Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

lunes, 1 de noviembre de 2010

Creí que tenía un cornejo y el renacimiento de los limoneros

 

La buena nueva es que los limoneros del norte ya se están recuperando de la plaga de temporales del año pasado, y que en algunos casos los primeros frutos penden, muy pocos maduros, de las ramas maltratadas: dicen que cuanto más se le hace sufrir al árbol, con más fuerza se defiende dando limones; si así fuera, vendrán cosechas superlativas. 
Esta entrada, sin embargo, se abre con varias fotografías de lo que yo creía que era un cornejo, y así me lo regaló Antonio, de Ortigueira, hace unos años. Ha crecido muchísimo en el prado y este año me ha sorprendido con una fructificación ingente, hasta el punto que se poya en el suelo por casi todos los lados y que los frutos alfombran el prado. Aparte de  admirarme por la belleza de un árbol encendido en el otoño tardío, he buscado su literatura, y todo me fue bien cuando consulté a Andrés Laguna (su Pedacio), que me identificó a mi presunto cornejo como "hembra" y no "macho", por haber dado los frutos en otoño y no en verano y por la calidad de sus ramas; con las del macho se hacían las duras flechas de los arqueros. También dice que las drupas son comestibles. La literatura actual, sin embargo, me ha confundido, pues Font Quer añade que las drupas son pequeñas y de un "azul profundo". Laguna y otros autores hablan de un "cerezo silvestre". He probado las drupas, que tienen la consistencia de la fruta de la chirimoya y bastantes semillas, con un dulzor de final extraño. A lo mejor, alguien me ayuda a identificar este ¿cornejo? 
Mientras me hacía esas preguntas bajé al castaño donde duerme el jabalí, que ya ha debido devorar la mitad de la cosecha y cogí un saquito, que luego asé, como es debido, en la estufa de hierro fundido que me acompañó por la tarde. En el mercado del pueblo (Cedeira) las castañas se vendían a 1,99 euros el kilo. En Madrid las he visto a 4,70 y ¡a 5,99! Las gallegas son grandotas y algo más claras que las del Bierzo, que son más oscuras y prietas. Alguien podría añadir la receta para los guisos simples de castañas, por ejemplo la deliciosa crema que antes se cocinaba durante el otoño. Yo sí que sé alguna manera de prepararlas, claro. A lo que no llego –es muy alambicado– es a la receta del "marron glacée". 
Esta entrada se me "colgó" antes de haberla terminado. Vaya. La he terminado más luego.
El castaño donde duerme el jabalí

2 comentarios:

  1. Hola, buscando el nombre del fruto (porque me parecía curioso y nunca lo había visto hasta ahora) he descubierto que se trata de un cornus capitata o cornejo del himalaya.

    ResponderEliminar
  2. Gracias, Fernando; desde luego como cornejo me lo regalaron. La floración, bastante temprana es la de una elegante estrella color crema; he dado cuenta de ella en otra entrada.

    ResponderEliminar