Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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martes, 13 de septiembre de 2011

Paseos por Madrid (Alcalá esquina Marqués de Cubas)



Una esquina muy especial del Madrid actual es la que, en el metro de Banco, forman el Círculo de Bellas Artes, con la librería y el teatro debajo, frente a la nueva ubicación de la librería Blanquerna, la estupenda librería catalana (antes estaba en la calle Serrano, cerca de la Puerta de Alcalá), en un lugar desde donde se mira –en la acera de enfrente– la también nueva ubicación del Instituto Cervantes, sede central que fue del Banco de Bilbao y, un poquito más arriba, con su facha rosada, la parroquia de san José, la vieja parroquia de san Hermenegildo, reflejada en el cuadro de Antonio López.

La historia de esos lugares es tan rica que no se puede contar fácilmente. La calle Marqués de Cubas, que emboca allí a la de Alcalá, sube hasta el Congreso y cada edificio mantiene un recuerdo. La acera de enfrente de la calle Alcalá ha visto pasar toda nuestra historia y otras muchas cosas (allí estaba el teatro Apolo, por ejemplo).
Antes de reiniciar las entradas sobre el Madrid histórico he querido otear desde esta esquina en lo que se ha convertido el Madrid histórico, que reproduzco, como siempre, a través del Texeira. Quien quiera puede hacerlo subiendo a la azotea del círculo de Bellas Artes (dos euros), merece la pena.

Las ilustraciones que he recogido son de dos de los lugares mencionados: la terraza del Círculo de Bellas Artes y la librería Blaquerna. La tercera muestra la facha del café Gijón, el viejo café literario, milagrosamente vivo y acogedor todavía, cuando uno se dirige desde esa esquina, por Recoletos, hacia la Biblioteca Nacional. Mis lectores hispanoamericanos, que ya son muchos, me lo han  preguntado: se puede comer barato y muy bien el "menú" diario arriba (11 euros), del que no conviene salirse ni para pedir café.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Los callos de Christopher, en el Gijón

A veces, cuando trabajo en la Biblioteca Nacional, salgo a comer al café Gijón, el de abolengo literario, que continuá siendo un sitio respetable y bullanguero, donde se almuerza razonablemente bien un menú madrileño de 12,50 euros, de los de toda la vida. Como hoy me he encontrado con mi colega y amigo bostoniano Christopher Maurer, nos hemos escapado al Gijón; yo, helado de frío, y él, a cuerpo gentil,  disfrutando de los dos grados de Madrid, con sol, que se le antojaban casi casi primaverales. 

Venía yo del Casón del Prado, que no había visitado desde hace muchísimo tiempo –es el viejo Coliseo del Buen Retiro, que ha pasado por constantes transformaciones– a donde había ido a la caza y captura de tres documentos histórico-literarios fundamentales para mí: (1) el famoso e inencontrable retrato que Guido Boloñés, Guido Reni, hizo del III Duque de Osuna y al que Quevedo dedicó un soneto. (2) Papeles, obras  dibujos, procedencias de obras de Alonso Cano, para completar mi investigación sobre el busto de arcilla o terracota de la BNE. (3) El retrato que del III Duque de Osuna hizo Bartolomé González, y del que Gabrielle Finaldi –subdirector del Prado– dio noticia en el 2004, como estante en "private collection". De las tres cosas he ido dando noticia en este cuaderno y las tres habrán de ser rematadas a no mucho más tardar.
Lo que sí que me ha impresionado y sí que quiero añadir ahora es la comodidad, acierto, calidad, etc. de la sala de lectura que me he encontrado, de la que ya tenía indicios a partir de la admirable exposición –y correspondiente página– que de la Libreria del Museo del Prado han montado en el Retiro. Invito a que se visite la güeb "marcas tipográficas," que lleva Carlos Fernández, para que el paseo sea completo; y este otro enlace:
http://marcasdeimpresor.blogspot.com/2010/10/bibliotheca-artis.html:

Madrid tiene, en estos momentos, una serie de sedes maravillosas para poder trabajar cómodamente, no solo con recursos, sino en lugares extraordinariamente atractivos para el investigador: a la propia Biblioteca Nacional, la municipal Joaquín Leguina, el Ateneo... y demás, muy conocidas, puede añadirse la del casón del Buen Retiro, en donde se trabaja bajo la cúpula que pintó Lucas Jordano, asistido por un personal competente y amable.¡ (¡muchas gracias, Yolanda!).

Del Prado hube de ir a la Biblioteca Nacional, exactamente al Museo, en donde recibí asistencia y simpatía de quienes lo llevan (¡gracias Gema y Mercedes!) y seguí atesorando datos y circunstancias, con las que ya tengo casi finalizados al menos dos de los caminos de la investigación enunciados antes. Pude, además, ver el viejo retrato de Quevedo –es copia del de Velázquez– en un despacho; pasé por el archivo, en donde Enrique Pérez Boyero me está ayudando a encontrar las papeletas de compra de los objetos que me interesan; y terminé en larga conversación con mi buen alumno y colaborador Víctor Sierra, que va a empezar a editar –bajo mi supervisión– el códice Daza, el extraordinario autógrafo de Lope que la BNE compró el año pasado y que, como ya anunciamos entonces, ha estado transcribiendo y estudiando durante todo este tiempo. Me dice que la RAE piensa publicarlo también en facsímil y con transcripción enseguida. Extraña tarea la de duplicarlo, máxime cuando llevamos casi quince años intentando conseguir que alguien trabaje sobre la poesía de Lope de Vega, para cuya entrada en el Diccionario Filológico no encontramos a nadie (ni dentro ni fuera de España) y la tuvimos que hacer nosotros; de nuestro grupo salió, por lo demás, hace una docena de años, el único trabajo –una tesis doctoral– sobre el tema. Incordios serán de glorias pegadizas.


