I
mala costumbre la de enamorarse
mala costumbre la de enamorarse
a estas alturas, no sé si se lleva;
y luego están los versos, que se meten
en todo y no se avienen con la estética
de la fuga, el fragmento y la ruptura;
con la huida, el fragor y la frontera;
a ver cómo te digo, amor, en perfor
mance, lo de pasión y lo de pena
si no me quedan más que unas palabras
mucho muy más que yo mucho más viejas,
que tengo la retórica cansada
y ya solo me importa, amor, tu ausencia;
y esto es gritar del que uno no se puede
hurtar, decir es del que no se piensa.
y II
Un poëta, que sufre abandonado,
llorando está en la calle Leganitos,
anda triste, de ausencia acompañado,
con mocos, botellón, lágrimas, gritos…
Sabe que anda su amor lejos, rodeado
de hombres turbios de todos los distritos;
ya van para tres noches que ha cenado
pan duro, gasëosa y huevos fritos.
Intelectual a penas poco dado,
por el viejo Madrid vaga doliente;
a casa volverá triste y contrito.
Un mes ya que su dama se ha marchado,
y en tanto siente que ama locamente,
atraviesa la noche con mojitos.