Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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martes, 7 de marzo de 2017

Métrica con muchos puntos suspensivos


Durante estos días dispongo nuevamente los capítulos de métrica dispersos en mi blog para añadir nuevos textos, trabar el conjunto y predicar lo poco que de esto sé, la mayoría de las veces porque me lo suelen solicitar. 
Pasé la jornada ayer en la Biblioteca Nacional de España, pues suelo apoyarme, siempre que puedo, en textos originales, lo que se entiende por primeras ediciones, normalmente al cuidado de los propios autores. E hice lo que pude, porque la BNE, lamentablemente, está cada vez más perdida, inmersa en un ciclo de saraos y festejos publicitarios mientras se deterioran los fondos y se aleja, cada vez más, de lo que hubiera debido ser su auténtica función. Podría citar decenas de casos, pero me basta con algo de lo que ayer consulté: primeras ediciones de libros métricamente muy ricos, tanto, que pocas veces se han analizado desde ese punto de vista: textos de Salvador Rueda, Juan Ramón Jiménez, Villaespesa, los Machado, Reina, Valle Inclán..... de entre siglos, en sus comienzos. 


Uno de los textos que métricamente más me interesaba Baladas de Primavera, cuya primera edición hay que consultar en la sala general –se reparten sin criterio en varias salas, hay muchos en la sala Cervantes: el investigador va de la una a la otra– había padecido la operación de la cuchilla –aunque no se note–, que había arrancado la primera composición ("Dios está azul...."; la que se oye cantada por Lole y Manuel). El libro empieza por la página 15.; pero está también el índice. Lo dije a alguien de la sección. En casi todos los libros que consulté había destrozos y lamentos. Pero ya no me sale llorar.



Consulté ese libro, como Ninfeas, Almas de Violeta, Rimas, etc. porque en él compendia Juan Ramón su sabiduría juvenil como versificador y no he sabido de nadie que recorra el libro señalando lo que pasa métricamente –yo lo hice con Rimas, 1902, en el homenaje a Quilis–; y lo que pasa es de mucha enjundia, ya que destierra el octosílabo en todo el arranque del libro, que asienta sobre eneasílabos, y luego versifica maravillosamente sobre juegos rítmicos, en donde aparecen los decasílabos hemistiquiales, las series rítmicas, las mezclas de versos que parecían incapaces de conjugarse.... Todo el libro está creado como una sinfonía métrica, que espero que ponga en claro una de mis antiguas alumnas, y hoy doctoranda sobre este tema precisamente, Tibi.

Voy a emplear bastante material de este tipo para encarar desidias métricas actuales; ahora me bastará con dos ejemplos meridianos para quien quiera dejarse llevar; pero el lector puede intentar medir los ejemplos de las otras composiciones que reproduzco. 
El poema XIV está escrito en decasílabos hemistiquiales, y esa es la única manera de leer este par de versos en él insertos. El decasílabo hemistiquial, lo mismo que el octosílabo hemistiquial (que también existe, con acento en cuarta) y el eneasílabo –como este– que pasa a ser hemistiquial, no suelen reconocerse, por ejemplo en la ejecución de versos de textos medievales:

"ya nunca vais por la pradera"
"verde de música de la floresta"

de la misma manera que el siguiente no es un endecasílabo, sino un dodecasílabo hemistiquial, como los de Rubén Darío:

"la tarde está azul, serena y dorada"

Y es que me he dado cuenta de que hay que volver a explicar todo desde el comienzo, cuidadosamente, para rehacer el edificio filológico de la métrica.
Las ilustraciones, que ya tenía desde hace tiempo (estoy preparando ediciones de Antonio Machado, que andaba por allí, con sus escarceos métricos también), son siempre de primeras ediciones, como he comentado: 











