Conclüir concluïr no se concluye
nada de nada; al parecer se alcanza
un notable nivel de escepticismo
con el que se convive más o menos
para dejar más limpio el corazón,
despejadas las nieblas de los sueños
y la sonrisa fresca, como un pájaro
al que provoca el vuelo un simple ruido
y que parece alcanzar la plenitud
atravesando el cielo sin motivo
para dejar su estela en el vacío
azul y en el misterio de su viaje,
sin que nigún destino conocido
empañe la belleza de su vuelo.
