Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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domingo, 28 de octubre de 2012

Homenaje a Jaime Moll


En una de las bibliotecas que frecuentó y trabajó, la de Valdecillas, la biblioteca Histórica de la Universidad Complutense, se presentó el libro de Homenaje a Jaime Moll, en un ambiente amistoso y grato en el que los asistentes superaron tristeza por la desaparición del maestro mediante la evocación, el recuerdo de sus trabajos y, quizá, el vernos todos reunidos confesándonos deudores de su obra. Presidió la sesión la directora de la Biblioteca –Marta Torres– y hablaron brevemente Julián Martín Abad y Víctor Infantes,  que habían promovido la publicación. 

El acto terminó con la exposición de dos jóvenes investigadores de la Complutense, que no llegaron a ser discípulos directos de Jaime Moll, pero que han trabajado –y así lo explicaban– en el campo filológico que él dejó tan bien elaborado. 

Sala de exposiciones de Valdecillas (UCM)
El libro ha aparecido en la editorial Calambur –allí estaba el editor, Emilio Torné– sin duda una de las editoriales más vivas actualmente y la que más ha cuidado el tema de la bibliografía, la historia del libro, la biblioteconomía, la investigación documental, etc. Y extraigo, sin enredar demasiado, una prueba sencilla para rodear al libro de homenaje con otros armónicos de la misma colección.


Durante mucho tiempo en los últimos años he coincidido con Jaime Moll en la BNE: él pasaba por al lado de mi pupitre 30 –sala Cervantes– y nos parábamos un momento; casi siempre era algún motivo bibliográfico: me entregaba puntualmente las colaboraciones que concertábamos para Voz y Letra, revista que dirijo y en donde han aparecido dos o tres de sus últimos trabajos (por ejemplo sobre La Celestina); me ayudaba en las cuestiones más peliagudas del Diccionario Filológico, fue él quien me suministró datos preciosos sobre Lope, Villamediana, Góngora, Salas Barbadillo.... En el caso del Guzmán de Alfarache, que redactaba uno de mis doctorandos –Javier Manchón– se implicó mucho más, pues iba a realizar un viaje a Estados Unidos –donde reside una de sus hijas– y quería hacer una escapadita a Yale, para ver un ejemplar que tenía bajo sospecha. Y así fue: hizo el viaje, la escapadita, vio el ejemplar, que le corroboró sus sospechas y me pasó todos los datos, que aparecen integrados en la entrada de Mateo Alemán. Un último detalle, no quiso aparecer como firmante de todo aquello o, al menos, cofirmante: hubimos de ponerlo discretamente en nota.
Las charlas fueron algo más complejas en los casos de El Buscón y de El Lazarillo. Cuando aparecieron los primeros papeles sobre El Lazarillo, me encareció que le mandara un abrazo de reconocimiento y enhorabuena a Mercedes Agulló, como así hice; yo le hablé de las pistas que Mercedes podría seguir –ella las sabía, de todos modos, otra cosa es que las pudiera seguir desde su retiro y en su condiciones.
En el caso de El Buscón fue más lejos, al mostrarme –todavía no lo he utilizado, creo que solo como alusión en una reseña que va a salir en la NRFH– las manipulaciones de los impresores introduciendo morcillas para completar espacios de página. Todo muy interesante.
¿A quién acudir ahora? ¿Cómo llegar a obtener entre nosotros el riguroso conocimiento que le permitía con una primera ojeada discernir si la edición de las Novelas ejemplares de Cervantes era auténtica o una piratería más de Lira, en Sevilla?
He dejado de ocupar el pupitre 30 de la Sala Cervantes, pues voy cambiar, obligatoriamente, de hábitos y vida académica en un par de años. Este año no he podido charlar ni con Fradejas ni con Jaime. Aunque no sea lo mismo, acudiré a sus libros para corregir mis errores.



martes, 27 de septiembre de 2011

Nuevo artículo de Mercedes Agulló sobre El Lazarillo


Mercedes Agulló acaba de hacer público, en efecto, un nuevo y elaborado artículo sobre El Lazarillo en la revista lemir, en esta dirección:
Es un trabajo, como suyo valioso, documentado, certero, en el que la historiadora pone en juego toda su sabiduría crítica y perfila argumentos, añade notas y traza caminos. Perfectamente.

Lo normal es que nunca se pongan totalmente de acuerdo los críticos; y así, hay aspectos más discutibles que otros, interpretaciones más arriesgadas, datos que aparecen y desaparecen; pero, insisto, eso es lo normal. Verbo y gracia, ya que lo cita directamente y poco desvía sus argumentos, sí que existen cartas de Diego Hurtado de Mendoza a Santa Teresa (y yo las he citado), y sí que existe un círculo de contactos que vía Velasco –cariñosamente citado por la santa– llega a don Diego. 

