flores silvestres recogidas mientras
volvía de Cedeira, en la cuneta
del camino que lleva a San Andrés,
a donde van los peregrinos, cerca
de Ponticelas y después del río,
un paisaje de lomas y praderas,
cerrado por los bosques de eucaliptos,
con tojos y castaños y mimbreras,
restos de lo que fue, quizá; compongo
un ramillete sencillo y en Regoa
las envuelvo en papel mojado
para que se conserven bien enteras;
pero precisan sol y viento y lluvia
y sentir sus raíces en la tierra.
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