miércoles, 1 de febrero de 2017

Una historia de la Métrica medieval

Entre las muchas entradas de este blog, al menos medio centenar se dedican a la Métrica, en un proceso de renovación y actualización de una Métrica, publicada al alimón con dos de mis antiguos colaboradores en la BNE. Los lugares más discutibles de esa Métrica han aparecido, por lo demás, en varios lugares, por ejemplo aun recuerdo una comunicación sobre el verso libre en el congreso de la AIH de Nueva York, o sobre los alejandrinos en la AIH de Buenos Aires.... en esos casos, como en otros, la redacción final se publicaba, sea en este mismo blog, sea en revistas especializadas (como VOZ Y LETRA o RHYTHMICA), sea a modo de reseñas (como las de la RFE), etc. Suele ser buena costumbre familiarizarse con lo que se está trabajando en un campo de investigación o estudio. Es un modo de proceder que permite avanzar y no discutir demasiado lo que ya se discutió, o se resolvió. Si alguien se va a historiar lo que ocurre con los alejandrinos –es un verbo y gracia– tendrá que conocer lo que yo llamo "la batalla de los alejandrinos", que alcanzó el fragor de los años finales del s. XIX y comienzos del s. XX, y que explica, por ejemplo, un par de variantes de la poesía de Antonio Machado, quien difícilmente pudo escribir lo que la leyenda dice que fue su último verso ("Estos días alegras y este sol de la infancia"). De modo y manera que el filólogo, pertrechado de las nuevas herramientas y conocimientos de la investigación, por ejemplo situando perspectivas distintas (métrica teórica, acústica, fonológica, de ejecución oral, preceptiva, etc.) pueda progresar en el avance de du análisis y, por tanto, de su conocimiento.
La Métrica recién aparecida, que supera en más de doscientas páginas el millar, cubre un inmenso campo histórico, en el que incluso se han rebuscado rincones y se ha buscado aplicar el módulo Métrica a todo lo que asomó por escrito o de lo que se tuvo noticia; y además está editada o controlada por uno de los filólogos más reputados, un medievalista competente, realmente extraordinario, Fernando Gómez Redondo, al que acompaña un puñado de investigadores envidiables.


En este párrafo final aparecerá el "sin embargo", que enhebra con el primero, cuando aun estoy dando un repaso a una segunda lectura, mucho más detenida, para reseñar la obra. He buscado justificación al "sin embargo" por el que no se han manejado, digamos, contribuciones tan interesantes como las de Piera o la demoledora de García Calvo, aun sea para el vade retro. Y creo que he encontrado la justificación, bueno, una razón del apartamiento: se ha dado tal prioridad a la historia que el mamotreto –en sentido recto y literal del término– se ha convertido en un almacén taxonómico en el que se acumulan y ordenan los datos históricos, quizá sin buscar las líneas casuísticas que por detrás se mueven.
No debería quejarme: en la reseña al capítulo de Piera (en Meter in Poetry, en la RFE) concluía que quizá la única razón final de la Métrica era la histórica. 
Sigo leyendo.

martes, 31 de enero de 2017

La Métrica de Masdeu, edición en Clásicos Hispánicos

Clásicos Hispánicos acaba de colgar en su güeb la Métrica de Masdeu, de la que damos algunas muestras:




jueves, 14 de marzo de 2013

MÉTRICA


Esta es una entrada de tipo docente, en la que aprovecho la funcionalidad del post

En algunas de las clases de la UAM hemos atravesado el campo de la Métrica clásica, que a mucha gente le resulta árido, y hemos ensayado brevemente con versos, sobre todo de Garcilaso, aunque también hemos leído odas luisianas y vamos a terminar en Lope, Góngora y Quevedo. El breve curso que este año enseño no da para más.
Las dificultades de trabajar sobre aspectos métricos más allá de los rudimentos escolares ha ocasionado que algunos alumnos me hayan pedido bibliografía añadida, completar el campo. Una métrica relativamente reciente –que publiqué con dos personas excepcionales, Elena Varela y Pablo Moíño– está agotada y, además, había entrado en talleres, donde la estaba remozando y dando a conocer, a través de post en este blog.
De modo que he vuelto a ese lugar para ir recopilando tales revisiones, que tuvieron un primer índice y luego he seguido puliendo. Es posible que alguna se haya quedado perdida. Las recojo, las ordeno y las publico de nuevo, con un orden sugerido para que sean las más importantes las primeras y las más fronterizas las últimas.

