Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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miércoles, 10 de junio de 2015

El camino despoja al caminante

han dejado de ser ya tantas cosas
el camino despoja al caminante
que se lleva el vacío de recuerdos
cuando asciende al monte de los mares

se perdió aquella ruta donde estuvo
senderos  del azar ya solo sabe
detrás de los que cruzan cuando pasan
sombras quedan     estelas de la imagen

tantas veces y tantas me contaron
no quiere averiguar lo que ya sabe
en versos de Machado fue canción
que al andar     los caminos nuevos     se abren

veredas de horizontes tan lejanos
que dora la dulzura de la tarde


A causa de esta doble vida que llevo (facebook y el blog, aparte de las secretas), he vuelto a esta entrada, para aderezarla con imágenes de Florencia –caminos y estatuas, con el dorado de la tarde en alguna fachada. Van todas seguidas, pero comienzan con un concertino de flautas y sigue luego el vate, mal enfocado. Los lugares de Florencia son muy conocidos; las estatuas, menos.












domingo, 10 de junio de 2012

Recuerdos de Florencia



El jardín se dispuso de manera
que pueda dibujar las estaciones;
los colores que son para verano
asomados a muros y torreones;

los que tuvo el otoño, si se fueron,
dejaron verde en musgo y  en rincones;
un lugar de camelias para invierno
y el artificio en vanos y balcones;

se jalona la cuesta a Belvedere
de bancales que forman escalones
según color especie y temporada:
verdes, rojos, azules y marrones….

solo el paseante turba la armonía
de la serena red de proporciones



domingo, 20 de mayo de 2012

Postales de los ultimos rincones de Florencia

El taller teatral y tertulia de V. Gasssman
Además de todo lo que se sabe y se admira, Florencia es ciudad de casas señoriales, sean o no palacios, que exhiben constantemente la gracia o el buen gusto –almohadillados, alerones, ventanales, juegos de color....– y que en conjunto producen una sensación de armonía, serenidad.  Las calles y barrios que acompañan al río, mucho más estrechas, con adoquinados gigantescos muy deteriorados, juegan la baza de los rincones y el color, y tienen la ventaja de que aceptan torres, cúpulas, campanarios salpicando su trazado.


rincones y callejuelas cerca del Arno
Algo semejante ocurre con los recuerdos personales o biográficos, que van de Dante y John Milton a Stendhal, pero cuya nómina y recorrido resulta deslumbrante, y eso que no siempre tienen su placa, como la tiene Lamartine o Carducci o Monteverdi. La facultad de "tocar" a alguien se llega hasta nuestros días, por mucho que a alguien le parezca herejía citar poesías de Guillermo Carnero o de José María Micó, entre tantos tocados por la belleza de la ciudad y de su contenido artístico.

Florencia desde los jardines Bóboli

Bóboli
alineación de plátanos (Pitti)
Jardines del Palacio Pitti
A mí, particularmente, me gustaban las calles por donde el sol se va, agarrado a las fachadas; o los rincones urbanos con vida de barrio, como la plaza del Santo Spíritu. Cada viajero, seguro, encontrará donde posar los ojos y serenar el espíritu, sobre todo si ha tenido que contemplar antes Il Duomo.


sábado, 19 de mayo de 2012

Sevilla y Florencia se me han mezclado


San Lorenzo, con el mercado de artesanos  (Florencia)
Eso es lo que me ha ocurrido al desplazarme de un lado para otro, ya que de las bibliotecas florentinas he pasado a un seminario sevillano sobre la edición de textos en plataformas electrónicas. El cambio no ha sido brusco, pues las dos zonas tienen en común un aire sureño muy especial; el nuevo señorío de Sevilla, que me ha sorprendido gratamente, confiere a la ciudad un ritmo pausado –el ruido del tranvía, al fondo– que contrasta con el bullicio de sus barrios populares. En ese contexto de la vieja Sevilla, al Guadalquivir traza una línea especial e imprime carácter a la extensión de la ciudad. El fondo artístico de Sevilla es de una riqueza inestimable, aunque, como resulta obvio, Florencia no permite --en este caso-- ningún parangón. Y lo que es su riqueza es también su inevitable perdición: somos un turista más entre millones, que van de la casa de Dante a la pinacoteca Palatina, de Miguel Ángel a la cúpula del Duomo.... He visto al turista sevillano más inclinado a tomarse pescadito adobado a orilla del Guadalquivir que a visitar, por ejemplo, el Museo provincial. El sentido recoleto de algunos lugares de Sevilla evoca mejor otras ciudades más tranquilas de Italia, quizá Pisa; el bullicio del atardecer.... remite a Nápoles, incomparable también en lo que es explosión humana.


Y todo esto se me ha mezclado en la experiencia, el recuerdo, los paseos, las comidas... De manera que lógico es que aparezca así, mezclado, en esta entrada.
Y dejo para otra ocasión la asistencia a la reunión en la dorada Universidad de Sevilla (facultad de letras, la vieja tabacalera, un verdadero templo) sobre edición de textos, asunto muy importante en el que tanto yo como la gente que conmigo trabaja estamos empeñados, por cierto que sufriendo el desprecio más absoluto y continuos asedios de nuestro contexto académico, el de la ínclita facultad de letras de la UAM, lugar de perversiones múltiples que me ha obligado a cambiar mi correo electrónico, que ya no será hanganadolosmalos@gmail.com sino arrasanlosmalos@gmail.com, al que también se me puede escribir.
¿Tendré que cambiar también el nombre del blog?

