Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

viernes, 7 de junio de 2013

Por tu cuerpo he pasado lentamente

por tu cuerpo      he pasado lentamente
dejando    de caricias     un reguero
la piel      que se desliza por las manos
me pide     la llegada de los besos

y llueven     los que estaban para irse
se estremece tu piel      y me estremezco
te pido     que descubras lo que falta
y se abren     a mis ojos    los deseos

el camino que llevo     es    casi seda
y se encrespa    en las redes    de tu vello
que me visten  anillos       y sortijas
en la lengua       los labios     y los dedos

y los ojos se cierran      cuando juntos
y los ojos se apagan      cuando dentro





jueves, 6 de junio de 2013

tallos de alcachofas


No va exactamente de receta este post, aunque merodea, ya que se refiere a los rabitos o tallos de las alcachofas –buena cosecha la de este año–, que se suelen desperdiciar, al menos la variedad blanca que es la que llega a nuestro mercado (de Granada, muchas veces; de Navarra y la Rioja, otras; de la huerta generalmente) y que al pelarse y despojarse de las hojas externas, muy duras, también pierden el tallo. Si ese tallo se pela con cuidado, aparece su carne, lo mismo que la del corazón, suave, tierna y sabrosa, para utilidad posterior. Las imágenes muestran cómo va quedando. Suele ser hábito de cocineros echar un chorrito de limón a la alcachofa recién pelada para que no se oxide; pero no es necesario porque se va a oxidar y ennegrecer de todas maneras, excepto las de bote que, dicho sea de paso, tienen demasiados artificios. 


Lo mismo ocurre con los tallos, a los que se puede dar el mismo tratamiento que a los corazones: a la plancha, rebozado y frito, rehogado solo o con algo, en salsa, al horno.... En realidad, como son muy pequeños, yo suelo darle dos usos distintos: como ingrediente base de algún arroz –por ejemplo del arroz al horno (ya di receta) con costillas adobadas, que es el de la imagen–; o en tortilla, que da un sabor muy especial, ligeramente amargo al fondo, para paladares que gusten experimentar. Cortado en dados, que así se hace también para la tortilla, se puede rehogar con un poco de aceite de oliva (que se echa al final, para que esté casi crudo, cuando los tallos han empezado a quemarse) y sal gorda o limón.

Precisamente con sal gorda nos ofrecen las alcachofas a la plancha de La Ardosa (bar de tapas tradicional de la C/ Colón en Madrid), con una fórmula que las presenta en bandeja, chatas, exquisitas, y que todavía no he podido adivinar. A ver. En otros lugares dicen que son a la plancha, pero cuartean o trocean los corazones, en realidad los medio fríen. Esa modalidad es más sabrosa cuando el corazón se lamina y, una vez pasadas por la plancha, se las riega con aceite de oliva y limón.


Las alcachofas son hortalizas riquísimas y que suelen tener cocina complicada. No es fácil encontrarlas bien hechas. Allí por donde voy, miro y pregunto tres cosas: si hay manuscritos de Quevedo, dónde se encuentra uno los ojos más bonitos de la zona, y cómo hacen las alcachofas, en recuerdo quizá de aquellas gigantescas que tomaba en cenobios de Bretaña (exactamente en un colegio de Dôl), a las que se arrancaban las hojas y, tras pasarlas por una salsa avinagrada, se comía a mordiscos el arranque blando de la hoja. En Italia bien recuerdo los puestos de alcachofas en Venecia, Pisa....; pero no tuve tiempo de entrar en el detalle de su cocina.