En fin, después de tanto ajetreo, vuelvo al comienzo, bien se comprenderá que en el Gijón nos decidiéramos por un menú cargado y castizo. Mi colega bostoniano se pidió los "callos con garbanzos", y así, más relajados, tomé una instantánea, en la que me he decidido más por los callos y los pimientos rellenos –era mi primero– que por nuestras nobles figuras, un tanto ajadas ya.


martes, 1 de junio de 2010

De la indignación a los Sueños. Almuerzo en el Gijón

Vengo de la indignación, y no es bueno pasar de la indignación directamente a la escritura, porque las órdenes del cerebro sanguíneo no se temperan al descender por las venas hasta las yemas de los dedos que teclean. Estaba terminando de ver la peli de la dos, que me había enganchado mientras tomaba una ensalada, "Cuatro minutos", sin  cortes y con la suficiencia que la 2 insufla a sus espacios; es peli con ribetes musicales conocida (la reclusa adolescente que sabe tocar el piano maravillosamente, la vieja profe lesbi, el concierto final...) Pues después del concierto final –triunfante, claro– cuando esposan a la reclusa para devolverla a prisión y aparecen los créditos... nuestro canal "culto" y pretencioso corta los créditos y pasa a otro programa, para que nadie se entere, verbo y gracia, de cuáles eran las piezas interpretadas, por qué pianista y con qué orquesta, etc. Indignante. Pido la dimisión del director de radio televisión española. Pido la dimisión del Obispo de Coria, pido la dimisión  de Zapatero, la dimisión de mi querido y viejo colega Ángel Gabilondo, ministro de educación, pido la dimisión de la cámara baja y de la alta. 

 Si la indignación no me hubiera arrojado con tanta agresividad verbal hacia el teclado tenía pensado anunciar la aparición de un nuevo y valioso manuscrito de los Sueños de Quevedo, con cuyo motivo nos hemos reunido a comer en el Gijón (veníamos de la Biblioteca Zabálburu e íbamos a la Biblioteca Nacional) José Luis Rivas, presidente de la fundación Francisco de Quevedo en La Torre de Juan Abad, mi admirada quevedista Diana Eguía y yo mismo, claro. 
José Luis Rivas está reuniendo pacientemente textos y documentos de Quevedo para llevarlos a La Torre, de donde es oriundo, a la fundación del escritor. Allí 
se encuentra ya el legado que compró hace más o menos un año a uno de los descendientes de don Francisco, de la rama de los Mendizábal. Anda José Luis en tratos con los herederos de los Fernández Guerra y Luis Valdés, que poseen otro importante fondo documental, que ojala se decidan a ceder en los mejores términos para la fundación; y hasta me ha engatusado para que yo le entregue mi propio fondo documental, que a decir verdad es muy, muy rico. Diana Eguía, que trabaja sobre los autógrafos de Quevedo, es editora de la revista Manuscritcao y, a pesar de todo eso y de otras cosas semejantes, es una chica muy normal; está catalogando mi fondo, a donde han venido a parar papeles de Felipe C. Maldonado y de su hijo Felipe C. Camarero, algunos enviados por James O. Crosby –viejo colega quevedista, ahora en Florida–, los más entregados en manos por Felipe C. Camarero hace unos diez años. No hace falta que se entienda este galimatías documental, baste con que se sepa que, mientras discutíamos sobre cómo se hacen unas buenas pechugas escabechadas, muy socorridas ahora que llegan los calores (se conservan unos 20 días en el frigo), íbamos consolidando un gran archivo documental sobre don Francisco. Ya ven como en ese contexto es natural que salga un manuscrito nuevo de los Sueños, estudiado y valorado por Diana, quien alguna nota más erudita publicará para los especialistas, porque los Sueños, (¡ay los Sueños y si solo fueran los Sueños!,) no se crean ustedes que tiene edición definitiva. Definitivo, definitivo en esta vida poco hay.

He pensado que podía ilustrar esta nota, no con una fotografía de Ángel Gabilondo dimitiendo, perseguido por funcionarios hambrientos –ya vienen los nuevos sueldos–; o con la directora de radio televisión española escuchando cuatrocientas veces el festival de eurovisión; o con zapatero y rajoy cogiditos de la mano canturreando el comienzo del concierto en La menor de Schumann, que es uno de los créditos hurtados en la peli...; no, no, aunque la tentación bien grande es, a ilustrarla voy con un retrato desconocido de Quevedo y con unas instantáneas que nos hizo una japonesa en el Gijón creyendo que éramos gobernadores del banco de españa, porque así se lo insinué yo al oído, para ver si luego había oportunidad de seguir la velada con sus ojos rasgados. No la hubo, porque nos vio racanerar con el café, que en el Gijón es carísimo, cuesta casi medio menú.
Y termino. Pero no quiero terminar así, con el pobre Gabilondo en deshilada, de modo que les voy a presentar a Lope de Vega y a Quevedo, reunidos en la BNE, ocultos bajo la sabia apariencia de Víctor Sierra, que anda descifrando el códice Daza, y de Diana Eguía enamorada del ductus caligráfico de Quevedo, de cuyos autógrafos nos entregará un valioso trabajo. Su aparición frecuente en este cuaderno es un signo de cariño y aprecio, como en los índices de audiencia, que tengo que aprender a manejar conmo lo hacen en la TV. Ocho millones, eurovisión. Ya se ve lo que pasa. Ya se ve lo que significa. Mañana, para compensar, les hablo de la feria del libro en Madrid.


Recuerden, sin embargo, que he pedido la dimisión de la directora de radio televisión española.