Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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lunes, 9 de noviembre de 2015

Retorno de "los nombres de las cosas", en Toledo


Tres años al menos hace que visité la preciosa exposición Carranza del Museo de Santa Cruz de Toledo; aquí dejé mi admiración filológica 
acompañada de fotos con los objetos nombrados. 
He vuelto a hacerlo ayer, en un día excepcionalmente luminoso, que aprovechó la ciudad –una de las ciudades más, digamos, militares de este país, para su traje de bandera patria: el amarillo del sol otoñal y el rojo apagado de los ladrillos mudéjares. 


El espacio amplio, noble, del viejo hospital va cambiando su contenido –esta vez no se podía subir al piso de arriba– ahora dedicado a los Austrias mayores, con la permanencia, por ejemplo, del rincón del Greco en una de las naves. Sin embargo en las dos salas de arriba, a las que se llega por la filigrana de la escalera de Diego de Siloé en el patio, una de las exposiciones es sobre el arte (¿) africano actual, en tanto la otra sigue siendo –y lo merece– la que exhibe la colección Carranca, de cerámicas. 



Mi referencia se abre con Toledo y se cierra con algunas de las jarras de la exposición, cuyos nombres no se encontraban en el viejo diccionario VOX y tampoco aparecen en la moderna Wikipedia. 




Jarro burladero, jarro vinatero, maricona, jarro de fraile,  etc. son sus nombres, que ya andarán perdiéndose.
La entrada termina con un par de imágenes del Hospital de Tavera, el hermoso edificio que alberga, entre otras cosas, el Archivo de la Nobleza, cuya fachada principal recogía todo el sol de noviembre, primero, y lo ocultaba enseguida detrás de la bóveda central.




domingo, 10 de noviembre de 2013

Último paseo por Toledo


Aureliano de Beruete y Moret, vista de  toledo [1909]
Son los restos, la parte que uno no ha ordenado en sus ficheros, y en su vida: un paseo entre árboles centenarios camino del caso viejo; esa estatua absurda de una monja como representativa de "la mujer toledana"; el Cristo filipino encorvado por necesidades del marfil; el cuadro con el fraile escribiendo y observando; las miradas a través de los ventanales sobre los tejados de una ciudad bella y confusa; el paisaje desde perspectivas que no estaban preparadas; la comida de una parrilla de verduras en "El Trébol", que debe ser lugar de moda; el panteón de los Duques de Medinacelli, que sigue llenándose; aquella pintura de don Juan de Acuña, probablemente el último Conde de Buendía antes de ser adscrito el título a la casa de Lerma (¿de Pantoja?), con gafas, que tomé a hurtadillas –y me pillaron, por eso está borrosa– en el palacio de los Medinacelli; las arcadas en el claustro del Palacio Tavera; una custodia a través de la cual contemplé las paredes del museo sacro;.... Restos que podrían ser algo, no se sabe de qué, y que aquí dispongo, uno detrás de otro, como un museo más del paseante circunstancial por tan hermosa ciudad:










martes, 5 de noviembre de 2013

Toledo nocturno y el llanto de Lope de Vega

Es casi un tópico referirse al Toledo nocturno, citar alguna leyenda de Bécquer, recorrer sus calles y rincones con paredes de ladrillo o mampostería iluminadas por la luz ámbar de las farolas viejas. Cumplí ese rito, y para ello anduve la Calle Real hasta desembocar en la plazuela conde (hacia 1622) vivía Medinilla, el poeta amigo de Lope, muerto en este lugar, lo que ahora explica una lápida. 


En La Filomena, Lope nos ha dejado una impresionante elegía "En la muerte de Baltasar Elisio de Medinilla", en tercetos encadenados. Lope es probablemente el mejor poeta y el peor leído de nuestros clásicos. Imposible recoger los 220 versos de este llanto, que va así:

Si lágrimas de amor pudieran tanto,
si versos de dolor, si amistad pura,
que naciera tu vida de mi llanto,

Elisio mío, en tanta desventura,
que volvieras a ver la luz perdida,
el alma, que te amaba, te asegura
....................

Tú, claro río, que por peñas graves
los pinos que bañabas a ver llegas       [155]
inquietas selvas de remotas naves,

desde los olmos de tus verdes vegas
lleva su nombre al mar. Así te aumentes
de más caudal que a su ribera entregas.
............
Que si poder tuviera, como amando
tengo dolor, cediera Egipto en piras
las columnas del cielo amenazando;

las que dio lisonja a sus mentiras,       [205]
porque excediera a la materia el arte,
con sus inscripciones de diversas liras.

