nápoles, del que siempre se dice que padeció bombardeos alemanes en 1943. En la primera redacción de esta nota no dije algo fundamental: es un antiguo convento de benedictinos, lo que explica el enorme claustro, las dependencias, etc.
En un edificio enorme conserva materiales, por lo que he podido adivinar, muy valiosos. Bien dirigido por su director, he iniciado la consulta de papeles y terminado por ver unos cuantos legajos (cada uno de ellos de unos 2000 folios) que conservan nada menos que los despachos de la secretaría de los virreyes; he visto sistemáticamente los que cubren los años 1609-1620, periodo de Osuna. Il viglieti originali Segreterie dei Vierre. 
Hay secciones enteras firmadas por el secretario Gabriel Leonardo de Albión; otros muchos son peticiones del capitán Francisco de Castro, más de Francisco de Espejo.... No he reconocido ni letra ni firmas de Quevedo, lo que parece normal, su trato y función no era oficial, sino más familiar y privado.
Tengo la seguridad de ser el primero que he ido pasando esos documentos, y lo digo por conocimiento archivístico, sé lo que pasa cuando se abre uno de esos legajos que no se ha abierto nunca y se empiezan a perder las hojas, a pegarse la humedad de las esquinas, a estropearse las hojas apelmazadas.... Me decía el director, amablemente, cuando me explicaba las normas del archivo que todas ellas venían obligadas por la  falta de personal, de lo que doy fe (solo se pueden consultar dos legajos al día, pedirlos en horas determinadas, etc.) 
Mi Mac me permite, sin transgredir la ley, obtener algunas fotos, con solo apretar el botón, claro. Y he recogido algunas muestras.



Los despachos me daban cuenta de una documentación interesantísima: todo lo que llegaba de ese modo al Duque de Osuna; y lo que llegaba eran tanto cédulas reales –hay muchas, con el sello y la firma del Monarca dirigidas a su "primo" el Virrey–, como lo que pedían las personas que llegaban o pasaban por Nápoles, fundamentalmente capitanes, navegantes, mercaderes, tropa.... que solicitan ayuda, pasaporte, empleo. Un universo increíble desde el que bien se aprecia el trasiego humano de los españoles de la época: Flandes, Roma, Sicilia, Milán...., con noticias que haría falta contrastar en búsqueda sistemática. Por ejemplo en 1619 el Rey advierte a Osuna que Julios César Fontana, ingeniero, está trazando los muelles de Gibraltar y Ceuta (¿es el famoso Fontana de los ingenios teatrales?).
Señalado queda para futuras visitas, o para investigadores en ciernes que anden trabajando el campo.
Cierro las ilustraciones con esta fotografía del patio del antiguo monasterio de benedictinos.









miércoles, 2 de marzo de 2011

El perfil de la medalla de Osuna

Un comentario de un buen historiador a la entrada anterior, sobre la efigie del Duque de Osuna, me ha hecho volver sobre lo dicho, ya que recuerda que el perfil de la medalla napolitana con la efigie de Osuna es la representación usual, está en la monografía de Luis M. Linde, estaba en el cartel anunciador del congreso de Palermo-Nápoles del pasado mes de octubre.... Sin embargo, yo me he resistido a reproducirla como imagen auténtica, porque es un perfil de persona madura, envejecida, y me perturba sobremanera que fuese el que más adelante reprodujo Caraceda en un grabado muy conocido –está en la BNE, por ejemplo–. En fin, que yo tengo para mí que ese perfil es el del II Duque de Osuna, y no del primero. Suministraré todos los datos en cuanto los ponga en orden, dentro de poco. Por ahora, ahí va la moneda, para mejor apreciar lo que acabo de señalar:


