Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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martes, 1 de julio de 2014

Los primeros ramos


Son los primeros ramos, con la flor
ocre estrellada y fina del cornejo;
hortensias, las azules y las blancas;
los vasos alargados con espliego;

la datura derrama su olor dulce,
suavicé con la menta su veneno;
si vas fuera la higuera te recibe;
cortado el heliotropo puse dentro....

membrillo del japón deja su herida,
últimas flores del jazmín de invierno, 
e hice como siempre variados ramos
de las muchas silvestres que crecieron.

Y así dispongo lo que vuelve cerca.
Todo parece renacer de nuevo.








domingo, 7 de julio de 2013

"Y otra vez pensaremos lo de siempre...."





en el muro, el macizo de heliotropos
Las flores estrelladas del cornejo
nos dicen    que llegó     por fin    verano
en el muro     el macizo de heliotropos
pendientes de la fucsia     en el baladro 

el valle     que no puede con la lluvia
ya todo su verdor    ha desplegado
ausencia y lejanía     también vuelven
y empañan   mares   cielos   montes   campos

atardecer desprenderá     su aroma
de tiempo      que se queda     remansado
por un momento     suspendido     lejos
ignorante de entonces    y de cuandos

y otra vez     pensaremos     lo de siempre
y amaremos    una vez más    lo amado

el valle que no puede con la lluvia

pendientes de la fucsia en el baladro




lunes, 1 de noviembre de 2010

Creí que tenía un cornejo y el renacimiento de los limoneros

 

La buena nueva es que los limoneros del norte ya se están recuperando de la plaga de temporales del año pasado, y que en algunos casos los primeros frutos penden, muy pocos maduros, de las ramas maltratadas: dicen que cuanto más se le hace sufrir al árbol, con más fuerza se defiende dando limones; si así fuera, vendrán cosechas superlativas. 

Esta entrada, sin embargo, se abre con varias fotografías de lo que yo creía que era un cornejo, y así me lo regaló Antonio, de Ortigueira, hace unos años. Ha crecido muchísimo en el prado y este año me ha sorprendido con una fructificación ingente, hasta el punto que se apoya en el suelo por casi todos los lados y que los frutos alfombran el prado. Aparte de  admirarme por la belleza de un árbol encendido en el otoño tardío, he buscado su literatura, y todo me fue bien cuando consulté a Andrés Laguna (su Pedacio), que me identificó a mi presunto cornejo como "hembra" y no "macho", por haber dado los frutos en otoño y no en verano y por la calidad de sus ramas; con las del macho se hacían las duras flechas de los arqueros. También dice que las drupas son comestibles. La literatura actual, sin embargo, me ha confundido, pues Font Quer añade que las drupas son pequeñas y de un "azul profundo". Laguna y otros autores hablan de un "cerezo silvestre". He probado las drupas, que tienen la consistencia de la fruta de la chirimoya y bastantes semillas, con un dulzor de final extraño. A lo mejor, alguien me ayuda a identificar este ¿cornejo? 

Mientras me hacía esas preguntas bajé al castaño donde duerme el jabalí, que ya ha debido devorar la mitad de la cosecha y cogí un saquito, que luego asé, como es debido, en la estufa de hierro fundido que me acompañó por la tarde. En el mercado del pueblo (Cedeira) las castañas se vendían a 1,99 euros el kilo. En Madrid las he visto a 4,70 y ¡a 5,99! Las gallegas son grandotas y algo más claras que las del Bierzo, que son más oscuras y prietas. Alguien podría añadir la receta para los guisos simples de castañas, por ejemplo la deliciosa crema que antes se cocinaba durante el otoño. Yo sí que sé alguna manera de prepararlas, claro. A lo que no llego –es muy alambicado– es a la receta del "marron glacée". 
Esta entrada se me "colgó" antes de haberla terminado. Vaya. La he terminado más luego.

