Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

sábado, 24 de mayo de 2014

Los manuscritos sobre China en la BNE



Acabo de terminar la primera reseña de papeles sobre China en la colección de manuscritos de la Biblioteca Nacional de España, que se va a publicar en el próximo número de la revista manuscrit.cao. Recogerá los que se encuentran en el segmento I-3000; calculo que habrá media docena de entregas, que ahora andan en fichas y borradores. Lleva estas páginas iniciales, aunque allí algo más cargadas de referencias técnicas y eruditas. 


La catalogación se ha hecho siguiendo el orden numérico, que lo es también del inventario, con descripción sucinta que permita abordar el manuscrito con los datos mínimos. Cuando se trata de códices facticios, la breve alusión general al volumen sigue con las entradas de los items referidos a nuestro tema, pero no se realiza la descripción total del contenido del manuscrito, que muchas veces se puede encontrar en los volúmenes del Inventario y que alargaría demasiado la catalogación. Algunas veces asoma alguna aparente imprecisión, referida al área geográfica –actualmente al sistema de países, estados, etc.– que no coincidía entonces con lo que ahora es, de manera que “el mar de China” puede contener información fácilmente de las actuales Camboya, Japón, Filipinas, etc. además de China, claro. He preferido en estos casos incluir el manuscrito, con descripciones menos detalladas. Ocurre lo mismo con las rutas y las evangelizaciones: el visitador jesuita de la época de Felipe II lo era a un tiempo de China y Japón. Esa extensión conceptual y geográfica hay veces que abarca nada menos que a “oriental” (como el doble manuscrito de esta primera serie sobre fortificaciones, una de ellas va en ilustración), aunque en la época se solía señalar si se trataba de las indias orientales u occidentales.




Algunos textos están en portugués, pues a partir de 1580 (y hasta 1645) Portugal se incorpora a la Monarquía Hispánica y entonces se resuelve el viejo litigio de interpretar la bula papal, que solventó Carlos V con dejación, y que ahora –es un temor que alguna vez he leído– frenó la espléndida floración de literatura geográfica en portugués. 
Otros muchos textos están todavía en latín, por razones ecuménicas derivadas de la evangelización; y, aun hemos de avisar de la excepcionalidad de los preciosos textos en francés, que contienen el original de viajes y descubrimientos que datan de los primeros borbones españoles, es decir, a partir de 1700, aunque en realidad el manuscrito al que aludo va de 1697 a 1612, y termina con Brasil y Canadá.
El único criterio unificador, como bien se ve, es su cualidad de manuscrito de la Biblioteca Nacional de España con referencia a China.
No se han recogido las referencias, huelga decirlo, a libros generales de geografía o historia, y conviene subrayarlo, ya que la cronología y la geografía fueron dos muy importantes disciplinas cuyo auge en el siglo XVI produjo gran cantidad de trabajos; me refiero a textos –por citar los de esta serie– como los del Ms. 625 Sumarios de la Historia del Mundo  de Lope García de Salazar, de finales del s. XV; o la Historia del Mundo de Sancho Busto de Villegas (ms. 636), de la segunda mitad del s. XVI); o la Chronología universal  de Jerónimo de Martel (ms. 639) de 1598,  ni las escritas en latín u otras lenguas. La dispersión es enorme en este campo.



El universo de las Indias orientales tenía como uno de los puntos de referencia “La China”, como se decía entonces, en “los acabos del mundo” (Bernardo de Balbuena), es decir, lo que no se había visto nunca y no se sabía la profundidad geográfica real que podría tener. Esa sensación de vértigo geográfico es la que uno más admira cuando lee los viejos textos, porque era el resorte que impulsaba a evangelizadores, descubridores y aventureros; y en la frase anterior se ensartan los tres motivos –no siempre bien diferenciados– que llevaban a esas arriesgadas navegaciones hacia donde el mundo no parecía terminar. 
Es fácil descubrir el impulso evangelizador detrás de la formidable organización, por ejemplo, de los jesuitas; la idea de conquista, con rumor político y patriótico, alienta en otros muchos textos, como la pátina noble de una recién estrenada conciencia nacional –la Monarquía Hispánica–, que de ese modo se reafirmaba. Con aventureros he querido señalar el impulso de los que buscaban riqueza y poder, los que huían de sí mismo o de sus circunstancias. Bien sé que todas esas cosas podrían conjugarse en cada uno de los descubridores, desde luego, y que solo al leer despacio lo que nos quisieron transmitir o lo que hicieron podremos intentar comprender lo que les llevó, ahora, a La China. 
Las noticias sobre ese inmenso territorio en la edad Moderna se van acrecentando según avanza el siglo, como observará quien consulte esta sarta de manuscritos, y alcanzan un primer momento de intensidad y frecuencia durante el largo reinado de Felipe II, quien gustaba –en uno de los manuscritos– que le leyeran cosas de aquel lejano país mientras convalecía. Es curioso: también gustaba que le cantaran romances mientras comía. De esa popularidad saltó a las tablas de la comedia nueva y a los destellos poéticos, lo que también es capítulo aparte. Las noticias podían ser tan superficiales como las que enhebraba en uno de los manuscritos listados en mi trabajo su cronista mayor Juan López de Velasco (sí, el expurgador del Lazarillo), que nunca estuvo allí y que, por tanto, contaba lo que le contaban, desde atalaya privilegiada. Tampoco estuvieron en Oriente nunca ni Escalante ni Mendoza, ni Pedro Mártir de Anglería estuvo nunca en las Indias; es, como se ve, una práctica frecuente.


