Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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sábado, 17 de marzo de 2018

Garcilaso entero, en Clásicos Hispánicos







jueves, 12 de marzo de 2015

Los sonetos de Garcilaso en Clásicos Hispánicos

Clásicos Hispánicos reanuda su marcha, después de una breve pausa, ocasionada por el cambio de política fiscal de la Comunidad Económica Europea, impertinente y dañina en sus disposiciones para las pequeñas empresas, lo que no es de extrañar en el ámbito de este enorme consorcio de capitales que nos domina y al que parece interesarle tan solo el mantenimiento de ese poder. Ya saben, hagan ustedes la prueba más sencilla al alcance de la mano: viajar con un teléfono común de un país a otro, ya verán cómo en ese caso no hay "comunidad" sino frontera con nombre de "roaming" para que los grandes consorcios de comunicaciones sean "nacionales" y puedan seguir cobrando más. Y eso que tal comunidad se inventó hace décadas. No les habrá dado tiempo a ponerlo al día. Claro que eso no es nada con lo que ocurre en algunos países –entre ellos España– en donde para organizar una empresa pequeña hay que atravesar por los bancos (pedir préstamos) y empezar a pagar (autónomos, seguridad social, etc.), ¡antes de que le empresita haya dado el primer paso! Es evidente que así se castiga la irrupción de emprendedores en campos que dominados están por el gran capital, que impone sus hábitos y precios, con ayuda de los legisladores, esto es, de los partidos políticos, corruptos hasta las cejas. 

Y he aquí que la presentación de la nueva colección ha vuelto a darnos el argumento de por qué hay que votar a Podemos, cuya escoba y fregona se necesitan con urgencia.
El caso es que CH vuelve a publicar su colección, acoplada a la nueva situación fiscal. Los números 50-51, en donde hubimos de pararnos, son los dos Quijotes, el de 1605 y el de 1614. Luego sigue una serie de 20 más, hasta el número 170, de entre los que extraigo, para presentar el segmento, la edición de los sonetos de Garcilaso, por Aldo Ruffinatto. De donde son las imágenes.
En esa nueva remesa de textos, Miguel Hernández, el Poema de Fernán González, El Galateo, etc.




domingo, 17 de febrero de 2013

"Si de mi baxa lira...."

Así arranca la famosa canción V de Garcilaso, tantas veces leída, explicada, admirada, la que además dio nombre a una variedad estrófica de carácter artístico y larga historia, cuyos antecedentes napolitanos también se han estudiado; recogidos fueron por Herrera en sus comentarios, texto que –por cierto– es el que cito.


Leemos en voz alta estos días la canción como iniciación a la poesía clásica española, y ya de la mera lectura se sabe de la amplitud y apertura de la expresión garcilasiana, que sin demasiado esfuerzo puede alargar su periodo inicial más allá de la sexta estrofa, con enlaces, ampliaciones, enumeraciones, etc. que convierten la canción en una proyección abierta, sintáctica, casi sin límites;  es decir, en una exhibición del buen hacer de Garcilaso, es verdad, pero también de la modelación de la lengua que se doblega y adapta a las necesidades expresivas del poeta. Tal maleabilidad ha de conjugarse con un buen sonar, que para empezar tiene que encontrar una consonancia estrecha que une, según esquema escolar, 1ª y 3ª y 2ª, 4ª y 5ª.  El trabajo de orfebrería musical se ha de asentar, además, sobre un nuevo ritmo, que la banalización de la métrica se contenta con atribuir al endecasílabo, pero que entonces había de lograr una melodía muy peculiar (la de 2/3-6/8-10), enfrentada al sonsonete de las coplas de arte mayor.

No hace falta que se repita que Garcilaso es el primero que logra esta melodía de modo casi sistemático en su relativamente breve obra; lo que habría que añadir es que además construye todo un repertorio de efectos y posibilidades expresivas derivadas, precisamente, de las nuevas modalidades poéticas. Ni hace falta ir muy lejos para observarlo, el encabalgamiento que deja a “momento” suspenso un momento antes de ir al verbo del verso siguiente; la dispersión  del verso final de esa primera estrofa “y la furia del mar i el movimiento”, en donde los dos términos copulados (“la furia y el movimiento”) se dispersan por la interposicción “del mar”, y así lograr la rima, por supuesto. Este modo de enlazar o dispersar con suma libertad los elementos de la frase es uno de los signo del nuevo lenguaje poético mejor manejados por Garcilaso, con el latín al fondo. De vez en cuando, algún latinismo (”a muerte convertido”, de “cum venire”).

