Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

sábado, 8 de julio de 2017

Julie Mehretu en el Museo de Arte Contemporáneo de Oporto



Tres cosas en el Museo de Arte Contemporáneo de Oporto: la exposición de la etiope-americana Julie Mehretu; el propio Museo creado por Alvaro Siza; el jardín del Museo, que ha de ser mucho más viejo, pues muchos de sus árboles son centenarios.


En un espacio luminoso, de amplias salas el arquitecto Alvaro Siza diseño su edificio para que el paseante admirara tanto el lugar como lo que allí se pudiera exponer (ahora, sobre todo, la exposición de J. Mehrefu) como los jardines que lo rodean, con su avenida de gigantescos liquidámbares, que habrá que venir a visitar en otoño. Ya daré a conocder el jaredín, que me ha resarcido del estado lamentable del  Jardín Botánico, en definitiva la antigua casa de una poetisa portuguesa.


JM es una artista etiope (1970), de formación norteamericana, cuyos cuadros y murales –pues lo son– parecen haberse creado para que Alvaro Siza creara el espacio adecuado: blanco, con luces blancas indirectas, con grandes ventanales sobre el jardín, todo él de líneas rectas (excepto las barandillas del salón de actos) y todo él generosamente abierto (excepto alguna escalera). No solo impresiona acceder a las salas, también a la biblioteca (por cierto, con una pared curvada), incluso a los cuartos de baño, con su simbología masculino/femenino que alcanza el mínimo de figuración.

Los cuadros de JM, los más llamativos, esconde espacios urbanos difusos sobre los que se amontona una figuración abstracta, mucho más armónica que todo lo que se oculta, en la que es posible, a pesar de todo, sentir la tortuosidad de la historia moderna.












miércoles, 28 de junio de 2017

no hemos encontrado el final de la tierra

Así se lee en el prólogo a la versión del Libro primo [-vltimo] della historia de l'Indie occidentali, de Pedro Mártir de Anglería (Anghiera, Pietro Martire d' ) publicado en 1534 (BNE R/1779.1) : "non s'era anchora potuto trovare el fine e il termine di detta terra..." "questo si puo sicuramente afermar per ciascuno cha mai gli antiche non hebbero tanto cognitione del mondo, che il sole gira et ricerca in 24 hore, quanto noi al presente habbiamo...."
No se termina la tierra, el mundo, hay que seguirla descubriendo. Portugueses y, luego, españolas, se aventuran con flotas cada vez mejor construidas a cruzar los mares y seguir las rutas conocidas hasta llegar a "los acabos del mundo", para entrar en ellos. Uno de los "acabos del mundo" es una tierra que se llamará La China, parece que grande, con civilización antigua y asentada (¡no dejan entrar a los extranjeros!). 
Si se intenta llegar a la costa pueden los barcos ser asaltados por piratas o combatidos y destruidos por los barcos que se defienden contra la llegada de extranjeros. Dos islas hay, sin embargo, desde las que intentar penetrar en La China. Los portugueses han podido establecer un puerto y un lugar comercial en Macao. La otra isla es más lejana, está recién descubierta: desde las Filipinas intentan los españoles penetrar en La China, con malos resultados por el momento; el momento es el que se alarga hasta casi finales del siglo XVI.
Ya mucho antes empero los portugueses habían trazado varias maneras de llegar a China, para lo que se tercie, aunque ellos defiende que su "entrada" es menos agresiva que la de los españoles. Señalan los pasos, que han de comenzar por la disposición y acomodación de una buena flota. Ofrezco el texto en donde se cuenta, en portugués, manuscrito de la BNE, recogido, desde luego en mi primera recensión de "Fuentes para la Historia común de China y España: Manuscritos sobre tema chino en la BNE, I", publicado en VOZ Y LETRA.




domingo, 25 de junio de 2017

Lorca, de Madrid a Granada


La Fundación García Lorca se traslada a Granada, lo que quizá es lógico. He acudido a ver la exposición sobre Lorca en la Residencia de Estudiantes, la colina de los chopos, donde yo siempre la había visto, por cierto en marco y lugar incomparable. Resulta que la exposición obedece a ese traslado: se ha organizado en media docena de salas, antes de que emprenda su regreso al Sur. 








La mayoría de lo que se expone es documentación, muy rica, personal –documentos, cartas, apuntes…– acompañada de fotografías, alguna película y dibujos. El catálogo es un poco enteco, más bien para salir del paso. A este visitante le hubiera gustado llevarse y leer tranquilamente muchos de los documentos, algún dibujo, tal cual fotografía…., pero estaba prohibido. Es imposible asimilar este tipo de exposición si no se da cobertura a la lectura del documento. Eso sí, en recepción, muchos libros para completar lo que uno no ha podido fotografiar, pero soy hombre en ruinas. Entre todos: la monografía lorquiana de Andrés Soria –comisario de la exposición– que aconsejo muy mucho.