No soy muy partidario de bibliografías prolijas a estas alturas docentes, de manera que me ciño a un Diccionario, el Manual de marras, un libro actual de teoría métrica general; otro muy extenso de métrica romance (italiana), con incursiones frecuentes a la española;  y el enorme tocho sobre la materia de García Calvo. En los cinco casos aconsejo una consulta prudente y ocasional.


Aldo Menichetti, Metrica italiana. Fondamenti metrici, prosodia, rima; Padova: Antenore, 1993.
José Domínguez Caparrós, Diccionario de Métrica Española, Madrid: Alianza, 2004 (2ª ed. 2001)
Agustín García Calvo, Tratado de rítmica y prosodia, y de métrica y versificación, Zamora: Lucina, 2006. 1691 págs.
Nigel Fabb, Morris Halle, Meter in Poetry. A New Theory, wiyh a chapter on Southern Romance meters by Carlos Piera, Cambridge: CUP, 2008.

Índice de los temas de métrica en este blog

Componentes y estructura del verso

La determinación del ritmo

Verso libre (3)


Versículos

Series rítmicas

OTROS ASPECTOS
Análisis métrico de una poesía actual

TEMAS RELACIONADOS
Invitación a la música del verso

La poesía de David Coll

César Vallejo y los sonetos

Disonancias

Cuestiones de métrica histórica

Métrrica y revolución









miércoles, 6 de febrero de 2013

Entre Métrica y Poesía



Ayer me ha llegado un libro –el de la ilustración, de David Coll– que tiene la particularidad de ensayar unos 160 tipos de composiciones métricamente distintas, con un tono poético muy marcado, que se percibe ya en el título, algo exagerado y dramático. Ofrezco el índice en donde se señalan las distintas composiciones.
No le viene mal al poema, al verso, de vez en cuando ese gesto hiperbólico de quien hace algo con su lengua natural que no es la comunicación fluida y simple, sino aquella en la que se quiere imprimir el marchamo de "literaria". El modo de escribir literariamente varía, como todo, según lugares y épocas; en la actualidad, entre nosotros, se lee o el tono clásico algo remilgado o la vanguardia desesperada a la  búsqueda de nuevos modos de expresarse o la ironía postmoderna, todavía. He aquí un modo que exacerba lo primero y que utiliza para ello un camino propio y bastante lógico: el de la técnica de la métrica, es decir, el camino más difícil. Lectores tendrá a quienes repela y otros que se entretendrán en las filigranas de cada poema, y en muchos casos, en la música que acompaña. Es difícil lograrla de modo tan sostenido como nos ofrece este libro.
No puedo comunicarme con el autor –que tuvo la gentileza de enviarme el libro–, pues he perdido una hojita que acompañaba, en donde creo que estaba su correo. Le felicito a través de mi blog.
Haría comentarios "técnicos" a muchos aspectos, esencialmente a la poesías que elabora sobre plantillas de dodecasílabos y tridecasílabos, con curiosas indeterminaciones y problemas, que están tratadas en este blog, por cierto. Y remitiría a Sinibaldo Mas o a Benot, los don grandes antecesores –sobre todo el primero– de su empeño por recorrer un camino poético-musical.
Un último elogio: el aliento poético, la inspiración, la entrega a la tarea, está en cada rincón de este libro.




lunes, 21 de enero de 2013

La batalla todavía no perdida del verso libre. Flautas desechadas


Me ocurrió en un congreso de hispanistas (de la AIH) que se celebró hace poco, en Nueva York, en donde yo peroraba sobre el verso libre, porque estaba terminando una Métrica y quería contrastar algunos aspectos, los peor tratados, los más controvertidos. Me encontré con una sorda resistencia del escaso auditorio, que afloró finalmente en el argumento de que los contradictores parecían creer de verdad que, así como existe un pentasílabo o un alejandrino, existía un verso "libre"; y era inútil preguntar sobre su medida y su ritmo porque, me contestaban, era libre. Tampoco querían discutirme ejemplos concretos.