¿Y qué hace un cazo en donde hierven las alcachofas, los corazones, al lado de los tallos? Es una curiosa modalidad: hay quien siempre hierve las alcachofas –debidamente peladas– y a continuación opera el rehogado, plancha, guisado, etc. para asegurarse el punto del corazón. Es cierto. En otras partes, en el Mediterráneo por ejemplo, las cocinan directamente (plancha, rehogadas, horno, etc.) sin haberlas ablandado previamente con unos 15 minutos de hervor (el caldo de la alcachofa, que yo sepa, no sirve para nada, es muy amargo). Quizá dependa de la raza de la alcachofa.

miércoles, 5 de junio de 2013

Parar a respirar en cada esquina

Juan Genovés, en el Museo de arte contemporáneo (J. March) de Palma de Mallorca
lo que tienes nunca es lo que falta
ante mis ojos se despliega el día
camino que recorro con el tiempo
mis paso sigue y sin cesar me guía

solo hace falta ser y respirar
parar a respirar en cada esquina
dejar que con nosotros todo pase
dejar que sin nosotros todo siga

alguna vez conoceremos algo
más probable es que nadie lo consiga
que poco a poco vamos hacia nada
que somos solo apenas una brizna

casualidad de ser y que se piensa
en un volcán de vueltas infinitas



lunes, 3 de junio de 2013

China en el Botánico de Madrid

En honor a mi comentarista Lu Chi, que tan excelente español maneja, he traído del Botánico de Madrid unos cuantos motivos chinos. Y me he sentado en un banco de la plazoleta que adorna una kolwitzia, que recojo en su conjunto, los ramos y la flor:




Nada más entrar uno en el jardín, después de saludar al árbol que monta guardia en la entrada se llenan los ojos de nieve viendo la "kolwitzia amabilis" en flor, temprana, ocupando una esquina de privilegio. Muchas cartelas identifican como "china" el origen de plantas comunes o variedades curiosas, como la de ese "cercus" que tanto recuerda –flor en tronco– al conocido árbol del amor, del que es variedad (se suele decir que hay tres variedades, la americana, la china y la europea). O como la morera ("morus alba"), bien conocida en todo el mundo.

kolwitzia amabilis
cercis chinenesis

Sophora davidii 
Rosa china ("Rhaphiolepis indica")

Termino con un árbol (Gleditsia macracantha, el que precede), un arbusto (osteoemeles schwerinae, la que sucede) y una flor (la peonía, blanca en este caso, que cierra el post).




domingo, 2 de junio de 2013

El ficus de la Misericordia


La Misericordia
El ficus de la Misericordia
No cabe en un soneto el viejo ficus
de la Misericordia, necesito
encabalgar los versos iniciales
y construir un cuarteto para él solo;

se lo merece, por la grata sombra
con que protege al peregrino cuando
llega cansado de mirar papeles
y enfrascarse en archivos, bibliotecas

y otros lugares sin el aire verde,
refrescante y oscuro de sus ramas,
que otorgan a quien pasa la serena
fuerza del viejo tiempo remansado,

que de la tierra viene y siente el mar
y fue barro y ahora es belleza y vida.

el ficus de la Misericordia




sábado, 1 de junio de 2013

Anda Chopin entre boutiques


El recuerdo de Chopin en Palma, en la capital se materializa en forma de escultura frente a la iglesia de San Nicolás, en pleno centro, en zona de boutiques y tiendas exquisitas, con algún bar y muchas terrazas. Seguro que las terrazas ya le empiezan a gustar más a Chopin, cuyo pedestal tiene algunos grafitis y anda oscureciéndose demasiado –es posible que tampoco le desagraden. A buen seguro, lo que más le habrá gustado esta mañana fresca de finales de mayo es que delante de la hermosa fachada gótica de San Nicolás, se haya instalado un músico, quizá hispanoamericano, para tocar el arpa, quebrando el aire con la sutileza de los sonidos crepusculares. He estado un rato esperando que volviera a tocar algo, pues me había atraído hacia el lugar el sonido de arpegios mezclados con el ruido de la ciudad; pero no ha habido suerte: el arpista, solitario, descansaba. 

De modo que me he ido a callejear, parándome en los escaparates de las tiendas, en los ojos de las damas hermosas, en los recuerdos, en el olor a mar que de vez en cuando me llegaba y admirando el desembarco de zapaterías y baratijas chinas, por ejemplo a lo largo de toda la calle de los olmos [Oms], en donde he mirado durante un buen rato a la más graciosa de las dependientas chinas, hasta convencerme de que no me iba a devolver la mirada y no iba a quedarse con mi inquietud, lo que es habitual en el recato de estas gentes, que pululan en todas las ciudades prósperas del mundo, para vender lo que embarcan los gigantescos barcos de Cantón.
Patio (restaurado) del viejo Hospital de San Antonio (1768)
El largo paseo me llevó luego de museo en museo –no puede uno fácilmente dejar de ser lo que ya está siendo–, para ver, sobre todo, los dos museos y muestras de arte contemporáneo, el del baluarte, en donde había una exposición temporal de pintura de paisajes mallorquines, y el de la fundación Juan March (otro distinto del de la fundación Bartolomé March), en la calle de San Miguel, cuya colección permanente es espléndida. 


