Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

domingo, 22 de septiembre de 2013

Un fragmento de....

Fray Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destruición de las Indias, edición, estudios y notas de José Miguel Martínez Torrejón; Madrid: Rae, 2013, p. 27.
[Se ha respetado esta, excepto las mayúsculas de "dios" y "san", pasadas a minúsculas].....


"Este cacique y señor anduvo siempre huyendo de los cristianos desde que llegaron a aquella isla de Cuba, como quien los conocía, y defendíase cuando los topaba, y al fin lo prendieron. Y solo porque huía de gente tan inicua y cruel y se defendía de quien lo quería matar y oprimir hasta la muerte a sí y a toda su gente y generación, lo hobieron vivo de quemar. Atado al palo decíale un religioso de san Francisco, santo varón que allí estaba, algunas cosas de dios y de nuestra fe (el cual nunca las había oído jamás), lo que podía bastar aquel poquillo tiempo que los verdugos le daban, y que si quería creer aquello que le decía que iría al cielo, donde había gloria y eterno descanso, y si no que había de ir al infierno a padecer perpetuos tormentos y penas. Él, pensando un poco, preguntó al religioso si iban cristianos al cielo. El religioso le respondió que sí, pero que iban los que eran buenos. Dijo luego el cacique, sin más pensar, que no quería él ir allá, sino al infierno, por no estar donde estuviese y por no ver tan cruel gente. Esta es la fama y honra que dios y nuestra fe ha ganado con los cristianos que han ido a las Indias"
....

jueves, 19 de septiembre de 2013

Crónicas (5): De san Ginés a La Central
























1

“Pues si puedo elegir, mejor limón”
–con el menú de La Central–, contesto
a la chica que sirve y me pregunta,
después de un buen paseo por el barrio;

demasiados altares hoy he visto
en San Ginés, hay que salir al aire,
Las Navas de Tolosa tiene vida
y, por si fuera poco, se ha sentado

una chinita enfrente, sin mirar,
como siempre que están con mucha gente,
de manera que leo a Vila-Matas
(acabo de comprar Aire de Dylan)

y entre párrafo y sorbo, a hurtadillas,
miro sus piernas largas y doradas.

ensalada César y tinto de verano con limón, claro
2
Se compone el menú de cuatro cosas:
una ensalada César, pez espada
con verduras rehogadas, la bebida
–el tinto de verano con limón–

y café o postre, ya veremos qué,
porque el soneto está por la mitad;
por cierto que se ha ido la chinita
y me he quedado solo, leyendo,

porque en las mesas próximas tan solo
quedan varones con ordenador,
y dos parejas mixtas a lo lejos,
de manera que pido el postre, fruta,

y un café solo, fuera de menú,
con sacarina, por favor. Sonrío.

La Central
 

San Ginés 
3
He vuelto a casa en autobús, el quince,
leyendo la novela por encima
–Vila-Mata me engancha fácilmente–
pensando en ordenar el reportaje

que a duras penas he logrado hacer
en San Ginés (“no se permiten fotos”)
en donde no he podido ver el Greco
ni sé dónde se guardan los tapices

flamencos; eso sí, han proliferado
vírgenes, ángeles, altares, santos;
pero el guardia jurado no consigue
mantener el control de los turistas

que tiran fotos como las de Bárcenas.
Hoy es la fiesta de la luna china.


Falta en ese altar La Virgen de Guadalupe, nos dice san Pedro Nolasco, arriba
Terminaré con unos cuantos ángeles –se va a convertir en vicio– de San Ginés, que lamentablemente no han podido ser los atribuidos a los Leoni, que están en el altar de la nave del crucero, la de la capilla del Cristo y el cuadro del Cristo de la Humildad de Alonso Cano, capilla en la que han aparecido –por cierto– nuevos cuadros, de poco valor, la verdad. La iglesia está hecha –artísticamente hablando– un cristo, y no ha habido manera de concertar lo que tenia que ver y lo que realmente veía, y más con el guardia jurado colgado de mi oreja. Será mi próxima entrada a los paseos por el Madrid Histórico, que he reanudado ahora que parece que el calor disminuye.










Los nombres que son tuyos

Atravieso el Retiro de mañana,
diciendo voy los nombres que son tuyos
los nombres que te daba porque sí
rizo agua interminable piel murmullo;

y al  borde del camino bajo el arce
donde una vez tu risa me sostuvo
mientras huía tu cuerpo de mis manos,
amanecer anochecer crepúsculo

luego tienes los nombres escondidos
que tan solo conoce quien los puso
luna rama seda alondra andantino
y los prohibidos del amor oculto.