A lo largo de la lira Garcilaso mueve otras muchas veces los versos para acomodar la rima, lograr el ritmo o sencillamente dispersar la expresión, con imagen impresionista: “de polvo i sangre i de sudor teñido”, hasta lograr efectos sorprendentes que nos explican, quizá, por qué a sus contemporáneos les parecía tan oscuro poeta: ...por quien los alemanes / el fiero cuello atados, / i los franceses van domesticados, en donde además acude a un acusativo griego (“el fiero cuello atados”, ya lo comentó Herrera). A lo largo de la lira:  que ponçoñosa fiera / nunca fue aborrecida / tanto, como yo dél, ni tan temida....// Hágate temerosa / el caso de Anaxárete i cobarde...//  la sangre su figura / iva desconociendo i su natura....


No es el momento de proseguir con este tipo de referencias –harto conocidas–,  que proporcionan en una primera lectura limpia casi todo el arsenal de la poesía clásica española; y no lo es sobre todo porque quería limitarme a subrayar el entramado métrico, eso sí, que no quedase como mero análisis objetual –que es en lo que se suelen quedar los que no consiguen averiguar en qué consiste eso de la inextricable unión de forma y fondo.

La poesía de Garcilaso suena solo de dos o tres maneras muy sencillas, es una melodía nueva sin muchas complicaciones por ahora. Se asienta sobre dos ritmos artísticos que, al conjugarse, forman un nuevo ritmo: el de los heptasílabos y el de los endecasílabos, sin llegar a explotar más que una variedad fundamental (la de ritmo par, sea heroico –2.6.10– sea sáfico –4.6/8.10), que a veces dialoga, rompe o varía con la del melódico (3.6.10).  Como bien se sabe, el heptasíablo (con su obligado ritmo marcando la 6ª) juega y conjuga armónicamente con el endecasílabo. En épocas tempranas –y es época muy temprana para el endecasílabo– ni se explotan otras muchas variedades ni se experimenta la sensación de expresión gastada, antes al contrario, parece que se pretende el logro y la pureza de la nueva melodía. 
El lenguaje artístico –la prosodia– de Garcilaso concede bastantes cosas al ritmo del endecasílabo y acarrea otras que reflejan el momento histórico de la lengua.

7         No pienses que cantado                    (2.6)
11       seria de mi, hermosa flor de Nido...   (2.4.6.8)

En donde hace falta silabear “se-ria” y aspirar la h- de hermosa (y a lo largo de todo el poema) para que no se produzca la sinalefa.  Compárese con estos versos, que arrrancan de un enfático y vuelven a leer “seria” un par de veces (y lo marcan con la crema, por cierto):

fuerça de tu beldad serïa cantada   (1.6.8)
i alguna vez con ella
también serïa notada
el aspereza, de que estás armada....

El otro efecto métrico que quisiera señalar es el de la exentidad fonética de “alma” –palabra clave en la poética del s. XVI–, a la que repugnan las sinalefas, como en este sáfico

y assí su alma con su mármol arde  (4.8)

Si se salvan esos pequeños escolios, la lira ofrece un ritmo casi limpio y simple basado en ritmos pares, con el contrapunto de algunos melódicos, en contraste con la repetición de “áspero” y toda su famila léxica para definir negativamente: “ásperas montañas”,  “el aspereza de que estás armada”,  “el áspero cavallo”, etc. “Dulce” es, por cierto, una de las palabras preferidas por Garcilaso para calificar positivamente. Sobre la paleta de los calificativos habría que abrir capítulo aparte.