Manual de confesores (mandarín / español) de mediados del s. XVIII
Del otro lado, otros no solo dieron noticia de descubrimientos, fronteras y navegaciones, llegaron al detalle de contarnos cómo vivían o de transcribir sus caracteres o de dibujar su vestimenta y sus casas. De hecho hay dos subgéneros diferentes que revisten especial importancia, el de las cartas, a veces semiliterarias (las epístolas) y el de los textos híbridos, escritos tanto en chino como en español (de lo que doy una muestra de 1638, en ambos casos de manuscritos de la BNE). Alguien tendrá, algún día, que estudiarlos con curiosidad, quizá empleando el diccionario chino latino que guarda el ms. 17055 o algún otro de los que se conservan manuscritos también de la BNE.



Es un universo apasionante y difuso, del que extraigo ahora un noticiero menudo, pues la mayoría de los textos andan escondidos en mamotretos facticios o relatos menores, que quisiera poner a disposición de los historiadores e investigadores, quienes de seguro pueden conocer lo que se documenta aquí por otras fuentes. En su mayoría no salen como resultado de búsquedas en catálogos y fondos, desde luego; aunque sí que están, y casi siempre digitalizados, los textos más conocidos. No sale, verbo y gracia, la primera condena del Vaticano a la doctrina de Confucio, al final de siglo XVII, para que esos “pobres chinos” no vivan tan alejados de la verdad; lo que allí pasó se encontrará en los archivos del Vaticano; pero también hay una alusión a la discusión sobre Confucio de los jesuitas con los franceses en fecha cercana y en el precioso relato original de Chancles, que se guarda entre los primeros tres mil manuscritos de la BNE.
No se trata, por tanto, de una historia –ni lo intenta– sino de una recopilación de documentación manuscrita, con alguna ilustración (suelo ilustrar con detalles tan solo), para no entrar en el otro aspecto riquísimo de estas aventuras: el de la cartografía, que tiene su propia historia, pero que asoma una y otra vez en la mano del que escribe sus viajes y experiencias.
Desde finales de siglo el tema ha crecido para configurar el relato extenso, que se imprime, es decir, que tiene valor para los lectores y como propaganda. De 1586 es el extenso relato de Juan González de Mendoza, Historia de las cosas más notables del gran Reyno de la China...., del que hay reflejos críticos en los manuscritos de la BNE (en el ms. 18190); de 1615 la obra de Nicolás Trigauet, que se traduce en Sevilla (1621) como Istoria de la China. Por esos años son abundantes los relatos extensos, tanto manuscritos como impresos y las traducciones. Al contrario de lo que ocurre con las corrientes literarias, el tema crece y el interés documental también, hasta alcanzar un rigor y frecuencia notable, que será moneda corriente a lo largo del s. XVIII y, por supuesto, para acoger las aventuras –ya internacionales– de los románticos y de los modernos.
Espero que mi contribución sea un minúsculo granito más para la historia de China desde Occidente. Adorno la entrada con unas cuantas de las muestras más golosas.
Viajaré a China próximamente, claro, aunque –hoy como ayer– las dificultades son extremas y no he conseguido conectar con ninguna institución cultural, universitaria, oficial, etc. que me acoja mínimamente. Será una aventura, como la de los primeros descubridores; pero no sé si voy con ánimo político, evangelizador o de ambición personal. Releo lo que escribo y me apunto a uno de los motivos enunciados, "los que huían de sí mismos o de sus circunstancias", entre las cuales bien podría estar la de huir de la funesta, triste y corrupta trama universitaria española.




