Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

lunes, 2 de agosto de 2010

La Coruña, ciudades marinas y bibliotecas cerradas


De las ciudades marinas de España pocas pueden competir con La Coruña, quizá Cádiz, San Sebastián...; pero no llegan a esa sensación continua de mar que en La Coruña uno experimenta desde que se aproxima hasta que se va, después de haber paseado calles, plazas, jardines, playas. 

Eso sí, no pude ver las bibliotecas que iba a visitar –manía que tengo, como otros visitan museos o monumentos–, pues estaba cerrada, por saneamiento, la que se encuentra en el edificio histórico de la plaza de San Agustín, sede de la Academia de Bellas Artes, de manera que pasee por las calles, hasta llegar a la playa de Riazor, espléndida de luz y de gente. Las playas urbanas tienen su encanto. 
Me perdí luego por el paseo marítimo, incomparable, otra vez por la luz, el paisaje verde, el mar... y la brisa, que mantenía la temperatura a 22 grados, mientras el resto de España se abrasaba. En el deambular final obtuve alguna fotografía peculiar, como la de esta preciosa librería, cuyo nombre me pareció de perlas. Y terminé en el puerto, soñando en las ciudades lejanas a las que se podría uno embarcar...




Plaza de Mariana Pita

playa de Riazor

domingo, 1 de agosto de 2010

Cedeira, El Kilowatio y el Café PInzón


Esta es la vista que se puede disfrutar desde cualquiera de los dos lugares que voy a comentar, a recomendar, en pago de que uno de ellos me mantiene bien alimentado y el otro es el que suelo utilizar para conectarme a la red; ambos en Cedeira, desde luego.
La villa viene cambiando, siempre ligeramente los cambios, pero el kilowatio ya estaba aquí hace una docena de años, al menos, sirviendo su corto menú de tapas deliciosas, entre las que el "marraxo", un escuálido (cuya foto te enseñan) y los calamares son las dos estrellas, en ambos casos servidos sobre un lecho generoso de patatas fritas. Antes, cuando existía el restaurante "El Náutico", la competencia era 


esa: o el menú del Náutico, con el Rape con guisantes como plato estrella, o el tapeo del kilowatio. Se cerró el restaurante y ahora hay que deambular de lugar en lugar buscando lo mejor; pero al tapeo del kilowatio sigue siendo espléndido, y con dos tapas se come y con una ración hay para más de dos.
El viejo café Pinzón, a pocos metros, orillas de la ría, era un noble café de aire tradicional, muy visitado y querido por las gentes de la villa, lindando con la parte vieja. Hace un par de años vino a parar a manos de un argentino, simpático y emprendedor, que lo ha remozado, sin demasiadas estridencias –a no ser la de la música, dentro–, pero claro está que sigue manteniendo el emparrado de la terraza, en donde a las cuatro de la tarde, a finales de julio, mientras toda España se abrasa, es difícil soportar el frescor de la brisa.



Filosofía barata (de" China destruida")

Si las meditaciones se plantean
para qué tanto meditar, yo creo
que nunca alcanzaremos a saber
si es pensar lo importante o lo que piensas;

este agujero de argumentos arduos
no lleva más que a la inquietud estéril
tejiendo y destejiendo conclusiones
que son premisas de tareas nuevas;

y en tanto argüimos incansablemente,
pierde la rosa su color, termina
el día, se confunden los aromas ...

y algo nos pide a gritos que entreguemos
la piel abierta y tersa a la encendida
humedad del amor y sus hogueras




Nunca comprenderemos el misterio.
Es nuestra inteligencia diminuta
para entender el universo o para
imaginar espacio y tiempo, todo

lo que intuimos más allá de nuestra
pobre capacidad de recordar
personas y paisajes, los momentos
que no querríamos perder jamás

voces, canciones, gestos, las figuras
amadas convertidas en retablo
de recuerdos que dañan y confortan

al mismo tiempo, los lugares donde
melancolía ordena sus juguetes
y sueña que no sabe de la muerte.



sábado, 31 de julio de 2010

Amor y verano


Te canto un parsifal si te descuidas,
te busco en diccionarios y te nombro,
con ángeles ocupo tu tristeza,
te pongo dos palomas en un hombro.

Tengo el tiempo capaz de subterfugios
refrendado de lágrimas y mocos,
con paciencia de dedos lagartijas,
te indago los coturnos macedonios.

Alerta en las entrañas remozadas
seremos que más da con sus asombros,
amores de los nuestros ya no hay muchos
y pechos como el tuyo quedan pocos.

Destinado a morir en tus lunares.
Estos versos me están volviendo loco.

Malde 29 de julio del 2010 (en Pantín)




Si abres los ojos      amapolas         restos
suena mozart        abril      pasan los trenes
estrellas escondidas           libros viejos
mucho antes       dora el trigo             adolescente

azul el mar       barbolilla       viejas calles
estrellas escondidas       tantas veces
hey jude   sobre todo        sin destino
       azucena      contigo       qué   noviembre

       ciudades      soledad       cuerpo desnudo
       infinito      en los versos      lentamente
       temblamos       esconder soñar       mucho antes
     en tus dedos   ya no hay       tan tarde               llueve 

Si abres los ojos          lo que tengo           claros
Los claros ojos claros    si abres       tienes



Historias de jardín


Las ilustraciones que vienen ahora muestran la vida cotidiana de unas cuantas plantas, al margen de los casos del nogal y las higueras, y también de la datura, que está creciendo nuevamente a pesar de los intentos por hacerla desaparecer. 