En ambos casos no llegué por muy poco al paso de las exposiciones de Eduardo Arroyo, aunque obtuve sus catálogos y le rendiremos homenaje en futuro post. En la fundación March, sin embargo, se exponía un puñado de grabados de Picaso, tomando como motivo a Rembrandt. Lo ilustro con la estilizada –estilizadísima– "figura yacente" (1984) de Andreu Alfaro (1929-2012), que se puede comparar con otro yacente, el "hombre del sur" (1972) de Julio López Hernández (1932), y sacar conclusiones; y aun más si se va –creo recordar que a San Miguel– y se compara con una urna funeraria de personaje yacente, como en la tradición española (Cristo de las Claras de Palencia, el de Becerrra de las Descalzas, etc.) Las cosas se pueden hacer de tantas maneras.

Hombre del sur
El bullicio de aquella zona era enorme, sin embargo no había más que cuatro gatos en el museo, de entrada gratuita. No es una lamentación, es una constatación, que no sé exactamente qué significa. Desde las murallas, laboriosamente reconstruidas –parece que los lienzos que quedan son del s. XVI y no medievales– un camino de palmeras avista el mar azul, detrás de la Seo, rematando almenas con pináculos y arbotantes sin fin.
San Nicolás
recuerda de la "vincuda" de Chopin a Mallorca


El viajero, que se mueve con mochila, no quería comprar más libros, sin embargo no ha quedado otro remedio que llevarse algunos, pues es probable que no los encuentre con facilidad en otros momentos, de manera que, al final, he habilitado una enorme bolsa de plástico –¡no viajo con Ryan air!– para poder llevarlos todos, en vez de la ensaimada y la sobreasada. De uno de ellos, este conocido cuadro (Bunyola) de Santiago Rusiñol (1861-1931), que me sirve para decir adiós a Palma de Mallorca, aunque todavía tenga que rematar algunos versos sobre el ficus de la Misericordia y, quizá, dar noticia de otros lugares con fondo documental histórico a los que me asomado.












La Biblioteca de Bartolomé March (Palma de Mallorca)


No sé por dónde empezar, pues conocí parte de sus riquísimos fondos cuando empezaba mi carrera docente en Granada, donde Emilio Orozco me hablaba de la biblioteca del Duque de Gor; y allí había tesoros que él investigaba, sobre Góngora, Jáuregui, Quevedo, Lope, etc. Los he reencontrado en la Biblioteca de Bartolomé Marcha en Palma de Mallorca, en donde ocupan una parte del palacio o castillo en el centro de la ciudad, con Museo incluido. 


Visité primero el museo, en donde hay una notable colección cartográfica, de portolanos y mapas sobre todo del Mediterráneo; y ahora una exposición de Dalí. En el patio que se abre a la fachada y desde el que se ve la ciudad, un círculo de esculturas –Chillida, Moore, Rodin...– que preside precisamente un torso cobrizo forjado por Rodin.

La biblioteca tiene algo de santuario, al que se le va esa pátina en cuanto aparece la eficiente Pilar, llevando y trayendo libros, siempre sonriente; o en cuanto se habla con su director, Fausto Roldán, que sabe que lo mejor que se puede hacer con el investigador –somos antojadizos, exigimos rapidez, a veces no conocemos bien lo que buscamos....– es ayudarle para que cumpla mejor sus tareas.
El investigador iba en este caso, inicialmente, buscando autógrafos, para completar la Biblioteca de Autógrafos Españoles, cuyos volúmenes III y IV se están todavía terminando, por culpa de unos cuantos autores que se nos resisten, como el bueno de Samaniego. La BBM nos brindó enseguida la solución para otros muchos casos: preciosas colecciones de autógrafos de Campoamor, Jovellanos, Gerardo Lobo, correspondencia de Zorrilla.... y hasta una carta de Meléndez Valdés. También son importantes las colecciones de Lorenzo Riber, Salvá y otros humanistas mallorquines. Centenares de volúmenes manuscritos –y no es exageración– d ela letra de Juan Iriarte, cuya voracidad en copia, documentación y originales, resultan asombrosos. Uno de esos manuscrito, por cierto, copia el Anacreon castellano, de Quevedo. 


