Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

domingo, 23 de febrero de 2014

España en la mirada de Regoyos

Sierra de Béjar
Plaza en Segovia
Plaza en Toledo













Es una de las maneras cómo se puede ver la exposición de Darío de Regoyos, ahora en el Tyssen (viene de Bilbao y va a Málaga), cuyos cuadros –llama la atención– están dispersos, los más en colecciones privadas, lo que hace que la exposición resulte más interesante. Eso ocurre con el primero, el que que va encabezando esta reseña, por ejemplo. Como curioso es que coincida con la exposición de Cezanne, pues ambos artistas tuvieron trayectoria en parte semejante, como pintores en los que termina por agotarse la figuración y el paisaje y que intentan entonces subjetivar aquello, dando entrada en los cuadros a la impresión del sujeto, al impresionismo, y abriendo definitivamente las posibilidades del arte a su libertad absoluta frente a la realidad; de ese modo prefiguran los grandes cambios de la segunda década del s. XX. 

San Sebastián, deshielo
Eso sí, la nota carpetobetónica, resulta muy acentuada en Regoyos, quien atraviesa, a la altura del 98, la España Negra y deja esa serie de motivos entre castizos, curiosos y tétricos, como son la media docena de cuadros sobre los toros –impensable hoy esa vocación torera del país Vasco, la de San Sebastián y Rentería por ejemplo.

Bilbao

Paisaje de Hernani
No se enreda en ellos, y del casticismo sale al paisaje nuevo de los impresionistas, con temblorosos ejemplos de aire y luz, como el de las Landes (vivió en Dax una temporada). Su españolismo, sin embargo, se documenta de manera más golosa en el deambular por Andalucía, Castilla, Cataluña y, sobre todo, el norte (Cantabria, Asturias, el País Vasco...) de donde son las más de sus miradas, sobre ventanas pequeñas y no solo con preferencia por los paisajes, quizá mejor por situar elementos de la civilización (un tren, un puente, un caserío, una barca, unos tejados, un carro, figuras….) formando parte de ese paisaje, que algunas veces, las menos, está solitario. Y todo ello en cuadros pequeños, ya que pintaba directamente y no podía cargar con pertrechos excesivos. 
Irún

Así adivinamos cómo cada vez con más precisión sus ojos y su pincel fotografían lo que la luz le va diciendo, quizá lo que la luz le va inclinando a imaginar: casi nunca el paisaje se deshace totalmente, aunque sí se aleja y se interioriza: pierden el rostro las figuras humanas, diluyen su perfil casas y calles, mezclan sus colores los elementos del paisaje, aparecen impresiones imposibles de paletas de color (empleó más la paleta que el pincel)... Los últimos años los pasó en Barcelona –buscaba el calor–, probablemente, si hubiera seguido pintando, hubiera acompañado a los colegas que decidieron romper la ilusión de pintar la realidad y cruzaron la frontera hacia un mundo imaginario que no hacía falta fotografiar, que no hacía falta mirar y mirar: el nuevo paisaje artístico del arte moderno.

Madrid, vista del Palacio Real
Me reservaré para otra ocasión el comentario a algunos cuadros que pintó en el Valle del Pas, uno de los cuales –así lo titula– en el pueblo de Quevedo, otro en los valles de Toranzo, no por rigurosos geográficamente, sino por la peculiaridad genérica que tienen. Lo que en esta entrada va es el paseo por España –vivió también en Bélgica e hizo muchas estaciones en París, desde luego. Muestras de Burgos, Segovia, Béjar, Córdoba, Granada, varias del país vasco, Cataluña.... He dejado fuera también los ejemplos que suelen adscribirse a su etapa sobre la España Negra, que es un tema complejo al que, por cierto, dedicaré parte de mis andanzas el año que viene.

Madrid, calle de Alcalá
En cuanto al Madrid de Regoyos, conozco una deliciosa postal con la Puerta de Alcalá al fondo (es la que va encima) y una vista del Palacio Real desde los andurriales (la que precede). Ambas me servirán para engarzar con la exposición de fotografías del Madrid viejo en Conde-Duque (Madrid), que se acaba de abrir y todavía no he visto.