Caminillos sin fin que recorrimos
días, tardes y noches siempre juntos.




miércoles, 18 de septiembre de 2013

Cómo son nuestros clásicos en libro-e

¿Cómo es uno de nuestros clásicos? 
En esta entrada identificamos, a través de reproducciones sencillas, en qué consiste un texto clásico publicado electrónicamente en nuestra colección, de la que se da cuenta general en la página clasicoshispanicos.com 




Los textos llevan imagen de cubierta, con fondo de ilustración identificada en la segunda página, como muestra el ejemplo de nuestro número 28, las Memorias de Leonor López de Córdoba, edición de Sandra Álvarez Ledo.

Los libros poseen doble ISBN (para los formatos en "epub" y en "mobi" respectivamente).

Los índices de los libros-e permiten navegar –ir– con suma facilidad del texto a cualquiera de sus partes, que en nuestro caso suelen ser siempre las mismas: portada, introducción (con sus epígrafes; nota o explicación de la edición y bibliografía), texto (asimismo tabulado según la edición). 





La manejabilidad de los textos editados en libro-e es particularmente efectiva en el caso de las notas y los reenvíos de una parte a otra del libro (basta con pinchar). Aceptan de modo inmediato marcas, búsquedas, señales y anotaciones, lo que significa asimismo una enorme avance para el lector, sea un investigador o no (se muestra en los ejemplos); avance que es especialmente valioso en el caso de la ampliación del tamaño de la letra a voluntad del lector, o en la elección de una o dos páginas en la pantalla. Lo he hecho en tres de las ilustraciones de abajo, que muestran la misma página con tres opciones distintas de visualización.
Las ilustraciones finales muestran casos de índices, colofón, páginas finales, etc.



Variaciones de todo tipo en el tamaño de la letra y la visibilidad de la página
 



Sobre César Vallejo



Lecturas para el comienzo del curso académico

El periodo académico suele empezar con el fin del verano y el comienzo del otoño, últimamente adelantado a comienzos de setiembre, inútilmente las más de las veces, porque la agilidad de la administración española en las universidades –al menos en la mía– no es capaz de tener todo preparado para esas fechas y las colas de alumnos delatan esa incapacidad. A un mal decano –malísimo– de la mi facultad, que se llamaba Huberto Marraud y era un profesor de lógica o disciplina afín, le argumenté que siempre que hubiera largas colas de alumnos que se originaban en puertas y ventanillas la Universidad estaba funcionando mal. No entendió el argumento. Sigue habiendo muchas colas y el curso no puede empezar hasta que no se estabilicen las matrículas, los grupos, los horarios. La incapacidad de los decanos es otro tema. Resisto para no irme detrás de él, pues no es tema universal y aburre, y además, tengo a los decanos por personas de menosvaler cuya incapacidad ya fue probada muchas veces. 

Uno de los signos del periodo académico es la aparición de nuevas ediciones, aunque quizá debería decir de nuevos libros. Si uno juzga por los anaqueles y escaparates de las librerías parece que la industria editorial no hubiera acusado el doble mordisco de la invasión de la red –en donde se tiene acceso a casi todo– y el evidente descenso de la lectura como hábito de personas cultas o en formación. Muchísimos libros. Es verdad que muchos son libros viejos con cubiertas nuevas, lo que no parece mal si el libro conserva su vigencia, desde luego. 
La imaginación del editor se despliega en esas nuevas cubiertas, en la recuperación de títulos, en la presentación de colecciones, etc.  a veces hasta desbordando al libro, como esa simpática cubierta que la vieja colección Austral emplea, ya desde el año pasado, para un título, Cuaderno de notas, que es eso, un cuaderno de páginas en blanco. 
En fin, en los anaqueles, nuevamente una colección poética en muchos volúmenes de Juan Ramón Jiménez (Visor), autor que junto a Vicens Vives, más ha seguido publicando incansablemente sus obras después de fallecido.

