Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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martes, 2 de diciembre de 2014

La batalla de la luz


I
Mientras escucho a Shostakovich, veo
rápidos paisajes que se pierden
y bosques de eucaliptos, de  castaños, 
tojos, brezales, álamos, laureles.

Hay aldeas ocultas a lo lejos; 
la primera parada será Orense; 
la dama que ha subido y busca asiento
pregunta al revisor si es "preferente",

mientras mira mis viejos pantalones....
El andante del ciento dos remueve
el almacén de las melancolías
mientras practico en chino caracteres.

¿Y qué tiene que ver esto con lo otro?
De Santiago a Madrid. Dos de diciembre.

A Gudiña, al cruzar el tren

II
En A Gudiña el cielo se transforma
muy cerca de la raya portuguesa,
bien pronto llegaremos a Sanabria,
ya no se ven los campos que atraviesa,

solo luz, la batalla de la luz
al horizonte, el día que no cesa
y las siluetas negras de los árboles
frente al azul nocturno que regresa.

El viajero recobra sus trabajos,
recoge todo para abrir la mesa: 
necesita pulir los nuevos versos, 
los sonetos del tren, que se aderezan....

pero al rato se duerme de fatiga:
¿Es el tiempo o es el viaje lo que pesa?



lunes, 11 de abril de 2011

Shostakovich

Con más abril y menos shostakovich
llegaremos a mayo en pocos días
y desde mayo ya se ven las playas
con traje marinero y con puntillas;

las gaviotas que escriben garabatos
de perfil vienen y de reojo miran,
bostezará el mar sus azules,
nos dejará los sueños sin orillas;

para abril que se vengan los barrocos
–clavicordio, rabel y mandolina–,
que se asome la flor sobre las tapias
a mirar como hacemos pillerías.

Prepárame tu cuerpo esta noche,
lo que tenga que ser, que me lo diga

"No parece que abril con sostakovich...."


No parece que abril con sostakovich

armonice, se excede de dramático;
mejor la zarabanda y andantino
de la princesa Luisa, suite de Haendel,

que pide ilustraciones del Retiro
y floraciones espectaculares
de las que surgen ahora en el Botánico
borrachas de color y de perfumes.

Se ajan los tulipanes, las camelias
ya no saben qué hacer con tantas flores;
los almendros cambiaron su ropajes
por otros más discretos y anodinos.

Gravedad, estridencia y seriedad
tendrán que dejar paso a primavera.





martes, 19 de octubre de 2010

Ciclos y legumbres

Mientras Vladmimir von  Pachmann interpreta el nocturno op. 9, nº 2 de Chopin, recojo la compra y voy guardando cada cosa en su lugar: le viene bien a la condición humana esta mezcla, es mi teoría, que se regocija con sucesos y actividades que le recuerdan su extraña, sabrosa, incierta complejidad. Esta tarde, que se está quedando corta ya, por la entrada del otoño, tengo tres tareas que me dan vueltas en la cabeza y me enamoran el futuro inmediato: voy a leer un artículo que me ha enviado un profe al que admiro –Ramón Santiago–, porque sé que me va a enseñar; voy a cocinar las primeras legumbres de la temporada, que serán lentejas, para no entrar bruscamente con alubias o garbanzos. Sean lentejas. Y voy a intentar poner en este mismo cuaderno el siguiente de los poetas españoles actuales, Javier Yagüe, a quien, por lo demás, someto a chantaje emocional para que me consienta mostrar la delicia de su versión de Montaigne a través de algún ejemplo, ilustrado con fotos actuales del lugar desde donde Montaigne pensaba. Las tareas que la tradicion califica como filológicas, quizá intelectuales, tendrán su comentario, que no todo el mundo soporta. Pero, ¿quién no se ha tomado un buen plato de lentejas cuando el tiempo llega? El pan de Negrín.
En estos momentos ha saltado Rocío Jurado en el Genius de mi Mac, al que he permitido reproducción aleatoria; no hay que asustarse, canta con la sinfónica (¿de....?, era una orquesta norteamericana) la pantomina de la Danza del juego del Amor del El Amor Brujo de Falla, todos dirigidos por Jesús López Cobos. "Ojalá no lo hubiera compuesto nunca", replicaba Falla cuando le encomiaban la sensualidad de esa música; y se vestía de negro. La veta maravillosa de aquella mujer, Rocío Jurado, por cuyos pechos se condenó –sin duda– el Caudillo, ¡con qué vozarrón rasgado corona las campanas! Era lo apropiado: nunca encontré nadie que recitara mejor los romances de Lorca que mis alumnos adolescentes de Cogollos-Vega, pueblecito en la Sierra de Elvira de Granada.
Vuelvo al ciclo de las legumbres.
Son de cuando ahora; de cuando las casas empiezan a quedarse frías a la caída de la tarde y hay que ponerse calcetines de lana y buscar manta para la noche. Entonces, las lentejas. Que sean nuevas. ¿Castellanas o francesas? Yo prefiero las francesas de León o las castellanas de Aragón. Empapan más las castellanas; son más refinadas y pedantes las francesas. Es curioso lo mal que suelen cocinarlas en algunas regiones, como Levante (les salen aguadas) y en buena parte de Andalucía. Obviamente yo las cocino insuperables. 
El ciclo de las legumbres acarrea otros productos. Ya andan por ahí las granadas "agridulces" (el adjetivo es de Quevedo, que las enviaba desde Jaén a Madrid al duque de Medinaceli) y han asomado los primeros agrios –variedades de mandarinas–, aunque yo sospecho que vienen de Marruecos. También me he dado cuenta de que muchos limoneros se han tenido que recuperar de los temporales que los arruinaron el año pasado, pues aparecen en bolsitas a la tercera parte del precio al que habían llegado (habían llegado hasta los cinco euros el kilo; vuelven ahora al euro y medio, precio más católico).
Las lentejas, las lentejas. Es fundamental no empeñarse en complicar las cosas. Cabeza de ajo, zanahoria abundante, un puerro, una patata (para que espese la salsa) y el aceite de oliva con la cebolla rehogada y media cucharadita de pimentón para el final. Ya las hago sin sacramento, ahora las llaman vegetarianas; sin sacramento: el sabor es más puro, más suave y son uno de los platos más exquisitos que conozco.
Se ha puesto a sonar una sonata para violín de Kodaly. Hago trampa y busco el quinteto de Shostakovich (opus 57), que me tiene acorralado; en cuanto termine le digo al Spotify que me dé una vuelta por la invasión de reediciones de Billy Holliday, que puede que tenga que ver con el retroceso en las encuestas de Obama.
Por cierto, ¡Viva Francia!
Las lentejas.