Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

lunes, 21 de noviembre de 2011

Camino de los Ancares



Vendrá diciembre a desnudar los árboles,
nieve serán las lluvias en Castilla;
otoño en los Ancares ha cubierto 
montes pardos y valles con neblinas.

Desprenderán los álamos sus hojas,
quedarán como agujas blanquecinas
clavados junto al cauce de los ríos
que han dejado desiertas sus orillas.

Hacia la noche navega solitaria
una luna entre blanca y amarilla.
El tiempo no se cansa de volver,
los ojos de cambiar no se fatigan.

El pasajero mira al horizonte
donde lucha la luz y se termina.




Crónica "Italia en la obra de Quevedo"

Me envían desde Santiago la crónica del reciente seminario sobre Quevedo e Italia, que se puede ver detenidamente en la siguiente dirección
y del que he extraído su comienzo y varias instantáneas, además y sobre todo del texto, claro:




ITALIA EN LA OBRA DE QUEVEDO
Simposio Internacional
Italia en la obra de Quevedo
Información de Mónica Molanes
   *     *

A lo largo del jueves 17 y del viernes 18 se celebró en la Facultad de Filología de la Universidad de Santiago de Compostela el Simposio internacional “Italia en la obra de Quevedo” promovido por el Grupo de Investigación Francisco de Quevedo en colaboración con varias universidades italianas y la Fundación Francisco de Quevedo.
El simposio fue inaugurado el jueves por la mañana por Alfonso Rey, director del grupo de investigación; Juan Casares, rector de la Universidad de Santiago de Compostela; y Juan Casas, vicedecano de la Facultad de Filología.
La primera mesa de ponencias comenzó con la conferencia de Pablo Jauralde (Universidad Autónoma de Madrid) titulada “Italia en Quevedo”, un recorrido por algunos de los aspectos del estudio de la obra de Quevedo que, a su juicio, necesitan de un planteamiento más riguroso: viajes, geografía, mapas, fechas, obras en Sicilia y en Nápoles, o el viaje a Roma, entre otros.
La segunda ponente fue María José Alonso (Universidade de Santiago de Compostela) que presentó la comunicación “Roma antigua en Quevedo: las oraciones de los personajes de Marco Bruto” en la que desarrolló un exhaustivo análisis de las “oraciones”, uno de los tres tipos de textos que integran la primera sección de Marco Bruto, desde una doble perspectiva: por una parte, las posibles fuentes de los textos ; y por la otra, su técnica narrativa, su funcionalidad en el discurso y su construcción retórica.Alessandro Martinengo (Università degli Studi di Pisa) cerró la sesión de la mañana con una ponencia en la que ofreció una edición diplomática, exenta de erratas y provista de traducción al español y comentario de una carta-breve (ya publicada por Astrana Marín en 1946)  que el papa Urbano VIII escribió a Quevedo como contestación a la solicitud que el poeta le había hecho de que le permitiera casarse y seguir disfrutando de sus rentas eclesiásticas.El simposio se reanudó el jueves por la tarde con la Sesión de jóvenes investigadores sobre Quevedo en la que Irene Bertuzzi, Alessandra Ceribelli, Marta González Miranda, Sandra Valiñas Jar y María Vallejo González explusieron el contenido y la estructura de los trabajos de tesis doctoral que están desarrollando en la actualidad sobre la obra de Quevedo. 
Sergio Fernández (Universidad de Huelva) continuó la sesión de tarde con una ponencia titulada “Quevedo y el hebreo” en la que analizó  el conocimiento que de la lengua hebrea y sus fuentes podría haber tenido el poeta.
La segunda mesa de ponencias se cerró con la conferencia de Valentina Nider (Università degli Studi di Trento), “Quevedo y los uscoques”, un estudio de las obras que Quevedo escribió en el contexto de la propaganda archiducal y española a propósito del conflicto de la Guerra de los Uscoques.
El viernes por la mañana, Flavia Gherardi (Università degli Studi di Napoli Federico II) daba comienzo a la tercera sesión del simposio con «Due nere c’han virtù possente: Quevedo y las “evoluciones” del “Petrarchismo meridionale” entre España e Italia», una ponencia sobre la relación entre la lírica amorosa de Quevedo y la de los representantes del llamado manierismo napolitano, cuyas variaciones sobre el petrarquismo influyeron en las dinámicas experimentaciones quevedianas del código.
“Italia en el encomio quevediano al duque de Osuna (con unas reflexiones en torno a las musas Clío y Melpómene)” fue el título de la comunicación de Federica Cappelli (Università degli Studi di Pisa) en la que examinó un grupo de poemas de Quevedo dedicados al duque de Osuna que evidencian el papel destacado que la experiencia italiana reviste en el encomio poético del virrey.
La tercera mesa de ponencias concluyó con la conferencia de Manuel Ángel Candelas (Universidade de Vigo) titulada “Quevedo en el hispanismo italiano del siglo XX”, un recorrido por los trabajos publicados sobre Quevedo, en especial en los últimos años del siglo XX, en el seno de la rica tradición italiana de estudios hispanísticos. En la comunicación se analizó ese proceso histórico crítico, con especial detalle sobre las aportaciones más eminentes de los hispanistas italianos  en el contexto global del quevedismo.
En la sesión de tarde tuvo lugar la última mesa de ponencias. Ignacio García (Universidad de Córdoba) habló sobre los “Modelos editoriales para la poesía en el Parnaso de Quevedo: entre España e Italia”, un trabajo en el que analizó la delimitación del contexto editorial en el que se inscribe la posición del Parnaso español (1648) para establecer algunos de los vínculos que la recopilación Quevedo-González de Salas mantiene con ciertas propuestas e intentos de formalizar editorialmente la producción poética en el último cuarto del siglo XVI y en las primeras décadas del XVII.A continuación, Beatrice Garzelli (Università per Stranieri di Siena), en “Quevedo traducido al italiano. Notas sobre El Buscón”, analizó las traducciones modernas que se han hecho de esta obra para destacar las pérdidas y las compensaciones y reflexionar sobre la diferentes estrategias adoptadas en el proceso traductor, para concluir en el análisis sobre el concepto de “dinamismo del significado” determinante en el texto original y en el texto de llegada.
Por último, Alfonso Rey (Universidade de Santiago de Compostela) cerró la sesión de ponencias con “Quevedo ante Maquiavelo”, una comunicación acerca de la incursión de Quevedo en el género literario de los consejos políticos.
A esta larga nómina de ponencias que dan buena muestra de la excelencia del encuentro, hay que añadir una interesante presentación de libros del hispanismo italiano que realizaron Beatrice Garzelli y Federica Capelli al comienzo de la sesión de tarde del viernes y los fructíferos debates que tuvieron lugar al final de cada sesión que enriquecieron en gran medida el constante diálogo entre los investigadores invitados.
A la alta calidad del encuentro hay que añadir la magnífica coordinación del simposio por parte de Alfonso Rey, María José Veloso y demás componentes del Grupo de Investigación Francisco de Quevedo que han contribuido a afianzar y a promover el estudio de la obra de uno de los autores más importante del Siglo de Oro en España y en Italia.