Quien escribe estas líneas, que irá al final de este curso al merecido descanso de la retirada de las aulas –que no del trabajo–, ha decidido que como esta profesión lleva ineluctablemente a la ruina, va  gastarse los dineros que no tiene, que nunca tuvo y que nadie tendrá con este oficio, en fomentar todos sus vicios, y así he pasado ya por casas de discos, pasé ayer por librería y tendré que pasar para cumplir exageradamente con un vicio que no puedo confesar –se basa en la hermosura y en la emoción, como pista– por sabe dios dónde. Y de esa manera, oyendo música, leyendo versos y deleitando deleites pienso subir a los infiernos, que yo siempre pensé que estaban arriba y no abajo, junto a las noches de luna llena, cuando aparece amarilla y desnuda.

El ataque sentimental que se manifiesta en efluvios emocionales a deshora, y que también me acomete cuando me cruzo con algunos colegas del departamento –como Eduardo Becerra– es un interludio en el camino hacia la muestra de mi primera ruina ayer, en la que satisfice el vicio de comprarme novedades. Muchas, muchas, muchas.... Lo que obtuve, primero, para acallar la conciencia profesional –soy especialista (?) en literatura del Siglo de Oro español– son las extensas, aburridas y prolijas memorias de un noble durante dos años de mediados del siglo XVII; en su momento hube de manejarlas, porque a solo una docena de años de la muerte de Quevedo –tema que me interesaba– ya nadie se acordaba de él. Luego, otras dos de tema americano, de la nueva colección de la RAE; una antología de Lezama Lima en Renacimiento; otra antología del más musical de nuestros grandes poetas, Gerardo Diego; y la obra completa de Gelman, que había visto en dos volúmenes en Buenos Aires –y más cara–, compendio estremecedor de casi mil quinientas páginas; la última obra –libro de extremada condensación y belleza– de Corredor-Matheos, etc. Luego, compré cosas menudas para las consultas del médico, el metro, el rato del telediario en el que habla Pons, etc. Rico, rico y cargado he vuelto a casa y he desperdigado los libros por la casa, para que me enamoren y vaya a leerlos.
Cargado con libros, aun tuve la fortuna de encontrarme con ese hermosísimo volumen IV de la Iliada, edición de Jesús de la Villa y Luis Macia, que sin embargo es el que ahora estoy leyendo sistemáticamente –cada vez leo menos de cabo a rabo– con fruicción.
Y en "fruicción" me hace notar un comentarista anónimo como dios manda que habré usado la licencia juanramoniana para alargarme en esa doble -cc-, como signo de glotonería quizá. No voy a hacer de la necesidad virtud, y en el comentario queda, pero ¿a que fruicción debería llevar doble cc, a que sí?





lunes, 16 de septiembre de 2013

Mañana de domingo musical en el Retiro (Madrid)





Duda setiembre muchas veces sobre si seguir perezoso con el verano o si abrir las primeras luces al otoño, en Madrid. Y de esa duda se ocasionan de vez en cuando espléndidos días de verano, que no atosigan demasiado con los calores. El Retiro se llena entonces –mañana y tarde– de todo tipo de gente, que va aprendiendo por necesidad, pero afortunadamente, que es un excelente entretenimiento el de los patines, la bici, los árboles, el simple paseo.... No parece mal que se recupere la actividad más simple de todas –pasear– y de su mano la charla, la contemplación, el grupo de amigos o familiares.... y la música. 


Una veintena de músicos en un paseo no muy largo por el circuito normal que rodea el lago entre otras cosas. La avenida del lago, vigilada por policia municipal a pie, ha perdido todo el mercadeo habitual, pero conserva los tenderetes de los pintores y retratistas, las mesas de las pitonisas, las marionetas y asimilados, los puestos de chuches –incluyendo barquillos– y los músicos de todo tipo, presididos por la banda municipal de Madrid, en su sitio habitual, interpretando un programa variado en el que, como siempre, abre un pasodoble y no falta números de zarzuela, que el público –y yo– tararea; esta vez eran números de La alegria de la huerta y de Agua azucarillos y aguardiente.


Al son de la zarzuela de Ramos Carrión me fui detrás de cinco japonesas, vestidas para recibir al sol peninsular, maravillosas, y después de admirarlas, sin atreverme a decirlas nada, hice pequeñas estaciones en varias actuaciones musicales del paseo. He de reconocer que domina la música clásica, con alguna concesión a la canción folclórica, también a la guitarra flamenca y a algunos instrumentos exóticos –de lo que doy ilustración. Supongo que el conservatorio manda al paro a muchos jóvenes, pues lo eran en su mayoría.


Un poco caros los barquillos y, aunque vigilé de cerca, no sé bien si funcionaba la ruleta tradicional.