de vez en
cuando un árbol que se nieva
recoge el sol, se aquieta y transfigura,
emerge del
invierno y de las sombras
y presume de porte
y de blancura;
y así aparece
entre las ramas secas,
al aire se
encarama su figura,
le sostienen
los pétalos albados
y la luz que mantiene y que madura;
y luego los almendros en hilera
derramando la
flor y la hermosura,
que si me paro
a contemplar mi estado
con la brisa
que besan me perfuman;
esa rama que al
viento se ha inclinado
detenerme
parece que procura.