San Feliú deTorelló
















La vertiente regionalista y nacionalista al mismo tiempo está muy cerca, si no es la misma, de la que inspira a muchos artistas y pensadores al cruzar el siglo XIX y XX, la que sedimenta la obra de Albéniz, Granados....; la que inspira la mejor y muy conocida literatura regional (Gabriel y Galán, por ejemplo) y la que enreda tortuosamente a los artistas del 98.

Burgos
Salida del sol en Granada
Barcelona

Calle de Córdoba



sábado, 22 de febrero de 2014

Campo de almendros encendió el Retiro



Hoy me toca buscar la primavera
el sol radiante invita a la aventura
estos árboles que alzan tantos dedos
de yemas jóvenes la flor anuncian

campo de almendros encendió el Retiro
en prado verde sobre hierba húmeda
y la flor que no sabe a qué quedarse
se protege  se asoma  se refugia

cruzo un campillo de narcisos cerca
pardas hojas de robles se arrebujan
a su lado las nuevas del magnolio
en cáliz se organizan para lluvias

voy al tyssen a ver como Regoyo
lo intentó recoger en sus pinturas

Darío de Regoyos, Campo de almendros





viernes, 21 de febrero de 2014

La Virgen de Siloé esta leyendo


La Virgen de Siloé está leyendo,
pasa las hojas con sus dedos frágiles
mientras sujeta con el otro brazo
al niño que descansa en la rodilla;

escote generoso con orillo
de pedrería, en hábito morisco,
cabellos sueltos y dorados bajan
enmarcando un colgante que hace juego

con la diadema de oro y la corona;
sillería labrada en alabastro,
la escultura descansa en el despliegue
final del manto sobre dos cabezas

de ángeles que sostienen una cruz.
La Virgen de Siloé está leyendo.







jueves, 20 de febrero de 2014

Jácaras y furias

Las jácaras de Quevedo, convertidas más tarde en subgénero poético de tema variado, se comienzan a escribir con el siglo, hacia 1600, probablemente; alguna de ellas se detecta hacia 1604, pero se incrementa su popularidad durante la segunda década del seiscientos. Se trata de una modalidad muy peculiar de tiradas versales, que culmina la derivación de los romances y se contagian del sabor de la picaresca. Podemos decir que se integran en una tradición de literatura del mal, cuyos antecedentes inmediatos asomaban ocasionalmente a géneros y autores diversos (Rodrigo de Reinosa, Padilla, la picaresca, teatro popular....)

Ribera, "Ixión"
Hoy me he acercado a ver la exposición del Museo del Prado sobre Las Furias (Alegoría política y desafío artístico), precisamente por la cercanía que siempre pensé que había entre esos dos géneros de artes distintas, las figurativas, fundamentalmente la pictórica, y la literaria, en alguna de las modalidades que cultivó Quevedo. Cercanía que para mí era evidencia en muchos aspectos, por ejemplo en la coincidencia en Nápoles con Ribera o en las inclinaciones pictóricas del escritor madrileño. 

Lo de ir a trabajar al Museo del Prado se está poniendo muy feo, pues en cuanto deje de ser profesor en activo me cobrarán siete euros cada vez que entre y aun ahora tengo alguna dificultad y he de rogar y enseñar carnés, que a veces no funcionan. Haré plegarias a quien ordene estas cosas para que no me  –nos, supongo– castiguen al ostracismo y nos penen por mayores a no poder trabajar; eso debe de ser una de las muchas cosas que hacen los políticos cuando no saben lo que hacen. Por el momento he podido entrar para ver tanto la exposición como para mirar a los ojos del San Cristóbal en el retablo del legado Várez Fisa y de contemplar con qué delicadeza la virgen de Siloé (¿o la de la Cartuja de Miraflores?) pasa las hojas de su libro de alabastro.

Tiziano."Ticio"
En cuanto a las Furias, no se alude para nada al Ribera napolitano de Osuna-Quevedo –de eso me he ocupado en este mismo blog, en otro momento–, ni en realidad hacía falta, quizá, por más que al menos en mi folleto del Prado –tampoco tengo dinero para comprarme en catálogo, recuérdese que soy profesor de Literatura– no se mienta al comisario de la exposición ni al redactor del desplegable y las cartelas, en cuyos textos sobran media docena de "temáticas" que afean el estilo, sobre todo porque en su conjunto suministran una preciosa información al visitante.

