Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.
Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno
jueves, 25 de enero de 2018
miércoles, 24 de enero de 2018
Novedades en Clásicos Hispánicos
Tenemos en taller bastante cosas –Torres Villarroel, Unamuno, Valle Inclán, una antología de la poesía española de los siglos XVI-XVII....–, pero lo más cercano es la inminente aparición del volumen II de la poesía de Garcilaso, editado por Maria Rosso, la profesora de Milán. Recuerdo que el volumen I editaba todos los sonetos, por Aldo Ruffinato.
Otro gran hispanista italiano, y también de Milán, Alfonso D'Agostino nos ha traído a la colección El Burlador de Sevilla, la famosa comedia de Tirso de Molina, que también está a punto de salir.
De los siete volúmenes cervantinos que nos entregó José Luis Fernández de la Torre anda en la recta final el que recoge su poesía dramática. Saldrá, probablemente, al mismo tiempo que una antología de Eugenio Gerardo Lobo.
Iremos poco a poco añadiendo más noticias. Recuerdo que en nuestra web se puede encontrar información más completa.
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Clasicos Hispánicos
lunes, 22 de enero de 2018
Mientras camino, como Roubaud
el sol se está poniendo por atocha
esta vez el camino es diferente
a mis espaldas lejos de Velázquez
eucaliptos y pinos van de frente
vengo de protocolos del archivo
todo el día husmeando viejos papeles
uno de ellos decía que Velázquez
en la calle Olivar teniá talleres
todo el día husmeando viejos papeles
uno de ellos decía que Velázquez
en la calle Olivar teniá talleres
la historia de china vendió mendoza
al robles el librero el ochenta y siete
el lago se corona de colores
y se va oscureciendo mansamente
al robles el librero el ochenta y siete
el lago se corona de colores
y se va oscureciendo mansamente
el viajero no quiere volver pronto
si la tarde se va algo se muere
si la tarde se va algo se muere
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Archivo Histórico de Protocolos,
El Retiro de Madrid,
Velázquez
jueves, 18 de enero de 2018
Sinestesia de los helados chinos
Siempre tuve el vicio de los helados, que cultivo con primor
místico; pero ese vicio se me acrecentó en china en donde tenía el hábito de
comer tan solo cuando sentía hambre –el hombre es el único animal con
ejemplares obesos, que comen cuando no tienen hambre–; pero ese primor místico
se doblegaba con los helados, de los que ofrezco una variación mozartiana,
porque tres son las variantes de los helados en china: aquellos que
despreciaremos, como son los europeos y americanos, que van de los Haggen Dazz
(nunca sabré cómo se escriben y no pienso esforzarme) a los de MacDonald, los
unos desechados porque cuestan el doble que una comida normal y además son pequeñitos; los otros porque
huelen a la fritanga de carnes desconocidas. Incrementan esas variedades
los italo-argentinos, que se van introduciendo poco a poco, también tan caros
como una cena. En segundo lugar se encuentran los helados “cremosos”, de solo
un par de sabores (blancos y rosas) que una máquina expende rellenando un cucurucho:
es un tipo de helado primitivo, que todavía se puede comer en España, en ferias
y puestos de poca monta. Era el helado dominante en china hasta hace poco,
insalubre, dulzón, grasiento…. No tenía mucha gracia.
Y dejo para el final
los auténticos pinchilines 冰激凌, los xuegao 雪糕,
que así se llaman; y solo de pronunciarlo me dan ganas de tirarme a la calle
para intentar buscarlos. Es una variedad generosa, pues engloba todos los que
se amontonan en los congeladores de las tiendas menudas, a la entrada de la tienda, es decir, prácticamente al alcance de la mano del paseante, suelen ser de muchos colores,
aspectos y sabores. Son baratísimos –aunque a veces aparece entre ellos algún
“Magnum”, que hay que despreciar, eh–. Entre todos hay una variedad, que
suele costar entre dos y cuatro yuanes, es decir, entre treinta y cincuenta
céntimos, que alcanza la plenitud del sabor cuando el viajero está a punto de
desmayar: el “pinchilin de niu nai”, 牛奶冰激林,el
helado de leche, que a modo de polo se envuelve en un papel blanco, de forma
rectangular, textura mordible y esponjosa, sabor celeste. He comido “pinchilines
de niunai” en Mongolia, en Xixuanbanna, en Hangzhou, en Giulin, en Jiuzaigou…..