viernes, 23 de mayo de 2014

"España defendida", de Quevedo, II

[Recuerdo brevemente que estoy publicando, capítulo a capítulo, el autógrafo de Quevedo España defendida.... (1609),  que es de difícil acceso actualmente y, por lo demás, nunca ha sido editado filológicamente, ni anotado. La anotación no aparece en el blog, que pide una lectura más ligera; pero aparecerá en la edición de la obra en Clásicos Hispánicos, una vez que haya terminado su edición artesana en estas entradas. Para la colección, de la que tantas noticias he ido dando, debe uno pinchar el enlace y saborear lo que ya hay allí: http://www.clasicoshispanicos.com]
Capítulo I:    De España, su sitio, cielo, fertilidad y riqueza

Propiamente España se divide en tres coronas, de Castilla, Aragón y Portugal; cierra los términos de Europa, yace entre África y  Francia, y es ceñida del estrecho del oceano y de los Pirineos y, como es menor que entrambas tierras, es más fértil, porque ni es encendida como África de violento sol ni fatigada de vientos importunos como Francia, antes medio virtuoso en estos dos extremos, del uno admitiendo templado calor y del otro fértiles y sazonadas lluvias. Es abundante de todas semillas, no avarienta para sí sola sino, pródiga para con la copia de mantenimientos, enriquecerá Italia y sustentará Roma. //


No solamente se precia de trox de África, como Sicilia, pues es abundante en ella sola, en competencia del mundo junto, de todo, pues es rica de miel, vino y aceite; y no solo el hierro de España es el mejor, pues es madre de la mejor casta de caballos y en ella se crían los más ligeros. Ni es la tierra sola digna de alabanza, pues se les debe a los ricos metales de que siempre esta preñada, cuyo parto alimenta tantas ambiciones extranjeras; gran cantidad de lino y esparto, sin que haya tierra tan fértil de bermellón.
No es el curso de los ríos de España rápido, de suerte que dañe, sino blando y apacible; sus aguas son bastantes para fertilizar sin admitir corrientes que como los de Alemania //


Francia, Flandes y Italia tengan temerosos los campos de inundaciones, recompensando el no ser navegables con dejarse tratar, asegurando los labradores. Hácenlos orilla viñas y frutales, y son fértiles de buena pesca, y más por la parte que se esconden en el océano, y algunos arrastran arenas de oro llevándolas algunas.
Solo una espalda se llega al Pirineo f[r]ancés, por las demás partes se ciñe del mar.


La forma de la tierra casi es cuadrada, solo para desdecir algo desta figura por la parte que, apretada de los estrechos, se arrima a los Pirineos, lo cual dio ocasión a que Estrabón tratando de la figura de España, en el libro 3, diga: “.... al ocaso, la primera //

parte de todas España, semejante al cuero de un buey, cuya parte extendida como cuello llega a la cercana celtica” [tachado: que es lo que hemos dicho de los Pirineos];  lo demás vea en Estrabón quien lo quisiere ver más largo y en su lugar.
Y volviendo al primer intento, la salud del cielo de España es igual en todas sus partes, porque el espíritu del aire no es ofendido con ningún aliento ni tiniebla de lagunas; a esto se llegan los aires del mar que la bañan, continuamente frescos y nuevos, enmiendan los vapores de la tierra y, peregrinando toda la provincia, orean el vaho terrestre y corrigen su pesadumbre, con lo cual conservan en salud los lugares.
Esto dice de España, //

no español hijo apasionado, sino Justino de Trogo Pompeo, y añade tantas alabanzas de la paciencia, fortaleza, sufrimiento y magnanimidad de sus hijos, que por no hacer largo el capítulo dejo de referirlas; en él están para quien no los conociere en España misma. Solo notaré que la tierra que en España es tenida aun de los mismo españoles en desprecio por ruda, pobre, bárbara y remota, poco favorecida de naturaleza, fea con montes y áspera, mereció tales palabras de Justino y Trogo. 
Los gallegos dicen que es de los griegos su origen. Dejo la razón como es. Dice más adelante tratando de la tierra: “Galicia, región //


fértil de metales, y de plomo, y de nimio o bermellón,  lo cual dio nombre al vecino río que, o corrompido el vocablo por falta de una letra y adición de una tilde, llaman el Miño, siendo su  nombre el minio, tan rica de oro, que muchas veces con el arado se sulcaban terrones de oro.
Hay en esta tierra un sagrado monte, por previlegios de ciega y escura antigüedad, en el cual no tiene licencia el hierro para herir tierra ni árbol; solo cuando la tierra es tocada (tachado: herida) con rayo, que es frecuente en ella, se permite coger el oro, como dádiva de dios.
Las mujeres tratan los campos y labranzas, y sirven a las casas; y los hombres se divierten en armas y robos”.
No sé yo de cuál de las provincias  que contra noso //