He aquí los pocos contrastes a melódico en el ritmo de los endecasílabos, sobre lo que diremos algo enseguida:

i la furia del mar i el movimiento  (final de estrofa 1ª)
en la concha de Venus amarrado (final de estrofa sétima)
ni con vivas espuelas ya la aflige  (final de estrofa 8ª)
no rebuelve la espada presurossa
en lugar de la citara sonante
en piedad amorosa el aspereza

Seis melódicos sobe un total de treinta, los tres primeros para cambiar el ritmo de una estrofa; posible casualidad de un versificador cuidadoso.
Modalidades menores –inventariadas, por así decirlo, más tarde– aparecen el del vacío

con que desenlazó de la cadena   (6)

del enfático, más frecuente desde los comienzos:

obras i hermosura a los poëtas

Es posible que haya que ejecutar como melódicos estos dos:

como te sucedió mayor dureza!
iva desconociendo i su natura

Como se ve, ritmos nuevos harto sencillos, casi puros, sobre los que poco a poco todos los poetas que se aprendieron de memoria a Garcilaso empezaron a enriquecer e innovar. Pero Garcilaso quedó como el primer clásico, el primer impresionista, que construyó un universo ideal, platónico (“fieras alimañas, “Marte airado”, etc.) y logró que la naturaleza se fundiese con sus sentimientos (“los árboles moviese”), echando mano de la hipérbole.
Creo que es suficiente para empezar a leer esta lira de Garcilaso.

domingo, 4 de marzo de 2012

Garcilaso el melodioso (y VI)


Con un poco de retraso con respecto a las lecturas de mis alumnos en el curso de la UAM, termino la serie sobre Garcilaso el melodioso, aludiendo primero a un rasgo del que hemos dado cuenta por encima, al paso, como sin darle importancia: el de los versos que, según los parámetros aplicados, parecen fuera de melodía. Los hay, luego veremos algunos, y suelen ser punto de discusión de la buena crítica, porque ante un verso de esas características cabe pensar 1) que a veces dormita Homero y que, por tanto, el verso, auténtico, le salió mal a Garcilaso; 2) que la entonación y pronunciación de la época se permitía, sobre todo en verso, licencias que hoy nos rechinan; 3) que la trasmisión textual del verso ha sido in correcta y que decía otra cosa o de otra manera.

No se trata de versos que se pueden ejecutar de muchas maneras, como el siguiente: 

2.3.6.8                       Amor quiere que calle yo no puedo

Sino de versos realmente fuera de los cánones históricos del ritmo, esto es: no sería raro encontrarlo en poesía actual, sobre todo de malos poetas, que los escriben inconscientemente:
2. 8                 Entonces como cuando el cisne siente
2.8                  mas todo se convertirá en abrojos

A veces de extraña ejecución:

2.4.6.7             quedaos adiós, que ya nuestros oídos
2.4.5                               y en esto no voy contra el juramento
2.8                  guardarme, como en los pasados años
2.(6).8             lo menos de lo que en tu ser cupiese

No falta entre ellos el llamado endecasílabo de gaita gallega o dactílico (4.7.10) en cualquiera de sus variedades (1.4.7; 2.4.7; 4.7), modalidad que también recordaba mucho las coplas de arte mayor y que reaparecerá con más o menos fuerza en autores (Cervantes, por ejemplo) y épocas tardías.  Está ya en el soneto I

1.4.7                Hallo, según por don anduve perdido

Cada uno de estos casos solicita un despliegue de información y crítica –también textual– que no se puede hacer aquí.

Aquí lo que vamos a hacer es terminar señalando, como rasgo novedoso y mayor del estilo de Garcilaso relacionado con los modos rítmicos, la dispersión sintáctica, es decir esa apertura y despliegue –el latín al fondo– que permite abrir la rígida estructura del sintáctica del lenguaje escrito anterior, y que confiere a los versos esa sensación de facilidad y maleabilidad, grata al oído moderno. Tan abundante es y tantos los casos, que no puedo más que ofrecer ejemplos.
Góngora recogerá este guante.


O cuitado de mí, cuán fácilmente
con espedida lengua i rigurosa
el sano da consejos al doliente

condolidas del daño y descontentas

a le hurtado alguno o escondido

… que si al cielo que me oyere
con quexas no moviere y llanto tierno

Verde en el medio del invierno frío,
en el otoño verde, y primavera,
verde en la fuerza  del ardiente estío…

Mi lengua en dulces modos y sutiles

La mar en medio y tierras e dexado

muerte, prisión no pueden ni embarazos
quitarme de ir a veros….

I es que yo soy de lexos inflamado
de vuestra ardiente vista y encendido
tanto que en vida me sostengo apenas

Estaba yo a mirar, y peleando
en mi defensa mi razón estaba….

El fruto que de aquí suele cogerse
mil es amargo alguna vez sabroso
mas mortífero siempre y ponzoñoso…

aplacase la ira
del animoso viento
y la furia del mar y el movimiento….

