En el caso de los libros ello no quiere decir que el menda lerenda deje de leer y predique la lejanía con ese espacio íntimo que es el de nuestra civilización: la lectura. Al fin y al cabo he sido profesor de "literatura" durante mucho tiempo y he intentando enseñar a leer y he intentado dirigir lecturas. Regalar libros y bibliotecas quiere decir otras muchas cosas, algunas privadas, que no son de este lugar. Lo que me ocurre es que al mismo tiempo que las sacas de ejemplares, los libros siguen llegando, por actividad en el campo profesional o por compra –interés, curiosidad y placer. De hecho, como sabe el lector de este blog, acabamos de publicar dos volúmenes más de la Biblioteca de Autógrafos Españoles
El escaparate de mi librería de libros recién llegados da una muestra bien representativa: tres libros de mi campo de trabajo, uno de ellos y parte de otro, por cierto –no lo dice la cubierta– en edición de ese admirable investigador que es Luis Gómez Canseco; no lo dice la cubierta del Quijote de Avellaneda. En ese cupo hay un Quevedo o al él referido, sumamente interesante.
Lecturas menos sesudas parece que pudieran ser los otros dos: la novela de Belén Gopegui, a mi modo de ver de lo más valioso que narrativamente se escribe en este país. Abro paréntesis y recuerdo a Ricardo Senabre –fue mi profesor en la universidad de Salamanca, entre otras cosas–, repentinamente fallecido hace unos días. Era un extraordinario crítico de novelas actuales; sus reseñas aparecían periódicamente en El Cultural.
En cuanto al libro de Gregorio Morán...., uno no puede no asomarse a título tan sugestivo, en donde, cierto es, todo lo que voy leyendo conecta con mis propias vivencias y las gentes de mi generación. Por asentimiento vital el libro es valioso históricamente, a veces con juicios algo atrevidos o peyorativos y con noticiero muy curioso que añade al que ya tenía perspectivas que no fueron las mías. He oído hablar mucho de ese libro, casi siempre de modo despectivo, condenándolo por su critica negativa. No es cierto: he convenido con él en los juicios positivos sobre Aranguren, en las dos o tres pinceladas sobre Alonso Zamora Vicente, etc. Y también estoy de acuerdo, en definitiva, con los zarandeos a Víctor García de la Concha, sobre cuya figura ha tenido la desgracia de pivotar la cultura oficial española, cosas de este extraño país. De modo que considero que es un documento inestimable.
Hombre, los detalles.... Iba detrás de los profesores que encabezaron aquella famosa manifestación, de resultas de la cual expulsaron a García Calvo, Aranguren, Montero Díaz... (Tierno Galván no iba, llegó al día siguiente), y conozco pasillos y tortuosidades diversas –por ejemplo, las conversaciones entre Tovar y García Calvo–; pero no sé en qué momento la historia se convierte en chismorreo y cuándo hay que saltar a perspectiva general, para no hablar de mis compañeros de guerra, entre los que recuerdo a Eugenio Lasarre (hoy del PP), la complicidad de Juan Pabo Fusi, y sobre todo a Balín (ocupa hoy un puesto muy activo en un Ministerio, no sé si se le puede citar con nombre y apellidos). Quizá todo lo que cada uno de nosotros pudiera añadir anda condenado a perderse con la ventolera de la historia, que con estos mimbres trazan otros.