Y he aquí las referencias eruditas, para el que quiera averiguar por su cuenta lo que ocurrió:
Cardedera, en la BNE, sala Goya, 15/27/17
Antonio Porriño, Teatro eroico e politico, Nápoles, 1692, p. 64.  Y en la p. 48 está el grabado de Pietro Girón (1582), con el volcán al fondo, de frente, con bigote y cuello almidonados.

martes, 1 de marzo de 2011

El Retrato del III Duque de Osuna

En varias entradas anteriores sobre el mismo tema ha dado noticia sobre la efigie y los retratos del III Duque de Osuna, Pedro Téllez Girón, a partir de búsquedas y pesquisas que me llevaron de un lado a otro, particularmente para ilustrar el famoso soneto de Quevedo al retrato que le había hecho Guido Boloñés. Con los datos nuevos, de Colomer, por un lado, y de María Kusche, por otro, se puede recomponer el conjunto de esas entradas, que, en el estado actual de la cuestión remiten: 
a un perfil acuñado en una moneda napolitana; 
a una escultura en un conjunto urbano de Palermo; 
a dos copias o dos retratos –es lo que voy a señalar ahora como resumen– de la mano, posiblemente, de Bartolomé González.
Extraigo las noticias de la espléndida monografía de Kusche, Juan Pantoja de la Cruz y sus seguidores. B. González, R. de Villandrando y A. López Polanco;  Madrid: Omega, 2007; aunque hay que enmendar algunos datos, el más importante: el Duque de Osuna no muere en 1635, sino en 1625; los restantes comentarios sobre la personalidad de Osuna son lugares comunes más o menos falsos.
Resulta bastante completo el comentario –perdón por la vanidad– que hice en  http://hanganadolosmalos.blogspot.com/2010/12/el-iii-duque-de-osuna-don-pedro-giron.html
con la reproducción del cuadro que me envió el señor Colomer –aunque sigo sin saber quién colocó la asignación de autoría, que se lee, de letrería moderna, en la esquina inferior del cuadro– y las estrofas de Lope.
He aquí lo que dice María Kusche, primero del retrato de la colección Colomer, "este vigoroso retrato de gran calidad, aun siendo mucho más representativo en carácter y tamaño que el del Conde de Añover, conjuga bien con detalles formales y técnicos de éste, con postura, armadura, manos y lechuguilla y se le puede atribuir a Bartolomé González". 
Lo vuelvo a reproducir, para la comparación:




Del siguiente, que es el que reproduzco aquí, dice:
"Procede de la colección Pedro Anés, Barcelona, subastado en mayo de 1884 por Lepke, Berlín y 2006 por Sotheby's como Duque de Montalto, óleo sobre lienzo, 115x98 cm...." Obviamente ninguno de los dos puede ser el de Guido el Boloñés.



lunes, 17 de enero de 2011

La Conjuración de Venecia y Quevedo. Datos simples





El 19 de mayo de 1618 se produjo el comienzo de la llamada Conjuración de Venecia, que ocasionó toda una serie de sucesos que alcanzaron hasta el verano de aquel año, con consecuencias diplomáticas complejas, que ahora no son del caso. Existen muchas reconstrucciones históricas de lo que realmente ocurrió, reenvío a una de las mejor documentadas, de 1980, de Andrée Mansau
porque lo que quería ahora es hacer otra cosa muy simple, al volver a desmentir la vieja leyenda de que Francisco de Quevedo estuvo organizando la revuelta en Venecia, de donde huyó disfrazado de mendigo. En realidad, los hechos históricos –suele ocurrir– son infinitamente más curiosos y complejos que lo que la leyenda nos ha trasmitido; y en realidad se trató de una maniobra del "contraespionaje" veneciano para involucrar al Duque de Osuna y a sus agentes –Quevedo a la cabeza– en la revuelta.

