Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

miércoles, 20 de marzo de 2013

"Valencia", de Azorín

Para recibir a la primavera en Valencia me he llevado esta vez a Azorín, escritor que ha ido cayendo lentamente en el olvido, relativo, como si su prosa lenta, remilgada, pulida, no consonara con los tiempos que corren; y no digamos nada de su teatro –que él pensaba que iba a triunfar y a perdurar. Mi levantino predilecto es, sin embargo, Gil Albert, aunque también he disfrutado con Gabriel Miró, y he comprobado que quien más de moda sigue es Max Aub. 
Azorín se puede leer muy bien fragmentariamente, a sorbos, como él escribía: capitulillos a modo de viñetas, de acción detenida, en los que se saborea un recuerdo, un objeto, un paisaje, un gesto. Para saborear la llegada de la primavera en Valencia, Azorín. Valencia (1941) se prestaba cabalmente a este modo de proceder. No ha de buscarse en sus páginas una descripción turística, ni siquiera literaria, pues el ensayo se balancea entre la evocación personal y la meditación poética, aunque por sus páginas aparecen todos los valencianos que él conoció o de los que se sintió deudor: Luis Vives, San Vicente Ferrer, Blasco Ibáñez, Sorolla.... En algún caso el personaje nos lleva al lugar –por ejemplo Mayáns nos lleva a Oliva– o la narración mínima recupera un aguamanil, la vieja cafetería de la plaza de España, las corridas de toros, los teatros, etc. De ese modo asoman pueblos, lugares y paisajes. Es siempre una lectura grata, de valor indeterminado y quizá ya muy lejano, y mucho más en la Valencia actual, ciudad destartalada –con demasiada suciedad– que han intentado convertir en mastodonte mediático, y que solo conservará de Azorín luz y rincones. No habría nada que lamentar si la renovación –al fin y al cabo Azorín es un costumbrista– realzara bondades; me temo que en Valencia solo se ha logrado realzar lo que tenía detrás dinero.


Yo sigo prefiriendo el campo y los pueblos, ver el mar a través de los naranjos, los bancales recogiendo el azul "lechoso" (el adjetivo es, precisamente, de Azorín), y la sensación de noche, cuando el azahar empalaga los sentidos. Miro con inquietud la Malvarrosa –qué se recupera y cómo–, me parecen un acierto los "tinglados" del puerto, y la salvación de la ciudad el cauce del Turia como espacio verde. La modernización impuesta a golpe de talonario va a resultar un disparate.

La Albufera
Playas de Pinedo


De las playas abandonadas de Pinedo, he ido a la Albufera, me he asomado a los arrozales y he recorrido algunos barrios –Benimaclet–, viendo fallas y persiguiendo bandas, ese valioso elemento colectivo que aglutina a las gentes y convierte al valenciano en  gente apegada al terruño, hasta el punto de que debe ser el español menos viajero. En otro post, croniquilla de las fallas, que me recuerdan mi paso de profesor recién estrenado por esta tierra (en Gandía).

Rincones de Valencia

Vestir los versos de primavera



te asomas    un momento    hacia los ojos 
al paso     como quien no quiere nada
y dejas que se prenda      sin motivo
la chispa      que se fue     de tu mirada

y me la llevo      a despertar deseos
escondida y fugaz        y bien guardada
cuando viene tristeza   va     se coge
del rincón de secretos      se rescata

y sin saber    ni cómo     ni por qué
pues   que toda la vida    se remansa
con ella juegas    y con ellas ríes
y la llevas al sueño     que se calla

y todo fue     que se cruzó tu imagen
un momento      sin más     cuando pasabas


lunes, 18 de marzo de 2013

Biblioteca de la Residencia de Estudiantes

En el recorrido por las bibliotecas de Madrid no puede faltar la mención a los fondos de la Residencia de Estudiantes, integrada en el complejo del CSIC, pero con su ubicación antigua de "La Colina de los Chopos", en donde, además, se ubica la Fundación García Lorca. 


