Demasiado pensar, piensa el rapsoda,
el agua de una fuente, pensativa,
que llega hasta los pies de unos naranjos
y ha dejado las frutas encendidas;
los rosales mantienen y los frescos
una huella de pétalos marchita;
y un olivo cansado y centenario
el huertecillo del rincón vigila.
Versos, naranjos, altos pinos, agua....;
sin mirar nada pasa una monjita.
Yo no entiendo de monjas, la verdad,
pero ¿dónde se irá, y sin mí, y deprisa?
Santa Clara se llena de colores.
Guarda una soledad triste y antigua.