Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

Sobre Pablo Jauralde Pou

Doctor en Filología Románica, con una tesis sobre Mateo Alemán que le dirigió Alonso Zamora Vicente, en la Universidad Complutense de Madrid, en donde estudió, a excepción de un curso que hizo en la Universidad de Salamanca, huyendo que fue de los disturbios estudiantiles, en un curso en el que tenía como profesor a Agustín García Calvo, del que también siguió sus latines en la academia de la calle Desengaño.
Profesor durante muchísimo tiempo en distintos lugares: Saint Malo, Nantes, Gandía, Granada, Madrid, Londres (Westfield College), Ottawa (Carleton), Baltimore (John Hopkins), Cambridge (UK), París, Toulouse... Durante los últimos treinta y varios años, en la Universidad Autónoma de Madrid, en donde fundó (1980) y dirigió el Seminario Edad de Oro (durante 18 años), hasta que se lo quitaron para destruirlo lentamente; se fue con él debajo del brazo a trabajar en sitios menos inhóspitos. 
Unas quinientas publicaciones (Quevedo, Cervantes, Machado, Blas de Otero Miguel Hernández, manuscritos...) 
Ha fundado o dirigido varias revistas: Edad de OroManuscrt.caoVoz y LetraRec. Ahora enreda con otra on line (manuscrit.cao). Pertenece a varios consejos de redacción (BBMP, RFE, Hesperia....) y a un sinfín de asociaciones y consejos editoriales.
Viene siendo director –desde hace una docena de años– de Clásicos Castalia, de la NBEC (Nueva Biblioteca de erudición y Crítica) y Manuales Universidad de la misma editorial.
Ha organizado y dirige Clásicos Hispánicos, con  un grupo de alumnos aventajados, uno de cuyos principales promotores se ha establecido en Nüremberg, en donde tiene su sede principal la colección, la más cuidada, sin duda, de nuestras colecciones de clásicos, que ya ha publicado más de 50 números en su formato de libros-electrónicos. Toda la organización y estructura de CH se sostiene en un grupo de antiguos alumnos, ahora dispersos (Alemania, Italia, EEUU....) por la misma razón que se van los jóvenes de otros campos.
Lo de trabajar con grupos de alumnos siempre fue vocacional y siempre dio resultados; los doctorandos –por ejemplo– pasaban a ser investigadores– en los seminarios de la Biblioteca Nacional de España (por concierto firmado), desde finales de los años ochenta del siglo que se fue. Catalogaban los fondos manuscritos de nuestra primera biblioteca, hasta alcanzar otro convenio para hacerlo de modo oficial, que se llevó la llamada "crisis" cuando cumplía cuatro años. También por convenio con la BNE organizó y dirigió un Título Propio sobre Recuperación del patrimonio documental (dos ediciones). 