Las nuevas publicaciones, que se precipitan 
(véase en este mismo blog, que por cierto, Mercedes Agulló no cita bien; en realidad es mejor ver
http://www.edobne.com/manuscrtcao/a-vueltas-con-el-autor-del-lazarillo/) 
acrecientan el interés de las investigaciones, y por eso no le habrá dado tiempo a incorporar al paso el volumen reciente (Univ. de Salamanca, 2011, está también citado en este blog) dedicado al epistolario de Páez, ni a perseguir los papeles de Schott, ni a ver los originales de Zurita sobre la Inquisición, etc. 

Con todo, el artículo es preciso, jugoso, lleno de interés, y termina con un par de flores de aroma impagable, detrás de las cuales reconozco el buen hacer de Mercedes Agulló en los fogones, hasta el punto de que enmienda la nota a los "ojos blancos" del caldo en la ed. de Rico. 

Querida Mercedes, qué bonito; todos sabemos que Rico, dada su naturaleza tan peculiar, no ha de saber cocinar y, a veces, hace falta bajar a menesteres humildes para entender a los clásicos.

Mi felicitación.


miércoles, 11 de mayo de 2011

Felipe II y Diego Hurtado de Mendoza, a propósito de un nuevo libro

Acabo de recibir el librito de Reyes Coll Tellechea sobre Lazarillo castigado. Historia de un olvido. Muerte y resurrección de Lázaro (1559-1573-1844), publicado por Ediciones Orta (2011), que recomiendo a todos los que se hayan zambullido en la compleja historia de la trasmisión de textos –e ideas–  impresos durante el siglo XVI europeo. 
No es justo resumir en una sola frase su centenar de páginas; cierto es, sin embargo, que en muchos momentos me recordaba la vieja conferencia de Moñino –de finales de los años sesenta– sobre construcción crítica y realidad histórica, en el sentido de que los historiadores reconstruyen una realidad que no se corresponde con los datos de la época: la picaresca –por ejemplo– no triunfó cuando el siglo XVI y el XVII se dieron la mano (1599, primera parte del Guzmán de Alfarache, y a partir de ahí las restantes obras de ese género) y entonces se recobra el viejo Lazarillo (reeditado en 1602) como germen; en realidad lo que se lee hasta finales del siglo XIX es el Lazarillo “castigado”, la edición de 1572.
En ese contexto, el libro de Reyes Coll-Tellechea traza muchas idas y venidas hacia una historia complicada que suscitan en el lector inquietudes, preguntas, etc. En su momento yo objeté a la vieja tesis de Moñino, y hasta publiqué dos paginillas (en una revista checa, Philologica praguense, y en otra norteamericana, Ideologies and Literature), intentando ajustar que la recepción y banalización de la tesis de Moñino no se convirtiera en disparate. Se convirtió en disparate que adorna los gorgoritos de la academia, con pocas posibilidades de enmienda. Es verdad que la poesía del siglo XVI (y quizá también la del s. XVII) no se publica, no se imprime, habitualmente hasta mucho más tarde; pero no es verdad que el historiador actual de la literatura peninsular realice una reconstrucción crítica falsa, al ir más allá de los datos de impresión y difusión: el historiador cumple su delicada misión porque recupera cabalmente el proceso de creación poética. Es verdad que fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Cetina, Garcilaso, etc. no imprimieron sus poesías; pero sí que las escribieron, sí que las crearon en el momento y las circunstancias que el historiador dice. Y recuperar el sustrato ideológico quizá sea más importante que atenerse a la difusión impresa. Etc.
Creo que la publicación de este precioso librito se ha cruzado con la del artículo propio que descansa ya a la vista del interesado en
 http://www.edobne.com/manuscrtcao/sin-que-de-mi-nombre-quede-otra-memoria/  en donde se señalan muchas pistas documentales. Doy la referencia completa, pues, para seguir orientando la investigación.
En fin, no querría volver al Lazarillo, obrita sobre la que aun conservo documentación abundante –y preciosa–, al menos mientras Mercedes Agulló –con la que ayer hablé sobre estas cosas– vaya dando a conocer nuevos datos, algunos de los cuales, me dice, están a punto de salir. Pero sí que voy a completar la ficha de uno de los datos que cita Reyes Coll, agradeciéndome su uso, ya que yo no lo había citado antes y el investigador puede necesitarlo. En efecto, el año pasado viajé a Londres para ver, fundamentalmente, en la British Library el ms. add 28358, II, que contiene la espesa documentación provocada por el círculo de secretarios y eruditos que rodeaba a Felipe II, desde Lisboa. Zúñiga Velasco, Páez, los Dantisco.... La documentación abarca de 1582 hasta 1586, aunque las referencias cronológicas se van, como es lógico, también a los años anteriores.  Algunas son originales, firmadas por el rey, las más por sus secretarios, otras copias. Lamentablemente  la documentación es extensa y la maravillosa nueva British Library ha pensado en casi todo menos en facilitar el trabajo al humilde investigador venido de lejas tierras, pues no hay opción a obtener copia, reproducción, etc. de aquellos documentos si no se paga el sueldo de un par de meses. ¿Se habrá convertido la investigación en cosa de ricos, también? La otra opción es la de quedarse tres o cuatro días más en Londres copiando todo aquello –yo estaba, además, viendo autógrafos del padre Mariana–, lo que encarecería aun mucho más la encomienda. De manera que opté por leerlo, sacar notas y pedir la caridad a algunos de mis alumnos viajeros de que cada vez que pasaran por Londres me copiaran un par de páginas y me compraran unos calcetines en las rebajas. Muy mal. En ese precioso manuscrito, al final, hay una carta de 1645 y, antes, otro largo documento que detalla e inventaría los bienes heredados por Felipe II de Diego Hurtado de Mendoza. He utilizado ese inventario, noticias y párrafos diversos, en algunos artículos anteriores, por ejemplo, he citado la glosa al inventario que matiza que un ídolo de oro lo tomó en junio de 1576 el Rey para dársel al príncipe don Fernando (f. 77).
La parte esencial tiene veinte páginas (f. 67-86) y uno de sus párrafos, el que define la documentación, dice así: Por quanto auiendo don Diego hurtado de mendoça comendador de las casas de Calatraua de la horden de Alcantara por su testamento dexadonos por su vnico y vniuersal heredero y nos a suplicacion de sus testamentarios aceptado la herençia y nombrado por administrador de lla a Antonio graçia nuestro secretario y por su muerte a Hernando de Biruiesca mi guardajoias para que tomase qüenta a dicho secretario… por muerte del dicho… nombramos por administrador della a Juan Lopez de Velasco nuestro criado y le dimos comissión para tomar qüenta de la dicha herençia… y él la tomó a uso doña Maria de Moscoso, muger del dicho… como heredera suya en la forma siguiente....
Sigue el Cargo de bienes muebles / retratos de mármol y Xaspe que se recibieron de Antonio Graçian, y pintura, y otras cosas. La Data de los dichos bienes  va firmada en Nuestra Señora de Guadalupe a 22 de abril de 1580. Los epígrafes van enumerando: ....carga de camafeo y otras cosas / Cargo de entre piezas y chapas de oro / Cargo de Auito de oro / Cargo de ydolo de oro / cargo de retablo de otras pinturas  / cargo de bufete / Cargo de repostero y otras cosas / Cargo de sello / cargo de marauedis (que incluye todas las mandas).  El documento se fecha en Lisboa a dos de junio de 1582.
Merecería la pena que  se expusiera y publicara de modo más completo.