De Quevedo, desde luego, he perseguido fondos y nov edades, algunas de las cuales encontró, y hace poco, Fernando Plata (epístolas senequistas). La verdad es que los testimonios van de lo valioso (las silvas de la segunda parte de las flores, de 1611, de Calderón) y los hallazgos de Plata, a lo engañoso; por ejemplo aquí se encuentra la única copia, que yo sepa, de la Aguja de navegar cultos, en letra del s. XVII y lugar goloso; pero estoy casi seguro –acabo de volver a editar la obra en clasicos hispánicos edo bne– de que se trata de una copia de Juguetes de la niñez (1631). Lo mismo me parece que puede ocurrir con una de las pocas –si no la única– copia del espléndido poema satírico Quevedo sobre Las necedades y locuras de Orlando que, al ser una copia del siglo XVIII, puede proceder de impreso. Quevedo es un mundo aparte. En esta biblioteca, por ejemplo, se encuentra un valioso manuscrito –la letra es del siglo XVIII, por cierto– con las supuestas cartas que se cruzó con Adam de la Parra desde la cárcel de San Marcos: las cartas son muy interesantes....; pero son falsas. Hay otros volúmenes de colectores de cartas, en uno de ellos se copia una del “santo maestro Juan de Ávila para el señor marqués del Priego don Alonso de Aguilar, sacada de su mesmo original” (15 de octubre de 1566).

Pruebas de "El viaje a la Alcarria"
Al paso, iba anotando otros hallazgos bien curiosos: la partitura original de Agua, azucarillos y agaurdientes, de Chueca (1897); las pruebas y dibujos de la edición monumental de El viaje a la Alcarria, de Cela; autógrafos de Benavente, Baroja, Lorenzo Villalonga (La gran batuda), Pemán, Jaime Salom (Las cuentas del alcalde) , etc. Y todo esto sin poderme detener en códices medievales y sin anotar incunables.
Los fondos son indispensables para trabajar sobre Góngora –estupendamente estudiado por Carreira, también en este caso–, Láinez, Ulloa, Quevedo, Villamediana....; y completan adecuadamente la bibliografía y testimonios de otros muchos autores, como Cascales, Juan de la Cueva, Santa Teresa, Calderón. Aquí se encuentra lo más copioso e interesante del licenciado y licencioso Tamariz. De Láinez se conserva el mejor testimonio manuscrito, de una de cuyas páginas me traigo una firma, para cotejarla con un documento del AHPM y saber si es auténtica o no.

La biblioteca tiene su propia colección de autógrafos, la formada en dos álbumes por  Claudio  Rodríguez Porrero: se trata de una rica colección de fotografías de documentos, desde Sancho IV y Hernán Cortés, pasando por Agreda, Jovellanos, Verdaguer, Hartzenbusch, Adelardo L. de Ayala, Moratín, Zorrilla, Donoso Cortés, Pereda, Galdós, Pardo Bazán, Ganivet, Larra, M. Pelayo, J. Costa, Rubén Darío.... con abundancia de políticos, artistas e historiadores. Y un volumen casi entero de franceses de los siglos XIX y XX; pero en ningún caso se suele señalar la procedencia. La verdad es que no los he utilizado.
La firma de Láinez
Han sido tres jornadas intensas; pero hay que volver, claro. Y no sé si cuando vuelva será para pasear las calles de la ciudad vieja y entrar en los patios; o para ver el mar; o para leer nuevos manuscritos; o si para tener una charla amistosa y grata con los colegas de la biblioteca, que tanto me han ayudado.