Más tarde, como es obvio, expuse e intenté aclarar –en aquella Métrica sustancialmente, aunque también en otros lugares– que lo de verso libre no se basa en el análisis de versos concretos de tal o tal versificador, sino en la actitud que asume el artificiero al despreocuparse del metro y dotar al verso de un solo elemento formal: el final gráfico de renglón, si escrito; la pausa oral, si leído o recitado, en ambos casos, aunque no haya justificación sintáctica que lo pida. Defendido con otro argumento más simple y desde otra perspectiva: cualquier verso necesita apoyarse en un ritmo (no puede ser no pronunciado o no escrito) y, si verso es, es decir, si termina a su derecha según se mira sin razón de margen físico, posee al menos un rasgo que lo naturaliza como tal, frente a la prosa.
Admitir esa apreciación tan sencilla significa sencillamente que no existe el "verso libre" tal y como se admite como un modo de aparecer cada verso en un poema versificado.
Hay que añadir un considerando, que está sólida y profusamente explicado por A. García Calvo, en su tratado de rítmica, del que ya hemos dado razón en varias ocasiones. El profesor de latines señala que es mejor distinguir entre ritmo (que siempre se da) y metro (cuando se le somete a número u orden), puede que con términos medios. En efecto es imposible aparecer hablando o escribiendo al margen del ritmo. Es posible marcar el ritmo con todo tipo de elementos; pero también es posible reducir esos elementos que marcan el metro a lo mínimo, como hemos dicho, por ejemplo a solo marcar el final de un segmento (el final del verso).

La aparición del verso libre ocurre –al margen de polémicas nominales e incluso nacionales– muy a finales del siglo XIX y durante los primeros años del XX. Yo mismo he señalado que, entre nosotros,  fue Juan Ramón –posiblemente confabulado poéticamente con Villaespesa– quien ensayó esa modalidad como una más en Rimas (1902). Mi buen amigo y colega Mario Hernández me señaló hace tiempo que durante aquellos años Clarín lo usaba en sus sátiras periodísticas.

Vuelvo a darle vueltas al tema, porque dentro de unos días comenzaremos una asignatura en la Universidad Autónoma de Madrid, que se llama "Escritura creativa", titulillo que no tengo ni idea de quién lo ha inventado ni con qué idea en ese lugar tan extraño que es mi universidad, pero que debe de apuntar a la creación, no solo escrita, claro. Una de las cosas que de vez en cuando los más jóvenes me suelen entregar son muestras de su quehacer literario, en ocasiones poesía en verso; si les pregunto después de la primera lectura sobre su intención, su función, su formato, etc. casi siempre a la última referencia me contestan que es "verso libre".


– ¿Lo has elegido como apropiado para lo que quieres decir o hacer?
– Sí, no me suelo preocupar de ese aspecto, es libre.
– Pero, ¿sabes en qué consiste que sea verso libre?
– Pues eso, libre, espontáneo, lo que sale sin más.
– ¿Sabrías expresarte en otra modalidad distinta?
– La verdad es que no me lo he planteado.
– Entonces al menos no es libre en el sentido de que lo hayas elegido para expresarte libremente. En realidad no lo has elegido: es la única modalidad que conoces. No has elegido. 

Por más que volvamos a darle vueltas a esta curiosa cuestión, me gustaría terminar este post con un análisis métrico de un poema en verso libre, "A mí", de Oliverio Girondo (En la más médula, 1956-1963):

14     Los más oscuros estre / mecimientos a mí   2.4.6 + 3.6
12     entre las extremi/ dades de la noche             1.5 + 1.5
9       los abandonos que crepitan                            5.8
9       cuanto vino a mí acompañado                       3.5.8
10     por los espejismos del deseo                          5.9
11     lo enteramente terso en la penumbra             4.6.10
11     las crecidas menores ya con luna                   3.6
17     aunque el ensueño ulule / entre mandíbulas transitorias   7 + 10
14     las teclas que nos tocan / hasta el hueso del grito        2.6 + 3.6
14     los caminos perdi/dos del llanto en la tierra                 3.6 + 3.6
14     la esperanza que espera / los trámites del trance          3.6 + 2. 6
17     por mucho que se apoye en /las coyunturas de lo fortuito     7 + 10
14     a mí a mí la plena íntegra / bella a mi hórrida vida               2.4.6 + 1. 3. 6