Sin embargo, Quevedo firma gran cantidad de documentos en Madrid por esas mismas fechas, en 1618, los hay de marzo y son muy abundantes los de junio, por ejemplo. Y su firma aparece al cabo con el "ante mí" del notario. No he ofrecido todavía firmas de esos años, de manera que al tiempo que lo hago, muestro con esos datos simples para qué sirve un documento notarial, además de para ejercicio de expertos paleógrafos. 
Reproduzco la firma autógrafa de un par de ellos, entre muchos, todos de junio de 1618.







sábado, 11 de diciembre de 2010

Bartolomé González, sus retratos

Está siendo más que complicada la reconstrucción de la galería de retratos que pintó el vallisoletano (en algún lugar he leído que es segoviano, ¿alguien me lo confirma?) Bartolomé González (+1627), porque atraviesa unas cuantas lagunas y otras tantas confusiones. He estado haciendo investigación de campo en varios lugares, la que comencé en Italia hace un par de meses, me llevó al Museo del Prado, donde fui atendido gentilmente por Mercedes Orihuela –conservadora–; pasé luego por la sala Goya de la BNE –E. Vinatea y Concha Huidobro me guiaron–, tengo solicitados los archivos de procedencias –gracias a Enrique, el amabilísimo y competente archivero de aquella casa–, y he ido en busca de Gabriele Finaldi a la biblioteca del Casón, en donde también me atendieron debidamente y en donde también pude consultar carpetas de archivo.... Pero no he terminado de atar todos los cabos –nunca se atan todos– de manera que estoy como el artificio griego, "in media res", y creo que tendré que volver a retrazar el camino, que es algo que suele ocurrir con este tipo de investigaciones y aclaraciones. 

Un caballero de la Orden de Santiago, ¿de Ribera? (Meadows Museum, Dallas)
El tropiezo mayor es el que motiva estas líneas, pues como yo había sospechado hace tiempo las pinturas pierden, cuando pasan los siglos, parte de su circunstancias, y algunas de ellas tan importantes como la de quién es el retratado. Para el caso que nos ocupa, para el que me ocupa, esa ceguera histórica del cuadro afecta nada menos que: a don Francisco de Quevedo y al III Duque de Osuna, don Pedro Girón. Al no encontrar algunos de los cuadros más importantes que buscaba, deduje que de no haberse quemado, perdido, etc. –en cuyo caso se habría hecho inventario de esa calamidad– podrían ser cualquiera de los retratos de innominados que andan por ahí. Ya nos había ocurrido –a Mercedes Sánchez y a mí– hace tiempo con ese estupendo retrato de Ribera a un caballero del Hábito de Santiago (Ribera coincidió con el Duque de Osuna, que le protegió, y con Quevedo, en Nápoles), que ha de ser alguien importante, pero que no se parece a Quevedo "en la cara", a pesar de lucir sus atributos (gafotas, hábito de la Orden, mostachos....), el bastón de capitán general y otros detalles semejantes obligan a  pensar en alguien de mayor altura oficial, a veces (Felton) se dijo que era el mismísimo Duque de Osuna, pero siempre me pareció demasiado viejo y corpulento. Ahora, con la aparición del auténtico retrato del Duque, se puede desechar esa atribución, aunque tampoco creo que pueda ser el Conde de Monterrey (virrey de Nápoles a partir de 1631).  Lo dejo ahí.


Lo sorprendente es que la única representación pictórica del III Duque de Osuna, detrás de cuya ubicación y otros detalles ando, ya había circulado antes como la de un "caballero de la época"; es decir, se había perdido la noticia de que era don Pedro Girón. Así se reproduce el cuadro en varios lugares, aunque no en el catálogo los bienes de Osuna –que se encuentra en el Indice Histórico español y que, naturalmente, he consultado minuciosamente. Incluso así ha aparecido en la enciclopedia universal de nuestro tiempo, en google. La reproducción la he sacado de allí.

