Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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domingo, 14 de junio de 2015

El Zurbarán de la Mouffetard


Todavía no he podido ir a ver la exposición sobre Zurbarán en el Tyssen madrileño; al parecer muy completa, al menos eso dice la comisaria, a quien escuché unas declaraciones al respecto. Sin embargo hoy, mientras nos encontrábamos académicamente en la Mouffetard parisina –una mañana radiante de sol–, mi buen amigo y colega Pierre Civil me avisa de que en la iglesia que nos miraba y quizá nos daba campanas, Saint Médard, había un San José firmado por Zurbarán. Abandoné la zona de las catalpas en donde nos guarecíamos del sol y entré: la iglesia es feota en su frente, ajardinada en uno de sus costados y hermosa por dentro, generosa de cuadros, esculturas y vidrieras, repartidas entre el s. XVII y el XIX, puedo pensar que por construcción y reparación. Y allí estaba en una capilla lateral, con verja que me impidió obtener una buena foto, pues la luz blanqueaba el cuadro con reflejos. Aun así, aquí lo dejo como testimonio. Por cierto, la cartela lo da como "atribuido".
Las otras fotos corresponden a la iglesia, la salida, el interior y la fachada.








sábado, 24 de septiembre de 2011

"Concierto", de "China destruida y otras flautas"

Una de las próximas entradas del blog contendrá, como dije, el primer índice de China destruida y otras flautas, exactamente la sección o parte que se llama "concierto" y que se forma con cuarenta composiciones, de las que ofrezco ahora la primera –que es la primera de las que suceden– y dos más, corregidas, como todas. 
Las nuevas versiones sustituirán a las viejas en las entradas anteriores, de las que también borraré definitivamente, en esta primera tanda, cinco.


1

tendría que empezar la vida como
los primeros compases del concierto
para fagot de mozart, el allegro;
y terminar con una sinfonía

de mahler o la louange de messiaen
del cuarteto para el fin de los tiempos,
muy apropiado –quinto movimiento–
para el título y las circunstancias

en tanto llega mozart, yo me quedo
con los beatles, chopin, carmen linares,
cohen, françoise, moustaky, credence, puccini
y todo brahms para el atardecer

y que suene el adagio del concierto
emperador si tú me miras, clara

2
Shostakovich

Con más abril y menos shostakovich
llegaremos a mayo en pocos días
y desde mayo ya se ven las playas
con traje marinero y con puntillas;

las gaviotas que escriben garabatos
de perfil vienen y de reojo miran,
bostezará el mar sus azules,
nos dejará los sueños sin orillas;

para abril que se vengan los barrocos
–clavicordio, rabel y mandolina–,
que se asome la flor sobre las tapias
a mirar como hacemos pillerías.

Prepárame tu cuerpo esta noche,
lo que tenga que ser, que me lo diga.


3
Nocturnos de Chopin

pondré sobre la mesa unas manzanas
abiertas y un limón cortado en gajos
en una fuente azul de loza antigua
que cubriré con un mantel dorado

y en la penumbra del rincón dispuestos
como jardín que cultivé en un jarro
los crisantemos que sequé y mimosas
en juego con la flor de los geranios

y sonarán nocturnos los silencios
de chopin en los dedos del pïano
para vestir de luces amarillas
la dulce oscuridad de aquel espacio

ya ves    dispuse todo para ti
no me creo que lo hayas olvidado


Zurbarán

domingo, 6 de marzo de 2011

Nocturnos de Chopin

Zurbarán

Nocturnos de Chopin


pondré sobre la mesa unas manzanas
abiertas y un limón cortado en gajos
en una fuente azul de loza antigua
que cubriré con un mantel dorado

y en la penumbra del rincón dispuestos
como jardín que cultivé en un jarro
los crisantemos que sequé y mimosas
en juego con la flor de los geranios

y sonarán nocturnos los silencios
de chopin en los dedos del pïano
para vestir de luces amarillas
la dulce oscuridad de aquel espacio

ya ves    dispuse todo para ti
no me creo que lo hayas olvidado










viernes, 18 de febrero de 2011

Los autógrafos de Diana


Diana Eguía, colaboradora, amiga, ahora ida a lejas tierras, para experimentar, profundizar, aprender y jugar al ajedrez, viene trabajando sobre los autógrafos, en principio de Quevedo –tema sin tratar debidamente, de suma importancia en sus adherencias textual, autorial, histórica....–; pero, como es lógico y por su capacidad intelectual, con ramificaciones complejas que alcanzan tanto a lo que los franceses llamaban la sociología de la literatura, como a lo que los germánicos llamaron sociología de la literatura, como a lo que los norteamericanos casi casi llaman sociología de la literatura, que son tres derivaciones distintas, a la vez muy distintas de lo que a mí me gustaría que se llamara sociología de la literatura, es decir, del proceso mental que se produce cuando, pluma en ristre, se ejerce el difícil arte de convertir en garabatos codificados el batiburrillo mental y todo lo que semejante gimnasia provoca, esto es, el paso de lo que en el nido mental e ideológico se lleva a su forma dibujada para que llegue –lo que llegue– a los que conviven lingüísticamente.
A veces se ha utilizado la figuración histórica (iluminaciones medievales, cuadros, grabados, etc.) para llegar a este proceso desde otras perspectivas históricas: cuando el ángel anuncia a María a voces, cuando lo hace leyendo; cuando San Ambrosio –o San Agustín, o San Jerónimo....– reciben voces de inspiración directamente en su oído, cuando es un dictado que escriben, cuando se da la confluencia, etc. E incluso yendo a detalles, que si papiros, cilindros, hojas, el propio cuerpo.... Sobre su propio cuerpo las escribía Teresa de Cepeda y prácticamente todos los místicos.
He recogido para Diana cuatro preciosas muestras, las tres de detalle de Zurbarán (fray Pedro Machado y otros frailes), coetáneo de Quevedo, para que sobre ellas reinscriba ese tipo de reflexión y lo integre en su trabajo, allí, en lejas tierras norteamericanas, escuchando a Chartier y a otros maestros.