La Biblioteca, en la planta sótano, es acogedora, grande –cuando yo la he visitado con solo una lectora– con sistemas de ordenadores, hemeroteca, servicio de préstamos, taquillas, etc. No voy a descubrir a estas alturas la historia y particularidad de la Residencia de Estudiantes, que este año ha disminuido (¿la crisis?) sus actividades culturales y que mantenía, por lo menos hasta hace muy poco, un excelente ritmo y nivel de publicaciones, además de ser residencia de investigadores y becarios.
La Fundación García Lorca habría de tener entrada propia en este blog, por el considerable caudal de sus fondos documentales, la revista que edita (FGL) y su prestigio general; así se hará.




Las hileras de chopos aun no tienen hojas, pero la entrada lleva al investigador entre macetones de romeros y espliego, de lavandas, hasta las hileras de adelfas que preceden a la fachada, convirtiendo aquel lugar en un verdadero locus amenus. El edificio, como lo que yo he visto de su interior, mantiene la gracia de la sencillez: ese pórtico mirando a la plazoleta, tan parcamente amueblado, las vidrieras, hasta la habitación recreada históricamente que el visitante puede mirar desde fuera; todo resulta, al mismo tiempo que funcional, grato.




Práctica y bien organizada es su página WEB http://www.residencia.csic.es/  desde donde se puede consultar el catálogo, con todos los defectos y las virtudes de los catálogos digitales. Los fondos de la red de bibliotecas del CSIC son muy amplios y completos.

sábado, 16 de marzo de 2013

Una balada de Chopin....


una balada de chopin      –la cuarta–
en el aire sutil de marzo       suena
limpia la lluvia      que cristales lloran
y huele a nube     barro     rama     hierba

nos iremos    debajo de las ramas
de los pinos         aquellos que gotean
que se deslice   el agua    en las mejillas
en tanto que te beso      y que me besas

que nos señale       dónde van los labios
para encontrar    sabor   de primavera
que la frescura    de tu piel        me deje
la savia de las lluvias      en la lengua

la lluvia abraza    cuerpos     árbol     música
en tus labios     morder    por fin    la tierra


viernes, 15 de marzo de 2013

gabilondo en los pasillos de la uam


andaba gabilondo      con sus dudas
sobre cómo ganarse    a los decanos
que ocupan     el vacío de su nube
y arrastran     la vil rima     del marrano

resuelto     lo del pelo de la calva
se entrega    sin dudar   a los arcanos
y decora aspavientos    de ministro
y se envuelve    en fatigas    de la mano

volverás     a la voz más metafísica
a rumbos de foucault      los más insanos
tejerán tu moral      más impoluta
esfuerzos     de ascensión     hacia los vanos

en altar te coloco de       políticos
donde     inútiles      yacen     y lejanos


jueves, 14 de marzo de 2013

De repente, Durero


De repente, Durero, en el Museo de la Biblioteca Nacional; en los preciosos cuadernillos de la Fundación Juan March, en la exposición del patrimonio de la casa de Alba.... 

Un rico tesoro de grabados que ilustra el arte –y de ahí, la vida y la imaginación– de la Europa que renace. La mayor riqueza en las salas del Museo de la Biblioteca Nacional, rincón de ese inmenso lugar en donde ocurren –a veces de modo incesante– tantas cosas que no habría que perderse. 


Por recordar solamente lo inmediato o lo actual: he pasado de ver los autógrafos de Lorca, a una exposición sobre el Jazz, otra sobre la mujer escritora, de refilón he notado que había algo referido al mundo infantil, se anuncian encuadernaciones mudéjares.... y todo esto en el Museo o en sus aledaños, que ya es por sí mismo un lugar recoleto, grato, en donde se acumulan objetos y resultados de experiencias. Todo contemplado por el busto de Quevedo, el que hubo de esculpir Alonso Cano.

