Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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jueves, 15 de junio de 2017

Función explícita y poesía actual (I)

Tradicionalmente la poesía ha tenido una función esencial recoger mediante el lenguaje directamente lo excelso e inefable de la condición humana. Y así se creó su historia. El refinamiento crítico, sin embargo, ya hace más de un siglo que acertó a señalar que junto a esa función explícita (un poema de amor, la emoción, el sentido de la naturaleza, etc.) otras había más escondidas que se manifestaban y acarreaban al mismo tiempo: una “idea” del amor, determinados resortes de la emoción, una estética, etc.  Así se aprendió a escribir y leer poesía teniendo en cuenta esa función implícita, cada vez más compleja, mejor estudiada, con implicaciones profundas.
Durante la segunda mitad del siglo que se fue –los antecedentes son muchos, claro– el giro de la expresión poética entró por esos cauces: frente a la poesía tradicional, los poetas más conscientes quisieron escribir directamente lo que latía implícitamente en su proceso creador; con lo cual, primero, se apartaron de temas y motivos de la poesía tradicional, alejaron a la poesía del público tradicional, porque ya no escribía directamente una emoción, un sentimiento, una descripción, etc.; y en segundo lugar, aceptaron que esa búsqueda de una nueva expresión necesitaba romper también los cauces formales, normalmente asociados a la vieja función explicita de la poesía.

Resultado: existe, junto a la poesía tradicional, apegada a los viejos modos de expresar superficialmente lo inefable o lo excelso, otro modo de crear que busca expresar los resortes secretos, y probablemente más ciertos, de la poesía.
Seguiremos, pero voy a dejar antes un par de fotos, una de ellas con las violetas que han surgido, encima de un tiesto minúsculo y casi abandonado; la otra con unas ramas de cantueso que he puesto a enraizar.




jueves, 7 de julio de 2011

Poesía, poética y más libros


Hoy por la mañana, al tiempo que mandaba una reseña para El Cultural de El Mundo y terminaba otra para la Revista de Filología Española –las dos quevedianas, por cierto– he comprado gasolina nueva para las playas, entre ellas la reciente monografía sobre Calderón de Cruickshank, que acaba de aparecer traducida del inglés (versión del 2009), los Sonetos y Elegias de Louise Labé, traducidos en verso por Aurora Luque; una nueva novela –de Mendicuti–; y entre los etcéteras un librito precioso que me llamó la atención por el tema que anunciaba (árbol), con  la autoría de un conocido naturalista, Joaquín Araújo, y el prólogo de un pensador, y ensayista de prestigio (José Antonio Marina). He jugado con el libro en las manos, por su forma apaisada que conserva la de un cuaderno de notas –para semejarse a la verticalidad de la mayoría de los árboles–, reproduce un cuadro con abedules –mi árbol preferido– e imprime con una elegancia fuera de toda duda sus 92 páginas, a modo de facsímil caligráfico, color anaranjado de la letra sobre papel hueso.

Sí, es verdad, este párrafo abre un pero, y hacia él nos hemos venido encaminando. Lo que esas páginas dicen, en varios momentos (última de cubierta, prólogo, incluso en momentos del textos....) se califica de "poesía". Cierto es que cada uno puede proyectar la cualidad poética sobre lo que le parezca oportuno, y ya hemos argumentado en este cuaderno debidamente el invento histórico de la literatura y de su corazón, la poesía. Pero si uno toma la derrota de argumentar libremente y calificar según su real gana se puede encontrar con que los lectores no le siguen, también tienen o su real gana o la tradición que conviene al término, incluso la tradición con todos los quiebros modernos. Y no, me temo, que no es un libro de poesías, por más que de vez en cuando brille alguna imagen, convengamos con tal o cual pensamiento o se hayan dispuesto cuidadosamente las líneas con su naturaleza gráfica incompleta (¿debido a...?) o el naturalista lo haya intentado, porque en su inspiración, en el tema, en lo que le conmueve cuando escribe sobre la naturaleza del árbol y del bosque intuya que hay algo que solo se podría decir de una manera peculiar (la que llamamos "poesía"). Algunas páginas finales de poemas breves con caracteres orientales y pictogramas son lo que más se podría aproximar a un poemita.
El equívoco subyace en la mayoría de la "poesía" que se escribe hoy, por seguir llamándola así.


A continuación tendría que añadir –una vez más– lo que les comento, por ejemplo, a muchos de mis alumnos cuando me dan a leer sus poesías y parece que mi comentario es negativo, aduciendo algo semejante a lo que arriba va: no dejéis nunca de escribir e intentar decir lo que queréis, incluyendo en ese espacio que habéis calificado como poesía, porque es el espacio de vuestra libertad en donde ejercéis una de las tareas más nobles de la condición humana: la de la creación. Y si os preocupa hasta el punto de que, además, queréis decir de modo distinto y peculiar, entonces seguid haciéndolo, intentándolo hasta que lo empecéis a lograr. En tanto, no publiquéis, o sed muy parcos y moveos entre consejos, con prudencia.

lunes, 14 de febrero de 2011

"Anda el vate rumiando sus tristezas...."

Anda el vate rumiando sus tristezas,
que nada ha sido como imaginaba;
le maltratan treinta años de barriga,
desazón, pena, vanidad y rabia.

De verso en verso ha conseguido al cabo
barruntar lo que valen sus palabras,
que cuando se encadenan felizmente
parecen no decir ya casi nada;

y mientras tanto el tiempo sucedía,
mientras tanto la vida que cruzaba,
en los rincones fue lo que podía
y en el pasado fue lo que quedaba.

La misión cumple el vate de silencios.
Un esperpento gesticula y canta.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Libro de sonetos: "Tenemos que cuidar la poesía..."

Tenemos que cuidar de la poesía
y proteger su campo de labores,
porque es lugar donde sucede aquello
que hemos llamado a veces libertad.

Libertad, libertad, no es libertad,
es la capacidad de conocer
libremente, de ser, imaginar,
pensar y desechar sin obstruciones,

desbordar y vencer la inteligencia,
hablar y discutir lo indiscutible,
romper el molde al que nos han forzado
con palabras, palabras y palabras;

una herramienta humilde y necesaria
con la que a veces conseguimos algo.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Libro de sonetos: "Escribir poesía..."

escribir poesía
un día         de invierno
con esa niebla     que por la noche    
se levanta           

no sé      no sé        no sé
quizá mejor      ver una peli   antigua
hasta muy tarde

                       envuelto en una manta

e imaginar que fui         el protagonista   
al menos de aquel beso      
que resolvió la trama

y cuando empiecen las noticias con la crisis
ir muy despacio  muy seguro     hacia la tele
y apagarla.



sábado, 6 de noviembre de 2010

Poesía y palabras

Este viejo modelo denostado
parece ser el único lugar
que habitan las palabras en su cárcel
de angustia, de silencio, de impotencia,

el único lugar para escapar
de la red que tejieron los sentidos,
de la prisión del cuerpo cuando quiere
fugarse hacia los nombres que nos dieron,

hacia la claridad que tantas veces
suponemos que vamos a lograr,
que sigue iluminada, sigue ajena,
si cerramos los ojos y la voz

y nos negamos a escucharlas, como

si decirse pudiera de otro modo.