El castaño donde duerme el jabalí

martes, 24 de agosto de 2010

Avellanos sin podar, menta sin recoger, celidonias sin sangrar

Las avellanas en el "Dioscórides"
El verano da señales de que anda hacia su final; aunque antes nos va a dejar nueva ola de calor; se va y aun no he tenido tiempo de cumplir algunas de las tareas que había previsto en huerto y jardín, de manera que los dos enormes avellanos no van a dar mucho fruto, particularmente el interior –el otro está a la entrada–, ya que como dice Laguna en el Dioscórides, “si tiene de fructificar, quiere ser muy podado, porque si le dejan crecer, todo el fructo se le va en ramos”. Algo parecido puede ocurrirle a la yerbabuena (la cultivada, reservo el nombre de menta para la salvaje), que si no se recoge antes de que florezca se apoca y desfallece mucho. Y fíjense las propiedades de la yerbabuena tal y como están en explicadas en la hermosísima prosa antigua de Laguna: 

Cosecha diaria de avellanas
Es muy conocida la yerbabuena y tiene virtud caliente, estípticia y desecativa: por donde su zumo bebido con vinagre restaña la sangre, mata las lombrices del vientre y provoca la virtud genital. Dos o tres ramillos de yerbabuena bebidos con el zumo de las granadas agrias reprimen el sollipo y el vómito, y refrenan los flujos coléricos. Aplicada con polenta la yerbabuena resuelve los apostemas. Puesta sobre la frente mitiga el dolor de cabeza y relaja las tetas hinchadas y endurecidas con la grande abundantia de leche, si se aplica sobre ellas. Pónese útilmente con sal sobre las mordeduras de perros. Su zumo, instilado en los oídos con aguamiel, les alivia el dolor. Metida la yerbabuena en la natura de la mujer, un poco antes que se junte con el varón, impide la conceptión. Quita de la lengua todas las asperezas si la fregan con ella. Metidas dentro de la leche, sus hojas no la dejan cuajar. En summa es muy grata al estómago y commoda en los guisados.

[He modernizado ligeramente la grafía antigua].

Celidonias entre rocas
Celidonias y ortigas son buenas compañeras











Ello no es nada para lo que se podría hacer con lo que nos ofrecen los avellanos, infinitamente más refinados que los nogales, por ejemplo, y que suministran –está en la literatura clásica grecolatina– las varas que se usaban en matrimonios y magias, de lo que ya se verá si hablamos –que el tiempo corre, puede consultarse el Font-Quer– y de donde pueden provenir las frases hechas con “vara de avellano”, recias y flexibles a un tiempo, de las que silban en el aire cuando se las usa. 

drupas del cornejo
estramonio, nuevo brote
Me refería, de todas maneras a virtudes más escondidas y sofisticadas, como a estas: ...dicen algunos que la ceniza de las cáscaras de las avellanas, aplicada con aceite sobre la mollera de los niños que tienen los ojos garzos, les hace tornar las niñetas negras”. Y si se vive en tierra de osos, se evita la calvicie: Quemadas con todas sus cáscaras y mojadas con enjundia o grasa de oso, y aplicadas, hacen renacer los cabellos... 

avellano sin podar
En cuanto a la Celidonia, mata fresca y atractiva, vivaz, que me encontré aquí hace tiempo y que aquí asoma entre piedras, en laderas y rincones, me dijo la meiga de la zona que era lo mejor para enfermedades, arrugas, errores, pliegues, etc. de la piel. Se rompe sutilmente el tallo y la savia amarilla que desprende se utiliza en el lugar defectuoso o dañado de la piel, que se tiñe del color del sol; después de varias aplicaciones, la zona o el mal mejora a ojos vista. La celidonia, de todos maneras, se da y extiende en zonas húmedas, como esta, y la humedad beneficia a la piel.

El arrayán quiere una guía
Me gustaría seguir comentando lo que pasa con las drupas del cornejo, las presumidas hojas de los (¿o “las”?; se verá más adelante la entrada sobre “géneros”) altramuces, las fresas salvajes, los redondos capullos de las camelias, el aroma embriagador y arriesgado de las flores en trompeta del estramonio –que ha rebrotado–, la explosión de castañas que sostiene apenas el castaño donde duerme el jabalí, qué está pasando con las moras este año, por qué no he puesto una guía al arrayán para que trace el arco, cómo arde el laurel joven y cómo se resiste el viejo, el deleite de ducharse con hojas de eucalipto joven –y más si es en compañía–, la lucha a muerte entre un acebo, un agracejo y el membrillo del Japón –que aquí llaman “corona de Cristo”, de modo más macabro–... 
puesta de sol, ayer, en la Magadalena (Cedeira)


Pero el tiempo, el tiempo, el tiempo... El verano se acorta; ayer, al volver  de El Ferrol y pasar por Pantín me detuve a ver cómo el sol me decía adiós, primero bajo las nubes de Pantín, luego sobre la playa de la Magdalena en Cedeira. Y era ya temprano, hacia las nueve. Recuerdo que cuando llegué, a comienzos de julio, a las once de la noche todavía el sol sostenía azules por toda la comarca.

Puesta de sol, ayer, en Pantín