Tú, pues, que de mi vida la más parte
fuiste y serás, ten lástima piadosa
del alma que quisiera acompañarte.   [210]

Impriman, pues, mis lágrimas la losa,
que podrán, aunque fuera de diamante,
Elisio, con tu muerte lastimosa,

donde yace tu cuerpo; y semejante
al tierno Alfeo, convertido en río,     [215]
daré fiero veneno al mar de Atlante.

¡Oh musas, ayudad al llanto mío,
y en tanto que del llanto paso al canto,
llorad su muerte con afecto pío!
Venid, musas, venid al triste llanto.   [220]


Placita con la lápida de Baltasar Eliseo de Medinilla
La calle Real


lunes, 4 de noviembre de 2013

De los nombres que se olvidan


jarro de fraile
La entrada se abre con un precioso panel de cuatro azulejos de origen valenciano, que da color a los blancos y azules –dominantes– de la preciosa exposición de la colección Carranza. 
Un largo paseo por los lugares históricos y artísticos de Toledo me llevó –en el Museo de Santa Cruz– a admirar unos cuantos broqueles de pozo; a mí lado, una dama preguntó qué eran, y se discutió en el grupo de turistas, hispanos, porque el guía erraba un poco. Pocos lo sabían.

brocales de pozo
Así fui constatando la cantidad de nombres que ya no pertenecen a la competencia de un hablante medio español, al menos en ese área, y los fui anotando, junto al objeto, que era el responsable las más de las veces del empobrecimiento léxico: portapaz, bandeja de escotaduras, bacía, vasia, jarro vinatero, jarro burladero, jarra de fraile, azafate, blandones, salvilla, alizar, azófar.... hasta medio centenar de palabros al cabo de una mañana de paseos por Toledo, terminados en ese paraíso arquitectónico del viejo hospital de los Mendoza, La Santa Cruz, cruz griega que guarda el arte plateresco de los Egas, Covarrubias (¡la escalera!) y, dentro, una cumplida exposición de arte sacro, sobre todo sacro.

Crismeras
(siglo XVII)
blandón

alizar toledano (siglo XVI
No digo que todos los nombres a los que aduje sean desconocidos, desde luego; pero se han ido arrinconando o perdiendo, por ejemplo azófar por "latón", "blandón" por los genéricos "luz o "vela", "alizar" perdió la batalla con "rodapié", y así sucesivamente.

jarra burladera
Menesteres que se fueron o enseres que se perdieron. Como los más pertenecen a la preciosa –y moderna, se inauguró en este siglo– colección Carranza de cerámicas y azulejos, de allí, del Hospital de la Santa Cruz, reproduciré en esta entrada algunos de los nombrados.

vasera talaverana o del Puente del Arzobispo
Algunos no están ni siquiera en los diccionarios, como "sacras" (en frases como "juego de sacras"), crismera (aunque se siguen rompiendo la crisma, lo que no asocia el hablante al artilugio en donde se guarda el aceite para confirmar).

azafate

Bandeja de escotaduras
(siglo XVII)
bacía








domingo, 3 de noviembre de 2013

Mejor lo hizo Góngora


De la casulla de san Ildefonso
ya he visto tres o cuatro cuadros malos,
decenas de blandones y vaseras,
variedades de vigas y mosaicos;

después de dos museos, tres iglesias
un par de sacristías y cien cuadros,
me voy al hospital, me alojo cerca,
Toledo histórico se está acabando.

He de volver a ver papeles viejos
más adelante, que hoy está cerrado.
Esta rima tan simple del soneto
quiere decir que estoy ya saturado.

Los miradores me traerán el viento.
Descansarán los ojos en el Tajo.



sábado, 14 de mayo de 2011

La Imprenta en Toledo. Libros sobre libros


Doy noticia de un hermoso libro sobre libros, el de Jesusa Vega sobre la imprenta en Toledo, editado por primera vez hace casi veinte años, y que tras haber tenido la suerte de pasar por las expertas manos de Pilar Egoscozábal, ha ido a la editorial Ollero y Ramos para presentarse útil, renovado y fresco, como Estampas del Renacimiento, que lo podrían ser las 97 ilustraciones –a página completa– que terminan el libro.