lunes, 28 de febrero de 2011

San Plácido. "Valentías del demonio en los energúmenos"



En el proceso de documentación para los paseos históricos por Madrid, preparando estoy lo que se refiere a San Plácido, iglesia y convento, de documentación rica, extensa, dilatada y bien estudiada. La monografía de Carlos Puyol Buil, por ejemplo (Madrid: CSIC, 1995), espléndida por todos los conceptos trabajó con multitud de fuentes, particularmente con todas las del AHN, en donde se conservan los procesos. Lo último que he leído y conozco es una sínteses monográfica de Fernández Douro (del año 2005, en la UAM, a ciclostil), amén de muchísimas fuentes menores, entre las que se debe referir un conocido artículo de Mercedes Agulló como primera piedra. 
Antes de redactar la viñeta sobre el lugar, el convento y la iglesia, sin embargo, quisiera subrayar que una de las fuentes esenciales no se ha tenido nunca en cuenta, o al menos yo no he visto que así fuera, y se trata nada menos que de un precioso autógrafo de Francisco de la Cerda, el hermano de la abadesa, obispo de Badajoz, que entrega su exposición y alegato en un manuscrito –que se conserva autógrafo en la BNE– que termina por llegar a la Inquisición. ¡Y que está digitalizado! Su fecha es de 1656; la monografía de Pujol acaba en 1660; Jerónimo de Villanueva muere, amargado y abandonado, en Zaragoza el 21 de julio de 1653. 


Los capítulos de quien fue obispo de Almería y Badajoz están escritos después de haberse pertrechado de amplia documentación histórica y teológica, como era usual, además de contener amplias secciones descriptivas de los sucesos –de sus páginas he sacado el título–. A mi modo de ver hay que integrar este manuscrito en el conjunto de las reconstrucciones históricas.