En la mayoría de los casos se trata de cuestiones sentimentales, con sus ribetes poéticos; así lo que le está ocurriendo al mirto o arrayán, que nombro dos veces porque todavía me acuerdo de una vieja discusión entre Antonio Carreira –el gongorista– y Mario Hernández– el lorquista–  para dirimir de qué manera puede ser que Polifemo “cuelgue” o apoye sus armas en un mirto, al comienzo del Polifemo gongorino, si se trata de arbustos de escaso tronco. En Galicia se llama muchas veces “mirto” al boj y no al arrayán, que he visto poco por aquí. 


El caso es que mis arrayanes han florecido –como se ve– este año acariciados por el sol de la tarde, que es el que reciben, y hacía el crepúsculo se inclinan de tal manera que voy a construirles un arco-guía para que adornen la entrada al jardín. Sus flores blancas desprenden un olor suave, delicado; los aromas florales en estas tierras del norte no suelen ser muy llamativos, excepto quizá el del heliotropo, que me tiene realmente impresionado, porque su exquisito perfume a casi chocolate llena toda la casa. Y es que el heliotropo tiene su historia: le tome una mata a Mario, que a su vez lo había traído de fuera, y se aclimató enseguida, de modo tal, que le di lugar delante de los muros del frente de la casa, a pleno sol de la tarde, debajo de un acebuche. A los dos o tres años ha crecido como suele –seca ramas de un año a otro–, trepando por el acebuche (como se ve), hacia las ventanas de la casa, que se llena toda de su fragancia. Lo curioso es que los visitantes me preguntan que cuál es ese árbol que se parece al olivo (el acebuche es un olivo silvestre) y que tiene esa floración azulada y aromática.

Otro de los casos dignos de párrafo es el del último abruño. Tres abruños, quizá ciruelos silvestres, había en un pradito del jardín que daban su cosecha en verano, de frutos tan dulces que los vecinos me los pedían para hacer “licor de abruños”. Estaban ya aquí, viejos, hace diez o doce años, de manera que no sé si fueron los temporales o la edad lo que les fue destruyendo, hasta el punto que solo queda uno, en una hilera de laureles, que yo creía tronco muerto: miren ustedes cómo ha fructificado este año, aunque ya no hago licor de nada –hubo un año que Mario y yo hicimos bastantes–, recogeré los abruños antes de que se estropeen, como última cosecha quizá. Aunque para licores, los guindos de este año se han punteado de todas las bolitas rojas y han dejado el suelo lleno de guindas: ha sido sobre todo en mayo, aun me ha dado a fotografiarlos, al lado de la carretera, haciendo cierre, llenos de pájaros. Al año que viene tendré toda la cuneta llena de pequeños guindos nacientes, con sus raicillas brotando el hueso. La mayor invasión, sin embargo, ha sido la de la glicinia o glicina, que trepa al hórreo y al tejado: tengo que reconducirla por el patio, y no es fácil. Y como siempre, la invasión de las hortensias, azules, rojas, rosadas... quería conseguir algunas blancas y, al otro lado de la casa, en una entrada con porche, lo he logrado, han crecido más de dos metros y están dando unas flores blancas, perfectas, gigantescas. También ha exagerado un poco la parra virgen, como se ve por la foto (debajo hay cuatro ventanas, tapadas), que ya he comenzado a quitar del todo, porque hubo un año que dio la vuelta a la casa, por el tejado, y colgaba por el otro lado. Es una pena, por el dorado de sus hojas en otoño... pero en otoño yo no suelo estar aquí.


Bueno, en otra ocasión les hablaré del jazmín de invierno, los saúcos, los limoneros, los (¿o será las?) altramuces, el cornejo y el caso del alcornoque caído, que se me ocurrió traer de Portugal. ¡Buffff...!

jueves, 29 de julio de 2010

Amores de verano

chinita     vuelve a repetir mi nombre
canta decirme       como tú me sabes
que venga de tu voz     que aun me llaman
y que llenen tus labios    mis vocales

pronto      se perdió el río de tu cuerpo
tan de paso llegó     para marcharse
la espiral del crepúsculo     mantuve
todo     tuve encendido     para amarte

canta mi nombre     chinita    donde lejos
donde quedes     donde vas      donde nadie
mientras vas      al montón    de los olvidos
a descansar    de tanto recordarte
 
maravillosamente fue     el amor
chinita     creo que     ni te enteraste

miércoles, 28 de julio de 2010

Para la bibliografía de Don Diego Hurtado de Mendoza, más material en bruto. El Lazarillo (14)

  

Bastante preocupado porque se me echa el tiempo encima, y porque todavía no he tenido noticias de lo que se ha cocido en Roma, con motivo de la AIH y los calores del vaticano, añado información libraria a la anterior documental; en esta caso opto por integrar cosas bastante conocidas, como las primeras ediciones de don Diego, para que no falten en el conjunto de libros que hace falta consultar para esta materia tan rica, compleja y delicada.