Que según he sabido, ni a las oras
que el sol se muestra, ni en el mar se esconde
de tu lloroso estado no mejoras.

Con ansias vas buscando el que partido
era ya con el sueño y alongado.

Bien te confieso que si alguna cosa
entre la umana puede y mortal gente
entristecer un alma generosa….

Nos a querido ser tan rigurosa
que ni a tu juventud don Bernaldino
ni a sido a nuestra pérdida piadosa

los cabellos y barbas mal paradas
se despedaza y el sutil vestido

y con ímpetu corriendo y con ruido


jueves, 1 de marzo de 2012

Garcilaso y fray Luis en el Retiro



una  nueva dulzura hay en el parque,
sutiles láminas de luz lo peinan,
la rima que me viene de los versos
en las sendas se apoya y en la hierba;

quizá fue que he leído a Garcilaso,
o los ojos quizá fueron de Gema,
o el sueño de pasiones muy lejanas,
o la humedad, si riegan, de la tierra;

al pasar por los arcos de castaños,
arriba, el cielo azul se trasparenta,
pero hay remansos del jardín dispuestos
a pintar de color la primavera.

No sé qué de tranquilo y sosegado,
como a fray luis, el alma nos serena.





domingo, 26 de febrero de 2012

Garcilaso el melodioso (V)

Hemos de ir abandonando a Garcilaso el melodioso para acompasar estas notas al ritmo de las clases que doy en la UAM, ya que las próximas estaciones de lectura nos van a llevar a fray Luis de León y a Juan de Yepes, y para ambos casos quería ilustrar su lectura –la lectura de los textos, que es lo fundamental, claro– con documentación genuino, con fuentes primarias. Para fray Luis, verbo y gracia, he rebuscado –y he encontrado– la documentación original de sus últimas actividades en el Madrid finisecular, actividades entre religiosas, oficiales e intelectuales: además de sus pequeños negocios mercantiles (se encuentra documentados en el AHPM), las que se refieren a su intervención en los casos de las carmelitas descalzas (1590, que se encuentran en otras colecciones documentales), mientras, por cierto, preparaba la edición de las obras de Teresa de Cepeda o de Jesús (todavía no era santa). Actuación curiosa la de fray Luis, que residía en su convento, el de las gradas de San Felipe –donde hoy están las casas de Cordero–, al lado de la puerta del Sol, enfrente de la mancebía. 
En el cruce de papeles y documentos hay un momento en el que Felipe II, de su puño y letra, corrige un "prender a fray Luis de León" por "reprender", ya que, contrariamente a lo que se suele comentar, el agustino se mostraba reacio a las órdenes de Loaysa, que trasmitía las del Rey, pues había un mandamiento apostólico de por medio y la sede papal estaba vacante. Ya lo veremos, pues es un ingrediente conocido de la personalidad de fray Luis: firme en sus convicciones y combativo con sus ideas.

Volvemos a Garcilaso el melodioso. Las nuevas apreciaciones, también técnicas, son para mostrar la constante aspiración de la h- (f- latina), pues lo habitual es que no aparezca la que h- (del latín h-): Umana, ora, ombre..... Véase un ejemplo entre decenas:
 

1.4. 8       O hermosura sobre el ser umano

Que un editor moderno hubiera escrito ¡Oh, hermosura sobre el ser humano! en donde solo la h- de hermosura es aspirada. 

Entre los casos menos conocidos, merece la pena señalar la aspiración de  la h- de “helo” (o helo alli, dichoso tú que afloxas). Convendría decir que "he" es un resto arqueolingüístico de un presunto impersonal.

Pero vamos,  la aspiración de la h- es general:

1.4.6             Mas que haré? que el alma ya barrunta,
2.6                que quiero renovar en la memoria
3.6.8             la herida mortal de aguda punta…
1.4.6             antes de aqueste, al val de la hortiga
4.6                a le hurtado alguno o escondido
2.6.8             o cuerpo e te hallado y no lo creo
1.3.6             antes nunca te hartas de mirarme
2.4.6.8          que hasta aquí, qué dices tú Salicio?
2.6                Virtudes y hazañas de los hombres
2.4.6             pudiendo qué hará, sino hacello
4.6                como de un solo hijo deseado
2.4.6.8           del oro ya tirado en rico hilo
1.4.8              iva de hayas una gran montaña

Hiatos y diptongaciones /dialefas y sinalefas, etc.