tros y nuestra España toman la pluma, ellos mismos podrán escribir lo que del más escondido rincón  nuestro escribe Justino.
No refiero las grandezas de todas tres coronas –Aragón y Portugal  y Castilla– específicamente, porque de todas en común se dice con el nombre de España. Solo se ha de advertir que es tal la tierra, fertilidad, sitio, clima de España, que tenemos en ella por güéspedes olvidados de sus patrias a todas las naciones, haciéndose con nuestra comunicación ricos y dejándonos con la suya pobres y engañados que, como dice Marcial, semper bonus tiro es”.


...y el final de la representación de Lope de Vega


Cómo mejor se conoce y se aprende algo es probablemente haciéndolo. Por eso nuestros alumnos de teatro clásico español ensayaron una representación, basada en datos históricos, de un espectáculo dramático que iba del tiento, la loa, la comedia, la jácara y el entremés a todo el montaje sobre tablado, con el decorado, las apariencias, el reparto de personajes, etc. Se hizo con cien euros que dio el departamento, lo que dará razón del esfuerzo personal de  los que intervinieron, constituidos en compañía numerosísima, de más de la marca. La verdad es que Dolores Noguera y yo apenas pusimos el impulso y algunas clases, ellos pusieron el resto. Y en conjunto salió muy bien. 

Para el que quiera conocer el guión teórico que nos sirvió de urdidumbre, le recuerdo que lo publiqué en este mismo blog: http://hanganadolosmalos.blogspot.com.es/2011/05/el-teatro-espanol-de-la-epoca-clasica.html


Salió un Lope enredoso, sutil a veces, que hacía trampas a ojos vistas para que el final fuera feliz, y se cargaba las convenciones sociales por vía de algún atrevido guiño que – función teatral por medio– el público de la época no siempre dejaba pasar: no se consentía por las buenas que un criado, como es el caso del Perro del Hortelano, se convirtiera en falso hijo de un conde y así heredara una nobleza que no le correspondía. Lope hacía esas cosas de vez en cuando. Así conjugaba diferencias sociales y concedía el cumplimiento de las pasiones de las clases privilegiadas, sin llegar a la violencia de otros casos.

El verso clásico es muy difícil de convertir en diálogo escénico; pero salió más o menos, porque algunos de los actores echaron mano de las morcillas bien encajadas. Y el público estaba a favor. Se trataba de un ensayo no profesional, de filólogos que se metían en las entretelas de la comedia clásica, para intentar la arqueología que les permitiera conocer mejor el fenómeno histórico de la "comedia nueva".


No se les olvidará a los encargados del vestuario la diferencia entre valona y golilla, sabrá el encargado del movimiento escénico lo que es hablar "al paño", y asumirán los criados su papel de graciosos; como tampoco olvidarán los dos recitadores lo que es una jácara, ni los que montaron el entremés de Cervantes la ambigüedad irónica de sus entremeses. 

Acompaña un sencillo reportaje gráfico, que también da cuenta del reducido y hermoso rincón que nos prestaron en Getafe, el Hospitalillo de San José.











jueves, 22 de mayo de 2014

Las lluvias de mayo


De cómo se consigue que tristeza
no te vaya invadiendo lentamente
y de cómo del pozo de unos ojos
se sale poco a poco torpemente 

al aire del recuerdo y la nostalgia,
donde aquello se fue que se nos pierde,
que no pudo guardarse contra el tiempo,
que si una vez se va ya nunca vuelve. 

Palabras más palabras más palabras;
mejor dice el silencio lo que quiere ,
que al menos unos versos sin sentido
callando lo que dicen se nos queden.

Cruzo el Retiro sin mirar los árboles;
se me ha hecho tarde; todavía llueve.

martes, 20 de mayo de 2014

Hospitalillo de San José (Getafe)



Con la glicinia convertida en árbol,
las hojas gigantescas de la higuera,
y las redes de parras bajo el cielo,
se construirá el refugio junto al muro,

y el viejo huerto del Hospitalillo
de san José no temerá los soles
cuando llegue el cansancio  del verano
y la fatiga sea insoportable.

Hospitalillo de san José, el teatro,
de viejos sueños disfrazada Paula,
y esa admirable conjunción de risas
que en el tiempo se apoyan todavía,

para ser, para ser como palomas
liberadas que vuelan sin destino.