y con un escollo: en 1975, media docena de retratos de Bartolomé González colgaban de las paredes de la Embajada Española de Lisboa, que fue acosada y saqueada cuando la revolución de los claveles. Las fichas del Museo del Prado dan la mayoría de esos cuadros como "destruidos" (alguno como "perdido"); pero al leer la información periodística de la época no se dice taxativamente que se quemaran o destruyeran; mas bien pudiera tratarse de saqueo, en cuyo caso terminarán por aparecer en el mercado.
Se trata de los siguientes cuadros, de los que me gustaría encontrar fotografía en color; solo tengo lo que expongo:

–El Archiduque Carlos de Austria, cuñado de Felipe III.
–La Archiduquesa María Magdalena, cuñada de Felipe III, Gran Duquesa de Toscana
–Gregoria Maximilana, prometida de Felipe III
–La Archiduquesa Catalina Renata, cuñada de Felipe III
–La Archiduquesa María Cristina, cuñada de Felipe III, Princesa de Transilvania
–La Archiduquesa Leonor, cuñada de Felipe III
¿Alguien me puede dar noticia de ellos o noticia de su reproducción?

Como en las novelas policiacas, seguirá, pero con esta sorpresa final que no me ha dejado terminar la nota  ni añadir los cuatro cuadros que faltaban. Ya veré cómo se arregla.

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Esta entrada ha tenido secuelas y desarrollo en entradas posteriores.

domingo, 24 de octubre de 2010

El III Duque de Osuna y un retrato de Guido Reni


Hay una decena de lugares –quizá más– cuyo trasfondo histórico no he podido dilucidar en la poesía de Quevedo. Uno de ellos es el del soneto dedicado a un retrato que le hizo Guido Boloñés, y que dice así:


A UN RETRATO DE DON PEDRO GIRÓN, DUQUE DE OSUNA, 
QUE HIZO GUIDO BOLOÑÉS, ARMADO, Y GRABADAS DE ORO LAS ARMAS

  Vulcano las forjó, tocolas Midas,
armas en que otra vez a Marte encierra,
rígidas con el precio de la sierra
y en el rubio metal descoloridas.
  Al Ademán siguieron las heridas
cuando su brazo estremeció la tierra;
no las prestó el pincel, diolas la guerra;
Flandres las vio sangrientas, y temidas.
  Por lo que tienen del Girón de Osuna
saben ser apacibles los horrores
y en ellas es carmín la tracia luna.
  Fulminan sus semblantes vencedores;
asistió al arte en Guido la Fortuna
y el lienzo es belicoso en los colores.


 [La edición es paleográfica, a partir de Parnaso, 1948]

Los viejos editores nada comentaban sobre ese retrato y yo tampoco lo identifiqué en la antología anotada de Espasa-Calpe (Col. Austral), aunque luego apareció una noticia correcta en la antología de Lía Schwartz-Arellano; pero en ningún caso se llegó a dar con el paradero del cuadro; de manera que he vuelto a recorrer el camino en una doble dirección: por un lado, buscar en los catálogos de un pintor así llamado, que naturalmente es Guido Reni; por el otro, localizar los retratos del III Duque de Osuna, sobre todo los que se hubieran podido realizar durante su virreinato napolitano. Y he terminado parte de la investigación, aprovechando mi reciente viaje a Palermo, lo que incluye haberme servido de la información que me ha suministrado Paco Ledesma, el eficiente archivero del ayuntamiento de Osuna, que además de corroborarme que en Osuna no queda nada que recuerde la efigie del III duque de Osuna, me ha hecho llegar el precioso volumen sobre el archivo de Osuna (ilustración).

No puedo suministrar ahora todo el aparato erudito que he atravesado para llegar a esta nota, pues resultaría insoportable; pero sí que puedo allanar el camino a quien pueda dar la noticia y salto final, poniendo en claro que: 

Es indudable que existió el cuadro, desde luego, y que aparece mencionado en todos los catálogos de Guido Reni y en los panoramas de la pintura boloñesa e italiana del seiscientos, particularmente en artículos, trabajos y recensiones de A. Pérez Sánchez; (reproduzco alguna de sus pesquisas), pero nunca se dice inequívocamente que se haya localizado o inventariado el cuadro, aunque en algún caso se hacen referencias vagas como si el cuadro estuviera... en el Prado.