Fue el primer presidente electo de la AISO (Asociación Internacional de Hispanistas del Siglo de Oro), de la que ahora es presidente de honor. Ocupó también la escala de responsabilidades en la AIH, hasta la vicepresidencia. 
Muchas tareas adheridas o derivadas de su profesión docente, en la que ya obtuvo todos los quinquenios y sexenios, como llama la jerga académica a esos "tramos" (que también los dice así). De hecho hubo de ser uno de los catedráticos más antiguo en su universidad –desde el año 1979– y no digamos en su facultad (que él llama "dificultad") y departamento, de lo que es mejor no hablar, que ya dije mucho cuando fue ocasión.
Desde hace años, la Comunidad Autónoma de Madrid –¿será Esperanza Aguirre?– me calificaba con un 10 lo que hacía;  la vieja nota máxima de los coles. Y en consonancia me daban aguinaldo, poca cosa, al cabo del año. Creo que no merece la pena estudiar mucho; si pudiera, copiaría en los exámenes. En todo caso, jamás volveré a redactar un curriculum subrayando el ¡qué bonito soy! (así se llamaba el primer ejercicio de las viejas oposiciones, de las que gané seis o siete, antaño), pues también he sido, mucho tiempo, profesor de Instituto (ahora se llama IES, en el Padre Suárez de Granada mi primer destino, luego en Gandía, más tarde en Cogollos-Vega), en todos sus niveles, y bibliotecario en la vieja biblioteca de la Universidad de Salamanca, por oposición. Allí catalogaba libros junto a Teresa del Río.
Piensa que la universidad actual es un lugar funesto y paralizante, en donde es frecuente que se vaya sedimentando lo peor que por allí pasa, y en donde el mérito y el trabajo son trabas y motivo de preocupación, a veces penalizado. También piensa que la regeneración democrática, si es que se puede emprender alguna vez, habría de empezar por universidades, departamentos, facultades, particularmente educando a muchas de sus gentes sobre lo que significa "democracia", que allí se suele entender como lo que hacen las cuadrillas.
En sus primeros tiempos, además de ocupar un lectorado en Francia (en Saint Malo, luego en Nantes), fue bibliotecario de carrera, con destino, como dije, en la Biblioteca universitaria de Salamanca, regusto que ha cultivado mucho más luego. En estos momentos traza un mapa de la investigación (documental, bibliográfica, etc.) de la ciudad de Madrid, para lo que se echa a la calle y va de rincón en rincón, tomando fotos y preguntando cosas, a veces con peligro para su persona (como en el Colegio Santa Isabel, en la calle del mismo nombre, que todavía no he podido ver y que ha de ser del OPUS, claro). Organiza también escapadas similares a otros lugares de Europa, rincones perdidos en donde se deposita –y frecuentemente se deteriora– el tesoro documental. Desde el año pasado, aprovechando un cúmulo de circunstancias (el asueto docente, las clases del máster llenas de extranjeros, la llamada de la lejanía, su propia vocación....) sus escapadas son a lejas tierra, particularmente a China, en donde se le abre la inspiración al sentirse desarraigado.
He tenido maravillosos alumnos, que ahora ocupan lugares académicos de prestigio, o son novelistas, poetas, gentes de mucho bien; pero que no cita porque no sabe si prefieren olvidarme y que no aparezca por aquí su gracia. 
Nunca ha obtenido premios ni cosas semejantes, y tiene la esperanza, ahora casi la seguridad, de no obtenerlos y que le dejen ser, ruego que solía dirigir inútilmente a decanos y otras gentes de poco mérito.
A lo largo de su carrera como investigador o docente, como conferenciante o algo así, ha pasado por muchos centros y universidades, entre ellos los de: Vigo, El Ferrol, La Coruña, Santiago de Compostela, Santander (Univ. MP), Bilbao (Fundación Blas de Otero), Rioja, Segovia, Zaragoza (Cazar), Valencia, Alicante, Melilla, Murcia, Almería, Sevilla, Granada, Jaén, Córdoba, Cáceres, Salamanca, Valladolid, Cuenca, La Rábida, Jerez de la Frontera, Lisboa, Toulouse, Rennes, Arras, París (Sorbona e Inst. Cervantes), Nantes, Burdeos, Colonia, Venecia, Parma, Nápoles, Milán, Bolonia, Pisa, Palermo, Oxford, Cambridge, Birmingham, Londres, Roma, Guanajuato, Monterrey, Buenos Aires, Córdoba (Arg.), Nueva York (Centro de Graduados, Columbia y Stony Brook), Boston, Harvard, Pitsburgh, Baltimore, Los Ángeles (Berkeley, Ca), Dartmouth, Lexington, Ottawa, Montreal, etc. Y los que se me olvidarán, claro.
Esta nota se está convirtiendo en biografía novelada: intentaré mantener la dignidad y la compostura, no sé si podré, que el componente humano pesa mucho en todas las materias.
Plenarista de la Asociación Internacional de Hispanistas, abrió o cerró congresos y reuniones varias (como el de los hispanistas italianos, en Milán; el de los argentinos en Córdoba) e intervino de manera más continuada, durante varios años, en los cursos de la Universidad Menéndez Pelayo de Santander (una decena de veces), en las reuniones de hispanistas de la Sorbona (media docena de veces) y, por supuesto, en las de Edad de Oro de Madrid, durante los 18 primeros años, así como en numerosas actividades de los institutos Cervantes en diversos centros de Europa o América.
Empresas iniciadas, terminadas o en marcha con sus alumnos son: el Catálogo de manuscritos de la Biblioteca Nacional de España con poesía de los siglos XVI-XVII (siete vols. publicados en Arco-Libros); la Biblioteca de Autógrafos Españoles (cuatro volúmenes publicados en Calambur); el Diccionario Filológico de Literatura Española, siglos XVI-XVII (3 vols. en Castalia); etc. El catálogo de sus publicaciones se acerca al medio millar o lo ronda, no las he contado desde hace tiempo. Acaba de salir, como dije, Clásicos Hispánicos EdoBNE, la primera colección rigurosamente cuidada, filológicamente cuidada, de libros-electrónicos; la dirige con sus últimos alumnos y especialmente con la camaradería de José Calvo, a quien profesa cariño y reconocimiento indelebles: hemos programado un corpus inicial de quinientos textos. Hay noticia cumplida de todo ello en este blog. 

