Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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martes, 16 de enero de 2018

La gran biblioteca de Guangzhou (Canton)


Es quizá una de las cosas que más me han impresionado de la ya por sí impresionante ciudad del sur de China, a donde por primera vez hubo un contacto fecundo entre europeos y chinos, primero los portugueses.


La Biblioteca se encuentra en el nuevo centro moderno, rodeada de rascacielos y al lado del museo de Guangzhou, que también merece comentario aparte.



He entrado y paseado y consultado en ella todo lo que he podido en el tiempo que tenía. Es atractiva, desde luego, por su arquitectura moderna y funcional, enormemente luminosa; pero también por los muchos espacios reservados a los lectores de todas las condiciones, incluidos ciegos, discapacitados, niños, etc.



También me han llamado la atención los atriles gigantescos en donde se pueden leer electrónicamente periódicos y revistas (¿un 300 por cien aumentada cada página?), el sistema de préstamos y devolución, la libre circulación de todos sin que aparentemente haya funcionarios....


Tendrá, como la nueva de Xian, que tengo que visitar, problema de fondos: no parece que pueda tener los originales de lo que se ve en Harvard, la BNE, la BL, la BNF, etc. Pero eso va a a ir cambiando poco a poco; y así, en tanto los museos seguirán siendo en su mayoría pobres, porque no se ha preservado el patrimonio, en las bibliotecas será fácil hacerse con todas las reproducciones da calidad y acabar por tener prácticamente todo.


Enorme satisfacción al saber que hay lugares en donde la cultura se mima, se cuida, sirve como un motivo más para el progreso de la gente.

miércoles, 13 de abril de 2011

La biblioteca del CSIC (en Madrid)


La infraestructura de bibliotecas de Madrid es francamente espléndida –hay que dar al César lo que es del César....– y en este cuaderno he ido dando fe de ello; me refiero a "grandes bibliotecas" en cualquiera de sus significados: por sus instalaciones, por su oportunidad, por sus fondos....; en pocas se dan todas las características, pero entre unas y otras creo que Madrid posee una red de bibliotecas de gran calidad, y todavía me quedan por citar algunas soberbias, como las del Ateneo, la "Joaquín Leguina", la de la Casa de Velázquez, etc. 

Con las que ya he ido citando, sin embargo (de la Filmoteca, de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, de Lavapiés....) puede hacer juego la más importante de las bibliotecas para el investigador, la del CSIC, ahora en la calle Albasanz, con unas instalaciones grandiosas que recuerdan –por cierto– las de la British Library, por su amplitud y disposición arquitectónica, claro que solo por eso.


No sé cómo será su funcionamiento, supongo que correcto; conozco su fondo antiguo, interesante pero muy circunstancial....; sin duda sigue poseyendo la mejor hemeroteca especializada, al menos en el campo de las Humanidades, y sus servicios y fondo moderno es equiparable al de las grandes bibliotecas especializadas de todo el mundo. Sé que ahora se esta reduciendo su presupuesto. Esperemos que no se deteriore.

Otro tipo de problemas es el que concierne a los bibliotecarios, particularmente en el caso de las bibliotecas públicas; pero ese es oro cantar.




sábado, 19 de febrero de 2011

Dos excelentes bibliotecas más, en Madrid


Son muchas, como ya hemos empezado a señalar, las bibliotecas de Madrid, como lugares de trabajo  adecuados para la lectura, la investigación. Obviamente, las grandes bibliotecas –o las de las instituciones reconocidas– siguen ahí: la Biblioteca Nacional de España, la del Ateneo, la histórica de la Complutense (llamada de “Valdecillas”, popularmente), etc.  Sin embargo, son menos conocidas algunas otras bibliotecas específicas, de importancia para su campo. Me voy a referir a dos de ellas, la de la filmoteca nacional –que he visitado recientemente– y la de la Academia de Bellas Artes de San Fernando –que también he visitado ahora.


Palacio de Perales
La biblioteca de la Filmoteca, en Madrid, ocupa el Palacio de Perales (en la calle de la Magdalena) construido, a principios del siglo XVIII, por Pedro de Ribera, pasó a ser propiedad del estado a comienzos del siglo XX y, desde 1977, pasó a formar parte del Instituto de la Cinematografía y Artes Audiovisuales para albergar la nueva sede de la Filmoteca Española.
Por la amabilidad de algunas personas que allí trabajan he podido entrar, visitar el lugar, saber que tiene un precioso museo, todavía sin posibilidades de abrirse al público –falta personal– y entrar en su biblioteca.


No hace falta que exponga, sin embargo, lo que es arquitectónica y artísticamente la Academia de Bellas Artes de San Fernando, del que se puede empezar a admirar la entrada, las escaleras, los patios, los hermosos ventanales... y cuya colección y museo es deslumbrante, pero sí que conviene que señalemos la riqueza de su archivo y la coquetería de su biblioteca, en pleno centro de Madrid, con una organización excelente, ya que se puede consultar su fondo vía internet, en www   archivobiblioteca-rabasf.com.


sábado, 5 de febrero de 2011

Paseos por el Madrid histórico: Escuelas Pías de San Fernando, en Lavapiés




No hace falta ahora encarecer la recuperación de cierto ambiente histórico y las características de este viejo barrio de Madrid, donde en algún momento estuvo la judería, la inclusa, etc., es decir, barrios y gentes marginadas. Por eso he hablado de recuperación, ya que el paseante ahora percibe claramente las colonias de orientales (¿chinos?), magrebíes, africanos (¿senegaleses?), indios y paquistaníes, además de europeos de muchas nacionalidades, incluyendo españoles. En el plano de Texeira son los barrios humildes y de almacenamiento, con muy pocos palacios o casas señoriales. Allí se encontraba –y sigue, con otra función– el Rastro, es decir, el matadero desde donde se suministraba la carne a la población.



El camino hacia el edificio de las Escuelas Pías me ha dejado rincones muy especiales, en un ambiente, por lo general, limpio y cosmopolita, eso sí, humilde. Pero todos los rincones son pocos para encarecer la excelente "Biblioteca de las Escuelas Pías" que ha ocupado el cascarón de la vieja iglesia –véanse las fotos– y se ha convertido en un lugar de reposo, de trabajo, de lectura modélico. Pocas bibliotecas he visto en el mundo –y he visto muchas– que hayan conseguido armonizar historia, destrucción y aprovechamiento como esta. Pertenece a la red de bibliotecas de la UNED, pero he comprobado que se puede usar con identificación y trámites normales.


El Colegio y la Iglesia de las Escuelas Pías de Madrid –de los dos que hay, este, el de San Fernando– fue fundado en 1729 por el Padre Juan García de la Concepción, al lado de una ermita del Pilar que allí había, en jurisdicción de la parroquia de San Justo. El lugar era el adecuado pues los calasancios –al menos entonces– buscaban la formación y educación de niños pobres y ponían en funcionamiento sistemas que, para la época, resultaban muy avanzados. Todavía se conserva en el Retiro –ya lo veremos– estatua dedicada al religioso que inventó el lenguaje de sordomudos, que se empezó a utilizar en estas escueles sistemáticamente.
La iglesia fue construida –como arquitecto un escolapio, el hermano Gabriel Escribano, usual en otros muchos casos–  entre 1763 y 1791, en base a una planta compuesta por una nave cuadrangular adosada a una rotonda, que se coronaría con una suntuosa cúpula. 
Fue de las primeras iglesias saqueadas y quemadas en 1936.