Y allí se lee en varias ocasiones aquello de la estética del horror, o que el tenebrismo intenta mostrar el agitado mundo interior, etc. En efecto, es el tema del mal, si lo generalizamos: el mal como germen, inspiración, motivo, etc. de la creación. Bajo el paraguas semántico del mal podemos ir ensartando: la violencia, el dolor, la enfermedad, las guerras.... decenas de posibles epígrafes que uno puede encontrar en el libro de Thomas Dormandy (2006), recién traducido (2010), o en el de Javier Moscoso (Historia cultural del dolor, del 2011), por citar textos de ahora que remiten a los clásicos y a otras críticas.

De Garcilaso a las jácaras de Quevedo es un irse de la pasión y la melancolía amorosa a otras conductas y efectos de la condición humana, es decir, significa aceptar para la literatura –los versos, para ponernos en lo más exquisito– el mismo camino que para la pintura y en la misma época va de Miguel Ángel a Tiziano y culmina en Ribera, con todos los epígonos y ajustes que se quieran.

En las jácaras de Quevedo se acepta la maldad de la condición humana como motivo de desencanto para crear lo grotesco, y se entrega todo ello al regocijo del público, pues fue tema triunfante donde los hubo, hasta llegó a ser adorno de la comedia nueva. ¡Cuántas consideraciones podrían seguirse sobre esa situación! Me apresuro a señalar que las jácaras de Quevedo resultan ser el subgénero peor estudiado del poeta, hasta el punto que se cuentan con los dedos de la mano las escasas referencias críticas que hayan ensayado explicar la razón del género y de su triunfo.

Ribera, "Ticio"
La razón final estriba en el conjunto de circunstancias que también llevaron al españoleto a pintar sus furias con esos escorzos sangrientos e inauditos y a aceptar lo violento como artístico. Aceptar el mal como motivo de inspiración. La verdad es que no resulta difícil aceptar la aparición del mal en todo tipo de representaciones, pues siempre fue razón de moralistas y propagandista que emplearon esos temas para mover a piedad, repulsión, escándalo, etc. Basta con recordar el papel de las religiones –en el mundo occidental– en derivar de escenas de la pasión de Cristo conclusiones piadosas; y en el propio siglo XVI-XVII cómo aquello se acentuó hasta la exageración, por la tarea de los jesuitas por ejemplo. Nótese, sin embargo, que lo que triunfa en estos casos no es el arte, la habilidad, la técnica, etc. sino la transmisión de contenidos.

Ribera y Quevedo se conocieron, sin duda, en Nápoles –recuérdense los cuadros de la Colegiata de Osuna, sobre los que ya he sospechado alguna vez que se pudo encargar de llevarlos Quevedo en su viaje de vuelta a Madrid. La estética del mal es tan vieja como la condición humana, desde luego, y cuando se retraza su historia se suelen citar autores clásicos de todas las épocas y culturas; pero lo cierto es que hay travesías históricas en las que se detecta ese engrosamiento de los temas del mal. Apresurémonos a señalar, como primera explicación, que no es que se haya acrecentado el mal y que sea ello lo que produce la satisfacción del creador y del espectador; que lo que se ha acrecentado es la capacidad del artista para representar las mil formas del mal (el dolor, la violencia, lo monstruoso, etc.) y convertirla en objeto de admiración. Y que lo que se ha desarrollado es la sensibilidad del espectador artístico para admirar esa capacidad del artista; dicho con simpleza obvia: el lector de las novelas policiacas no es un asesino escondido que se regodea en el crimen, sino un lector culto que sabe distinguir las cualidades del relato. Por algo algo tan simple como eso –que sin embargo recientemente causó un curioso escándalo novelesco en nuestro país– podemos saber que el espectador actual culto ha aprendido a situar la creación artística en su justo lugar.