Alivio y alimento del viajero hambriento, con su qué de azúcar para mantener el
ritmo.
Aun recuerdo lo que pasaba en Harbin, la gran ciudad rusa de Manchuria,
en donde por la noche –es verdad que era verano– producían cajas y cajas de
“pinchilines de niu nai” con ligeras y discretas variaciones en el sabor, por
el procedimiento de añadir semillas o al haber mezclado la leche con café
o chocolate. Según aparecían las cajas
de pinchilines, con cien o doscientos helados, hacíamos cola y los
despachábamos en un momento, hasta que traían otros. ¡Que orgías de helados! Y
por la calle todo el mundo iba con su “pinchilin”, gente feliz.
Hete aquí que en mi último viaje, en la estación de
Schenzhen, hice mi último descubrimiento, el “pinchilin de liuliá” (liulian, 榴莲)
que entre nosotros debe llamarse de “durián”, fruta desconocida por
estos pagos, medio tropical, que se suele vender por las calles de toda China
(en Chengdu, Lijiang, Jinghong….), normalmente pelada, y que se reconoce por lo
mal que güele (por eso lo escribo con g-) y lo bien que sabe. Naturalmente que
compré y me comí uno.
Pero antes, para que el placer fuera completo busqué una
sinestesia. Sí que saben ustedes lo que es una sinestesia: con el helado ya
descubierto, sin papel, y la ansiedad por hacerlo mío, miré alrededor en busca
de alguna dama hermosa, con exquisita discreción, de verdad; había varías, pero
finalmente me centré en una preciosa chica china de grandes gafas, ojos
almendrados, cola de caballo y vaqueros calzados a presión. Me senté enfrente y
empecé a comerme el helado de Durián. Sinestesia.
miércoles, 17 de enero de 2018
El Buscón
Alianza me acaba de enviar la última reedición de El Buscón de Quevedo, en la que he podido corregir quisicosas y detalles que deturpaban la vieja edición, sobre la que hubo sus más y sus menos, primero con un hispanista francés Edmond Cros, que también giró hacia el manuscrito B, un poco después de que yo lo hiciera, y después de haberme escuchado una conferencia sobre manuscritos en la Universidad de Pitsburgh, en donde él era profesor. Vino a decir lo contrario –delante de mis alumnos– en una charla de la Casa de Velázquez, en Madrid. Y algo hubo.
Peor fue cómo le sentó a Lázaro Carreter que alguien cambiara el texto que él había establecido hacia 1965, y que también había registrado como suyo, copyright, no como de Quevedo. Todo el mundo se atenía a aquel texto.
Lázaro publicó un artículo algo violento contra mi edición al frente de una edición facsimilar, la del manuscrito Bueno, en la fundación Lázaro Galdiano. Y su correveidile, es decir, Francisco Rico, colgó la perorata en internet (en un llamado "Centro para la edición de Clásicos españoles") en donde las tonterías e ignorancias de uno y otro se podían leer fácilmente. Hube de contestarles, desde luego, porque, entre otras cosas, mis alumnos no sabían si aquello era cierto o no. Me llamaron varias veces para que no lo publicara, una de ellas el director entonces de la RAE, Víctor García de la Concha. Y claro está que lo publiqué: "El Buscón y el Lazarillo" (en VOZ Y LETRA, 2002, XIII, 2), en donde el Lazarillo era don Fernando Lázaro Carreter. Allí se puede leer.
Batallas viejas. La vieja guardia de la Filología estaba acostumbrada a hacer lo que le daba la gana. Creo que todavía quedan retazos de aquellas soberbias.
Luego he publicado varias veces más cosas sobre Quevedo y sobre El Buscón, entre ellas na monografía, medio centenar de artículos y una edición más del Buscón, en la edición de las Obras Completas de Quevedo, dirigidas por Alfonso Rey –uno de los mayores quevedistas–. Alfonso Rey no estaba de acuerdo con mis criterios editoriales, ni yo con los suyos; pero ambas cosas son compatibles con la amistad, que en mi caso al menos alcanza al afecto y la apreciación de su tarea, como profesor, como filólogo y como quevedista.
