Cuaderno de pantalla que empezó a finales de marzo del año 2010, para hablar de poesía, y que luego se fue extendiendo a todo tipo de actividades y situaciones o bien conectadas (manuscritos, investigación, métrica, bibliotecas, archivos, autores...) o bien más alejadas (árboles, viajes, gentes...) Y finalmente, a todo, que para eso se crearon estos cuadernos.

Amigos, colegas, lectores con los que comparto el cuaderno

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domingo, 16 de noviembre de 2014

Las gárgolas de San Urbano gritan (Troyes)



La luz del tiempo se encendió en la plaza
y en el silencio toda la ilumina
las piedras grises en los muros blancos
y las hojas de las hayas amarillas

madura el pensamiento en la quietud
el caminante    se serena y mira
a cada gesto de aire     tiembla un árbol
es el tiempo que pasa y que respira

la luz que ha traspasado las vidrieras
un jardín ha sembrado      de armonía
y el tiempo llueve   llueve sobre Troyes
y con la lluvia queda       que lo limpia

El caminante mira los pináculos:
las gárgolas de san Urbano gritan.








jueves, 13 de noviembre de 2014

Vidrieras y champagne


Para viajar por la Champagne es mejor que te guste el champagne y las vidrieras. Creo que no guardan relación, aunque en algunas muy hermosas de Troyes un artista actual ha representado cabalmente las tareas de la vendimia y la producción de espumosos; y eso porque elemento decorativo y tan frágil pocas veces ha soportado el paso del tiempo, sobre todo cuando sobre el tiempo cabalgando llegaban las guerras y las disensiones. En los alrededores de la catedral de Reims, como en muchos lugares en Francia estos días, una exposición fotográfica recoge cien muestras de la historia de la catedral a cien años de la primera gran guerra, cuyo centenario se empieza a conmemorar ahora (1914-2014). En una de esas fotos, tras un bombardeo, se ve a varias personas intentando recomponer en el suelo alguna de las vidrieras hechas añicos. El esfuerzo parece inútil. Pero el caso es que el viajero hoy puede recorrer iglesias y catedrales con sus enormes ventanales hechos jardines de luz; en algún caso (en la catedral de Reims de modo muy llamativo), las vidrieras son claramente arte actual y no reconstrucción de arte antiguo, como es el sagrario iluminado de la catedral de Troyes que encabeza esta entrada (Mugot, 2008), a mi modo de ver, acertado.


Parece que las guerras y las disensiones son cosas del pasado.... Pobres vidrieras. En Reims he pasado por delante del antiguo cuartel de la Gestapo, en donde, se decía, fueron torturados miles de franceses: queda una estela en piedra que lo dice y el silencio de un jardincillo. No sé lo que habrá quedado en Bosnia, Irak, Guantánamo, Siria... y demás lugares en donde todavía no hay piedras que lo recuerden, porque no han terminado con las torturas. A lo mejor las erigen al mismo tiempo que torturan o matan. 


Además de las vidrieras, que tienen sus espléndidas monografías –carísimas: la cultura francesa es excelente, pero horada los bolsillos–, las iglesias son de entrada libre, y prelados y párrocos franceses han usado esa permisión para teñir de espiritualidad no profana las visitas. Bien está. Pongo un ejemplo. La catedral de Troyes te ayuda con pequeños dípticos y hojas informativas a realizar la visita, en uno de ellos aparecen solo unos cuantos textos, para que el visitante los lea y padezca o disfrute de esa espiritualidad: los textos son de San Agustín, Paul Claudel (¡cómo no!), Jacques Prévert, William Blake, Michael Quoist... 