domingo, 20 de noviembre de 2011

El Conde de Villamediana. Juan de Tassis y Peralta


Vamos a empezar por el principio: por la foto del Conde de Villamediana, antes de presentar el corpus documental, serie algo árida, sin duda, que remitirá a varios depósitos documentales: archivos italianos, AHPM, PR y BNE, esencialmente. Sobre algunos de esos depósitos ya he dado noticias y publicado muestras, como la ilustración con la que termina esta entrada.
En efecto, esta caballero que nos mira enigmáticamente de perfil ("una mirada lateral teñida de soberbia y de desprecio", dice el crítico) con las amplias entradas que intenta cubrir –ya maduro– podría ser, como quiere Héctor Pérez Rincón, con excelentes razones, el Conde de Villamediana, del que no queda figura fiel. No consigo encajar correctamente la golilla en vez del cuello escarolado, aunque viniendo de don Juan de Tassis y Peralta, y si así fuera, es bastante probable que él haya sido uno de los que impusieron la moda y la exhibió, y que al volver de Italia, en 1609, durante aquellos años turbulentos se adelantara a todo tipo de costumbres en Madrid, mientras compraba joyas, caballos, jaeces, muebles, cuadros....  y vendía títulos y propiedades, en un desenfreno más vital que económico que dejó –por su muerte repentina– un reguero de deudas y acreedores. Daré en breve una relación de la ingente cantidad de documentos que provocó su desaparición. De hecho, por alguna razón relacionada con ese cuello en los viejos inventarios se recoge todavía la etiqueta de "Retrato con golilla": ¿es lo que más llamaba la atención antaño, cuando todavía las nuevas leyes antisuntuarias no habían prohibido los cuellos escarolados?

