Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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sábado, 10 de marzo de 2018

Feminismo

Había pensado no decir nada sobre ese tema, tan de actualidad, sobre todo porque en el escaso espacio de estos "medios" no se puede uno mover con justicia; pero me ha llegado la revista de "El diario", al que estoy suscrito, y he aprovechado para leer todo lo que allí se dice. Lo normal es que cada persona reaccione de modo distinto según el tratamiento del tema, sus vivencias e ideas, su perspectiva, etc. Lo normal es la diferencia y, por tanto, el diálogo para encontrar el equilibrio y alcanzar la convivencia.... de la gente, de los humanos, para plantearlo en términos casi animales, sean del género que sean.
Hago un inciso –y pido perdón por ello– para señalar que soy lo que ahora llaman "monoparental", desde hace más de diez años, y en mi casa, con un hijo pequeño a mi cargo, no ha entrado jamás nadie –de ningún género– a ayudarme a las tareas que se llaman "domésticas" (lavar, planchar, cocinar, limpiar, etc.), ni aun a otras. Me producen carcajadas esos noticieros españoles que muestran o entrevistan a varones cumplidos que se quedan en casa planchando, cuidando a los niños o limpiando los cristales.... ¿Qué idea tendrá de nuestra sociedad quien ha tramado esos programas y esa entrevista? A ese es a quien hay que perseguir, al que hay que educar y al que hay que degradar socialmente, para que no nos envenene. Porque la verdad es que conozco a mucha gente –¡pero hombres y mujeres!–– que hacen exactamente lo mismo. Y con algunas de esas gentes me cruzo, convivo, hablo, comparto la subida o bajada del aceite (acaba de bajar un pelín, el de oliva) y comparto cremas.
Por si las moscas: la última tesis que he dirigido ha sido sobre Clara de Campoamor, el año pasado; presidía un varón, con el que no he estado de acuerdo, por cierto y era "doctoranda" y ahora doctora. Miro con curiosidad a mi alrededor, por ejemplo en la editorial que organicé: hay más mujeres que hombres al timón; no me suelo fijar en el rasgo macho/hembra cuando de labores se trata, pero recuerdo tanto una lista (no me atrevo a poner sus nombres) formidable de hembras como de machos. "El Diario" y otras actualidades me sugieren ahora que lo haga. Bueno. Pero muchos de quienes lo proponen –sean machos o hembras– la verdad es que escriben mal, y van de los "eventos" a las "temáticas".
Trabajo en el campo de la Literatura, de la Lengua, etc. También he orillado la perspectiva actual en esos campos, porque me parece estéril. En el caso de los famosos femeninos de la lengua, que escucho también en emisoras francesas, inglesas, etc. voy con tirios ––digamos Pedro Álvarez de Miranda y RAE– en aceptar la tradición que la lengua común acarrea; y voy con troyanos –vamos a transgredir esa tradición y a incluir el femenino siempre que se pueda– en convenir que la lengua actual es un resultado de la imposición histórica de los hombres. Va a ser difícil retrotraernos históricamente.... pero es simpático que se intente, aun con todos esos errores.
En el caso de la literatura, el articulito de Belén Gopegui –novelista a la que admiro y leo– en la revista de El Diario, sugiere, como siempre, muchas cosas, y pasa sin ahondar por ese principio tan viejo y ahora combatido: el lugar del arte es el lugar de la imaginación, el espacio en donde pueden aparecer ideas, motivos, gentes, etc. que pueden contravenir nuestras normas sociales, que nos incomodan y nos obligan a pensar. Es una lección que habría que inculcar en toda la judicatura, particularmente en la cerrada mollera de tantos y tantos jueces, fiscales, abogados, etc.
Y soy hijo de fiscal. En un ramalazo final, dedico esta parrafada a Eduardo Jauralde, pater y maestro, uno de los fundadores de lo que luego se llamó "justicia democrática".

domingo, 14 de enero de 2018

Feminismo, moralina y un espacio libre....