Es Garcilaso el que comienza a alargar o distender sílabas formadas por agrupaciones vocálicas, en un juego sonoro que alcanzará la exquisitez en Góngora, sobre todo en Góngora, aunque hay palabras –¡todavía hoy!– que prefieren determinadas realizaciones acústicas, su-a-ve, ma-es-tro, ru-i-do, etc.

2.4.6             el suave olor del prado florecido

Sin embargo, el fenómeno más abundante y curioso es el de la sinéresis (diptongación) de los hiatos en "ía", normalmente cuando no ocupan el axis rítmico: es decir, uno de esos casos en los que la estructura métrica se impone sobre la de la lengua, que prevalece en los buenos poetas actuales (los que componen de oído y no contando sílabas). Los ejemplos también podrían multiplicarse (pongo una tilde métrica en los primeros casos, para entender lo que ocurre): 


2.4.6                        podrián tornar d’enfermo y descontento
2.4.8                        seguiá la caza con estudio y gana
2.4.8                        que della un punto no sabiá apartarme
2.4.6.8                      que via volar aquella vanda amiga
1.4.6                        todos venián al suelo mal su grado
3.6.                          pareciá que mirando a las estrellas
2.4.6                        rompiá con gritos ella i convocava
2.4.6                        veniá por nuestra mano y la cuitada
4.6.8                        a conocer mi mal tenía el intento
2.4.6.7                     veria de quella que yo tanto amaba
2.4.8                        de cuantas digo quien debrias escucharme
2.4.6.8                      tras esto el puerco alli se via herido
4.6.8                        y temerario error que avia seguido
2.4.6.8                      que nunca dia ni noche cesan dellas
2.4.6                        allá os iría a buscar como perdido
2.4.8                        gentil cabeza¡ no daria por ella
2.6                           estuvo halagando las culebras
1.4.8                        parte del aire que solia dar vida
2.6.8                        pintado el caudaloso rio se via
2.4.6.8                      yo avia jurado nunca más meterme
2.4.6                        a poder mio y a mi consentimiento
2.4..7.8                    señora mia, si de vos yo ausente
2.4.8                        hermosas ninfas que en el rio metidas
4.6.8                        mas con la lengua muerta y fria en la boca


Y todo este fenómeno métrico-fonético no ha encontrado modo de solucionarse en la edición de textos. Como tampoco en el fenómeno semejante que ocurre con las palabras esdrújulas que terminan en hiato (ebúrnea, mediterranéo, purpúreo....); pero que métricamente son diptongos.

2.4.8                        Con prestas alas por la eburnea puerta

2.6.                          O hermosas oreades que teniendo
2.4.8                        Cestillos blancos de purpureas rosas


La casuística de estas ocurrencias resulta, sin embargo, más compleja, pues intervienen factores cruzados: el tipo de palabra o de diptongo, su lugar en el verso, las necesidades métricas del poeta. Véase este ejemplario, que comienza por documentar que no ocurre con todos los hiatos, sino con los que se abren ( x-a)

2.4.6.8             Del seco estío el gran calor ardiente


pueden aparecer como diptongos en pleno axís rítmico, aunque ahí se dan todo tipo de soluciones: 

2.4.6          Adiós corrientes rios espumosos
1.2.4.6        ay dulce fuente mía y de cuan alto
2.6.8           y cierta confïanza claro davan

Para la variante de las sinalefas en el axis rítmico:

4.6            ni lo traté como otros con engaños
3.4.8         a ningún ave o animal natura
1.4.6.8      aunque pedir tú eso no es cordura
1.4.6.8             heme entregado heme aquí rendido
1.4.6         mientras la ardiente ora de la fiesta  
3.4.6.7             me dexó aquí y aquí quiere que muera


A veces ocupan ese axis:

2. 4.6         No estáis, haced que sean las ocasiones
1.4.6          nunca entre sí los veo sino reñidos
3.6.           figurado se via estensamente

Puede ocurrir  en otro lugar que no sea en 6ª:

2.6            de áspera corteza se cubrían
2.6.8         en fin que como quiera estoy de arte

siempre con las peculiaridades del alma, ejemplario perfecto para terminar, pues en esta serie los elementos históricos –ideológicos– afectan muy claramente a la métrica:

2.6               mi alma, si es contrario lo que creo
1.4.6.8          dentro en mi alma fue de mi engendrado

2.4.6.8          escrito está en mi alma vuestro gesto….
2.6                mi alma os a cortado a su medida….
3.6                y dejé de mi alma aquella parte

2.4.6.8           El caro hermano buscas, que solo era
3.6.8              la mitad de tu alma, el cual muriendo
defectuoso      no quedará ya tu alma entera.

