 |
| autógrafo de las silvas de Quevedo en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Nápoles |
 |
| las escaleras del círculo de Bellas Artes |
 |
| Un momento de la exposición sobre libros de coro |
Para hablar de bibliotecas y particularmente de los 350 años de la Biblioteca Nacional de España se reunió la XV edición de Litterae, en la sala María Zambrano del Círculo de Bellas Artes, en Madrid, para cumplir un programa que se anunció en otra entrada de este blog, preparado y conducido por Enrique Villalba y Emilio Torné, profesores de universidad; y E. Torné, además, editor de Calambur, una de las editoriales españolas de mayor prestigio. Me hicieron el favor de invitarme –hablé sobre investigación y manuscritos– y pude acudir a bastantes sesiones, todas menos las del viernes, de modo que pude disfrutar, primero, de conocimientos y experiencias nuevas; luego, de esa zambullida gozosa en espacios intelectuales comunes, para contrastar ideas, sugerir y ser sugerido, saber lo que se está haciendo y lo que no....
 |
| Madrid desde la sexta planta del Círculo de Bellas Artes |
Este tipo de reuniones sirven sobre todo para eso: yo no sabía quién era esa bibliotecaria –Luisa Cuesta– de la que nos habló Pilar Egoscozábal y a la que tanto le costó atravesar la guerra civil con su sinceridad ideológica a cuestas; había visto hojas y papeles de una de las cajas que guarda los de Alberti –de lo que nos habló María José Rucio–, pero no conocía el detalle de su historia (desde París a Argentina) ni otros aspectos interesantísimos de un rico legado –hay más cajas en la BNE– que no se conoce bien, y que entró, por compra, a mediados del siglo pasado a enriquecer los fondos de la biblioteca; tampoco pensé que el conjunto de los libros de coro que se conservan en la BNE fuera tan rico ni tan interesante, que se pudiera consultar on line y que estuviera recibiendo un tratamiento riguroso y complejo.

Me gustó volver al Círculo: no pudimos comer en la cafetería, abarrotada, lo que significa que sigue siendo lugar vivo. Me escapé por una cuestión informática a uno de los despachitos con ordenador y volví a ver, desde una de sus ventanas (de la sexta planta, creo) el espléndido y tumultuoso Madrid que cruza Gran Vía y Alcalá, con el cimborrio del Metropolitano limpio y dorado y con la vieja iglesia carmelita de San Hermenegildo –la que fundó Felipe II y pintó Antonio López, abajo y enfrente, asalmonada.
 |
| Firma en el codicilo de Francisco de Quevedo, moribundo |
Tuve la suerte –la hubiera tenido de todas maneras– de almorzar frente a dos musicólogos –José Carlos Gosálvez y Jesús– e intérpretes que habían intervenido en la presentación del proyecto que cataloga los libros de coro; y que me ilustraron debidamente sobre lo que les preguntaba mi curiosidad e ignorancia. Que para eso también sirven estos encuentros. Ojalá que continúen.
Hubo exposiciones y diálogos francamente interesantes en un espacio bien organizado, grato y en el que intervenían y escuchaban personas con conocimiento o curiosidad, y sobre todo con expositores muy generosos en cuanto a material expuesto, proyectos, etc. No debo reproducir o exhibir material ajeno, ya lo harán mis colegas; pero tanto el manuscrito de las silvas –arriba– como esta otra batería que sucede de manuscritos de letra original, pertenecen a mi propia perorata:
 |
| Autógrafo desconocido de Villamediana |
 |
| Testimonio temprano y desconocido del soneto cervantino "Vive Dios que me espanta esta grandeza...." |