En el que se conjugan todos los elementos –o casi todos– característicos del llamado versolibrimo. Los versos tradicionales que aparecen, el endecasílabo suele ser un buen termómetro, son un sáfico y un melódico perfectos. Casan bien con los alejandrinos, que son modernos, es decir, se permiten palabra puente que cruza la zona de final de hemistiquio. Como el poeta va tomando versos sin remitir o intentar un poema de ritmo único (todo alejandrinos, por ejemplo) o ritmo armónico (una silva de alejandrinos, endecasílabos y heptasílabos, por ejemplo), aparecen también versos de 9 y 10. En un determinado momento el verso libre puede alargarse a versículo, como en los dos casos de versos de 17, que por cierto fue uno de los metros ensayado por los modernista (recuérdese el soneto Venus de Ruben Darío).
Resulta el más "libre" o extraño de todos el dodecasílabo, que podría ensartarse en una serie hemistiquial de 1.5 + 1.5 o ejecutarse de otras maneras; es decir, es el más alejado de la tradición ritmica, muy avanzada, que hereda Oliverio Girondo.
Perto todos los versos tienen su ritmo, mayoritariamente un ritmo tradicional o biensonante, por cierto: eso sí, el poeta no le ha hecho ascos a las novedades (palabra puente entre hemistiquios) y no ha cuidado que en su conjunto armonicen a modo tradicional, en cada caso ha elegido libremente el verso que le convenía. Y a eso es a lo que se llama versolibrismo, nacido por un exceso de armonía, un exceso de flautas, posiblemente, justo en los momentos en los que Rubén Darío convertía muchos de sus poemas en conciertos. ¿Tendrá que ver? ¿Será una revuelta contra el exceso de flautas? El más sesudo de todos los poetas castellanos, sin embargo, Unamuno, intentó (desde 1907) orquestar con flautas los miles de versos a los que se dio, con resultados muy desiguales.

En la poesía actual se destruyen casi siempre las flautas, casi siempre, ¿eh?

El post va ilustrado con unas cuantas flautas desechadas, de entre las que obtuve para la cubierta de un libro reciente. Tanta flauta compensa, con su música, las posibles disonancias del verso libre.


lunes, 14 de enero de 2013

Hemistiquios (II), Métrica


Así pues, lo normal es encontrarse con versos hemistiquiales –poesías escritas sobre ese molde– a partir de los versos dodecasílabos y hasta los hexadecasílabos; aunque el territorio se puede explorar, como vimos, desde cierta variedad de los decasílabos y también a partir de versos por encima del de 16, como vamos a ejemplificar enseguida con este ensayo de Rubén Darío –Venus, de Azul...– claramente 7 + 10, que no se han dispuesto linealmente –es probable que sonaran mal– sino precisamente para que cada verso se componga de esa unión:

En la tranquila noche, / mis nostalgias amargas sufría.
En busca de quietud / bajé al fresco y callado jardín.
En el oscuro cielo / Venus bella temblando lucía,
como incrustado en ébano / un dorado y divino jazmín.
A mi alma enamorada, / una reina oriental parecía  
que esperaba a su amante, / bajo el techo de su camarín;
o que, llevada en hombros, / la profunda extensión recorría,
triunfante y luminosa, / recostada sobre un palanquín.
“¡Oh, reina rubia! —díjele—, / mi alma quiere dejar su crisálida
y volar hacia ti, / y tus labios de fuego besar;
y flotar en el nimbo / que derrama en tu frente luz pálida,
y en siderales éxtasis / no dejarte un momento de amar”.
El aire de la noche / refrescaba la atmósfera cálida.
Venus, desde el abismo, / me miraba con triste mirar.

Rubén suele gustar de esa conjunción de hemistiquio esdrújulo + otro de final agudo:

forma un joyel artístico, / prodigio del buril.
con aire cinegético, / o en grupo pastoril.
blandiera el brazo de Hércules, / o el brazo de Sansón.