¿Lo pinto Velázquez nada más llegar a la corte madrileña? Al tiempo que pintaba a su amigo –Góngora– o a un Quevedo que se estaba intentando reconciliar otra vez con la corte y con el Conde-Duque. El cuadro está en el Museo "Wellington", de Londres –y allí está también una de las copias del de Quevedo; el de Góngora, en Fine Arts de Boston. Si así fuera, el Conde asoma al cuadro de Velázquez muy poco antes de su asesinato. 
En cuanto a su ubicación actual, no corresponde exactamente al bagaje artístico que en 1623 de se llevo la comitiva inglesa del Príncipe de Gales, particularmente de la colección del Conde. Corresponde quizá a los archivos ingleses contarnos la historia de estos cuadros, aunque parece que no queda ninguna huella documental. Este cuadro (¿por qué razón?) aparece en los viejos inventarios colgado  en el comedor del departamento del príncipe en el Palacio Real junto a nada menos que el Retrato de Inocencio X de Velázquez. Había pertenecido a la Duquesa de Arcos. De allí lo robaron los franceses y a los franceses se lo robó Wellington, en 1813. Son cosas de la historia, ya se sabe. 

Concurso de acreedores a la muerte de Villamediana



sábado, 19 de noviembre de 2011

Enrique me pide una carta....

Enrique me pide una carta –vamos a llamarle discretamente con un nombre de pila, que puede ser el suyo o que puede no serlo: todo lo restante es cierto–, la segunda o la tercera, no me acuerdo, para intentar conseguir un puesto de trabajo primerizo, sencillo, ajustado a su formación. Enrique es uno de los mejores colaboradores del grupo que ha trabajado conmigo durante ya casi treinta años. No llegué a darle clase, pero se incorporó como alumno a la organización de los seminarios de Edad de Oro, junto con otros compañeros a los que yo solía solicitar colaboración basándome en la excelencia de su expediente académico. De entre todos los que han pasado por esas circunstancias –un centenar, aproximadamente– era, creo, el segundo mejor expediente académico, lo que significa algo tan sencillo como que todos los profesores le calificaban de sobresaliente para arriba: opinaban todos que era de lo mejor. Se enganchó a la literatura medieval y reclamó también su colaboración un prestigioso medievalista que se había incorporado a la UAM desde Berkeley; en la UAM se jubiló no sin antes confesarme que alumnos como Enrique “le habían reconciliado” con la universidad española. Y con él publicó un libro, por cierto; pero de eso no quisiera hablar ahora.


Del seminario Edad de Oro, que entonces yo dirigía, pasó a incorporarse al grupo de licenciados y alumnos que trabajaban conmigo en la sala Cervantes de la Biblioteca Nacional de España, en donde coincidió, por cierto, con varias generaciones de excelentes alumnos. Enseguida me di cuenta de que la perfección de su trabajo no era solo cosa de su sensibilidad e inteligencia, sino que se basaban en el rigor y la continuidad de su esfuerzo, hasta el punto que después de los dos primeros años fue a él a quien encargué la revisión final del volumen V del Catálogo de Manuscritos de la BNE (como consta en ese volumen), así como otras tareas internas que le califican: era el filtro encargado de corregir las catalogaciones antes de que llegaran a mí, al borde ya de la publicación. Mientras tanto disfrutaba de una beca FPI y acudía a las reuniones del departamento; mesurado, muy mesurado, sin duda porque le asustaba que yo cumplía entonces mi trayectoria de ahíto de arbitrariedades e injusticias y andaba despotricando.
Enrique siguió su formación, su camino, sus trabajos.... Es algo que él podrá contar si y cuando le plazca. Desde hace meses me pide una carta para encontrar un discreto trabajo digno de su competencia. Y yo se las hago, entre avergonzado, irritado y triste, porque si este país hubiera funcionado medianamente bien, personas como él, con sus ¿doce, quince....? años de intensa formación filológica, con el aplauso de todos sus profesores, las tareas cumplidas a la perfección, la competencia que ya ha logrado, las publicaciones.... tendrían que estar “en palmitas” logrando que todo fuera bien, mejor, por la simple aplicación de su persona, conocimiento y características a nuestra vida académica, investigadora, social.