Están bien elegidos. Aunque, a decir verdad, yo prefiero, en la soledad de aquellos espacios que baña una luz atenuada de colores, pensar en los amores frustrados con Dominique –ya que ha aparecido en la entrada anterior–, en las playas de Cancale y la Guimorai, porque ninguno de los dos estábamos avezados en conducir la pasión hacia su lugar natural, y se quedaba la pasión como problema. De atrás le viene al garbanzo el pico, porque ahora aquella pasión no me deja concentrarme en los efluvios místicos de Paul Claudel y en la luz de las vidrieras que llega a mi reclinatorio de ¿haya? no soy capaz de ver más que el verde de los ojos de Dominique. Y cuando leo al bueno de Prevert, identifico fácilmente todo lo que dice con mi vieja pasión bretona:



".... nuestro amor permanece, testarudo como un borrico, vivo como un deseo, cruel como la memoria, salvaje como las añoranzas, tierno como el recuerdo, frío como el mármol, hermoso como el día, frágil como un niño. Nos mira sonriente y nos habla sin decir nada; yo le escucho tembloroso..."

El pasaje de Prevert no tiene desperdicio. ¿Habrá conocido Prevert a Dominique?


miércoles, 12 de noviembre de 2014

Troyes








Troyes merece más tiempo y más contemplación. Situada al sur de la Champagne, rodeada por el Sena, antes de que se dirija hacia París, ha sabido conservar el aire de una ciudad vieja, pero sin conservar al mismo tiempo pobreza, suciedad y abandono. 
De hecho, una de sus arterias principales, la calle E. Zola, aparece como remodelada en el año 2006; pero esa atención se disfruta muy bien en el casco viejo de la ciudad, en el puñado de iglesias –catedral, San Urbano, la Magdalena, Santa Margarita, San Remy....– que abren plazas y espacios alrededor, habitados por los tilos y las hayas otoñales; y sobre todo o al mismo tiempo que en plazas eclesiásticas en los centenares de casas que han conservado su estructura única de vigas y pilares de madera a la vista. Esta vez el afán urbano conservador de los franceses ha logrado un ambiente único que concede al paseante la sensación de serenidad y belleza. Y sin abrumar demasiado con Juana de Arco, que aquí vivió parte de sus aventuras históricas.

Lamentablemente he cruzado por Troyes y Reims dos días de fiesta, feriados, con muchos lugares, entre ellos museos y bibliotecas, cerrados. En el municipal de Troyes –las ciudades francesas de tipo medio mantienen vivos varios museos, afortunadamente– se anunciaba Chagall, como una consecuencia pictórica de las vidrieras eclesiásticas que –recuperadas, rehechas y en algunos casos conservadas– constituyen prácticamente el único elementos decorativo del interior.
No me he atrevido a comer la especialidad de la ciudad, unas largas y, al parecer, sabrosas salchichas hechas con tripas y otras carnes. Traicioné a la región y cené unas crêpes, en un arrebato pasional que me llevó a recordar a una novia francesa de Saint Malo, Dominique, que miraba con unos ojos verdes grandes como los de la catedral de San Pedro y San Pablo de Troyes. Por cierto, a esa catedral le falta la torre de San Pablo, por circunstancias históricas. Parece que falta san Pablo, vaya.
El paseante ha seleccionado algunas de las casas y calles más características de la ciudad:





 





martes, 11 de noviembre de 2014

De Nîmes a Troyes (notas de viaje)

Nîmes
San Germain au Mont d’Or. Es la primera
estación entre Lyon-Dijon, en tren
regional que se trae lluvia de otoño
en los cristales de las ventanillas.

Le sienta bien otoño a la dulce Francia,
tan refinada en dar el nombre a todo
lo que le pertenece. Viajo solo
en el compartimento, hacia Borgoña.

Villefranche-sur-Saône. Breve parada.
Y sigue Belleville-sur-Saone. Luego,
por Mâçon entraremos en Borgoña,
en donde Debussy escribió El mar.

Estas contradicciones son normales,
mi amor, por eso yo te quiero tanto.

Las praderas de Borgoña
II
¿Tendrá que ver el mar con el otoño?
Las hojas de los tilos se han dorado
como solo se puede ver en Francia;
es una lástima viajar así:

en domingo no viaja casi nadie
no podrán ver las gotas de la lluvia
jugando a resbalar desde las hojas
para limpiar los ojos de recuerdos,

ni sentir la humedad del árbol viejo
que acepta y reconoce los secretos
y deja ser      la lluvia y el otoño
y a la hoja que se pudre mientras cae.

Verdes campos brumosos de Borgoña.
¡Las vidrieras de Troyes esta tarde!