El comentarista de hoy se sitúa en una posición sumamente confortable, con los datos históricos a vista de pájaro, para construir capas de significados y variedad de perspectivas que enriquecen las obras artísticas que nos han llegado. De ese modo se construye la crítica en torno al Quiijote, se reedifica el camino que lleva a los cuartetos de Bartok o se señalan significados alegóricos en las furias y titanes de Ribera.  Son temas que se seguirán pensando; pero hubiera debido insinuarse que las furias del Prado no tienen tan solo una significación política alegórica.

miércoles, 19 de febrero de 2014

febrero cruza

Ha cruzado febrero sus paisajes
tiritando de nieves y de fríos
los vientos le traían desde lejos,
bronco, sucio, desnudo y aterido;

a veces que se queda entre las ramas
de los árboles yertos del Retiro,
a veces que se hiela con las lluvias
y se esconde en los charcos encogido;

invierno cruza con febrero al hombro,
ni sabe donde va ni a qué ha venido,
estremece los tiempos cuando pasa
la luz esconde, apaga los sentidos 

y se marcha detrás de las montañas
donde guarda las cosas que se han ido.

El Retiro (Madrid) 
Paseo John Lennon (Madrid) 
Día de nieve (en la UAM, Madrid) 
El Retiro (Madrid)
El Retiro (Madrid) 
El Retiro (Madrid) y las primeras forsitias
El Retiro (Madrid) 
Navacerrada (Madrid)




lunes, 17 de febrero de 2014

De senectute ("microrrelato", que lo llaman ahora)

1
Me tomo la tensión por las mañanas,
si no ha subido de catorce-diez,
puedo desayunar café cargado
con sorbos muy pequeños, mientras miro

por la ventana el flujo de la luz
del azul pálido o del gris cobarde
hasta el primer dorado, lejos, entre
nubes, que anuncia el esplendor del día;

en las ciudades la rutina sigue
con ceremonias simples y domésticas
que no se suelen referir en verso,
reservado para otros gorgoritos;

sin embargo el café y la luz dorada
y la tensión inspiran, si amanece....

2
A media tarde se me fue a veinte;
es demasiado, avisan los prospectos,
hay que llamar al médico de urgencias,
quien me pide que vaya a un hospital;

se lo cuento al taxista, que me responde
enumerando cuidadosamente
lo que han subido los impuestos
y lo mal que les va con las tarifas.

En urgencias se tiene que hacer cola
para cumplimentar trámites varios
y argumentar que la tensión subió
un disparate, y no, no sé la causa.

Me han dado un número muy alto. Espero
en una sala, con la tele puesta.

3
Tarde de urgencias en San Rafaël.
La enfermera más guapa no me atiende,
sino un doctor grandote y rubicundo,
que logrará bajarme la tensión:

Orfidal, aprovel, captopril....
Por los largos pasillos, entre batas
blancas, temores, miedos y enfermeras,
va un hacedor de versos con pastillas.

Espero que me digan si me voy,
como todos se van, a lejas tierras,
campos de la luz, la lluvia, el barro,
donde los horizontes se fabrican.

Ir con el viento a deshojar las rosas
y esparcir el olor a primavera.

4 
Me espera un largo mes de pruebas varias,
del traumatólogo al tac y al cardiólogo,
de mi doctora al dopper y análisis...
no hay que desayunar- respire- tosa–

las cervicales tienen mala pinta –
le vendría muy bien el ejercicio –
abandonar el tabaco y la bebida–
frutas -verduras - sin azúcar -nueces-

y evitar los disgustos sobre todo.
Son majos estos médicos de urgencias
que me aconsejan lo que puedo hacer,
todo se puede menos los disgustos.

Le pediré a becerra que sonría
por los pasillos cuando nos cruzamos.

5
Nadie me ha dicho nada en este tiempo
sobre el problema femenino, vamos,
sobre el tema amoroso y alrededores,
que algo tendrá que ver con la tensión;

yo creo que lo dan por imposible,
que cada palo aguante lo que lleva,
que ese es terreno turbio y movedizo
donde la medicina no interviene.

Así medito mientras, a sorbitos,
tomo una taza de eco con fructosa,
en pijama, mirando cómo llega
el nuevo día por el bulevar,

con la esperanza de que la vecina
salga a regar las plantas sin vestirse.


          F I N