 Así las cosas, el visitante ha ido tomando fotos de todo lo demás, incluyendo la parcial de algunos dibujos de la edición de Poeta en Nueva York (Tabapress), por Mario Hernández, y trayendo a recuerdo la larga visita, el año pasado a la Huerta de San Vicente, en Granada. De esa huerta son también las rosas con las que termina la entrada.



¿También se llevarán la habitación, que se ve desde las adelfas de enfrente? No podrá ser.


Todo tenía una razón añadida –Lorca no necesita razones–, en Clásicos Hispánicos está a punto de salir de taller “Impresiones y paisajes”, la primeriza obra de Lorca, en edición de Ramón Asquerino. Normalmente Carlos Fernández, nuestro tipógrafo y diseñador, hurga entre varias posibilidades, que luego somete al Consejo de Redacción, para una cubierta acorde. Y le enviamos sugerencias, que yo he tomado de esta jornada lorquiana. Prometo publicar las sugerencias, a ver.

















sábado, 24 de junio de 2017

Cine de verano, Lavapiés


Una tradición bien simpática, y moderna, pues depende del cine, siempre fue en las ciudades a las que el calor castiga, acudir a un cine de verano, en donde puede ser que el cine sea interesante, pero la asistencia se adorna con otras muchas cosas: comida (bocadillos) y bebida (fresca) de verano, frutas, helados.... y la concurrencia con vecinos y amigos para pasar un  buen rato y disfrutar de la fresca, así, en femenino. El aire acondicionado y el lujo técnico de los cines modernos fueron poco a poco arrinconando a los cines de verano, que he visto cómo resurgían, con curiosas variantes, por todos lados, y desde luego en Madrid, en donde cada año salpican algunos lugares de la capital, sobre todo de los barrios, aunque el año pasado hubo un ciclo nada menos que en el viejo edificio de correo, en Cibeles, en lo que ahora se llama centro-centro. No sé que resultado obtuvo, pues no es barrio y recuerdo que había que pagar algo. Y la gracia del cine de verano en el barrio es que era muy muy barato.




En el Doré se mantuvo hasta el año pasado el cine de verano en la terraza del precioso edificio modernista (1902), a la espalda de Antón Martín; y todavía recuerdo haber ido a ver "Barcelona", con Selena, que espero que no le moleste aparecer yendo conmigo a un cine bajo las estrellas. Da gusto ir al cine con Selena, colega mía, porque la gente se queda hechizada con sus ojos verdes y luego mira al acompañante, con esa  mirada de envidia que le sirve a uno de consuelo para sus desdichas sentimentales.


Es el caso que en esta ocasión voy a dar noticia de un simpático cine de verano "Cine de Lavapiés" se llama, que se monta entre el 23 de junio –ayer– y el dos de julio, y que resulta espectacular por lo que trae (hay que ver el programilla, artesanal) y por cómo organiza el ciclo, como una verdadera recuperación del viejo cine de verano, aprovechando los huecos de calles y plazas, los atrios, edificios desencajados, etc. y pidiendo al espectador que se autogestione lo más que pueda, mejor si se trae una silla o un cajón de fruta y cosas así. Lo mejor e que casi todo lo que se puede ver en ese ciclo no se va a poder admirar en ningún cine comercial, y que la mayoría de las pelis son de este año o del pasado, con generosas incursiones en en la artesanía documental, los proyectos, la gente joven, etc. Si este menda lerenda pudiera, iría todos los días.

Dejo algunas páginas del ciclo y lo adorno con fotos que hoy he tomado a la salida del CNARS, donde he tenido que ir a renovar mi conocimiento de lo que ha pasado o está pasando cerca –ya lo contaré. Con mi bici de alquiler del Ayuntamiento me he desplazado luego a sacar entradas para el ciclo de Marco Bellocchio en el Doré, lo que ya so palabras mayores. Agobiado por el calor del mediodía he dudado si refugiarme en La Caleta –demasiada gente– o en Benteveo, que ha recogido mi cansancio, con la sorpresa de que, además de la tosta de rigor (de calabacín, nuez, mozarella y miel), la cocinero me ha prevenido que la vichisoy que había pedido era de pera.


El periódico de la foto es el de Benteveo, yo ya no compro el País, aunque me gustaba leer los sábados sus páginas de viajes. Estaba rica la vichisoy de pera. Y la foto a los amantes fue de piedad, hacia casi 40 grados.