He estado todo el día trabajando con revistas profesionales en la biblioteca Widener (en Harvard), con una pausa para poder comer algo en la grata compañía de Ch. Maurer y de Teresa Guillén, de cuyos resultados, digamos, profesionales, les daré cuenta. Las condiciones de trabajo en la Widener son realmente inmejorables, y no solo por la calidad de las instalaciones, la facilidad de acceso y la riqueza de los fondos, sino también por extensiones como el poder escanear, fotocopiar, consultar simultáneamente, etc. El horario de apertura es, finalmente, tan generoso como pueda resistir el estudiante o el investigador. Pero en fin, quisiera referirme ahora, por encima, a la cuestión de las revistas profesionales, que a mí me suele gustar conocer con ella en las manos, ojeando, leyendo y curioseando, lo que es un despropósito porque –calculo– superan el millar las que se refieren estrictamente al campo de la Filología románica, y se disparan a varios millares en cuanto uno conecta con temas afines (semiótica, cine, teatro, historia de la lengua...), en donde ya es difícil controlar hasta qué punto interesa tenerlas en cuenta o no. Las revistas profesionales fueron en las décadas pasadas un avance de lo que ahora es google y semejantes: un mar sin fondo para el que hace falta un buen mapa, la brújula y una tripulación avezada. Y en eso estamos y eso es una de las cosas que vamos a ofrecer en la página web de edobne.com.
Los anaqueles de la Widener te dejan husmear, alfabéticamente, todas las revistas de todo el mundo. Por supuesto –vamos a despacharlo rápidamente– que ahí figuran las que nosotros hemos hecho o estamos publicando, por ejemplo, y en sitio de honor, VOZ Y LETRA; así como las más conocidas de nuestro campo; pero también puede uno ver cómo son las revistas filipinas sobre el humanismo, las cubanas cobre poesía cubana, la media docena de revistas sobre el siglo XVII, todo el abanico de revistas italianas sobre la cultura, las más extrañas: una revista inglesa sobre el cine español, las revistas sobre cultura popular de universidades del sur americano, etc. Y no se crean, en muchas de ellas, sorprendentemente –y no debería sorprendernos– asoma el artículo sobre el Quijote, sobre Borges (que tiene su propia revista), sobre Muñoz Molina, etc. Sumamente interesantes son las revistas sobre poesía actual, que muestran la uniformidad creadora en un momento de dispersión. Alguna universidad americana se ha especializado en poesía francesa; los franceses han profundizado en revistas teatrales de carácter internacional; hay una revista sobre la historia de la historiografía... Anodadado, feliz, desbordado estoy por esa dispersión de la que podré dar cuenta pronto –con ayuda de mis jóvenes colaboradores–: es un campo cuyo futuro no sé cuál va a ser. Nuestra última revista, on line, como tantas otras ya no está en los anaqueles de la Widener, y sin embargo, digo yo, es una revista fundamental.
Durante el breve almuerzo Teresa Guillén me prometió, porque yo se lo pedí, un juego de cartas inéditas de su padre, Jorge Guillén, para que diéramos noticia en manuscrit.cao.
El campus de Harvard, a la salida, la tarde que se iba, era espectacular: sábado por la tarde, los patios convertidos en lugar de lectura. Allí les dejo.