Medalla de oro de la Universidad Autónoma –que nunca he recogido–, en la que sin embargo, son varias veces las que le intentaron expedientar. Este párrafo in memoriam va de las  ínclitas firmas que procedieron a veces a tramitarlo o proponerlo: Florencio Sevilla, ayudante que era cuando yo llegué a la dificultad y que luego ocupó la jefatura de departamento; un antiguo decano -que yo siempre escribo con minúscula–: Huberto Marraud; y un rector –también con caja baja–: Ángel Gabilondo. Que dios les bendiga.

Sin embargo (2000), Trizas bruces (2002), Calcetines rojos (2004) y El año del ombligo (2009) son libros de poesía. El último aparecido: China destruida y otras flautas, dulces y traveseras, que se había venido publicando en este Cuaderno de Pantalla, también ahora en Calambur. Y aun parece que sigue escribiendo, aunque ahora no piensa ya publicar modo libro y papel a la vieja usanza. Hay que echarse a pensar. En realidad es en este blog en donde deposita desde hace unos cinco años (los cumplirá en marzo) las más de sus tareas.
Anda enamorado de Chopin. Y no le da vergüenza confesarlo. Pero es frecuente que se enamore, la verdad  y con ninguna fortuna, qué la vamos a hacer. Al fin y al cabo, después de tantos años de intenso trabajo, arruinado está, que me arruinaron las mujeres, y me espera una vejez tremenda, lo que no deja de ser conmovedor, dicen. Yo no lo digo.
También le conmueve harto atravesar el Retiro, lo que cumple varias veces a la semana, haga el tiempo que haga, para acudir a la concentración de lugares de trabajo que se extienden a la salida de la Puerta de Murillo, y desde allí, después de pasear lo nuevo y cambiante del parque, se va a lo viejo (Casón, Biblioteca, Archivo, Museo....) en donde recoge muestras genuinas de lo que hicieron y dijeron otrora quienes nos precedieron en esto de vivir aquí. El día se suele simplificar bastante después de comer en el Parterre, Dani, Las Hilanderas, Las Úrsulas, El Botánico.... (son las tascas del buen yantar, en los alrededores de los centros documentales); hace poco vendieron el Parterre, la vieja tasca con paredes de mosaico, que han rehecho totalmente a partir de Ikea, con el nombre de "La Tertulia". Todo un signo de cómo el tiempo arrasa.
Como soy muy machadiano, aprovecho el atardecer para dorar el recuerdo de las personas que amo, pero suelo censurar sus nombres, para que el chorreo sentimental no afecte a mis vecinos.
Muchos quebraderos le ha dado su correo electrónico, que es hanganadolosmalos@gmail.com, y que procede de varias fuentes histórico-literarias ("Vinieron los sarracenos / y nos molieron a palos / que dios ayuda a los malos / cuando son más que los buenos"); a pesar de lo cual denigrado le han a veces por mantenerlo, porque además de esas fuentes literarias se apoya paladinamente en la realidad. De todos modos, ya ha registrado y empieza a usar de vez en cuando otro nuevo, de apoyo y consolación: arrasanlosmalos@gmail.com. A donde, querido lector que has venido a caer en esta página, puedes escribirme, con la seguridad de que te leeré con la misma atención y cariño con la que te pido que me leas.
¡Ah! y me han  dicho que no ponga estas cosas en en el blog.
Vaya.

La calle Mayor vista desde la Plaza Mayor (Palencia)
Yo soy palentino. Las monjas de Villandrando me enseñaron a leer. Era koska, y tanto  en el instituto como con los jesuitas me hicieron católico. Ahora no soy católico, por descreencia, y tengo que averiguar si soy o no cristiano, no estoy seguro de si depende de mí o si al haberlo sido ya no puedo dejar de de serlo, como palentino, que lo soy inexorablemente. Y no me disgusta, lo de la castellanía recia, el frío del invierno y los ritos de la navidad a semana santa y san antolín –pan y quesillo–, que marcaron mi vida. Aviso que yo utilizo la minúscula fuera de toda filología, como gesto de desprecio hacia lo que ha alcanzado lingüísticamente una falsa dignidad. Si se pudiera ver cómo hablo en un registro inmediato, se vería que también  hablo con minúscula y que digo los nombres de las dignidades así, con caja baja: decano, ministro, rey (aunque sea apellido), dios, genoveva de bravante, mariano... Mi word se vuelve loco corrigiendo automáticamente, y se rehace y vuelve sobre sí mismo para ponerse con mayúscula; pero yo también vuelvo y le tecleo nuevamente: word, universidad autónoma, santa margarita, españa, … Pero escuchen, sin embargo: Perico El De Los Palotes, Moco Templado, Subterfugio… A uno le salen al paso pocas opciones de arreglar el mundo o al menos de acomodarlo a su manera, a como mejor parece que estaría, y en mi caso el arma de las palabras es, por profesión, la más cabal. 


