Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

martes, 27 de julio de 2010

Noticias de prensa y de verano

He pasado el día de Santiago en Galicia, entre playa, festejo y ceremonia. Y leo asiduamente "La voz de Galicia", que es un buen periódico, sentado en la terraza del café Pinzón, al que dedicaremos algunas consideraciones más adelante, pues se trata de un café paradisíaco en donde lo más gozoso consiste en acordarse del viejo, caluroso, entrañable Madrid a las cuatro de la tarde, que es cuando yo tomo café y abro mi ordenador. La brisa de la ría, bajo el emparrado, casi que pide jersey. Y el café de Galicia –por la vieja tradición americana– es excelente, todavía se va directamente a los latidos del corazón; incluso hay una marca que así se llama, "El gallego", como otras muchas de productos antaño "coloniales" que ya no se encuentran en el interior. El caso es que sí que hay algunos aspectos que preocupan, que se echan de menos en medio de este aparato de apóstoles y mariscos. Echo de menos la lectura, lo que de la lectura se deriva. En la tiendecita de los periódicos que regenta Agustín llegan todas las ofertas de todas las publicaciones periódicas; pero no parece que plúteos y anaqueles se muevan mucho con otra cosa. De manera que he decidido pasar al ataque e ilustrar esta entradilla con una vieja representación del apóstol, la de la iglesia parroquial de Mazuecos (lugar de mi tierra, Palencia), en la que el apóstol (segunda mitad del siglo XV), tallado sin duda por algún artesano local, aparece leyendo un libro. A saber qué libro leía el Apóstol. Hagamos con él. Ya saben ustedes que a la Virgen María le pilló el ángel leyendo, mírenlo en la representación de una parte del retablo que estuvo en Villamediana (y hoy se conserva en el Museo diocesano de Palencia). Que nos pillen leyendo.

Y leyendo y leyendo me doy cuenta de que la inmigración no  ha saturado todavía muchos de estos lugares; pero que si lo hiciera, podría actuar de modo distinto a como ocurre en Cataluña (Lérida, Tarragona...), es decir modernizando las costumbres de algunos lugares y de algunas gentes. No sé si aquí se produciría el escándalo de los trajes. Acostumbrado como estoy a ver las cosas también con perspectiva histórica, me doy cuenta de la reiteración del conflicto, como siempre que hay roce cultural. Véase si no lo que escribía León Pinelo sobre costumbres extrañas, en 1623, y eso que León Pinelo se había pasado mucho tiempo en Indias, en el Perú. No valen las respuestas de entonces, por eso no las expongo. Cada día, cada año, cada época pide posturas, diálogos, soluciones distintas.

lunes, 26 de julio de 2010

Protagonismo



Cuando dejas de ser protagonista
todo se vuelve mucho más sencillo;
cumples los días sin guión alguno,
lees los versos gustando de su ritmo,

contemplas a su paso la belleza
sin que ansiedad desasosiegue el pecho
y puede que hasta te interese el tiempo
como espectáculo que cambia el mundo

para que siempre sea original
y vayas disfrutando del camino;
pero es difícil conseguir no ser
protagonista de la propia vida.

Porque, si no somos protagonistas,
¿quién escribe estos versos y qué somos?


La foto había de presentar la caída del sol el día de Santiago sobre la playa de Pantín, pero se colaron los pies del fotógrafo... No estaba pensado ese protagonismo que afea el paisaje... ¿afea el paisaje o qué?

¿Sobrevive el nogal? Huracanes y renacimientos

Pasó el invierno este año –y aun el anterior– causando estragos en bastantes lugares: al noroeste peninsular le arrasó un vendaval que, como dicen siempre, “jamás se había visto cosa igual”, con vientos huracanados de más de 150 kms. hora, en algunos puntos esa cota se convirtió en infierno y se llevó primero hacia el cielo y luego a tierra todo lo que encontró a su paso, una noche; “gracias a dios que fue por la noche y no pilló a la gente por los caminos”, me comentaba la gente.
El mayor destrozo lo hizo, desdeñando tejas, tapias y otros artificios humanos, curiosamente en los árboles mayores, que no supieron resistir el empuje y se quebraron o se acostaron, una famosa sierra de las cercanías, la sierra da capelada, trasformó su paisaje esa noche, porque el viento derribó bosques enteros. Es la sierra de los caballos salvajes.

