Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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domingo, 10 de noviembre de 2013

.... y el Toledo de Góngora, con una identificación del modelo pictórico


Confieso que he releído a Góngora durante mis últimos paseos por Toledo –en la excelente edición de Antonio Carreira, cuya numeración uso, a veces punteada con la francesa de Robert Jammes–, y que en esas lecturas han sido centrales el soneto al Greco (269), el dedicado al túmulo de uno de los Lermas, el Cardenal Sandoval, en la catedral (307, Esta que admiras fábrica, esta prima....) y, por supuesto, Las firmezas de Isabela, particularmente su III acto, ya analizado por los gongoristas (por ejemplo, por el propio Jammes o por Laura Dolfi).


Toledo aparece por todos lados, no en vano solía ser estación en sus caminos de la Corte al Sur y lugar de monjitas galantes; pero no solo en motivos geográficos –a través de la metonimia del Tajo, casi siempre–, sino también por el sustrato poético de Garcilaso y, de modo más firme y menos poético, por la dependencia o sumisión al poderoso clan de los Lerma, al mecenazgo anhelado (307, 310 y desde luego el Panegírico, 313). Aparte alusiones de todo tipo, la ciudad imperial asoma al final del romance 58 (Ensílleme el asno rucio....) Entre los poéticos, el más lírico es el romancillo 81 de exasílabos: Frescos airecillos, / que a la primavera.... Que pasa a ser romance chusco poco después (¿circa 1590?) en el romance 88: A vos digo, señor Tajo, / el de las ninfas y ninfos..., prolongado en el siguiente, el 89 (Castillo de San Cervantes, / tú que estás par de Toledo....); y contrastado con el 103, un romance-epitafio "En la muerte de doña Luisa de Cardona. Monja en Santa Fe de Toledo": Moriste, ninfa bella, / en edad floreciente.... Epitafio es también el soneto 286, "En la muerte de tres hijas del Duque de Feria" (Entre las hojas cinco generosa....), que rebota en 292. Y en fin epitafio toledano es el madrigal (339) al sepulcro "de doña María de Lyra, natural de Toledo" (La bella Lira muda yace ahora....)


Tonos poéticos pastoriles suenan –¡qué difícil alejarse de Garcilaso!– todavía en el soneto 127 (Verdes juncos del Duero a mi pastora....) Incluso en panegíricos, como el soneto 197 (Los blancos lilios que de ciento en ciento....)
Los panegíricos dirigidos a toledanos, al margen del Greco y Garcilaso, son el soneto (circa 1588) a Luis de Vargas (Tú, cuyo ilustre (entre una y otra almena / de la imperial ciudad) patrio edificio / el Tajo mira en su húmido ejercicio / pintar los campos y dorar la arena....), a Juan Rufo, Eugenio Narbona, Antonio Coloma (412), etc. Aun cuando en casos no se revistan del empaque laudatorio, como el soneto (337) "Al doctor Narbona pidiéndole unos albarcoques que había ofrecido enviarle desde Toledo" (Mis albarcoques sean de Toledo....)

En ese trayecto rápidamente recordado, creo que hay que señalar –no sé si alguien lo ha hecho, la crítica gongorina es abundante, erudita, trabajadora– el motivo de un soneto poco comentado, el 252. Aludí rápidamente a él en la entrada anterior de este blog. Se trata de un soneto a un cuadro de Juan de Acuña, que con bastante probabilidad es el que se expone hoy en una de las salas del piso alto del Hospital de Tavera, en Toledo, y del que lamentablemente no he conseguido más que la mala fotografía, hecha a hurtadillas, en una reciente visita, pues solo se puede ver así, pagando, en grupo y sin fotografías, que tampoco he visto por otros lados. El representado, por lo demás, luce las gafas que se ponen de moda durante los últimos años del reinado de Felipe II, quien las había popularizado a partir de un artilugio que le permitía colgarse los lentes artesanales, con los que despachaba papeles con suma comodidad. Otro resultado evidente de esa moda: el retrato de El Greco al Cardenal Quiroga.


Del Llibro de Reatratos de Pacheco
Nótese, en fin, que don Juan de Acuña no es, no va ser el Conde de Buendía, es su hijo bastardo. Todo lo cual conviene y es fácil de casar con otros datos que aquí no hago más que señalar.

Para un retrato de don Juan de Acuña, Presidente de Castilla, hijo del Conde de Buendía


Este, que en traje lo admiráis togado,
claro, no a luces de hoy lisonjero
pincel, sino de claro caballero,
esplendor de Buendía que lo ha dado;
este, ya de justicia, ya de estado,
oráculo en España verdadero,
a quien por tan legal, por tan entero,
sus balanzas Astrea le ha fïado,
clava serán de Alcides en su diestra,
que de monstros la edad purgue, presente,
y a los siglos invidia sea futuros;
este pues gloria de la nación nuestra,
don Juan de Acuña es; buril valiente
al tiempo lo vincule en bronces duros.

Y he aquí el retrato, del que intentaré obtener mejor copia y averiguar autoría.


Como cita chusca –por su significante literal– aparecen los condes de Buendía en la Fábula de Hero y Leandro (230, vv. 123).