La ciudad se ha limpiado con la lluvia,
el sol de enero la tarea acaba,
brilla la piedra rosa humedecida
en las calles los muros las fachadas;
un sol intenso y frío poco a poco
trasiega en la ciudad y nos engaña,
tanto luz es reclamo no es calor,
espejos son los charcos de la helada.
El viajero pasea por las calles,
acabará frente al palacio Anaya,
todavía Unamuno en la escalera
y la galería arriba, con las aulas,
donde a fray Luis leyó por vez primera
y en sus odas sintió lo que pensaba.


