Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

Mostrando entradas con la etiqueta Ministerio de Hacienda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ministerio de Hacienda. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de septiembre de 2011

Imprecisiones del lenguaje oficial

De manera más sistemática que frecuente el lenguaje oficial con el que la administración se suele dirigir a los ciudadanos va de la jerga a la imprecisión. Sigo pensando que, ahora que tanto paro hay y que probablemente sobran miles de políticos, sería oportuno que se fueran sustituyendo por conocedores, especialistas, etc. de cada sector, y así nadie volverá a quedar deslumbrado por quien ocupa, verbo y gracia, la consejería de cultura de la Comunidad de Madrid, como quedé yo cuando hace un par de años hube de intercambiar algunas frases cordiales con aquel político. 
Mi proclama sería, barriendo para casa, que se diera plaza a los filólogos –a los bien formados, esa es otra– en todos aquellos lugares que emiten comunicados, mandan circulares, escriben informes, realizan declaraciones públicas.... Y que conste que no deseo que las normas de hacienda para la declaración de la renta se equiparen a una página de Delibes; ni que la sentencia judicial se lea con la precisión léxica de una novela de Landero; y así sucesivamente. Bastaría con un mínimo de precisión.
Los comentarios como este, con una trasfondo evidente de crítica, no deberían enunciarse sin ejemplos, aunque, por desgracia, casi todos podamos traer a colación demasiados.
He aquí uno entre muchos, y bien reciente. El Ministerio de Economía y Hacienda me envía una circular, con todo tipo de logotipos, barras de lecturas, direcciones, fechas y demás parafernalia oficial, firmado con mayúsculas por un señor, Luis Antonio García Zarza, Gerente Regional de Madrid, al que perdonamos que no tilde su primer apellido –batalla ya inútil a estas alturas de la guerra–, aunque estamos seguros de que lo pronuncia igual que cuando lo escribe con minúsculas.
Nos centramos en un solo aspecto. Dicen al receptor cómo puede enterarse del "nuevo valor catastral", que, como es de esperar, habrá sufrido un subidón que me río yo de estramonio o datura, tan de moda. Lo del subidón queda sugerido con elegancia en "procedimiento de valoración realizado por el Catastro". Dejamos todas estas cosas, porque lo que nos interesa es que señala las normas para "acceder" "solo requiere comparecer en la Sede Electrónica del Catastro...., entrar en el enlace Notificaciones de procedimiento de valoración", etc.  Y envían una clave personal.



Accedo. Pero hete aquí que, tras diversas maniobras –no hay certificado de seguridad– no existe ningún epígrafe con ese título entrecomillado y sí otros muchos cercanos por el contenido o por la forma. El redactor de esa circular ha preferido entregarnos la aventura a la certidumbre, porque sin duda se aburre entre cifras y catastros. A partir de aquí lo más adecuado sería cerrar la página y pedir a Antonio García Zarza que se dedique a otras cosas más a su alcance; pero  en este caso el receptor acepta la aventura y pincha en una frase que añade "... colectiva" ¿será o no será?, y escribe su clave (operación hecha tres veces), mi MAC, después de dudar dando vueltas al disco de colores, se va. Fin de la aventura. Después de varios intentos, un mensaje en google me dice que se ha cerrado el servicio "por cuestiones de mantenimiento". Sí, ya se ve: no se sostiene nada de esa costosa sección.
Propongo que a los filólogos que se les ha dejado sin trabajo en los IES se les dé plaza de lo suyo en las delegaciones de hacienda, y que se les pague el estipendio debido con la tercera parte de lo que ganan los senadores y otros cargos de la administración.