No es solo la exposición –tomo por ejemplo la de Durero–, planificada con celo, casi perfecta, sino la labor de quienes  la han hecho para que el visitante la contemple de modo sensato, sino también las sobrias y precisas cartelas y, finalmente, el catálogo, irresistible a pesar de sus 35 euros cuando uno sale de las salas –¿algo oscuras?– y no quiere esperar a que lleguen a los Vips, porque los grabados de Durero, y los comienzos de la historia del grabado, ayudan a comprender aquella historia, que es –en mi caso, además– la que va de La Celestina a Garcilaso, pasando por Castillejo, la novela sentimental o los hermanos Valdés. Y no son palabras: Albrecht Altdorfer, para el Danubio de Garcilaso;  Hans Weiditz, para la Celestina –que ilustró, y que no se expone–; etc.

Adán y Eva
La deuda y agradecimiento es por tanto hacia el Museo, primero, hacia quienes han ido preparando con conocimiento y dedicación, sin duda, la exposición –Concha Huidobro al frente–, y han confeccionado el catálogo (reproduzco el índice del catálogo), hacia todos los que han propiciado que el Museo de la BNE sea un motor cultural de digna labor.


Hambre cultural evidente delatan los grupos que entran y las gentes que mueven: tarea callada que termina en aquellas mujeres que contemplan en silencio el famoso grabado de la melancolía, o que comentan cómo el aburrimiento da pie a las malas tentaciones, o los detalles de cada grabado que remiten a ideales de belleza, nobleza, riqueza, etc. que ya no son los de ahora, pero que movieron un mundo lejano y todavía nuestro a la vez. Un mundo que comenzaba: perspectivismo, detalle, experimentación, aparición de la naturaleza, etc.  Lección de historia que no se dice, sino que se ve, y  que modela nuestro modo de ser y de pensar. Diálogo con la historia que sin cesar nos construye, para que durante nuestro paso por la historia actual no nos equivoquemos demasiado y no nos engañen.

Melencolía





MÉTRICA


Esta es una entrada de tipo docente, en la que aprovecho la funcionalidad del post

En algunas de las clases de la UAM hemos atravesado el campo de la Métrica clásica, que a mucha gente le resulta árido, y hemos ensayado brevemente con versos, sobre todo de Garcilaso, aunque también hemos leído odas luisianas y vamos a terminar en Lope, Góngora y Quevedo. El breve curso que este año enseño no da para más.
Las dificultades de trabajar sobre aspectos métricos más allá de los rudimentos escolares ha ocasionado que algunos alumnos me hayan pedido bibliografía añadida, completar el campo. Una métrica relativamente reciente –que publiqué con dos personas excepcionales, Elena Varela y Pablo Moíño– está agotada y, además, había entrado en talleres, donde la estaba remozando y dando a conocer, a través de post en este blog.
De modo que he vuelto a ese lugar para ir recopilando tales revisiones, que tuvieron un primer índice y luego he seguido puliendo. Es posible que alguna se haya quedado perdida. Las recojo, las ordeno y las publico de nuevo, con un orden sugerido para que sean las más importantes las primeras y las más fronterizas las últimas.

No soy muy partidario de bibliografías prolijas a estas alturas docentes, de manera que me ciño a un Diccionario, el Manual de marras, un libro actual de teoría métrica general; otro muy extenso de métrica romance (italiana), con incursiones frecuentes a la española;  y el enorme tocho sobre la materia de García Calvo. En los cinco casos aconsejo una consulta prudente y ocasional.


Aldo Menichetti, Metrica italiana. Fondamenti metrici, prosodia, rima; Padova: Antenore, 1993.
José Domínguez Caparrós, Diccionario de Métrica Española, Madrid: Alianza, 2004 (2ª ed. 2001)
Agustín García Calvo, Tratado de rítmica y prosodia, y de métrica y versificación, Zamora: Lucina, 2006. 1691 págs.
Nigel Fabb, Morris Halle, Meter in Poetry. A New Theory, wiyh a chapter on Southern Romance meters by Carlos Piera, Cambridge: CUP, 2008.

Índice de los temas de métrica en este blog

Componentes y estructura del verso

La determinación del ritmo

Verso libre (3)


Versículos

Series rítmicas

OTROS ASPECTOS
Análisis métrico de una poesía actual

TEMAS RELACIONADOS
Invitación a la música del verso

La poesía de David Coll

César Vallejo y los sonetos

Disonancias

Cuestiones de métrica histórica

Métrrica y revolución