También sé que muchas cartas son formularias –yo no las hago formularias– y que allí donde solicite con mi carta llegarán otras muchas cantando alabanzas exageradas o señalando virtudes inexistentes. Al cabo, en alguna institución, en algún país, en algún lugar se darán cuenta de que Enrique es una joya humana, laboral, como investigador, como filólogo (¡también es “buen” poeta!) y le contratarán. Y adiós, Enrique. No es el último caso. Cada vez son más y cada vez son mejores.
Miro alrededor, en mi universidad, y corroboro la cosecha de mediocridad que la habita. No quisiera hablar de esta otra vertiente, porque hoy la única que me interesa es la otra: se irá Enrique, como se fue Pablo, como se fue Jose, como se fueron Elena, Delia, Mecedes.... ¡Qué envidia allí donde puedan contar con ellos!

"Todo depende de los días, clara...."

  
Todo depende de los días, clara,
para qué vamos a engañarnos, claro,
algunas veces aparece cerca,
otras resulta que ya se ha marchado,

así que no se sabrá nada seguro,
por eso el viento está desorientado,
sin resolver hacia qué esquinas ir,
sin decidir qué cómo ni qué cuándo;

para explicarlo sobran los adverbios,
los adjetivos son para enredarlo,
varias preposiciones mantendremos
y una lista de gestos acabados,

y la terca mirada de la piedra
que con la lluvia tierra llora y barro.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Paseos nocturnos por Santiago


La lluvia es la que da pasos por las calles de Santiago, y la que deja las calles húmedas y las fachadas de las casas de un tono gris oscuro, que contrasta con los cuadros de balcones y ventanas iluminados, los que sugieren la intimidad protegida. Las calles tiene austeros y convenientes rótulos de tono piedra, con la letrería perfilada en rojo. Y en Santiago, como en toda España ahora, reaparecen tiendecitas de artesanos, muchas de ellas,  por su contenido o por su origen, asiático, africano, oriental.... El viajero ha comprado chocolates artesanos –muy caros–, pues la tradición de productos “coloniales” (chocolates, cafés, especias, etc.) sigue siendo más abundante, mejor surtida, que en el resto de la Península.
Ha habido en la Universidad de Santiago de Compostela una reunión de quevedistas a las que hemos acudido, convocados por Alfonso Rey y su prestigioso equipo de investigadores, otros tantos de las universidades españolas (Huelva, Córdoba, Vigo, Madrid....) e italianas (Pisa, Siena, Trento, Nápoles....) En su momento di a conocer el programa en este mismo blog. Muy interesante.
Son las jornadas de mañana y tarde: terminamos pasadas las ocho de la tarde. Santiago nos ha regalado un tiempo maravilloso: lluvia el día que llegamos; nieblas por las mañanas; luz de otoño luego. El otoño del norte es más largo y los numerosos arces, liquidámbares y plátanos han pintado toda la ciudad, que sigue manteniendo un centro histórico recoleto y animado por la vida estudiantil. El frescor de la noche contrasta con las largas sesiones académicas. El viajero recorre iglesias, fotografía plazas, se embelesa con fuentes y gárgolas, adivina la historia que le cuentan las placas conmemorativas, borrajea versos que recuerda o que le vienen.... y concede al cuerpo su dosis de cansancio físico antes de ir a descansar.
La niebla es cada vez más espesa. La ciudad se está quedando vacía. Al bordear el convento de los franciscanos, la callejuela se queda desierta y solo la luz de las farolas, ámbar, identifica la fina lluvia que está cayendo, como una sutil red de tejido luminoso.


Dice el árbol


he sido un ser extraño, introvertido,
amante de la lluvia y de los vientos,
gustaba proteger los que a mi sombra
buscaron descansar de los senderos;        

refugio eran mis hojas cuando verdes
de delicias de amor y de secretos;
más tarde cuando otoño terminaba
desnudaron mis ramas los inviernos;

ahora soy casi solo tronco oscuro,
un simple garabato bajo el cielo,
me surcan las hormigas machadianas,
me llevarán se dice para el fuego.

Cuando acabe se ser lo que ya he sido
dejaré mis raíces en el suelo.