lunes, 20 de junio de 2011

Hacienda y la importancia de la letra pequeña

Había pensado escribir otra entrada sobre el libro de Hacienda en el que nos explica cómo hacer la declaración, pero me salía un trabajo casi de final de curso, de manera que les voy a ofrecer, sencillamente, un anuncio de una tienda cercana para que se comprenda la importancia de las excepciones y de la letra pequeña, pues el manualillo en cuestión es un tratado de la excepción unas veces, un divertido recorrido por la vida española actual, que tantas normas se salta, otras. Léanse por ejemplo las páginas en las que aclaran lo que tiene que hacer lo que en algún momento se denominó "familia". Quien redactó aquello hubo de pasárselo muy bien: "....si son parejas de hecho.... si no lo son... si el hijo es menor y vive con uno pero es patria potestad de los dos.... si vive con los dos pero es patria potestad de uno...." Y eso que todavía no han entrado en danza los hijos de los obispos, los matrimonios de tres (los hay), los adoptados de inseminadas artificialmente, etc. Los ciudadanos, que no se atienen a las normas. Con tanto poder judicial y tanto tribunal de toga, copete y sueldo escabroso, y los ciudadanos a lo suyo.
No ha conseguido resolver todos los problemas, se le hace la lengua un lío, al manual, y yo, por ejemplo, no he podido dirimir si mi hijo desgrava o no, forma unidad familiar conmigo o no, si tiene que aparecer en casillas o no.... Se lo preguntaré (al inspector, no a mi hijo), cuando llame mañana porque "un fallo informático" en los datos que me han enviado ha jorobado todo el proceso. Vaya. Y yo que me he perdido la parte más alegre de este 19-j para mandar la maldita declaración. Dos días llevo, dos días trajinando, y todo para rescatar a Grecia y que los bancos alemanes, franceses y alguno que otro español puedan recuperar sus dineros y las cosas sigan como están, es decir, mal. A lo mejor dan los impuestos hasta para pagar la fianza de ese financiero lujurioso francés al que se le fue la mano –otra cosa se le fue, pero bueno– en un Sofitel de Nueva York, sin calibrar que estaba en Usa y no en París, en donde probablemente las camareras francesitas se saben defender ellas solas, y antes de los dineros y las fianzas van las bofetadas. Son historias, historias actuales de fácil moraleja para la formación de nuestra juventud.

El ingenio del anunciante de esta tienda se agotó con el cartel, perla de las contradicciones. Para que luego digan lo de la letra pequeña.

sábado, 18 de junio de 2011

El galimatías de Hacienda y las tomaduras anuales de pelo

NO debe se mucho el par de horas que llevo intentando comenzar, solo comenzar, a hacer la declaración de la renta de este año. Hacienda nos lo va poniendo cada vez más difícil, como los juegos informáticos de mi hijo; esta vez es la segunda tarde que le dedico y ni siquiera he logrado pasar del comienzo, y eso que ya tengo –por vía telefónica de una amabilísima y eficiente señorita– desde hace un par de días un larguísimo número (creo que de 16 cifras), que me han enviado a mi móvil para que todo sea más fácil. Móvil, ordenador, tiempo.... 
Y esta tarde he entrado y me he copiado cuidadosamente las primeras normas mediante una foto fija del MAC. Lo daré todo muy resumidito, para no enmarañar más un asunto tan turbio. 
1) Quiero consultar mi borrador y hacienda me dice:

De manera que vuelvo a la página inicial en donde no hay nada que se llame Portal de servicios personalizados de Renta (que si se busca en google devuelve decenas de páginas, privadas y públicas). Yo suelo corregir a mis alumnos cuando no saben distinguir entre texto propio y texto citado; aquí, como va entre comillas y con color de obispo, parece texto citado. Hay una pestaña que despliega muchos "portales, ¡pero ninguno se llama así! Miren, miren cómo se llaman:


Nanay. Y si busco, canta tangos y me manda a la porra. Es vía muerta con la que no me quiero desviar ahora, aunque lo de Hacienda daría para una veintena de tesis con  premio extraordinario, si bien hechas. Ya empezamos mal, de manera que contraviniendo ese primer paso, voy a seguir lo de "seleccione el ejercicio 2010", que no va como cita, luego será un poco buscar algo semejante, no literal. Encuentro en una de las páginas de inicio que un epígrafe se llama  "Renta 2010" y con el mono que tengo ahí pincho.
La norma es bien clara: "haga clic en Acceder (y esta vez acceder va entre comillas).... "y elija como identificase para acceder a los Servicios de ayuda (nuevas comillas en lo que yo voy poniendo en cursiva). He aquí la página entera, a ver si es que yo no sé ver lo que dice que pone:

No sean quisquillosos, lo de la "accesibilidad" del rinconcito de abajo izquierda (según se  mira) es para discapacidades varias. Y también he ensayo cuatro itinerarios diferentes, pero ninguno lleva a nada, a lo más a un mensaje horrendo de error, que es que me dispara si pincho en los cuadraditos que hablan de "mi expediente" y cosas así:



Luego he intentado el mismo procedimiento en otras páginas y lugares; comentarlo sería jugar a los laberintos. Y son demasiadas horas y días las que los redactores de este inmenso galimatías me han quitado. El lunes, llamaré por teléfono la señorita eficiente y amable y le confesaré, avergonzado, que aun con más de cuarenta años de profesión docente, enseñando Lengua española, no entiendo, no entiendo, no puedo entender lo que los redactores de Hacienda dicen y, lo que me parece más grave, no entiendo cómo nadie de ese ministerio que tantos medios tiene, se molesta por seguir itinerarios simples, sencillos, en los que el lenguaje trasparente e inequívoco nos lleve a la tarea de cumplir con nuestro deber. Porque desde luego en ese lugar, Hacienda, mucha gente hay que no cumple con su deber, si el resultado es ese.
Es decir y resumiendo: no puedo acceder, sencillamente acceder, al borrador y datos de mi declaración. Cuando me accedan, contaré las nuevas perlas, que ya me he hojeado la literatura en los impresos.


sábado, 12 de junio de 2010

el Ministerio de Hacienda necesita expertos en lengua española

Es evidente que los redactores de escritos, impresos, ordenanzas, etc. de nuestro Ministerio de Hacienda necesitan de la ayuda y apoyo de expertos en Lengua Española para salir de los atolladeros expresivos con que se emborrachan y que, a la vez, provocan el desconcierto en quienes tienen que sufrir esos inmensos galimatías. Existe, como quizá en otros campos, particularmente en el del lenguaje judicial, un envenenamiento progresivo de la expresión que intenta ser lo que no es, y busca la precisión léxica y sintáctica en circuitos cerrados, que solo ellos entienden, porque dan por supuesto que términos, expresiones y giros significan lo que ellos quieren y no lo que entiende el común de las gentes. Se produce entonces el curioso fenómeno de un lenguaje críptico cada vez más alejado de la expresión llana. En segundo lugar, se da un peculiar retorcimiento que consiste en volver una y otra vez sobre lo que se ha dicho para castigar matices, tajar connotaciones o excluir entendimientos; de manera que se castiga al destinatario con vómitos verbales para que no entienda como, presuntamente, podría entender.
Y luego existen las genialidades que el ciudadano normal ha de averiguar con muchas horas de esfuerzo y de imaginación, averiguar lo que se barrunta. En la declaración de la renta de este año hay varios productos expresivos dignos de admiración; sea uno. ¿Qué querrá decir realmente "ahorro", palabra la mar de sencilla, cuando entra y sale de sintagmas como el siguiente: "Base imponible general y base imponible del ahorro"? Porque en ningún momento parece conectar el término con lo que entendemos sin más; antes bien parece que se refiere a un campo semántico ajeno. Por si acaso se pensara que exagero, me atengo a la definición explicatoria (p. 54, del cuadernillo que "facilita" todo):  se determina los importes de de la base imponible del ahorro, dice "por medio de un conjunto de operaciones que tienen por objeto la integración y compensación de sus respectivos componentes, conforme a las reglas previstas al respecto en los artículos 48 y 29 de la Ley del Impuesto". Está claro. Si perseguimos el concepto que acarrea lo del ahorro, de dónde viene, las cantidades provienen del patrimonio y del capital mobiliario, con enjuagues bastante alambicados: jugar en bolsa, vender un castillo y cosas así. 


Sería infinito subrayar las ambigüedades y torpezas con las que se persigue al ciudadano normal, al que además, si acude a oficinas, se le pide que entienda la jerga y, si quisiera reclamar... que lo haga en los impresos prefabricados por los propios verdugos. 
Cerraré al menos trayendo a colación la perla final que remata el uso de los "ahorros", en una fórmula especial para trapecistas del lenguaje, que reza (página 12 de la declaración): "Importe del mínimo personal y familiar que forma parte de la base liquidable del ahorro: la menor de la diferencia (679-680) y la casilla 630". No se crean que lo han entendido, ese escorzo de "la menor" lo escribió el diablo, y si se ponen a cavilar sobre la diferencia de qué se habla, se darán cuenta de que quien lo redactó o tenía muy mala uva o estaba momentáneamente cabreado con el mundo. Y lo malo es que la cantidad que te piden condiciona luego todos los resultados.
A ver quién se lo explica. Me darán la hoja de marras... 
¡Y con el paro que hay entre licenciados en Filología Española!