Aquella noche yo no estaba en el lugar, me llamó Gabriel, el lugareño amigo, y ya noté en su voz que pasaba algo: “Prepárese...” Los dos árboles más viejos y grandes que tenía, un nogal, que a veces vareaba –a finales de octubre– con una gran caña de mi cañaveral, en competencia con los cuervos, y que era el centro del “ferrado”, se había desagarrado: pude sacar poco después las fotos de su fallecimiento, que no sé si encontraré por aquí. Lo mismo ocurrió al chamecípero que se veía desde lejos, con un verde dorado que parecía directamente libado del sol del atardecer; y al madroño, que venía de un esqueje de uno de los madroños del paseo de coches del Retiro; y a los laureles mayores, los romanos... 
El nogal vuelve a crecer de las ramas caídas
Otras muchas cosas ocurrieron, bastante curiosas, desde luego, como lo que hizo un manzano que vivía bebiendo los vientos al borde del valle de Santalla, casi sobre la pendiente, lugar de hermosura y de riesgo, como suele ser frecuente, y que cuando llegó la noche de los destrozos  decidió apoyarse en el cedro del Líbano, su amigo de prado, y que así se ha quedado (como bien se ve en la foto), al amparo de su espigado compañero, que olerá a manzanas, porque no podo el árbol y se cuaja de manzanas pequeñitas, todo olor. El que mejor resistió fue el castaño del jabalí, un castaño que planté hace unos diez años que parece centenario, cubriendo de sombra medio prado; me dicen los vecinos que debajo duerme el jabalí y su camada durante el invierno, pues a los jabalíes les encantan las castañas. Es verdad que debajo del castaño existe como un inmenso lecho y que nunca he podido recoger castañas, aparecen todas  vacías. Pero debo de seguir con la historia del nogal, que no se ha terminado.

La higuera renacida y cuajada de fruta

!El nogal! Hasta doce quilos de nueces el año que vigilé a los cuervos. Que qué hacemos con él, Gabriel; pues no sé, córtale, claro, y deja el tronco allí, ya veremos. “Peor es lo de los laureles”. La hilera de laureles romanos que limitaba la tierra con la colindante, en un declive, se había venido abajo, provocando un alud, no solo en mi caso, sino a lo largo de toda la ribera del río, durante los tres kilómetros que terminan en el mar. Espero que no desaparezcan los pequeños laurelitos que todos los años, cuando limpio la tierra, han brotado de las semillas esparcidas por el viento y los pájaros: algunos me los llevo así a Madrid y los pongo el el alféizar de la ventana, a que traben amistad con las albahacas, y a que esperen a las lentejas y a los jureles escabechados.

El manzano busca apoyo en el cedro para no caer definitivamente
El tronco lo dejamos allí, desnudo, secándose poco a poco: quizá se pueda utilizar como banco, mejor que moverlo o hacerlo leña; pero en el lugar donde estuvo, al lado, de las raíces que hubieran podido quedar, de las ramas, quien sabe de dónde, me he encontrado que está creciendo un nuevo nogal, ahora con las hojas desmayadas (como se ve en las fotos), porque hace tiempo que no llueve a modo, como suele. Voy a regarlo.
La historia de mi nogal me tiene conmovido.

la datura se recobra tras años de persecuciones
Sobre todo porque me acuerdo de historias viejas semejantes. Dos higueras enormes tenía al lado de la casa. Una se cayo, porque estaba en una ladera, un día de viento, sin pillar a nadie debajo, con caridad y estrépito; traté desde entonces con sumo mimo a la otra, podándola para que se clavase bien en tierra y las ramas extensas no provocasen otra caída, no quería quedarme sin higuera. Ha pasado de eso unos seis o siete años. La higuera caída, reducida a nada, rebrotó, y la dejé. Este año la higuera renacida está dando una espectacular cosecha de higos; en tanto la vieja, añosa, enorme, llena de sombras, deja ver algún higo suelto allá en las alturas, reclamo de pájaros. Cuando hace mucho calor huele a higuera toda la casa.