La otra posibilidad es que se hubiera quemado o destruido en cualquiera de los incendios que asolaron el Palacio del virrey en Nápoles, para lo cual haría falta proseguir con investigación local –en Nápoles– que reseñara los daños sufridos por aquel palacio. No creo, sin embargo, que Osuna se dejara su retrato allí. ¿O lo dejó como huella de su paso? También ese dato necesita aclararse con investigación local, que no he podido alcanzar, y para la que solicitaré ayuda. En mayo de 1896 se vendieron los bienes del más casquivano de todos los Osunas y en el “Catálogo de la venta de cuadros y objetos artísticos de la Casa de Osuna”, como se sabe, se relacionan varios cuadros (de lo que hablaremos Mercedes Sánchez y yo en otra ocasión); pero no el que buscaba. Véase Narciso Sentenach, “Catálogo...” y “La galería de la Casa de Osuna” en La ilustración Española y Americana”, 30 de junio de 1896, nº XXIV. Hay que buscar un cuadro "belicoso en los colores"; los ejemplos que ilustran esta entrada, de Reni, muestran hasta qué grado eso pudo ser cierto.






Y es que la cara, el rostro, la efigie de don Pedro Girón se nos ha ido por las tuberías del tiempo, hasta el punto de que se le recuerda por la medalla acuñada en Nápoles (1618), motivo incluso del póster reciente, el del Congreso de Nápoles (octubre, 2010), y cubierta de la buena monografía –a pesar del pésimo prólogo de Antonio Feros– de Luis M. Linde, Don Pedro Girón, duque de Osuna. La hegemonia española en Europa a comienzos del siglo XVII  (Madrid: Ediciones Encuentro, 2005). Véase:

http://books.google.es/books?id=hXfk03V5e3UC&printsec=frontcover&dq=Luis+M.+Linde&source=bl&ots=imSksluK6q&sig=Wc3CfVbIy314zJqB4-ZX2cweJUY&hl=es&ei=4ibETIv8D47KjAfwp-C5BQ&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=5&ved=0CCwQ6AEwBA#v=onepage&q&f=false

Ese perfil creo que es el mismo que pude ver –gracias a Pilar Picavea– en la sala Goya de la BNE, particularmente el grabado de Antonio Porriño en su espléndido Teatro eroico e político.... (Nápoles, 1692), y en uno de los dibujos de Cordedera (signatura 15/27/17).., en ambos casos, a mi modo de ver, derivados claramente de la moneda, cuyo perfil y rasgos generales aceptan.... unos setenta años más tarde.

Lamento no poder todavía reproducir esas imágenes (trámites y plazos son más largos en la BNE). Queda además por cuadrar con todo ello la estatua que se abre en las cuatro esquinas de Palermo, a la que se abre la vía principal (véase fotografías) y que nunca  que yo recuerde, se ha utilizado para recordar al duque. Y queda por hacer una visita guiada a las "cavas" del Prado, en donde a lo mejor duerme el retrato.

El curioso lector encontrará en otras entradas de este blog muchas más inquisiciones sobre el auténtico retrato del III Duque de Osuna.

La nueva rebusca, en fin, en la que en varios momentos me ha ayudado  –a pesar de ser una gongorista– Enrica Cancelliere, me ha llevado a plantear otra vez la calidad y origen del busto de terracota de la BNE, que será objeto de un trabajo menos noticiero y más cumplido que daremos a conocer Mercedes Sánchez y yo, y para el que hemos contado con la ayuda y orientación de Concha Huidobro. En este último caso el itinerario de la investigación prácticamente se ha cumplido y redondeado.