La calle Mayor
Lo único que no conseguí iniciar durante mis doce años palentinos fue la aventura del amor con cuerpo ajeno, que así de retorcido me sale ahora llamarlo. La primera vez que hice el amor con dama, muy tarde para mi vanidad, me salieron agujetas y tomé azúcar, como cuando corría para entrenarme; agujetas de tanto moverme por creer que la cosa iba con el grado de aplicación que pusiera a mis movimientos.
Fue Balín el que me explico que se podía uno correr, si se hacían bien las cosas, hasta siete veces. La vanidad de antes no me deja confesar que yo voy cumplido con la de una y que a la de dos, dios y ayuda, y eso que no soy católico, como dije ut supra; lo digo por lo de dios y ayuda no por la entrega carnal, por la coletilla.    

La plaza mayor de Palencia (en el centro, Victorio Macho, palentino)
Se me han quedado cosas enquistadas en latín, porque casi casi alcancé a ser monaguillo con los jesuitas de san Francisco, me faltó algo más de latín y osadía. Solo una vez lo intenté, para poder tocar la campanilla mientras se alzaba el santísimo; pero respondía con murmullos ininteligibles al cura que iba a dar la comunión, que me lanzaba unas miradas con muy mala hostia. No volví a intentarlo porque había riesgo. Cuando me echaron del instituto supe que había riesgo porque me llevaron a los maristas “provisionalmente”, que era el único colegio donde me admitían, y un hermano me quiso tocar la campanilla; y de resultas de no dejarme me dio una buena paliza. Del instituto me habían echado ya que el profe, de literatura, don Agustín Tinajas, dijo que o me iba yo o se iba él: así se pusieron las cosas. “Diligencia de Carmona / la que por la vega pasas / caminito de Sevilla / con siete mulas castañas….” era su poesía preferida para empezar los ejercicios de lengua y literatura, nombre oficial de la asignatura; con nuestra corta edad nos la sabíamos todos. El google actual, que tanto daño puede hacer a nuestra memoria colectiva, recoge como versión en  muchos casos la que censura el nombre de los forajidos: “Tragabuches, Juan Repiso, Satanás y Mala Facha, José Cándido, el Cencerro y el capitán Luis de Vargas”. Al grito de “yo soy el Capitán Luis de Vargas” tiraba petardos desde los jardines del Salón al aula de don Agustín, que empezaba las clases siempre dirigiéndome la misma frase: “Usted, váyase a la calle”. Se pensaba que así iba a poder controlar la clase, el infeliz. O él o yo. Echó un órdago y lo ganó; sé que hubo tratos y conversaciones con mi padre, que era persona de peso social, amigo del obispo. 
El mercado (la "plaza"), de Palencia
Me llevaron a los maristas “provisionalmente” porque estábamos entonces pendientes de irnos toda la familia a Madrid. He pasado por el Jorge Manrique hace poco y quise ver, morbosamente quizá, el expediente de expulsión, que me consta existe; pero no me dejaron, que quién era yo para hurgar en expedientes. Hurgo en la memoria. Memoria indocumentada. 
A San Francisco también fui, por si me dejaban ver el cuarto de las calaveras. En obras todo y cerrado. Una onegé había. “¿Sois cristianos o católicos o qué?” les dije, porque no me dejaban pasar, y miré a la chica pensando intensamente en los siete polvos, porque me habían inculcado los jesuitas que si mirabas a alguien intensamente pensando en algo todavía con mayor intensidad y fiereza, la persona mirada recibía el equivalente a la acción imaginada con pasión. Le miré con siete polvos; pero claro, mi imaginación debió de sentirse desbordada y fuera de sus posibles, en realidad le estaba pidiendo que mintiera, y aquella chica, que no estaba nada mal, no parecía estar sufriendo mis pasiones, probablemente estaba sintiendo que le mentía y el desorden de mi pregunta. “Balín, ¿y a partir del tercero no duele?”. “No, no, porque tienes que hacerlo así”. Y escenificaba con gestos, posturas, escenas y recomendaciones. Por eso tengo tantas agujetas.
[seguirá]