Y en fin, todos los años mataba –eso creía yo– al estramonio o durantón o datura que crecía a la entrada, para evitar que mi hijo pequeño, atraído por su perfume empalagoso y por la belleza trompetera de sus flores blanca (las mías son blancas) no chupara o comiera de su narcótico venenoso. Hace tres años que desapareció. O eso creía yo. Miren ustedes qué lozana ha empezado a crecer de nuevo este año. ¿Qué haré?
Historias de plantas. No, no voy a sacar moralejas fáciles. Pero las pienso.
Termino enseñándoles la llegada espectacular del río a su desembocadura, formando una ría, desde la que se ven tres entradas, un faro, un puerto...


domingo, 25 de julio de 2010

Tarea de vivir


Tarea de vivir son estos versos,
de aderezar el pensamiento para
que se resuelvan todas las discordias
y se regulen con palabras ciertas

tantas contradicciones. Quebraremos
los versos por aquí, mientras recobro
el ritmo del soneto, en donde encajan
meditaciones, apropiadamente,

que nos ayudarán a bien morir.
El hombre, un animal que vive triste
y suele frecuentar la soledad
a las palabras puede recurrir

para explicarse todo y hacer versos.
Tantos versos que ya no dicen nada.

El canon y la Poesía española actual (I)

En mi campo de trabajo –la poesía española de los siglos XVI-XVII– se ha puesto de moda el "canon". Ya son tres los libros, artículos aparte, que he recibido sobre el tema, jalonan el periodo, pues se refieren al siglo xvi, al xvii y al xvii tardío, y engavillan más de treinta trabajos sobre géneros, obras, autores... Detrás de estos trabajos sistemáticos están Begoña López Bueno y Pedro Ruiz, es decir, dos de los críticos más sólidos, prestigiosos y activos dedicados al periodo. Y alrededor de los dos, en Sevilla y Córdoba, lo más granado de la filología española, con algún préstamo de buen hacer venido de lejas tierras, como los de Isaías Lerner, Lía Schwartz, etc. Del canon de Quevedo se puede decir más de lo mismo: M.Candelas (Vigo) y Rodrigo Cacho (Cambridge) hablan de su poesía.
Reseñaré el libro para revistas sesudas del gremio; de hecho es una de las tareas que tenía reservada para este verano que, por cierto, en el noroeste de la Península, en donde estoy, viene siendo espléndido, sin que peleen a muerte lluvias, vientos y soles, como suele ser habitual. Está ganando el calor, las playas, el sol. A mí la cuestión del canon se me está planteando de manera muy práctica a propósito de una de las asignaturas que tradicionalmente enseño en mi universidad, la de Poesía española actual, que además suelo compartir con jóvenes colegas que me enseñan lugares nuevos que yo no conozco, en donde la poesía actual busca arduamente su modo de decirse. Creo que a una de mis colaboradoras en este campo no le gusta que yo vaya enseñando vergüenzas en el blog, de manera que no citaré ni su nombre ni otras gracias suyas fundamentales, sobre todo y por ejemplo, que acaba de publicar nuevo libro de poesías, que no encuentro aquí, tan lejos de la civilización refinada, comprometida, libresca, sabedora solo de cosechas, bosques, mariscos...
El canon en la poesía española actual termina por plantear la nómina de obras o autores que representan lo que ese título dice. Y el canon de la actualidad está sometido, como todo el mundo sabe, a los huracanes de las modas, el comercio, los medios de comunicación, el mercado, los premios... y demás excrecencias que no permiten ver bien, que interfieren sobremanera el deseo de llegar a objetivar y definir lo que es poesía española actual.
Dos cosas hemos hecho para cumplir con tal programa sin experimentar la sensación de engaño, falsedad o equivocación. Por mi parte, he reelaborado –ya dije que llevo más de diez años con este tema en situación docente– listas y listas de poesía actual, para ofrecer un "canon" (vamos a ello) de medio centenar de nombres de poetas que escriben en lengua española hoy, dicho de modo macabro: que están vivos. Recojo cuidadosamente nombres de los huracanes mentados (premios, propaganda, planes, etc.); pero expurgo muchísimo y no digo ni quién ni qué; y añado, desde luego, nombres que no aparecen casi por ningún lado. Pondré ejemplos, para pillarme los dedos y comprometerme, que es lo que al cabo sirve.

