Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.
Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno
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miércoles, 3 de abril de 2013
lunes, 1 de abril de 2013
El alivio de los tururús
| El silencio |
| La Esperanza de Triana |
| Segundo paso de la cofradía del Silencio |
Empecemos por algo muy sencillo: respetar los hábitos, las costumbres, los modos de vida de gentes en lugares distintos a los nuestros o con modos de pensar diferentes; y que la crítica no se manifieste nunca desde una perspectiva imposible, que desfigura la realidad obligatoriamente. Es decir: ir, dejarse llevar, mirar, intentar comprender, no hacerse el listo constantemente, tener paciencia.

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| Procesión en la Catedral |
La penitencia alcanza el grado supremo cuando los sevillanos proclaman el momento principal de la Semana Santa –la salida de la Macarena, el paso del Cristo de los Gitanos....–: miles de personas se desplazan por calles y plazas hasta colmar todo un barrio y allí esperan la llegada de la procesión, a veces detrás de una fila de treinta o cuarenta hileras, desde donde solo se distinguen los capirotes de los nazareno y el movimiento de marcha del paso, con sus reposos y ascensos, que se suelen aplaudir.

El público, al lado, suele entender y explicar. He visto más sevillanos que extranjeros; y también españoles de otras latitudes, entre los que era fácil de distinguir una colonia de catalanes. Eso sí, entre los tururús me ha parecido ver que hay damas; de hecho me enamoraron los gestos, los ojos y actitudes de esta nazarena que se sujeta el capirote por encima de la boca.
Me parece evidente que no se puede captar, entender, explicar un fenómeno tradicional como el de la Semana Santa con un par de alusiones más o menos graciosas, acertadas o frívolas; probablemente la cantidad de reflexiones en torno a la Semana Santa –la sevillana, por ejemplo– anularía cualquier intento de originalidad.
Hay un sin embargo importante que asumir y que arriesgar: cada uno de nosotros y en cada momento hemos de asumir desde nuestra insignificancia lo que nos ofrecen o lo que se produce, y tenemos derecho a hacerlo espontánea y naturalmente, guardando siempre cierto respeto a la historia. De hecho, yo he viajado con relatos muy antiguos en la mochila, que he contrastado con Ponz (finales del siglo XVIII), y he repasado algunas monografías sobre el libro sevillano o sobre la pintura del barroco; no está mal algún tipo de información. Permanece el sin embargo: ir, mirar, ver, experimentar, dejar que nos expliquen o nos informen.... y juzgar. Vivimos ahora.
Termino con otra acuarela alusiva, de García Rico, también de la exposición del Museo de Bellas Artes; y con uno de los rincones con mosaicos de la Plaza de España consagrados a Sevilla, aunque eso no me eximirá de recoger en un post una muestra adecuada del arte del azulejo.
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Semana Santa. García Rico,
Sevilla
domingo, 31 de marzo de 2013
De Machado a la gitana de García Ramos, pasando por Bécquer
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| 1912 es el año de la publicación de la primera edición de Campos de Castilla |
las ráfagas de febrero.
No duermo por no soñar.
| De los Reales Alcázares de Sevilla |
Los tres versos anteriores son una de las muchas soleás que Antonio Machado escribió o dejó que escribieran sus apócrifos, sobre todo en los años finales; su forma métrica más pura es la de un tercetillo aba, que a veces se mezcla con seguidillas, coplas y otras variaciones propias de cantares andaluces, de cuya gracias y sonoridad probablemente nunca se desprendió.
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| Palacio de la Dueñas |
| Patio del Palacio de las Dueñas |
La placa municipal del palacio de las Dueñas –que entonces estaba convertido en viviendas– recuerda que allí nació el poeta; sus versos recuerdan que allí jugó.
| De la exposición de azulejos de los Alcázares Reales (del s. XVI) |
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| Lápida en recuerdo de Blanco White |
Bécquer tiene su monumento poético en el parque de María Luisa, un grupo escultórico muy apropiado, debida y románticamente acotado por la verja de hierro y con unos cuantos bancos también de hierro para recordar rimas y leyendas: las tres mujeres debajo del busto representan al "amor que va a pasar, el amor que pasa y el amor que ha pasado".
Monumento reconocido y visitado, como también el palacio de las Dueñas, estos dos poetas y los de los clásicos y eruditos, que atiborran los nombres de las calles (Argote de Molina, Luis Montoro, Rodríguez Marín, etc.) no deben dejarnos olvidar otros nombres y lugares más recónditos que también pertenecen a esta ciudad: la trama de "La hermana san Sulpicio", de Armando Palacio Valdés; Blanco White, exiliado y muerto en Liverpool; y un Cernuda bastante repetido en rincones y citas, a pesar de su rechazo vital de la patria lejana.
| Uno de los rincones en donde se recuerda Cernuda |
Algunos otros parecen haberse perdido en la memoria, aunque hayan dejado restos tan logrados como el de esta glorieta (en los Reales Alcázares) con azulejos pintados por García Ramos, del que hay una exposición abierta en el Museo de Bellas Artes.
De donde se nos ha venido esa graciosa gitana con su silla– para cerrar nuestro paseo.
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