Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

viernes, 9 de mayo de 2014

Estrambotes de la vida cotidiana

Uno va por ahí arreglando todo,
intentando enmendar errores: hoy
no compraré la prensa, ni veré
los telediarios, cenaré muy tarde,

nada de saludar al mal decano,
daré limosna al magrebí del barrio,
con la china del todo a cien, sonrisas;
fumaré, beberé, mantendré el coche

polvoriento, y descansaré tumbado
bajo un árbol imaginando el polvo
que mi vecina tiene cuando asoma
muy de mañana a recoger la ropa....

Así funciona bien la vida, creo,
más limpia más serena y muy más justa.


Y

no jugaré a la primitiva nunca;
me gastaré el dinero que no tengo
sin entregarlo a un banco que lo guarde.


miércoles, 7 de mayo de 2014

La calle de la Madera (Madrid histórico)

21 de la calle del Pez


peluquería femenina





Un paseo del atardecer, caluroso, por Madrid, me ha llevado desde la Plaza del Dos de Mayo a la calle de la Madera, que he recorrido de una punta a otra, desde Jesús del Valle a la calle Luna, atravesando la calle del Escorial, en cuyo número 17 estaba la casa familiar –madre, abuelos maternos. Me he detenido allí, en la planta baja ha crecido una especie de taller artístico (Raebock. Creative Hub), con clase y gente, muy atractivo; es un signo de parte de la calle, que se ha renovado radicalmente en algunos casos, otras veces ha puesto nuevo traje a lugares viejos y aun ha conservado establecimientos de siempre. Conserva la gracia de las fachadas y balcones, algunas con relieves y adornos. Eso sí, todo rematado por grafitis y pintadas. 


De entre lo más nuevo, el par de peluquerías creo que una masculina y otra femenina, en donde pude entrar y me dejaron fotografiar la talla de la Virgen y otras menudencias decorativas. La contrapartida: la única librería que he visto, cerrada.
















Para las posibilidades de cuál fue la casa de Margarita de Quevedo, en la que hubo de vivir el escritor alguna vez, véase
http://artedemadrid.wordpress.com/2012/11/26/quevedo-y-la-calle-de-la-madera/



peluquería masculina





En la parte "baja" de la calle Madera, pasada la fachada posterior de San Plácido, se encuentra la otra casa ocupada, en este caso por lesbianas, transexuales y feministas (no sé si lo he dicho bien; hablé con algunas, no me dejaron entrar).  Frente a esas novedades, un par de tabernas muy acogedoras, dos o tres establecimientos de salud alternativa (yoga, chino, etc.) y varios talleres artesanos (carpinteros, vintages, encuadernadores....) Maravilloso este Madrid persistente y cambiante al mismo tiempo que se refugia en estas callejuelas, con un paisaje humano también universal en el que se pasa del matrimonio anciano que riega geranios en los balcones a las familias orientales (¿chinas?), la mezcla de razas y de edades. Al final de la calle, un restaurante "oriental", como dios manda.



Hoy es un día para versos rotos
de los que salen limpios sin rodeos,
que se vienen de no se sabe dónde
sin tema, sin amor, desde muy dentro.

Voy buscando la calle de las Minas;
calle del Pez arriba, me paseo:
en el veintiuno viven los ocupas;
El palentino estaba aun desierto.

En una de las casas de Madera
sospechamos que vivió, quizá, Quevedo;
Mercedes lo narró en un blog magnífico.

Las calles que vivieron mis abuelos.
Las cruzo sin saber qué me ha traído.
¿Era yo quien estuvo aquí hace tiempo?




martes, 6 de mayo de 2014

Se aplauden

Raro es el día en el que no asoma al noticiero hispánico la distracción de fondos por parte de alguien que vio pasar a su lado el dinero público. ¿Cuántos habrán logrado su operación sin que nadie se entere? El caso es que, cuando estas noticias se explican, las cantidades que suenan lo son casi siempre de millones de euros, en flagrante constraste con las noticias que del otro lado vienen: las de los eres, sueldos, subidas de pensiones, pagos por cuestiones sociales (discapacitados, etc.) que se suelen mover dificultosamente por debajo de los doscientos, trescientos, cuatrocientos euros. Un ladrón de guante blanco equivale casi siempre a un centenar de viejos, enfermos, discapacitados, jornaleros, hambrientos.... y a un millar de emigrantes. Bastaría con vaciar los bolsillos de un consejo de administración de cualquiera de los bancos socorrido por fondos públicos para dar trabajo a todos los emigrantes que llegan penosamente a lo largo del año.

El movimiento de los emigrantes proviene del mismo motor que el de la jerarquía política catalana –y de alguna más. Si quitamos las banderas y los cantos patrióticos de todos lados –los emigrantes vienen sin ellos– unos y otros quieren “vivir mejor”:  los catalanes porque son los que mejor llevan lo de la “marca españa” (Mas  dixit); no creo que me equivoque si sospecho que idéntico desamor se puede operar –si las condiciones se dan– en canarios, riojanos, extremeños o castellanos. Parece que es un tumorcillo de la condición humana que, bien trabajado, produce las hermosas ramas de las banderas y las nacionalidades.

