Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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jueves, 3 de mayo de 2012

Camelias y azaleas

camelia alba

camelia
La belleza podría ser sencilla
nos dice la camelia más nevada,
y a su lado se enreda con dibujos
otra barroca, jalde y colorada;

no admite ni una mota que le manche
redonda prieta pura grande blanca,
en tanto que allí mismo alguna yedra
termina con la flor más complicada;

reservaré el asombro si es sencillo,
la norma es no entender nada de nada,
quizá es nuestra manera de pensar
la que resulta torpe y desviada.

Somos nosotros los que no atinamos;
la inteligencia es la equivocada.

flor de enredadera

azalea

sábado, 28 de enero de 2012

Naturalmente somos inclinados a saber....




[A B.P.]


Naturalmente somos inclinados
a saber, no esperemos premio en balde;
que sin estudios ni cuidados solo
conseguiremos números vacíos;

siempre han de continuarse las mejores
ocupaciones, en cuyo ejercicio
las humanas felicidades vienen;
y que no se nos pase un día sin

una línea a lo menos, que se roba
al tiempo cada instante sin trabajo,
aunque sea en tareas las más simples
que no por eso pierden los estudios.

Te mandaré semillas de hierba luisa
para que aromen la camelia, blanca. 



sábado, 4 de junio de 2011

"Para la soledad, un claustro blanco...."


Para la soledad, un claustro blanco
de sencillas arcadas y espaciosas,
tres camelias y cuatro limoneros
rodeando una fuente silenciosa.

Vivir aquí será para olvidar;
gritando cruza gris una gaviota
y el silencio se asusta; en la espadaña
del campanario viejo al fin se posa.

Quedar aquí será para aceptar
la paz que no se sabe y sí se nombra.
Parece que se muere un limonero
y medran las camelias sin las sombras.

El vacío es inmenso en la Cartuja.
El viajero se sienta allí, y reposa.

Parece que se muere un limonero

lunes, 25 de abril de 2011

Ramos de jardín, con sus limones


El jardinero ha tenido mucha tarea. Los comarcanos cuando van al campo siempre dicen que van a “cortar” no a arreglar, plantar, etc.; casi siempre van “a cortar”, y corta sin piedad con el fouciño
Cuando se lleva tiempo en esta tierra, se entiende. 
Dicen que esta zona –el último rincón peninsular– tiene uno de los mayores crecimientos vegetativos de Europa, es decir, que es una selva en la que uno ha de imponer respeto a base de tijeras. El rapsoda metido a jardinero cometió varias temeridades de novato hace tiempo, tales como plantar una glicinia, varios árboles, una parra virgen.... Cada vez que vengo, la glicinia ha asaltado el horreo y se lo está tragando con sus abrazos; la parra virgen ha subido al tejado, lo ha recorrido y baja por la otra parte de la casa buscando más obstáculos que cubrir; el pino que me traje del rastro en un tiesto pequeño amenaza con caerse y cortar la carretera; la secuoya que me regalaron mis compañeros de Edad de Oro hace pocos años, tiene un diámetro de mas de un metro y alcanza los quince de altura; el cedro del himalaya que se regaló mi hijo debajo del brazo envuelto en un periódico, ve desde sus quince metros todos los rincones del valle de Santalla; el castaño que plantamos en un pispás Mario y yo, es el inmenso palacio del jabalí.... El jardinero ha de limitarse a mantener un relativo control sobre lo que pasa alrededor. 

Cuando ha logrado ese control, puede pasar a la fase de disfrutar de lo que no amenaza colosalismo: lirios cerca del mar, muy difíciles de conseguir; variedad de camelias, entre las cuales la alba plena –mario lo dice en latín, mejor– bellísima; mil tipo de hortensias, azaleas, olorosas, fucsias; permanencia de los heliotropos –esto es cosa nuestra, no de los cedeireneses, que no suelen conocer la planta–; es decir: la plenitud de las floraciones primaverales, que se van a ir sucediendo naturalmente: deutsias, celindas, fucsias, los primeros botones de los guindos, la suculencia verde de los avellanos....

He ido casando flores para hacer ramos. Hay que ver qué buenas migas hacen las celindas y las camelias, por ejemplo; casan blancos y contrastan las varitas con los rosetones: he hecho varios ramos, uno encima del piano, otro en la mesa de trabajo.
Y también he empezado a utilizar las olorosas; para empezar, abrótano macho para los mosquitos. No creo mucho en ellas, pero les voy a dar otra oportunidad. Y no tengo ruda –la tuve–, que sería probablemente la mejor: pero la ruda aleja mosquitos.... y humanos.
A ver.