1.4.8              Libre mi alma de su estrecha roca
Edición manejada, la de las anotaciones de Herrera (1580)
































jueves, 23 de febrero de 2012

Garcilaso el melodioso (IV)



Corresponde, después de habernos empalagado con su dulzura, volver a algunas otras cuestiones métricas de la nueva melodía; porque la nueva melodía –con sus técnicas y artificios– acarreaba curiosos problemas que pocas veces, si alguna, se habían planteado antes, por ejemplo el dejar que en aquellos sintagmas largos y biensonantes –los endecasílabos– aparecieran dos acentos fuertes juntos, lo que luego se ha llamado el “antirrítmico” y hasta se ha analizado entre nosotros (Ferguson) y en otras lenguas (Menichetti).  Garcilaso y sus lectores pudieron resolver la contradicción o bien de oído o bien teóricamente, además.

La resolución es muy sencilla para el caso que el antirrítmico aparezca, precisamente, al lado del lugar de mayor intensidad: de la sexta sílaba o de la décima, sencillamente la elevación del ritmo escala alturas apoyándose en el de la quinta o novena, que quedan subsumidos en el más alto que le sigue. Otra fue la solución, sin embargo, para el caso de la séptima (cuando precede el de sexta, ya lo veremos), que produjo una sonoridad nueva, casi hemistiquial, aprovechado hasta lo exquisito por poetas posteriores, verbo y gracia por Herrera y Góngora.

Esa concurrencia de dos acentos rítmicos seguidos, por lo demás, se produce cuantas veces la lengua lleva a versos sintagmas de esas características; cuando la resolución es dudosa, conviene señalar que se impone el ritmo sobre la lengua, es decir, la estructura métrica sobre la sintáctica.


1558 (y nótense los antojos)

En los ejemplos que siguen, de todo hay; para empezar una muestra de falsos melódicos (3.6.10), que en realidad pueden ser ejecutados como sáficos

3.4.6            renovar tanto el mal que me atormenta;
                   porque dél pueda tanto entristecerme

modalidad muy abundante en Garcilaso quien, probablemente lo oía como sáfico (4.6) y no como melódico (3.6), acentuando el ritmo par sobre el impar. Lo mismo que en estos otros ejemplos, también muy abundantes:

3.4.8            que a morir venga de tristeza pura.
3.6.8            Y por esto Salicio entera cuenta
                   a do quiera estáis estad comigo
                   sin comer y dormir bien cuatro días.

En donde el ritmo sáfico se asienta en 4.8  y 6.8, en el primer caso aceptando un antirrítmico –subsumido– en tercera; en el segundo despreocupándose del primer acento de apoyo para lograr el ritmo 6.8. Cierto es que en este vuelo hacia el ritmo, lejos de la lengua, puede llegar hasta la falsa sonoridad:

2.3.8                Aquí está quien te ayudará a sentillo

En donde el apoyo en cuarta resulta muy forzado.
Sin que falten ejemplos de todo tipo, bien logrados:

3.6.8                             con los miós que de tal calor movidos

No suele haber problema, en general, con el antirrítmico, que se utilizará muchas veces como marca de estilo y expresividad. La serie siguiente, si bien se analiza, presenta ejemplos de todo tipo

1.4.6.7                     Tú conociste bien una doncella
2.3.6                        de dos árboles altos la colgávamos
2.5.6.8                     que mientras estás vivo ser podría
3.4.6.8                     yo seré dulce más que sano amigo
3.4.6                        y daré buen lugar a tu tristura
4.6.7                        diversamente así estaban oliendo
4.6.7                        como pudiste tan presto olvidarte
2.4.6.7                     adiós montañas, adiós verdes prados
4.6.7                       que pues buscalla a mí no se consiente
3.(5).8                     a requerir de un ruiseñor el nido
2.4.6.7                     Camila es esta que está aquí dormida
1.5.6                        mientras con razón clara te demuestro
2.5.6                        y luego con voz clara y melodiosa
4.6.7                        para que solo en mí fuese probado
1.4.5.8                     y no os detendréis mucho según ando
3.4.6.8                     y por sol tengo solo vuestra vista
3.4.8                        donde vi claro mi esperanza muerta
2.5.6.8                     y el golpe que en vos hizo amor en vano
1.4.6.7                                        bien es verdad que no está acompañada