Los dominicos, en Triana

Con tanto cambiar de temperatura
las jacarandas han enloquecido,
florecen sin saber lo que les pasa
y enseguida se agostan con el frío;

el bochorno se antoja insoportable,
cruzo el Puente de Triana a San Jacinto:
“Una ración de acedia y boquerones,
y la clara muy fría con un fino”.

En la esquina, la parroquia con su árbol,
un enorme convento dominico;
la vida aquí no se termina nunca,
ruido, gente, calor y muchos niños.

–“Helado de turrón”. Aquí no saben
que el azúcar me tienen prohibido.

Jacarandas, orillas del Guadalquivir

viernes, 18 de mayo de 2012

Árbol en fachada (Florencia)



los árboles dibujan las fachadas
con un gesto de sombras desplegados
izando su bandera de verdor
y un grito de hermosura no inventado

casi siempre palmeras son erguidas,
o pinos o magnolios o castaños,
o árboles del sur desconocidos,
los más grandes, laureles centenarios;

se encumbran en las casas más antiguas
se encaraman a torres y palacios
y pujan por el cielo si les miras
y miran desde arriba a los tejados

y me elevan al gesto de sus copas
cuando feliz vuelvo y solitario







domingo, 13 de mayo de 2012

El Espíritu Santo acude en ayuda del peregrino


iglesia agustiniana de Santo Spiritu (Florencia)

La piazza Santo Spiritu redime
al caminante que descansa y deja
de visitar iglesias y palacios,
el cementerio de la historia muerta;

nos podemos sentar tranquilamente
en las gradas delante de la iglesia
y que el tiempo se vaya poco a poco
deslizando las luces por las piedras,

templando el vértigo de tanta historia
mientras la gente pasa en bicicleta
y las farolas que nos traen las sombras
con los gritos de los niños juegan.

Escribo en el mantel este soneto,
mientras nocturnos los azules llegan.



jueves, 10 de mayo de 2012

Atardecer en la Plaza de Santa Cruz



Campanas en la plaza por la tarde
fachadas ocres, miles de chinitas,
me parece que todo se ha acabado
vencieron los macdonal, los turistas;

nos queda solo el río y los helados
y una cola sin fin para visitas
a miguel ángel, los ufficci, il duomo….
busco una plaza, para estar, tranquila;

he descubierto una calle solitaria
en la que nadie vende y nadie grita,
una calle sombreada con palacios,
casi normal y, como tú, escondida,

entre viajes, papeles y recuerdos.
Para cenar, me temo que una pizza.


El jardín de los simples, botánicos de Florencia

Nenúfares, con su dinosaurio al fondo

Avenida de azaleas

Un viejo olmo



Para hacer honor a su nombre, la ciudad conserva varios jardines, entre los cuales al menos cuatro o cinco son históricos. El más viejo, me dicen, el de los Médici (Jardin de los simples, es decir de las plantas básicas, elementos sencillos, etc.) que va unido a un museo arqueológico, paleontológico, geológico y probablemente varias cosas más, porque me han cobrado diez euros para entrar; lamentablemente
el reducido espacio, primorosamente cuidado, aunque con poca variedad externa y solo algunos buenos ejemplares arbóreos, se ha utilizado para una exposición de dinosaurios, reconstruidos en enormes estatuas de cartón piedra que asustan a las azaleas y hasta a los pinos. Son de todas maneras un remanso frente al marea humana con la que destrozamos esta ciudad, imposible de admirar ya si no es a través de interminables colas de turistas, autobuses, grupos y vendedores. Que sea también un remanso esta entrada para mostrar la simple belleza de las primeras floraciones, entre las cuales destacaba una avenida de azaleas en macetones gigantescos, cada una de un color, y, como adelantaba, la majestad y el tronco de algunos olmos, pinos, gincos….  También merece la pena el juego de invernaderos con las diferentes especies; pero sobre todo merece la pena que el remanso del jardín esté en medio de la ciudad.
Por otro lado, las muestras simples y conocidas, son muy hermosas, así las peonías, el reducto de las aromáticas, entre las que me ha llamado la atención esa salvia de faroles o candelabros (amarillos), el estanque de los nenúfares, las mimosas, las mentadas azaleas, las orquídeas y hasta las rosas. Las he ido eligiendo cuidadosamente para los lectores de este blog, que ayer casi se duplicaron.
Mañana espero ver otros dos, después de trabajar en la biblioteca Ricardiana, que cierra a las dos de la tarde.

La salvia de los farolitos


peonía

miércoles, 9 de mayo de 2012

Se va el Arno


medicina del cuore, manuscrito
palatino setenta y nueve, escrito
por fray domenico Cavalca a fines
del siglo quince, mientras se derrumba

aparatosamente el día sobre
los ventanales de la biblioteca
de florencia y me desespero, hundido
entre catálogos absurdos, viejos,

en donde nada queda de la vida,
en donde nada asoma interesante
porque está todo mal catalogado
y el tiempo ha logrado su ley de olvido.

Saldré a mirar el Arno, que se va,
como se va borrando tanta historia.

[Florencia, BNF, 9 de mayo, 2012]