En mi lista de este año están se encuentran nombres bien conocidos como Pablo García Baena, Guillermo Carnero, María Victoria Atencia, Luis Alberto de Cuenca, Luis García Montero, Miguel D'Ors, Antonio Carvajal, Juan Gelman...; pero no están otros muchos que ocupan habitualmente los lugares desde donde se vocea que es la poesía española actual. Y añado bastantes, bastantes de los que no aparecen nunca o casi nunca, como Rafael Juárez, Javier Yagüe, Carlos Piera... 

He de decir que el programa, que siempre publico, y también lo haré en próximo blog, después de haberlo colgado oficialmente, por si las moscas, se suministra para que los alumnos inscritos elijan un nombre a su sabor, lean su obra, particularmente un libro reciente, y extraigan los ejemplos adecuados para exponer en clase un panorama sobre su modo de hacer poesía, a partir de esa lectura, que todos compartirán. Y el consiguiente diálogo colectivo. Algunos nombres derivan de esa circunstancia colectiva. Este año, por ejemplo, quiero incorporar textos que se difunden en RAP (hubo un "blog" anterior que lo explicaba), lo tengo pendiente.
Queda la otra tarea, la de mi colaboradora, que conoce mucho mejor que yo los lugares hacia donde la poesía actual le gustaría salir o borrarse o producir sabe dios qué; la estructura teórica de sus clases y la nómina consiguiente, que ya me ha remitido, es sumamente interesante, y también la expondré, cuidadosamente, en próxima entrada, después de someterla a su mejor juicio. Porque este canon ya va muy largo.

jueves, 22 de julio de 2010

De la sección "No se deben escribir", de CHINA DESTRUIDA



China destruida tiene tres secciones censuradas, de una de ellas, la de los "modos de...", ya publiqué una poesía inocente, la de los modos de hacer empanadillas; de la sección más procaz, allá se andará, pues no difundí nada; de esta tercera, "No se deben escribir", probablemente enristre todos, una vez que con una comentarista del cuaderno hemos establecido que el protagonista puede no ser el autor, y que la literatura abre la posibilidad a la mentira, el escorzo, el sueño, el cachondeo... que es, como los espacios artísticos, todavía, un sitio donde se puede llegar a ser libre; y que de lo que se trata a veces es de intentar seguir siéndolo, sobre todo de imaginar, porque la imaginación también es parte de la vida, probablemente de las más nobles.

[Niños que entran en el agua en la playa de la Malvarrosa (Valencia), esta primavera, la foto que encabeza; lugar en donde también tomé la foto del castillo, que cierra, aunque ese castillo no lo hicimos nosotros, sino un emigrante, que así pedía ayuda.
Un chaval hace castillos de arena en la playa de Pantín (La Coruña), en las otras dos ilustraciones.]



Ha llegado el momento de doblar
la esquina, recoger la casa. Cerca
andarán los lugares sin memoria;
no tardará la travesía mucho.

No hace falta hacer nada, todo está
previsto por el viejo dios del tiempo.
No se puede por menos que mirar
el tesorillo del pasado, sin

demasiado entusiasmo, la verdad.
Mañana iré a la playa, veré el mar,
jugaré con mi hijo a hacer castillos
y hablaremos de cosas muy sencillas.

Después de tantos gestos sin sentido,
estar y ser y mientras. Nada más.


¿Cuándo se cometió el desvío extraño...

¿Cuándo se cometió el desvío extraño
de conseguir razón y pensamiento?
¿Cuándo fue que pensar se almacenó
para alcanzar que la sabiduría
 
imaginara, creara, trascendiera
miradas, voces, luces, circunstancias...
¿Y para qué, si el huracán del tiempo,
irremediablemente encadenados,

nos arrastra al azar como peleles?
¿Quién dispuso de tal manera el cuerpo
y organizó el lugar de los sucesos?

¿Quién nos abandonó en un universo
desmesurado para nuestro ser,
incomprensible para nuestra vida?