Todavía nos quedan más observaciones a Garcilaso el melodioso.
Lo importante es ahora que recalquemos una vez más cómo el poeta toledano estaba inventando una nueva lengua poética, y no solo ya en sus fuentes, modos, temas, estilo, etc. , sino incluso en su melodía y ritmo, disponiendo –por ejemplo– de qué manera habían de sonar aquellos segmentos sonoros y de qué manera disonaban.

Variaciones sobre un tema de Garcilaso


Mírame con los ojos claros mírame,
cállate con los ojos, di tu ausencia,
galerías del amor por donde paso,
puentes de luces que el camino ciegan,

por donde cruzan sueños sin destino,
por donde todo va mientras te quedas
y con el gesto de quien nunca vino
anidas en el pecho y allí te enredas

con un resto de vida que en secreto
tenia guardado para que vinieras,
claros y azules tus ojos los mares
mares y risa que hacia ti me llevan,

mientras me paro a contemplar tu paso,
miras callada y callada te alejas.


viernes, 17 de febrero de 2012

Garcilaso el melodioso (III), la dulzura


Antes de seguir con Garcilaso el melodioso vamos a hacer una estación en su dulzura, una de las palabras más empleadas por Garcilaso y de las más significativas, porque es un calificativo, no un término común, algo que ha de seleccionar cada vez que se lleva a los versos; término genérico para la calidad grata que conmueve al guerrero, al cortesano, al humanista, pues esas tres cosas –que no siempre se conjugarán armónicamente– era el melodioso Garcilaso, cuya poesía logró cambiar el cauce de los versos para siempre en nuestra lengua.  O para un siempre que, por lo menos, atraviesa nuestro todavía, aunque el lector actual que no sepa leer históricamente quizá se sienta empalagado con esta antología, en donde “dulce” y su corta familia etimológica reconstruyen un paraíso idealizado de mil objetos, situaciones, personas:

el agua dulce desta clara fuente….
no se te acuerda de los dulces juegos….
de sus bellotas dulces despojaba….
dulces y graciosísimas doncellas….
del sacro Tormes, dulce y claro río….
Ay viento fresco y manso y amoroso, / almo, dulce, sabor, esfuerza, esfuerza / tu soplo…
no ajena compañía dulce y cara….
cantando / tan dulce que a una piedra enterneciera….
Filomena sospira en dulce canto….
mi lengua en dulces modos y sutiles….
con el suave canto y dulce lira….
en el remar liviano y dulce viese….
al fin era dejado con su esposa / dulce, pura, hermosa, sabia, honesta….
un viejo en cuyo aspecto  se via junto / severidad a un punto con dulzura…
lleno de un sabio, honesto y dulce afecto….
maestra de la umana y dulce vida…
yo seré dulce, más que sano amigo….
Dentro en mi alma fue de mi engendrado / un dulce amor…
con dulce son que el curso al agua enfrena….
Oh dulces prendas por mi mal halladas / dulces y alegres cuando dios quería…

Buscaba del toledano la dulzura como lugar de reposo para su vida –para la vida sostenida en los versos, idealizada en versos–, y la encontraba en sus desvíos imaginarios hacia la expresión acordada: el universo mitológico del humanista, el refugio en el alma interior del sujeto que se creía libre, la emoción de la naturaleza del burgués, y a veces, solo a veces, el miedo pánico a la inmensa soledad que espera al hombre moderno, que impreca entonces a la naturaleza.  Expresado todo con esa frescura de quien maneja con desparpajo la lengua y puede exagerar lo que siente: amor, pasión, emoción…. y el rosario de efectos que convirtieron el corazón de los poetas en laboratorios sentimentales, y sus versos en un inagotable madrigal de lamentaciones.

Con sus versos debajo del brazo he ido paseando por el Retiro buscando la dama lejana de quien enamorarme –basta adivinarla a lo lejos–, para   entenderlos  mejor.