En Azul  también se encuentra la otra posibilidad, la de los dodecasílabos, que Rubén Darío ensaya en su modalidad  más sonora, la de la seguidilla: 7+5:

En su país de hierro / vive el gran viejo,
bello como un patriarca, / sereno y santo.
Tiene en la arruga olímpica / de su entrecejo
algo que impera y vence / con noble encanto.
Su alma del infinito / parece espejo;    [5]
son sus cansados hombros / dignos del manto;
y con arpa labrada / de un roble añejo,
como un profeta nuevo / canta su canto.
Sacerdote que alienta / soplo divino,
anuncia, en el futuro, / tiempo mejor.  [10]
Dice al águila: “¡Vuela!”; / “¡Boga!” al marino,
 y “¡Trabaja!” al robusto / trabajador.
¡Así va ese poeta / por su camino
con su soberbio rostro / de emperador!

En la que es más frecuente que el poeta no tenga que forzar la sinafía entre hemistiqios, evitando que el primero acabe en vocal y con otra abierta comience el segundo:

En humilde caja, / no lira arrogante
no esperéis que cante
de los altos héroes / la inmortal pasión.
Es su voz endeble / y algo quejumbrosa.
En ella reposa, /
con tranquilo sueño, / la vieja canción.
.......   
(Ricardo Gil, La caja de música)

Se verá además que la sextina quiebra a seis, es decir al ritmo de un hemistiquio.
La herencia del "Cendal flotante / de leve bruma" becqueriano, decasílabos hemistiquiales, dejó huella en las generaciones siguientes, por ejemplo en el mismo Rafael Gil. Es necesario que el decasílabo lleve acento de ritmo obligatoriamente en cuarta sílaba:

Entre las hojas / de un libro viejo
guardo unas flores / viejas también;
flores y páginas / amarillean
y en unas y otras / suelo leer....
(Ricardo Gil)

Con otra vez ese regusto por la mezcla de finales esdrújulos + agudo:

rumor de lágrimas / y oscuridad

que de no insertarse en una serie de ese ritmo –allí aparece– podría ejecutarse como endecasílabo vacío (2.4.10). ¿Habrá que recordar –es uno de los viejos postulados de García Calvo– que una cosa es la prosodia y la gramática y otra el ritmo? Los modernistas y los poetas regionalistas gustaron de ese ritmo del decasílabo o del ritmo de los viejos cantos (3.6.9) cuando no era hemistiquial:

Con el vago ropaje que vistes   
y que toma el color del deseo... (R. Gil)

y de ese modo tan musical recuperaron para la poesía en verso un metro que poco se había traído a versos, como hizo Darío en "Cisnes, III) por ejemplo, dactílicos a los que pertenece este aparente endecasílabo (4.7.10) de gaita gallega, inserto en una cadena rítmica de hemistiquios pentasílabicos: 

para las águilas / toda la gloria

Poema en el que no falta alguna diablura del poeta, que coloca una palabra larga ocupando el cruce de hemistiquios:

sonaban alter/ nativamente

Cuando el decasílabo va por libre, es decir, se inserta en series de versos de ritmo no uniforme –que eso es el verso libre– puede aparecer indistintamente de una u otra manera, como en los dos primeros versos del primer poema de Trilce, de César Vallejo:

quién hace tanta bulla, y ni deja  4.6.9  o 1.4 + 1.4
testar las ilas que van quedando  2.4.7.9  o 2.4 + 2.4

Pero todo eso nos lleva a la casuística del decasílabo, de la que hablaremos en otro momento.
Nos queda por reseñar la aparición de versos hemistiquiales que son al mismo tiempo cadenas rítmicas, como así ocurría con las viejas coplas de arte mayor, que se construyen sobre dos hemistiquios, cada uno con al menos una secuencia rítmica óoo. Lo que se ha vuelto a escribir, a partir de Darío al menos –existe toda una monografía de Domínguez Caparrós sobre ese ritmo.

El cisne en la sombra / parece de nieve;  2.5 + 2.5
su pico es de ámbar, / del alba al trasluz;    2.5 + 2.5
el suave crepúsculo / que pasa tan breve   2.5 + 2.5
las cándidas alas / sonrosa de luz.   2.5 + 2. 5    

Habrá un tercer post que completará todo lo relativo a hemistiquios.