No, no estoy de acuerdo con la ola feminista que recorre el primer mundo tal y como se manifiesta, por ejemplo, entre nosotros. La primera vez que me di cuenta de que algo extraño se estaba fraguando fue en un lugar tan exquisito y liberal como la cafetería del Centro de Graduados de Nueva York. Mientras esperaba a mis colegas, leí una nota que estaba encima de la mesa, de todas las mesas, en la que se explicaban los casos que deberían poner en guardia a las mujeres, pues empezaba con algo como esto: "Si te mira fija o persistentemente alguien que no quieres que te mire...." Se mezclaban luego otras suposiciones razonables, discutibles, asumibles, etc. ¿Quién habría redactado aquella nota y a partir de qué criterios morales, sociales?
Lo primero que habría que averiguar ––como siempre–– y, en su caso, convenir es si se puede hablar sobre ese campo o si el terreno ha sido dogmatizado y no existe posibilidad de hablar, lo que incluye que uno pueda cambiar o matizar su modo de pensar, como es mi caso.
Y lo segundo, quizá, acentuar el espacio libre en el que se relacionan las personas.
Las relaciones humanas resultan a veces muy complejas, en todos los terrenos, no solo en el de la tensión hombre-mujer, y para modelarlas no parece que puedan esgrimirse más que los criterios de siempre: educación, criterio, inteligencia, etc. que son los posibles valores que hay que fortalecer continuamente. Es curioso, al contrario de lo que pasa en las más de las sociedades modernas del primer mundo, en donde se están deteriorando por el avance de otros, como el mercantilismo y, subrepticiamente, el dogmatismo. Parece que sobre esa relación se está juzgando últimamente de manera cada vez más extendida, y que se opina y a veces dogmatiza sobre el modo de provocarse, establecerse, mantenerse, realizarse esa relación. Pero las relaciones humanas tienen un componente libre que nunca podrá establecerse, afortunadamente, porque ese espacio es el de las conductas personales que nunca podrán regularse, pero que pueden proyectarse desde la educación, con inteligencia y teniendo en cuenta el juego de valores sociales. Es en ese resquicio en donde ha aparecido el conjunto de manifestaciones que podríamos llamar –lo mismo da, en realidad– feministas o machistas.
La desigualdad histórica entre hombres y mujeres, tan evidentes en el caso de los países árabes, sobre todo en los más ricos, ha provocado una reacción lógica en el universo femenino y ha dado pie a la introducción de moralinas perversas, normalmente al socaire de religiones –que las favorecen– o de sistemas ideológicos que erosionan continuamente el espacio de la libertad allí donde haga falta. La relación hombre/mujer ha de producirse en un espacio libre en donde unos y otros sepan en cada caso hacer valer su formación y cultura, su modo de ser; no pueden anatemizarse previamente con un gesto general que lo único que podría provocar es un mayor distanciamiento en las relaciones humanas, en todas, incluidas las que derivan de la atracción por el mismo o por otro sexo. Es decir, una reducción del espacio libre.
Dicho de otro modo: no creo que por mirar fija o persistentemente a alguien haya que llamar a la policía; tampoco creo que el interés evidente por alguien pueda producir escándalo; etc. Los casos son infinitos, insisto, porque es un espacio libre, que hay que mantener como tal, que hay que mimar. Por supuesto que son muchas las personas –de un y otro sexo– que se conducen aviesamente, dependerá de en qué grado para que tenga que intervenir alguna autoridad social (la policía, por ejemplo); o algún estamento social (en el colegio, el trabajo, la calle....); pero lo más adecuado sería que se regulara desde la educación, unas mínimas normas sociales y la inteligencia. Por cierto, el conducirse de modo desviado o agresivo con los demás ocurre no solo en el terreno de la relación hombre/mujer, también ocurre en los restantes campos sociales (trabajo, comida, transporte, lenguaje.....) y para todos existe el mismo procedimiento; educación, cultura, respeto, etc.
No creo que la amable señora que me ayudó a salir de una estación, en China, y me condujo hasta prácticamente la puerta del hostal haya de ser considerada como una acosadora. Tampoco tengo la sensación de haberlo sido invitando reiteradamente "a tomar un café" a mi encantadora profe de chino, hasta que me di cuenta de que su "en otra ocasión" era un no velado. En todos esos casos solo puede funcionar la intuición, la educación, etc. Pero es importante que la gente actúe, diga, piense, se acerque o no, etc. porque si no fuera así, estaríamos restringiendo aun más las relaciones humanas, el juego en el que unos y otros se mueven, dicen,  se equivocan, actúan, se arrepienten.... Ee comportamiento solo favorecería, como siempre, a los ricos, directa e indirectamente, esto es, a los poderosos.
No espero que la perorata anterior la entienda o acepte todo el mundo, desde luego, porque existe una evidente irritación social ya que –vuelve a ser un resultado de educación y cultura– el llamado sexo débil padece de agresiones, que vuelven a ser un resultado de cómo se está organizando  nuestra sociedad. Y sí, "débil" físicamente, desde luego, pues la chica agredida, raptada y asesinada recientemente no pudo defenderse con la misma fuerza que el animal macho: mala cosa que en una sociedad humana se imponga la fuerza del macho, o la fuerza en general. Contra esas imposiciones de la fuerza, el dinero, los prejuicios sociales, la tradición aceptada, etc. es contra lo que hay que luchar.