En nuestros pagos, el temor opera en doble dirección: como desembarque toda la juventud africana vía Melilla se nos va a acabar lo de ser una sociedad burguesa y bien alimentada. No hay ningún secreto: eso se llama desde hace mucho lucha de clases, con todos los aditamentos de la formación histórica actual, pero lucha de clases. La sensación de que si te desprendes de los molestos vecinos que menos tienen o peor saben hacer las cosas o son más feos o la tierra donde nacieron no da para tanto, nos va a ir de perlas lleva inexorablemente a levantar banderas. Todavía me acuerdo de aquel nobilísimo empresario vasco que declaraba paladinamente en la TV después de un asesinato de un conocido industrial bilbaíno: “¡Es que es uno de los nuestros”! Los emigrantes a los que se rechaza como se puede –vigilan las cámaras– “no son uno de los nuestros” y, como decía Goytisolo, han cometido el delito de que les nacieran en donde solo hay miseria, miseria en la que conviene que se mantengan, para llevar allí la explotación. Arreglar aquella lejana miseria es algo que no cabe en el magín de un pobre funcionario que toma el metro todo los días y no sabe qué hacer con su pena o con su rabia, con su perplejidad:  situar el problema a donde solo llega, muy ocasionalmente, el corazón y no la ayuda es uno de los grandes triunfos del capitalismo siglo xx-xxi.

Y mientras tanto los políticos “se aplauden”, utilizo el reflexivo con plena conciencia, porque se trata de una de las escenas más grotescas de nuestra triste realidad, esos noticieros en los que aparecen las concentraciones de unos y otros, con trajín de autocares y colorito de banderas y escapularios, y aparecen con tres o cuatro virtudes sistemáticas: se sonríen, se aplauden y se insultan mintiendo. Lo de que Rajoy circule por alguno de esos campos o gimnasios sonriente y aplaudiendo a los que, a su vez, sonríen y aplauden, resultaría una de las escenas más divertidas de nuestra feria nacional si no fuera por todo lo que hay detrás. ¿Y por qué se aplauden? ¿A quién? Se aplauden a ellos mismos, desvirtúan radicalmente la alabanza a gesta ajena que lleva implícita el aplauso; es como si yo me levantara aplaudiéndome por haber dormido bien, después de desayunar unas ricas tostadas o cada vez que me lavo los dientes, sin que nadie me viera. Voy a proponer a los vecinos de mi comunidad que en la próxima reunión nos aplaudamos mucho, después de haber discutido el problema de las bajantes.

Y el aplauso nos lleva al final. ¿Se dan cuenta en esos festivales de aplausos y banderas que quien no vaya en los autocares a la fiesta de los escapularios sabe perfectamente lo que se va decir y cómo allí? Es inútil que Pons o Valenciano intenten refinar su retórica, mucho antes de que rompan a decir tonterías sabemos de memoria que la sustancia de su diarrea mental consiste en dejar retóricamente fijado que los de enfrente son unos descerebrados. Y a los pobres socialistas, enajenados por la falta de cariño que sufren, antes de que se pongan a aplaudirse, ya se les adivina que no tienen nada más que decir que los abanderados del pepé son malos, se han equivocado en todo y este país va al desastre. Ganen los unos o los otros, medio país quedará convencido de que todo está mal, que vamos a peor y que no hay nada que arreglar. El espectador normal de estas borracheras absurdas –en las que se gastan millones– extrae la lógica consecuencia de que todos mienten, de que cada parte obra con la única intención de ocupar la parcela de poder desde donde se puede seguir robando con calidad e impunidad.

Pero, por favor, que no hablen, que no digan lo mismo ya tantas veces, y que si lo hacen que no se aplaudan.



domingo, 4 de mayo de 2014

supimos al pasar que no nos lleva

a donde va la luz siento si pasas
a donde el aire azul lejos se eleva
un espacio deshecho y lejanía
lo que llegó y se fue tan solo queda

dulce mirada triste que un instante
mirada fugitiva que no espera
inerme dejará a su paso todo
es luz la más oscura que se aleja

será que siempre lo que tanto hubo
será que al fin se cruza lo que esperas
rodando vino desde nadie sabe
se va sin causa donde todo cesa

al pasar supe que la luz cegaba
supimos al pasar que no nos lleva

viernes, 2 de mayo de 2014

Escaparate de libros



El escaparate de libros me sirve para citar o referir algunos de los libros recientes que me están ayudando en la elaboración de las entradas del blog, en donde evito la erudición excesiva y especializada –esa me la guardo–; van desde los más generales a los más centrados. Y así, en este escaparate doy cuenta de la reciente historia de Valeriano Bozal, que puede servir de panorama general para deambular entre exposiciones, museos, visitas, etc. El libro de Ceinos, por el contrario, se va al otro extremo, pues informa de manera preciosa (¿a veces demasiado fantástica?) sobre modalidad de la escritura china y su origen pictórico. Estoy utilizando el libro de Veronika Yyjik para la edición de España defendida, o mejor dicho, para la ubicación de "lo español" en el contexto de Quevedo. 
En cuanto al librito muy reciente de Francisco Calero, otra voz –ya había escrito al respecto bastante– sob re la autoría del Lazarillo, muy erudita y completa en algunos aspectos, como el estudio de las formas estilísticas, por ejemplo; pero con lagunas excesivas cuando significa trabajar con otros pilares del tema: ni siquiera cita –¿no lo conoce?– el libro de Reyes Coll Tellechea o el largo artículo sobre Diego Hurtado de Mendoza en manuscrit.cao, de manera que sus reclamos para que se tenga en cuenta lo que dice no me atraen mucho la atención.