A Michel Houellebecq se le lee en el metro parisino; sus novelas resultan apetitosas para el lector francés, que gusta de la contradicción, de la rebeldía dentro de un orden y que recuerda con placer el exquisito sufrimiento de sus malditos, cuyo pedestal quiere ocupar este novelista. Hete aquí, sin embargo, que Anagrama, un una colección que se llama "Panorama de narrativas", ha editado su poesía en extraña edición bilingüe, ya que el texto francés va a pie de página, y que al amor de esta edición han repicado con prontitud las reseñas de más de una página en los suplementos culturales mejor dotados, y el repique ha sido de campanas.
Es agradable leer las disonancias de Houellebecq, sus ocurrencias, "boutades", y desplantes, modos modernos de negarse a hacer literatura y de esconder la tradición en la que se está incurriendo. Con frecuencia nos hace sonreír –alguna imagen, algún verso suelto...– y casi siempre mantiene el pulso métrico para que se lea con sonoridad y ritmo. En resumen sería algo que en los últimos diez años ha empapado toda la poesía peninsular, o buena parte de ella, con menor merecimiento para nuestros editores, que siguen escudándose en el prestigio de lo lejano, de lo francés. De acuerdo, sea así, pero vamos a decirlo llanamente, sin añadir reverencias algo inútiles, que además despistan al lector.
Elijo un poema para versión más libre
que va en alejandrinos hemistiquiales
La Route
Le ciel s'écartelait, déchiré de pylônes,
Et quelques réverbères se penchaient sur la route
Je regardais les femmes et je le voulais toutes,
Les lèvres écartées formaient des polygones.
Je n'atteindrai jamais à la pleine patience
De celui qui sait aimé dans l'éternel.
Mon parcours sera bref, erratique et cruel,
Aussi loin du plaisir que de l'indifférence.
Les plantes de la nuit grimpaient sur la verrière
Et les femmes glissaient près du bar tropical;
Dans le tunnel des nuits l'esperance est brutale,
Et le sexe des femmes inondé de lumière.
Se desgarraba el cielo quebrado por pilares
y alguna luminaria amagaba el camino
miraba yo a las damas y a todas las quería
sus labios entreabiertos dibujaban polígonos
jamás alcanzaré el pleno equilibrio
del que se reconoce eternamente amado
mi tránsito será breve, errático y cruel
muy lejos del placer y de la indiferencia
por el cristal trepaban las plantas de la noche
damas se deslizaban en el bar tropical
brutal es la esperanza en el túnel nocturno
y todo lo ilumina el sexo de las mujeres









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