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Tartaletas de espinacas
Hace tiempo que no incluyo entre las entradas del blog alguna receta. Creo que la culpa la tienen los "masterchef", sobre todo los infantiles, porque suele repugnarme que se lleve a los chavales a otra esfera que no sea la suya: que se les disfrace como adultos, que canten, que realicen oficios que requieren algún tipo de responsabilidad, etc. Y por otro lado, el empleo de esa vieja ventana pública, la TV, como lugar en donde no suele ocurrir nada serio....
Se pueden servir con ensaladas o con salsas,
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espinacas en tartaleta
China y España. Geografía e Historia
Este humilde investigador está trazando la historia común que abrieron China y España desde mediados del siglo XVI, con el precioso antecedente de los portugueses, que tuvieron la desgracia de caer bajo la tutela de la Monarquía Hispánica hacia 1580. Ha publicado ya dos aburridos y densos repertorios (en la revista VOZ Y LETRA) sobre las "Fuentes" comunes para trazar esa historia desde la vertiente española, que es la de mi especialidad, pues durante mucho, mucho tiempo he sido lo que se llama "Catedrático de Literatura Española" en una ínfima universidad española, la Autónoma de Madrid, y en otras de medio mundo. Liberarme de la madrileña me ha permitido abrir mis trabajos e investigaciones, sin las trabas y problemas con que la UAM impedía cualquier trabajo serio de investigación, lo que ha prolongado negándome el pan y la sal –por ejemplo una acreditación de que allí trabajé durante cuarenta años.
Esos dos repertorios, por cierto, se están traduciendo al chino, en donde he visto, en efecto, que saben todo lo que desde allí se puede averiguar, pero les queda lejos lo que se podría completar desde aquí; más o menos lo que nos ocurre a los investigadores de esta ladera. Y bien que lo he podido comprobar, por ejemplo, en el espacio que se concede al contacto temprano Europa-Asia en el museo de Guangzhou.
En estos momentos, el investigador, con sus ribetes de viajero, lo que hace es viajar a China –y alrededores, mi próximo viaje será a la isla "Fermosa", a Taiwan– cargado de documentos, mapas, ideas y un mandarín en pañales: entiéndase que balbucea el mandarín, no que le acompañe un traductor chino en calzoncillos. Mira, ve, fotografía, lee, etc. Y coteja lo que ve con lo que sabe de los viejos tiempos. Ayer, verbo y gracia, en la Biblioteca Nacional de España, sala Cervantes, cotejé lo que que acaba de ver en mi último viaje con lo que voy sabiendo de los viejos textos manuscritos, en este caso pongo el ejemplo de un curioso manuscrito del siglo XVI (una de sus partes se redactó y probablemente se copió en 1533, por cierto: inédito y sin digitalizar) que habla exactamente de lo mismo que yo he visto ("Breve informaçáo sobre algunas cosas das ilhas de Cantao") el conjunto de islas que rodeaban –y rodean– a Guangzhou (Cantón: Ançao, Amaçao, Nantao...), la retahíla de puertos que bordean la costa, etc. Y hasta una par de páginas en la que los jesuitas portugueses –pues el texto está en portugués– esbozan como se podría conquistar La China, no se sabe si espiritual o realmente, o si ambas cosas. Y con ese motivo se describen adecuadamente las tres islas mayores y sus poblaciones. También se leen allí una "Relaçao das cidades, vilas e lugares e guarniçoes que contem en si a grande reino ou imperio da China..."
Y de ese modo, poco a poco, voy retrazando aquella historia.
La documentación adjunta incluye un poco de todo, desde la sala Cervantes de la BNE, que la actual dirección de la BNE está consiguiendo con mucho esfuerzo. dinero y publicidad que se quede vacía; hasta el documento en cuestión, y algunas fotos de la parte "europea" del museo de Guangzhou. También, fotos de aquella costa.
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